Tea House o los vericuetos del voyeurismo 8 November 2007
“You can’t be a spectator. Oh no.
You got to take these dreams and make them whole”.-
Pulp, This is Hardcore
Ayer fue un día extraño, de ansias reales por cosas imaginarias, de esos en que nada parece caber en su lugar habitual, uno en el que se reflexiona acerca del voyeurismo.
No había evaluado realmente mis necesidades de mirona hasta este punto pero se me cuestionaron de manera muy específica, exactamente el día en que el zorro desaparece y la nostalgia de su presencia, de estar viendo cómo transcurre su vida, casi me volvió loca.
Les tengo que contar la historia del zorro. Él, presumiblemente llamado Kitsune, vive en el banner de mi igoogle desde hace meses, en el theme de Tea House. Durante ese tiempo lo he visto convivir con su entorno: un lago, una montaña, una casa de té china y muchos naranjos cargados de fruta. En esos 1024 pixeles sucede su “existencia” de manera rutinaria y simple; él parece estarse divirtiendo incluso cuando lava ropa o le toca cosechar naranjas. Envidio su paz y simpleza; también me intriga, mucho, al punto de que hace días, en pleno curso de webmasters en el que le ponía más atención al zorro que a los contenidos, I me preguntó que qué onda con eso; “Sí, es un theme bastante kitsch pero el zorro me cae bien; tiene muchas actividades, es un buen chico”, dije, y él contestó, “deberías escribir su biografía”. Recién me di cuenta que no soy la única intrigada y seducida por el zorro en esta tierra, ni tampoco quien se ve inspirada por él. Existe una banda de locos obsesionados al respecto.
Entonces lo hice consciente; he estado stalkeando a ese zorro desde el primer día, regodeándome con mi propio e imaginario (y cute, muy cute) Big Brother patrocinado por Google; haciéndome ideas y preguntas, inventando historias, descubriendo detalles y enganchada de Kitsune y sus amigos a toda hora. Me di cuenta que comparto mis días llenos de histeria con su apacible existencia a través de esa ventana que sin querer se abrió hacia su mundo, misma que he intentado cerrar (con el theme de BusStop, el de Mario World y otros) pero que la nostalgia del lago y la montaña dibujada como con crayolas me lo impide. Hasta hoy que no me dejaron opción.
Algún bug maldito de la red hizo que Kitsune desapareciera de mi igoogle por espacio de 4 horas a mitad de la mañana. Mis reacciones fueron tan radicalmente exageradas que hubo quién dudó de mi salud mental, otros aprovecharon para hacer chistes al respecto, y otros, más comprensivos, me mantuvieron al tanto de sus actividades por otros medios.
El tiempo en que estuvo ausente y yo echándolo de menos me sirvió para definir los por qués de mis tendencias voyeuristas que, creo, pueden ser universalizados.
Yo, como Tiresias, veo más allá de lo que tengo enfrente y lo hago con otros ojos que no son los físicos. Como Tiresias, también, tengo experiencias muchas relacionadas con el placer sexual y puedo emitir juicios al respecto; tengo dones de mediadora porque soy una nata caminante de las delgadas líneas que separan lo bueno de lo malo, lo vivo de lo muerto, lo placentero y lo doloroso, lo bello y lo horrendo. Por lo mismo, no tengo miedo y donde pongo el ojo no siempre pongo la bala ni lo que veo se convierte en una imagen banal y sexualizable per sé.
Aprecio la belleza, el discurrir de las actividades, los detalles en los dobleces de la tela de una blusa tanto como los poros en una piel joven y tersa, aprecio los dibujos que me hacen sentir acompañada por Kitsune todos los días, y veo cómo nuestras rutinas parecen entrelazarse para, al final del día, ambos estar cansados de vivir en pixeles o el mundo real, y dedicarnos a soñar respectivamente.
El voyeurismo me inspira poesía, directamente; ya sea el zorro en su lago, o C y M cogiendo frente a mí, el resultado es el mismo: palabras que intentan encerrar un sentimiento de complicidad, de apropiación y complitud que no es fácil traducirle a alguien que está más interesado en los aspectos morales del hecho que en los resultados o sus motivantes.
La transgresión misma de declararse no participante y al mismo tiempo fan número 1, el intercambio de poderes, de puntos de vista, de objetos y sujetos, el voyeurismo es una actividad altamente satisfactoria y compleja que va mucho mucho más allá de la idea de masturbación en compañía que podría implicar el término por sí solo.
Difícil despojarlo de esa connotación si es casi como su definición, eh? Intentemos otro término, entonces.
Yo soy una veedora fascinada por las cosas bajo diferentes tipos e intensidades de luz; ver, así, alimenta mi espíritu de energías extrañas en ebullición que accionan gatillos, que moldean emociones, que descargan pasión en diversos calibres en mi sistema nervioso.
Si eso les suena pornográfico, querido público, estamos en diferentes canales. La pornografía es barata, accesible y super personalizable; una experiencia voyeurista para mí, por otro lado, tiene más que ver con una conjunción cósmica, con la tierra y sus elementos, que con un orgasmo, una eyaculación, o ambas.
Sé que Kitsune estaría de acuerdo; pero ahora mismo está ocupado alimentando patos y no quiero interrumpirlo.




