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Silencio

David Lynch - Angelo Badalamenti - Silencio

Después de 3 semanas de estar viviendo con B en diferentes latitudes de este nuestro hermoso país que incluyeron a) su casa, b) un hotel en el DF, c) la casa de una amiga suya en Zapopan, Jal., y de comparación de experiencias, se decidió una cosa de manera bastante tajante: no hay sexo para mí en situaciones de potencial daño social (donde conocidos puedan escucharnos) porque hago demasiado ruido. Bu.

Me sorprendió gratamente (y dio mucha envidia, también) cómo B puede lograr un “mute” casi perfecto en actividades de cama. Puede estar retorciéndose de placer mientras de fondo se escuchan los grillos cantar; o se le ponen los ojos en blanco, hace una mueca violenta y luego… silencio y cansancio post orgasmo. O sea, para ella sí hay sexo, sólo por sus habilidades extra humanas de mutismo.
Bu.

Yo no puedo; nada más no puedo y mi incapacidad la descubrí después de intentar coger en lugares públicos literalmente públicos: yo gimo, jadeo y gritoneo con mucha naturalidad sin ánimo ni posibilidad de controlarlo. B dice que es exhibicionismo y yo le juro que no, que simplemente NO puedo evitarlo; me excito y al mismo tiempo ensordezco a mis propios ruidos.

Bueno, y a todo esto, ¿y qué si nos oyen?

En nuestra estancia en el hotel del DF, como todo en esa ciudad, nuestro cuarto era chiquito y estaba al final de un pasillo estrecho. La segunda noche ahí, mitad de la madrugada, me despertaron los jadeos y grititos de una pareja en obvias labores de coito. No me moví, porque B estaba tan cansada que era imperativo dejarla dormir, pero estuve escuchando los ruidos por unos 20 minutos; algunas veces parecían muy próximos y otras eran como susurros. Me consta que ella se vino al menos dos veces, ja.
Al día siguiente, R me dijo que él también los había escuchado pero muy a lo lejos (dos pisos abajo!!); B ni cuenta se dio.

La reflexión posterior fue que escuchar, solamente escuchar, a mí no me parece divertido, quiero decir, estimulante. Ver por sí solo tampoco me lo parece (porno mute o con fondo musical no es lo de hoy, por ejemplo) y que, incluso, la combinación a veces tampoco funciona (soy una voyeurista muy particular). Escuchar gente coger no me pone ni nerviosa, ni ansiosa, ni nada, excepto, claro, irritada, en el caso de que sus gemidos me hayan despertado.

Como sea, por más que exponga mis puntos, B se niega a arriesgarse a que una carcajada obscena de mi parte rompa el sueño y la tranquilidad de nuestros vecinos.
Comportarme es horriblemente aburrido… y frustrante.

Pero dormir con ella tampoco está NADA mal, je.

Ustedes qué opinan de un poquito de contaminación por ruido no deseado de las actividades de cama ajenas?
Acéptenlo, no va a matarlos! ja.

Sex management

Estoy aquí tratando de lidiar con la furia desatada que se me metió después de que mi novia se quedara dormida ayer en plena sesión de cachondeo. Ajá, estábamos en eso cuando ella simplemente se quedó dormida y su respuesta a mi mucho afecto bajó a cero.

De entrada pensé que era en broma pero cuando noté que era en serio, muy en serio, la llamé por su nombre completo, que sólo se usa en casos de extrema necesidad, al que además agregué un “carajo!” en semi-grito.
Su respuesta: ninguna.

Ahí estaba mi angelito, medio encuerada, hecha ovillo sobre mi cama, eso sí, con una sonrisa que se comía al mundo, diciendo cosas como: “mmh… cariño… ” y una palabra que descontextualizada sonará extremo ridícula: “caperucita”. Huh?
El problema escaló a mayores, porque no sólo se durmió, sino que entró en modo comatoso en el que es casi imposible de despertar.
Tardé muchos nombres completos y unos 20 minutos en efectivamente regresarla al mundo.

