A place called home office

Algunas cosas que vienen con la madurez son más urgentes de resolver que otras: casa propia, salir de deudas, graduar a los hijos y depilarse permanentemente son unos ejemplos al random. Hay también una cantidad de anhelos que se van diluyendo, de metas que se van cristalizando y de miedos que se van olvidando.

Ando, ando, así, en gerundio.

Una de mis reflexiones de vacaciones -que llegó probablemente en un momento en el que estaba echada en la playa- fue más o menos ésta: me gusta mi vida, quiero dedicarme a vivirla el mayor tiempo posible con la intensidad que se debe. Asunto profesional, personal, material, espiritual y sexual.
Ajá. Manos a la obra.

Mi vida está llena de valiosas personas, cosas y eventos pero hay clarísimas cosas de las que carece: distractores.
Las metas que me fijo tienen que ver conmigo y mi esfuerzo; mis recursos y mi fuerza. Mi mi, así, en posesivo.

Decidí tomar las riendas de lo que quiero. Decidí que una tarde a la semana sería mía -sí, de día laboral, por supuesto- porque la merezco.
El concepto completo se llama home office y consiste trabajar desde una computadora instalada en la sala, a las 3 de la tarde, en calzones si te apetece; o en un Starbucks, o desde una conexión wifi en el aeropuerto, ejemplos así.
Conozco a 2 personas que trabajan así y decidí que quiero ser como ellos simplemente porque tengo años preparando esta oficina para este momento a través de aplicaciones portables, documentos en línea y webmail, entre otras monadas.

El momento llegó para decirle a la jefa: “me voy a casa, llámame sólo en caso de urgencia, estaré conectada”.

Mi casa. Ese lugarcito extraño que DEMO dice que está lleno de fantasmas, gnomos o cosas peores, es un espacio que no tengo mucho tiempo para disfrutar. La sala, en específico, me gusta mucho porque la pinté y decoré -aunque no he terminado del todo- como siempre la imaginé: de rojo y blanco. B dice que parece sacada de Pulp Fiction. Hace un mes retapizaron los muebles y se sumaron 2 taburetes tipo lounge que adoro y H acapara cada que puede. Es un antro en ciernes.
Me di cuenta que no paso suficiente tiempo ahí a pesar de que es mi lugar favorito y que es mucho más aprovechada por las visitas -frecuentes- al grado de llegar al “me prestas tu casa para mi fiesta de cumpleaños?” Sí, ese potencial tiene.

El resto de mi casa en colores primarios es similarmente acogedora. Toda 70’s y de dudosa permanencia, se ha vuelto una parte importante de mi buen humor. Pintada a mano por su servidora y amigos, es un oasis de buena vibra y camaradería.

Punto, mi casa me gusta y trabajar desde ella, ya que se puede, es mi meta. Pero, cómo iba yo a decir eso sin que sonara como “mis sillones son lo de hoy”?

Fácil. Soy la dueña del argumento.

Pedí cita con la directora general, a quien le expliqué la situación así:

“Tenemos casi 8 años trabajando juntas. En ese tiempo no te he fallado, no me he vuelto loca y te he sacado el trabajo incluso en momentos de condiciones infrahumanas. El día ha llegado de pedir algo más trascendente que un aumento. Dado que mi vida personal no se entromete con mis responsabilidades, es medio invisible pero no quiero que se infiera que no existe solo porque no pido permisos para ir a festivalitos pendejos, no me reporto indispuesta por cosas como “el niño no durmió” o “le toca cita con el pediatra”, no tengo un marido gordo e inútil que me golpea o padre castrante que no me deja salir en minifalda. Quiero espacio para mí porque los demás lo tienen para otros y sus asuntos. Quiero una tarde a la semana para comer en mi casa y quedarme a trabajar de manera remota, en calzones, con mi gato enrollado entre las patas de la silla y mis pies. Mi vida es buena, merece ser correctamente vivida”

Ella, claro, dijo que sí, que tengo razón, y agradeció mis esfuerzos en asuntos de oficina móvil, porque en su caso, viaja mucho.

