Get the beat or beat it 19 September 2008
Tuve una revelación hace unas horas, todo gracias al shuffle de mi Itunes: sí, hay mucho hip hop en mi librería y sí, creo que el motivo es que me aisla socialmente… lo que me parece más que atinado!
Es que es perfecto y no lo había hecho consciente! Todos mis amigos, unos y otros, presentan cierto índice de tolerancia al hip hop que va desde los números negativos, pasa sobre el cero absoluto y se instala entre el 1 y el 3/10. Las únicas que se emocionan al respecto son, claro, mis compañeritas de baile, quienes me dedican videos por facebook y mandan “mucho beat” por msn después de sus besitos.
Este es mi gap social además de generacional; eso aunado a cosas como las Spice Girls, Kylie Minogue y los Beatles. Mis horas plagadas de hip hop son mi burbuja particular hecha de repelente social a prueba de balas, con permanencia limitada mientras nadie llegue al botón de pausa en mi Ipod.
Me dicen de todo: es música de negros, nada más sirve para mover el culo, no tiene ningún valor musical ni remoto, todo suena igual de feo, está lleno de referencias denigrantes al sexo femenino, es una colección de estupideces gansteriles arrabaleras de los ghettos varios de ciudades horrendas, es insoportable, provoca sospecha de mi estado mental y, finalmente, me descalifica como parte de el selecto grupo de posibles snobs fans de grupo indie/banda alemana oscura/Vivaldi/bossanova café del mar/Japanpop.
Estoy hartísima de tratar de explicarles por qué a mí, que presumo de tener un cacahuate de cerebro y nadie me ha corregido, me gusta tanto y me hace tan inmoderadamente feliz pero nada funciona. Solo con selectas personalidades que se caracterizan por ser aventureras en más de un sentido he tenido algo de éxito.
Por eso voy a ir al concierto de Kanye West con Lu; porque no sólo no objetó (como H, quien me dijo que si lo hacía pasar por ese infierno invadido de wannabeprietos me iba a eclosionar el hígado) sino que se ofreció a enfrentar la lluvia para comprar mi boleto.
Por mí está todo bien, no volveré a intentar defenderme cuando alguien -más- diga en voz altísima algo como “por qué carajos te gusta esa música horrenda?!”. La incomprensión, de todas formas, siempre me ha alimentado de una forma u otra, estoy acostumbrada a ella y me parece lo más cotidiano.
Esto se suma a la larga lista de “por qué te pintas las uñas de rojo puta?”, “por qué insistes en que todo sea rosa?!”, “por qué te gastas esas cantidades en pendejadas?!”, “por qué fuiste a una ociosa guerra de almohadas?!”, “por qué inviertes tiempo y esfuerzo en tonterías ecológicas?!”, “por qué no maduras y te compras una casa?!”, “por qué no compras piratería?!”, “por qué tomas tanta leche?!”, “por qué te niegas a ir a la ópera?!”, “por qué te gusta tanto Legally Blond?!”, “qué tiene de maravilloso el pan con mantequilla?!”, “por qué no te casaste con C?!”, “por qué no te comportas como una licenciada en letras?!”, “por qué eres tan geek y no te pones a leer una novela?!”, “por qué no te asquea la pornografía?!”, “por qué no bailas otra cosa?!”, “cómo te atreves a hablarle así a tu madre?!”, “por qué pasas tantas horas jugando Guitar Hero en lugar de… ?!”, “por qué no eres más recatada/menos exhibicionista?!”, “por qué detestas la catsup?!”, “por qué tienes que exponer tu vida en Internet de esa manera tan gratuita?!”… ya saben, cosas así de misteriosas y altamente controversiales.
Yo voy de acuerdo con lo que dice Robert Downey Jr., alguien que es incomprendido por default también:
“A lot of my peer group think I’m an eccentric bisexual. That’s OK. Being relaxed about sexuality is something you’re born with. My identity was written on the wall by ancient and formidable guides and forces. The best thing I can do is keep my hand out of it.”
Pues eso, mi identidad estaba definida desde fábrica como ’sexualmente relajada’, diseñada para romper etiquetas y divertir a cuando psiquiatra se me cruzara por enfrente. No creo que sea tan especial ni fantástica si soy capaz de disfrutar videos de gatitos o pulpos enamorados, el sadomasoquismo, las chicas superpoderosas y el shoplifting, entre otros, al mismo tiempo.
Lo único que hago es ser feliz, gastar mi dinero y energía mientras tengo e ir con el beat.
If you don’t, beat it.
Todo esto viene al caso porque creo que ustedes no estarían leyendo esto si supieran cuál es mi soundtrack mientras escribo. Mi inspiración divina se la podemos agradecer, por ejemplo, a Jay-Z, (estadísticas dicen que lo he escuchado (1,112 veces) cuyas rimas insoportables para muchos me hacen sentir blandita y tibia, como panqué recién horneado.
Lo único que puedo hacer es aferrarme a mis incoherencias; ellas me mantienen serena y me ayudan a lidiar con el dolor, la decepción, los amores perdidos, las vidas atascadas, la codependencia y los amigos idos. Eso, les juro, no es fácil. Se requiere forzosamente de cierto ritmo e irse despacio, con cadencia.
Now let me do my 1,2 step.