Cuando lo hizo, ni siquiera recordaba lo del cachondeo, lo que me indica que estaba dormida MUCHO tiempo antes del coma y que es muy efectiva besando en estado de sonmolencia profunda; notas mentales. También dijo que lo del nombre completo suena muy agresivo. Sus quejas fueron recibidas.

Ahora viene lo de la racionalización, derivada también de una plática que tuve ayer con M. El chico estuvo viviendo efectivamente con C por una semana y su conclusión al respecto quedó en algo como:

“… ya me dolía el pito y a ella le valía madressss!”

Auch. Qué pedo con las mujeres que llegamos a equiparar el sexo con el deseo en general?
M me platicaba que el día que C se enojó con más intensidad y furia desatada uno en que él llegó de la escuela y escuchó a C en la ducha. Aquí acaba su recuento de la anécdota porque según dice, llegó tan cansado que se recostó y se quedó inmediatamente dormido. Los gritos de C lo despertaron un rato después.

“!!!!!!!!! Yo te estaba esperando en la regadera!! Pensé que te meterías conmigo, hasta acabé de bañarme más rápido para poder hacer cositas contigooooooooo!!”

La ecuación es sencilla:

hay una oportunidad + tú no me coges = no me quieres!!!!

Verá usted; mi inteligencia de mujer madura y segura de sí misma me lleva a pensar que eso es completamente idiota porque, bueno, C tiene 18 años, pero creo que después de lo de ayer es sencillo identificarme. También debo pensar que NO tenemos esas juventudes y que si B se queda dormida es porque, bueno, en algún momento hay que dormir en lugar de coger TODO el tiempo.

Por otro lado, ella está en el DF a partir del miércoles y yo la alcanzo el viernes; ante su pregunta meramente logística de que si vamos a quedarnos en un cuarto con R (su joto mayor) o si yo requiero, por mis actividades sexuales, más privacidad, me quedé pensando.
Para ella será el sexo tan importante como para mí? Llegará a la ecuación de que si no me la cojo, no la quiero? Ella habrá terminado con honores la secundaria emocional?… estaré oficialmente loca?

No quedamos en nada; yo no le pude prometer que podré pasar DOS días sin cogérmela. Fui honesta. Dijo que haría reservaciones.

Me enojé porque B se quedó dormida y no sé ahora mismo si es porque mi yo interior pensó algo como “no me desea!” y de ahí no ha salido, o porque realmente sí me preocupa demasiado que si logra dormirse en esos momentos, qué pasará cuando la mando de regreso a su casa agotada hasta la última rayita de la pila y se niega a poner como ruido ambiental para su viaje algo que NO sea Bebel Gilberto.

Ya no estoy enojada, ahora estoy preocupada por mi salud mental.
Qué inseguridad la mía… ingas.
Voy a llamarle.

Nostalgia del p y la p

So many different things make me trill
Start with that ‘B’ with wings over the grill.-
The Clipse
“Trill”

mc_polla.jpgEs lo mejor del mundo estar con una mujer quien, además de tenerme paciencia y reírse de mis chistes, sea capaz de decir al despertar de una siesta un sábado cualquiera, algo como “siempre he querido saber qué se siente despertar con una erección”.
OMFG, I love her.
Inquietudes interesantes, me dije, lo que nos llevó a discutir al respecto mucho más profundamente.
“Eso de la inflamación involuntaria debe ser algo fuerte”, dijo, y estoy de acuerdo.

Descubrí que yo pienso en penes, ella piensa en pollas, y creo que eso nos altera los conceptos un poco; su temporada en Madrid la dejó casi impedida para utilizar la palabra anatómicamente correcta así que la feminiza y violenta al mismo tiempo, según pienso. Mi pene imaginario es diferente al suyo, me quedó claro.