Quedamos en que los lunes yo le digo qué día me pienso tomar la tarde y verá si será posible según la carga de trabajo, urgencia de éste o eventos agendados.

Yo, finalmente, tendré oportunidad de usar mis sillones antes de que alguien los queme con una colilla de cigarro o mis gatos los usen de scratch post.

Home office; a placed called home para me-myself and I.

I know your girlfriend hates me

I heard her screaming in the dead of the night
Life’s too long for you to get it wrong .-Annie

Aquí donde me ven (¿?) hay un cierto nicho de mercado para quien soy algo … antológica.
A través de H, hace como 8 años conocí a su grupo entrañable de amigos; esos que han crecido juntos, vivido juntos, estudiado juntos y son padrinos de sus respectivos hijos, lo que los hace también compadres. Son en total 6. H es el séptimo.

Pues bien, el viernes pasado sucedieron eventos muy extraños.
Yo me encontraba en mi beauty nap cuando llamó H; habíamos quedado en salir pero su carga de trabajo ese día fue tal que pensé que no lo haríamos. Sorpresivamente estaba super puesto.

Unas horas después, ya arreglada y en camino a tomar un taxi, decidí que caminaría a la disco (totally 90’s!) como cuando era una mocosa de 18 pobretona sin glamour; nomás por pura nostalgia. Esta decisión implicó armarme de un mucho de valor porque a las 11.30pm el centro de la ciudad suele ser área de prostitución y se caracteriza por su mala iluminación y altas probabilidades de violación pero no batallé casi nada para auto convencerme: había luna llena. Caminé por 15 minutos.

Llegué y el brat pack me esperaba. No los había visto en un par de semanas, así que hubo abrazos de feliz cumpleaños y chelas gratis por este motivo.
En eso de la peda, uno comenzó a platicarme que la semana anterior una tipa (muy fea, conocida como la Frida Kahlo) le había estado tirando la onda A PESAR de que su esposa estaba presente. La tipa siempre ha estado loca pero ahora, 8 años después, está loca Y desesperada.

MP: Jajajajaja, es que eres tan guapote y sexy que atraes groupies que quieren cogerte hasta por donde no sabes que se puede!
C: Pero no me jodas, la Frida Kahlo!
MP: Ya, habemos locas, pero mínimo somos lindas… y cogemos muy decentemente cuando las esposas NO están!
(… pausa de 15 segundos…)
C: Te acostarías conmigo?

Lo decía muy en serio. La esposa, efectivamente, no estaba y contestar que no invalidaría totalmente mi anterior argumento. Que dilema.

No recuerdo exactamente cómo pero me pude hacer la loca o alguien nos interrumpió. Lamentablemente él no quitó el dedo del renglón. Yo esperaba que H me rescatara pero estaba en la babísima y no me veía diciéndole algo como “tu compadre me acosa!” cuando de princesita en problemas no tengo nada. Se ahogaría de la risa.

C: Es que no mames, dónde te metiste estos 6 años! ?
MP: No muy lejos, pero cuando me vetaron de la vida de H, pues también de la de todos ustedes
C: Cierto, desapareciste…
MP: Contra mi voluntad…
C: … pero desde entonces te quiero coger …

C es el TERCERO de esa bola de amigos que me suelta en estado etílico la frase de “desde entonces te quiero coger”. Otro dijo algo como “te tengo unas ganas cabronas desde el 2000, si me dices que sí nos vamos ahora mismo”; el otro simplemente me aventó contra la barra y comenzó a besuquearme. Ajá.

Algo les pasa y no sé realmente qué. O yo me puse tremendamente irresistible con el paso del tiempo (doh, obvio!) o ellos están imaginando cosas porque no tengo memoria de que los dosmiles hayan sido épocas tan… sexualmente agitadas.
Me parece de lo más bizarro que salgan con esas cosas tantos años después cuando ya están todos casados. En aquel entonces no me hubiera dado cruda moral alguna el salir con ellos y coger lúdicamente sin consecuencias legales y/o civiles pero… ahora? … WTF?

