Archive for random

Paperback writer

It’s a thousand pages, give or take a few
I’ll be writing more in a week or two

Al random y a la carrera les puedo contar que lo del trabajo se me ha salido un poco de control. Qué digo un poco, ya no tengo horario de apertura/cierre y mi madre argumenta que no me ha visto desde marzo. Llevo un par de semanas donde, a pesar de morirme de las ganas de bloguear cuanta tontería se me ocurre (que son muchas), corro de la oficina a la casa a conectarme a otro servidor ftp, a revisar otros textos, a corregir otras barbaridades que atentan contra mi humor.

Es que mientras el mundo siga escribiendo como si nuestra comunicación social se basara todavía en pinturas rupestres (y algunas son lindas), yo seguiré teniendo trabajo y probablemente éste crezca exponencialmente, como ha sucedido. Antier me di cuenta que es casi oficial que tengo dos trabajos de tiempo completo; sería más obvio si el segundo tuviera escritorio pero no, todo lo hago desde mi cama (eso sonó chistoso), sentada en mi silla naranja, con los pies sobre un cojín enorme. En ocasiones la carga es tanta que pude pasarle chamba incluso a Suz quien puede hacerla sin sufrir entre sus clases de belly dancing y otras actividades referentes a su diletante desempleo.

Ser un buen freelance tiene su ciencia y al parecer soy de los mejores de la tierra porque a pesar de todo, no he quedado mal con una sola entrega, todo llega a donde debe, no me he vuelto loca ni amenazado con asesinar a nadie por la calle. Tampoco duermo muy bien ni sé exactamente qué hay en mi refri ni en qué día vivo pero hay recompensas lindas que lamentablemente no puedo disfrutar del todo de manera inmediata.

Por ejemplo: esta semana estuvo lloviendo horriblemente; en esta ciudad donde todo se inunda si alguien vacía una pecera en la acera, la precipitación tuvo consecuencias de todo tipo. Mi casa goteó por lugares donde no sabía que podía hacerlo, mi gata fungió como esponja de trasminaciones (su pelo así lo indica) y mis zapatos murieron en un charco. Iba yo en tranquilo contoneo cuando el pie derecho resbaló chistosamente, lo que provocó que TODO mi pie cayera en un hoyo que no parecía estar ahí. Lo saqué inmediatamente y logré caminar otro par de cuadras cuando noté que la traba del tobillo se despegaba peligrosamente del resto del zapato. Me detuve un minuto, hice una llamada y corregí mi rumbo… hacia una zapatería, claro.

Me probé unos 10 pares y compré 4, uno de los cuales me llevé puesto de regreso a la oficina. En el camino, entré a otra tienda, me probé 4 prendas de las cuales compré una blusa. Se hizo tarde o yo hubiera seguido. Todo esto fue pagado al contado.

A pesar de que no sé sumar (como tantísimas veces he mencionado) sé que soy capaz de hacer ese tipo de gastos sin remordimiento alguno: estoy recibiendo el doble de lo que ganaba hace un mes y solamente a cambio de mi vida social/sexual, sueño y salud mental! Yei!

Yo, en serio, les quería platicar que me da enorme gusto que Lindsay Lohan haya salido del clóset (awww!) porque impulsa la revaloración de los estereotipos del bisexual contemporáneo (ey, me beneficia indirectamente), además que parece estar más feliz que una lechuga enterrada. Me encantaría platicarles que entré a un curso de análisis de la filmografía de Fellini desde la perspectiva de la filosofía analítica de Carl Jung que hará que mis dos neuronas no mueran (o mínimo, opongan resistencia), que vi a unos amigos que tenía 2 años y medio de haber perdido quienes comentaron que se me había bajado bastante lo chiflada e intolerante en este tiempo. Me encantaría explayarme en que hago servicio social programando código en mis “tiempos libres” (ja!) para una ONG, que estoy pensando seriamente en dedicarme vocacionalmente a ser demostradora de TupperSex (qué opinan?), que como demasiada avena y eso me está alarmando, que después de darle el avión a todo el mundo ya nadie me invita a sus eventos, que este fin de semana le dije a un amigo que me OBLIGARA a salir a bailar a pesar de todos los “tengo trabajo” que le diga, y que voy a adoptar otro gatito.

Alucino con comprarme un carro nuevo (al contado!), con viajar por el mundo, con recuperar un espacio en mi cama antes de que mi laptop tenga más derechos que yo y en tener tiempo para terminar de ver Angels in America… pero nada se concreta aún.
Lo que me da más pena propia es que también está encima la temporada de ferias del libro y yo debería estar descansada para poder hacer todas las relaciones públicas (a ritmo de cumbia) propias de esos eventos.

Me encantaría elaborar, pero tengo que ponerme a trabajar.