B- “Yo la tendría regular, bonita, circuncidada”
“El mío sería más bien grueso, largo y no muy peludo…”
B- “Oh, sí, la mía sería peluda y se juntaría con el pelo del vientre…”

Lo de ella y su polla, descubrí, está bastante bien planeado, meticulosamente, como todo lo que B hace. Ha imaginado todo un día, “el día de tener polla”, separado por actividades entre las que se incluyen masturbarse, orinar de pie y, claro, cogerse a alguien.
Ya que me lo mencionó, yo le dije que de tener un pene, haría cosas bien cochinas con él, directo al bukkake y otras circunstancias impublicables en este espacio, je. Me clavaría en la sensación de caminar con algo permanentemente entre las piernas, que pesara, que reaccionara tan obviamente a ciertos estímulos, que pudiera descargar/se a placer… me lo vería al orinar, me aprendería su textura y creo que sería de l@s que se acomodan el paquete cada que pueden.
Sí, ya sé, que fina persona soy.

“Ahora que lo pienso, yo me cogería a alguien también pero no sé si a un hombre o una mujer, o las dos cosas”, dije, “deben ser radicalmente diferentes las sensaciones obtenidas de cada uno pero sí quisiera poder tocar el fondo de una vagina, chocar contra ella como si la pudiera perforar…”.

Lo más freakeante que podría pasar, me dije, sería despertar sin tetas, así, con pecho de hombre sin rastro de grasa ni nada que pesara, se moviera a donde no debe, se pusiera hipersensible o necesitara apuntalamiento. Eso, eso sí que sería revelador y para mí, mindblowing.
Claro, mientras nosotras teníamos esa discusión, alguien más, en otra parte del mundo, debió estarse preguntando qué sensaciones se estaría perdiendo al no tener tetas. Pudiéramos hacer un intercambio.

Pues en esas estábamos cuando nos avisaron que tendríamos visitas. La cena de la noche la habíamos planeado desde hace días y era, coincidentemente, hot dogs gourmet que HB bautizó como Hotdojotos, así que no pudimos evitar la plática acerca de salchichas y, por ende, l@s p’s.

H y HB desde su infinita sapiencia nos hablaron del tamaño y la textura, de las consecuencias del frío, y calor, etc, de los testículos y otros detalles, a lo que nosotras concluimos que la naturaleza es sabia y que de tener un p o una p, la tendríamos en verano, en Latinoamérica… o África.

Ambas contamos con mucha imaginación, somos chicas curiosas, lo sé, pero lo mejor fue imaginar que ambas tuviéramos nuestro “día p” al mismo tiempo. Moraleja, creo que en ese caso, con B al lado, me haría joto, y me la pasaría haciéndole el amor por las horas que aquello me durara. Esa fue otra revelación.

OMFG, I love her. ….

Y tú, cómo te imaginas tu p?

Tea House o los vericuetos del voyeurismo

“You can’t be a spectator. Oh no.
You got to take these dreams and make them whole”.-
Pulp, This is Hardcore

crop.jpgAyer fue un día extraño, de ansias reales por cosas imaginarias, de esos en que nada parece caber en su lugar habitual, uno en el que se reflexiona acerca del voyeurismo.
No había evaluado realmente mis necesidades de mirona hasta este punto pero se me cuestionaron de manera muy específica, exactamente el día en que el zorro desaparece y la nostalgia de su presencia, de estar viendo cómo transcurre su vida, casi me volvió loca.

Les tengo que contar la historia del zorro. Él, presumiblemente llamado Kitsune, vive en el banner de mi igoogle desde hace meses, en el theme de Tea House. Durante ese tiempo lo he visto convivir con su entorno: un lago, una montaña, una casa de té china y muchos naranjos cargados de fruta. En esos 1024 pixeles sucede su “existencia” de manera rutinaria y simple; él parece estarse divirtiendo incluso cuando lava ropa o le toca cosechar naranjas. Envidio su paz y simpleza; también me intriga, mucho, al punto de que hace días, en pleno curso de webmasters en el que le ponía más atención al zorro que a los contenidos, I me preguntó que qué onda con eso; “Sí, es un theme bastante kitsch pero el zorro me cae bien; tiene muchas actividades, es un buen chico”, dije, y él contestó, “deberías escribir su biografía”. Recién me di cuenta que no soy la única intrigada y seducida por el zorro en esta tierra, ni tampoco quien se ve inspirada por él. Existe una banda de locos obsesionados al respecto.