Será que nada más tengo madera de amante? Será que lo mío es coger con quien no debo y en situaciones de imposible compromiso y total anonimato?

C: Si le voy a ser infiel a mi esposa sería contigo, con nadie más…
MP: …
C: Esta noche. Qué dices?
MP:… que en todo caso, H lleva mano y literalmente me vio primero, no crees?
(… pausa de 15 segundos, cara de decepción…)
C: … maldito suertudo… cabrón hijo de puta.

Con amigos como esos…!
H no se enteró de nada porque con su cerebro en overload más no sé cuántas cervezas lo único que podía hacer era pensar bonito, estar feliz porque ya tenemos boletos de Nine Inch Nails y bailar conmigo Come On Eileen.

Un par de horas después (ok, ok, como a las 5.30 am!) me acompañó a casa. Regresamos caminando a pesar de su negativa y gruñidos desaprobatorios. Yo disfracé mis necesidades de mujer lobo argumentando que así se nos bajaría un poco la peda y hasta hambre nos daría. Accedió.

Me dejó en la puerta, me dio un besito y dijo “descansa, hablamos mañana”.
En ese momento me sentí tentada a decirle “maldito suertudo cabrón hijo de puta” pero contesté con un “aguas con el vampirazo”.

Que irónico que él no se entere de nada y, a la postre, nunca haya dicho que me quiere coger desde el 2000.

Eso jode todo mi currículum.

This monkey’s gone to heaven

Confieso que he cumplido… eh, 30.
También debo apuntar que para esa tan especial ocasión tenía un post preparado desde hace 2 años que decidí, unas horas antes de su publicación cronometrada, cancelar. Aquellas palabras ya no son yo, ni sueno así de solemne ni así de esperanzada en la nada; ustedes se quedaron sin post y yo me ahorré un chingo de vergüenza so, todos salimos ganando. Albricias!

Ya fui y vine; lamentablemente y apesar del título de este blog, venirme no fue ni divertido ni placentero. A parte de lo obviamente apesadumbrante -regresar a trabajar- tuve que sobrevivir un vuelo del infierno que compartí con un niño dopado de chocolate sentado a un metro de mí que me afectaba tanto como para ni siquiera aprovechar la barra libre abordo; llegué a ver la botella de whiskey más como proyectil que como portadora de bebida liberadora de pesar. Así de mal. Después de totales 18 horas de vuelo, la aerolínea le agregó drama a la cosa perdiendo mi maleta por 2 días en los cuales se manejaron hipótesis como “está en París” o “nunca la subieron al avión y se quedó en Barcelona”.

Suficiente de desastres.

Barcelona me trató muy bien; ella toda soleada, rumbera e infestada de comida engordativa. Ella toda exuberante e incomprendida, toda llena de rincones chistosos y personas inexplicables. Confusa en general.

Pasé mi cumpleaños con mi familia por adscripción -la que considero más auténtica- quienes se dieron a la tarea de envolver la exacta cantidad de 30 regalos y llevarme a cenar comida griega -mi favorita-, para cerrar con broche de oro en un bar con show travesti donde 2 drags me cantaron el happy birthday a pesar de que yo no soy JFK (ellas sí se creían Marylin). Desde México recibí la felicitación más cute de la tierra: “te agradezco todo lo que eres”. Cómo no sentirse querida y feliz, yo no puedo hacer mucho al respecto.

En Cataluña -que no es España, según ellos- mis actividades incluyeron; echarme de panza en la playa, tomar fotos en busca de mi próximo wallpaper, ingerir todo el vino tinto que mi cuerpo aceptara sin colapsar, encontrar las 1001 nuevas maneras de consumir carne de cerdo - o mariscos- sobre pan embarrado de ajo/tomate , pintarme las uñas de un color diferente cada tercer día, comer queso de oveja muy apestoso, escuchar música en todos los idiomas del mundo, bailar y cantar. Tuve que cruzar el mundo para tomarme mi primer caballito de tequila en 11 años y escuchar al Gran Silencio (no perdoné el baile del gavilán).