Entonces lo hice consciente; he estado stalkeando a ese zorro desde el primer día, regodeándome con mi propio e imaginario (y cute, muy cute) Big Brother patrocinado por Google; haciéndome ideas y preguntas, inventando historias, descubriendo detalles y enganchada de Kitsune y sus amigos a toda hora. Me di cuenta que comparto mis días llenos de histeria con su apacible existencia a través de esa ventana que sin querer se abrió hacia su mundo, misma que he intentado cerrar (con el theme de BusStop, el de Mario World y otros) pero que la nostalgia del lago y la montaña dibujada como con crayolas me lo impide. Hasta hoy que no me dejaron opción.

Algún bug maldito de la red hizo que Kitsune desapareciera de mi igoogle por espacio de 4 horas a mitad de la mañana. Mis reacciones fueron tan radicalmente exageradas que hubo quién dudó de mi salud mental, otros aprovecharon para hacer chistes al respecto, y otros, más comprensivos, me mantuvieron al tanto de sus actividades por otros medios.
El tiempo en que estuvo ausente y yo echándolo de menos me sirvió para definir los por qués de mis tendencias voyeuristas que, creo, pueden ser universalizados.

Yo, como Tiresias, veo más allá de lo que tengo enfrente y lo hago con otros ojos que no son los físicos. Como Tiresias, también, tengo experiencias muchas relacionadas con el placer sexual y puedo emitir juicios al respecto; tengo dones de mediadora porque soy una nata caminante de las delgadas líneas que separan lo bueno de lo malo, lo vivo de lo muerto, lo placentero y lo doloroso, lo bello y lo horrendo. Por lo mismo, no tengo miedo y donde pongo el ojo no siempre pongo la bala ni lo que veo se convierte en una imagen banal y sexualizable per sé.

Aprecio la belleza, el discurrir de las actividades, los detalles en los dobleces de la tela de una blusa tanto como los poros en una piel joven y tersa, aprecio los dibujos que me hacen sentir acompañada por Kitsune todos los días, y veo cómo nuestras rutinas parecen entrelazarse para, al final del día, ambos estar cansados de vivir en pixeles o el mundo real, y dedicarnos a soñar respectivamente.

El voyeurismo me inspira poesía, directamente; ya sea el zorro en su lago, o C y M cogiendo frente a mí, el resultado es el mismo: palabras que intentan encerrar un sentimiento de complicidad, de apropiación y complitud que no es fácil traducirle a alguien que está más interesado en los aspectos morales del hecho que en los resultados o sus motivantes.
La transgresión misma de declararse no participante y al mismo tiempo fan número 1, el intercambio de poderes, de puntos de vista, de objetos y sujetos, el voyeurismo es una actividad altamente satisfactoria y compleja que va mucho mucho más allá de la idea de masturbación en compañía que podría implicar el término por sí solo.
Difícil despojarlo de esa connotación si es casi como su definición, eh? Intentemos otro término, entonces.

Yo soy una veedora fascinada por las cosas bajo diferentes tipos e intensidades de luz; ver, así, alimenta mi espíritu de energías extrañas en ebullición que accionan gatillos, que moldean emociones, que descargan pasión en diversos calibres en mi sistema nervioso.

Si eso les suena pornográfico, querido público, estamos en diferentes canales. La pornografía es barata, accesible y super personalizable; una experiencia voyeurista para mí, por otro lado, tiene más que ver con una conjunción cósmica, con la tierra y sus elementos, que con un orgasmo, una eyaculación, o ambas.

Sé que Kitsune estaría de acuerdo; pero ahora mismo está ocupado alimentando patos y no quiero interrumpirlo.