Nada mal, eh?

Mi familia por adscripción me llevó a lugares super lindos, me regañó porque me negué a lavar platos, me compró cerveza el día de la final de Wimbledon, no me dejaron pagar nada, me refugiaron de la lluvia y me abrazaron muy seguido. También me hicieron llorar un poquito cuando nos despedimos, en la línea hacia las salas de abordaje del aeropuerto.

Me ayudaron a aclarar mis ideas y desempolvar otras. Ah, también tuve revelaciones en lugares harto improbables como: el probador de una tienda, el concierto de Café Tacuba y la estación del metro Urquinaona. Conocí a gente linda y buena onda durante todo el viaje; unos más flamboyantes que otros.

Como soy una geek, casi fuera del clóset, mi manera de aportar a la casa y a la vida de mis anfitriones, dado que no lavé trastes a pesar de las amenazas, fue configurar y actualizar 3 computadoras, montar un dominio en GApps y arreglar un Ipod con issues de software. Todos fuimos felices porque ni arruiné mi manicure ni estuve incomunicada. Bueno, un poco, la diferencia de horario es garrafal para la vida social en messenger, así que me refugié en Facebook.

Por ahí, como por acá, el blog, recibí muchas felicitaciones y buena vibra; eso no tiene precio. Lo agradezco, si no personalmente, virtualmente, a todos ustedes que por alguna razón oscura leen este espacio. Gracias!

Mi talento para cumplir años va haciéndose más notable cada vez que tiene que ponerse en práctica. Esto también aplica a mis habilidades en el karaoke, arte marcial que domino en cualquier idioma (hay video probatorio… y a la vez incriminante).

Esta nueva etapa se ha inaugurado con un adagio o sabiduría popular del que las lenguas hablaban (en buen sentido) pero que hoy, querido público, tengo el gusto de anunciar que he constatado en carne propia; sí, tengo 7 días de treintañera y el sexo YA es mejor, MUCHO mejor que hace unas semanas.

Eso no puede ser coincidencia.
Tan. Tan.

Second life and other diversity issues

I can lean on my friends
They help me going through hard times.-

Días de inquietud, días de reconocimiento, días, en countdown, para mi cumpleaños número 30.

Eso significa muchas cosas para mí que al parecer nada más yo entiendo del todo; no espero otra cosa, realmente.

No estoy sola, tengo una enorme red de amigos siempre al pendiente de mis variaciones emocionales o psicosomáticas que me dicen cosas como “no te arranques las pestañas” o “bitch” con en distintos tonos pero siempre con la misma intención: reconfortarme.

Aprendo mucho en terapia acerca de la empatía, del cariño y de cómo hay personas que reaccionan literalmente mal a las expresiones de éste.

Estamos, en plural, mejorando lenta pero seguramente a lugares menos oscuros, a situaciones menos dolorosas, a tener esperanza en nosotros mismos, a ser capaces de volver a confiar. Es trabajo que exige esfuerzo y dedicación.

También creo que estoy aprendiendo mucho de quienes me rodean al limitar quién soy yo misma, qué no soy, qué no me interesa ser, quién aspiro a ser y qué simplemente no puedo ser incluso si se me va la vida en ello.

Soy una guerrera protectora que se dedica a salvar gente de situaciones desesperadas; soy a quien se acude por ayuda, quien está dispuesta a arriesgar todo para que estés bien, tranquilo, sano y feliz… incluso si sacrifico mi propia salud mental en esto.
Estos días en que estoy confundida, dolida, triste y demás sentimientos asociados, me gustaría no estar en modo Juana de Arco. ¿Quién me está cuidando a mí?

Me está cuidando el ñoño más ñoño de la tierra: H. Lo hace un poco en retribución de mi efecto de superheroína que en su caso ha hecho una gran diferencia para bien. Me acompaña, me saca a pasear, se sienta conmigo en el suelo a platicarme de las últimas bases de datos que ha diseñado, me hace reír, vemos fotos, oímos música… y me ve llorar.

Él es la practicidad andando, no entiende nada de esmaltes de uñas y es capaz de no notar que en un periodo de 10 minutos me cambio la blusa y me peino diferente. Es simple y llano. Toda su ropa es de color azul y se compra 2 pares de tenis iguales porque “que hueva buscar otros dentro de 6 meses”.

Odia el hip hop, tiene una perra peluda y su comida favorita es el pollo asado. También es un geek hardcore que pasa tardes enteras corriendo queries de mysql en los Starbucks de la ciudad, lugares que selecciona al random.

Las conversaciones más profundas que tenemos, incluso a pesar de que nos vemos casi todos los días, son a través del MSN. H es incapaz de ser serio, formal y trascendente en vivo.
Es de esas personas que tiene que sentirse seguro para expresar lo que realmente siente, está negado al contacto físico, se declara socialmente inepto y puede ser tiernísimo en texto y de lo más patán en vivo.
Por MSN me habla como un amigo íntimo y con un grado de honestidad que lo lleva a decir cosas como:

“ok.  esto va a sonar muy burdo y pendejo.  probablemente te cague un chingo, pero espero que me entiendas. lo que me acabas de comentar es un tema muy sensible para ti, verdad?  aun y para mi sea ‘incomprensible’ o ‘frivolo’ o ‘tonto’ o ‘inserta el adjetivo que describa mi ignorancia aqui’  aparentemente yo no le estoy dando la importancia adecuada y te estoy terminando de joder la tarde?”

En vivo discute sobre las pedas que planea ponerse en la semana, la mesera del antro que le gustó y cosas así de trascendentes.

Me queda claro que somos frágiles en distintos sentidos. Él sería el perfecto candidato para vivir en Second Life o pegado a su XBox Live como su única actividad social porque, incluso, es muy malo en Guitar Hero; dice que el trauma de que una niña le haya ganado en un videojuego puede durarle toda la vida.

Tenemos diversos tipos de daño, barreras de diferentes alturas, issues que debemos trabajar. Dice que lo tengo en entrenamiento para convertirlo en una persona que funcione como tal.

Mientras me chuto sus:

“estamos hablando de algo asi como una consulta de t-sql utilizando tablas derivadas y subconsultas en el ‘where’?”

Él me escucha platicar sobre mi novísimo y más que hermoso diccionario de María Moliner, las veces que he regresado textos por exceso de oraciones subordinadas y de lo gracioso que puede llegar a ser un ensayo traducido por gringos bilingües.

Lo que me lleva a la parte de la diversidad.

Ayer llegó a la casa con el periódico y dijo algo como “te lo traje porque viene lo de la marcha gay… y las finales de la Eurocopa… yo leeré esa parte”.

Eso me hizo pensar que hay cosas que nunca podré compartir con H.
Lo de la bisexualidad es algo que él no puede manejar, que yo no quiero/puedo explicarle y que obviamos felizmente en nuestra interacción diaria en la cual somos un niño vestido de azul y una niña que se excede en su afición por el rosa. Somos tan arquetípicos como indefinibles, somos la diversidad en un microespacio con nuestras fragilidades a flor de piel.

Creo que algo que no le he dicho, ni por MSN, es que intentaré preocuparme tanto por no herir su susceptibilidad como él está preocupado por cuidar la mía.

Intentaré empezar por decirle, en vivo, “te quiero, gracias”.

Ya estoy advertida:

“esto para mi es bastante complicado (aceptar cumplidos, sentirme ‘aceptado’, eso pues)”

Si sale corriendo, llamaré al psiquiatra.

PD: Me voy a Barcelona por dos semanas. Sí, cumplo años. Ajá, 30. No quiero hablar de eso. Gracias ;)