Circunstancias adversas

Días como éste me hacen sentir realmente confundida/decepcionada/resignada. Los he tenido por montones recientemente y creo que se volverán aún más comunes una vez que HB se vaya del país y se lleve con él a Hmlst. Entonces sí, nada ni nadie logrará que salga de mi casa.

Me refiero a los días en que todo está “agendado” con semanas de anterioridad y que por alguna circunstancia se vuelven una marejada de malas experiencias. Eso me ha provocado cantidad de berrinches, de dolores de panza, de lágrimas de nostalgia mezcladas con coraje.

Verán, no soy buena para quedarme sola en casa los viernes por la noche. No, no lo soy, y no me gusta pensar que eso viene con la treintena de años. No es posible que la gente haga planes super divertidos para verse luego inmersos en la realidad de la vida que va más o menos “dios, viernes, que maravilla poder dormir y no tener que levantarse temprano mañana” y cancele a último momento. En esos instantes, claro, siempre se tiene en la mano una agenda a la cual recurrir pero me encuentro conque todos tienen planes del tipo “voy a cenar con… y luego me voy a la casa, que estoy muerto”. No, no es posible y es inadmisible. Es viernes en la noche, deberíamos estar bailando al punto de la deshidratación en algún antro ecléctico donde pongan desde punk hasta cumbia; eso, eso viene en los mandamientos.

Tampoco deberían preocuparnos las dietas, la rehabilitación o las limpiezas kármicas; no deberíamos tener presentes los niveles de colesterol o contando días para la próxima cita con el ginecólogo.

En este mundo de cambios de planes cortesía de nuestras propias responsabilidades se vuelve tremendamente complicado poder confiar en la gente así como esperar reciprocidad y complicidad al mismo nivel que la que se brinda. El que haya dicho que sí estaré ahí en ese momento debe ser confirmado mínimo 3 horas antes del evento si no, puedes darlo por cancelado.
El vacío es fatídico los miércoles, por ejemplo.

Hoy estoy sola a pesar de que mi plan maravilloso estaba orquestado desde el pasado domingo. Mi hermano presentó su examen para especialidad y le fue bastante bien, así que “el miércoles celebramos con chelas y mucho hip hop”, qué más se puede pedir?
El chico llegó temprano y con muchísima disposición; se sentó frente a la televisión conmigo para ver por décimosegunda vez el concierto de Jay-Z en el Madison Square Garden. Éramos felices y estábamos simples cuando recibió una llamada del trabajo y dijo “tengo que irme, a alguien le bajó la presión”. Se despidió rápidamente y desde la calle gritó “te la debo”. *sigh* Eso, en serio, no lo vi venir.

*****!!!

En ese momento yo había tomado dos cervezas, no me había cambiado así que todavía andaba ataviada de oficina y con todo mi maquillaje perfectamente aplicado aún en su lugar. Nada de qué preocuparse, me dije, son las 8 de la noche, hay mucho qué hacer! así que llamé a H. Estaba praparándose la cena, dijo que podía unirme… “pero al rato tengo que checar un servidor en Costa Rica”, agregó. Esa era la advertencia necesaria para que yo dijera que mejor nos veíamos después porque H es de esos que pueden ignorar el Apocalipsis mientras está frente a su computadora, lo que eleva la frustración social a niveles innimaginables.

Por otro lado, hoy hay un concierto al que otro porcentaje de mis amigos asistirían así que la agenda se redujo y redujo y redujo… hasta que dejé de intentar. Pensé en desnudarme, acabarme la cerveza y mandar mensajes de texto a horas inadecuadas, lo de siempre. Maldije mi suerte de miércoles, medio arruiné mi maquillaje lagrimeando como nena y me dirigí a la cocina mientras gruñía acerca de lo poco festivo que está todo, incluidos el clima, la política exterior y el descongelamiento de los polos.

En ese instante me comenzó a doler el estómago como no lo había hecho en años: agrura, acidez, asco, todas las anteriores. Tomé agua y solo lo empeoró, juro que me comencé a poner verde. Corrí al baño en un ataque de reflujo horrendo. Se imaginarán qué hice después. Me descompuse toda.

Así fue cómo arruiné mi maquillaje, mi pelo perfecto y casi me arranco el piercing de la nariz. Lavé y lavé mi cara como para encontrar un por qué, cómo y cuándo pasó eso de la nada; necesito una explicación cualquiera.

Heme aquí frente a la computadora después de media hora de lamentarme y dar vueltas sobre la cama; la única cosa que se me ocurrió es que todo el evento se debió a mi reciente cambio de hábitos o “estado zen”, como le dice H. Debo, de manera madura, hacerme responsable de las consecuencias que me traen los intentos de seguir los designios de mi ejército de doctores y sus infinitas amenazas disfrazadas de recomendaciones que siempre acaban coincidiendo en que “tienes que cuidarte porque ya no eres una adolescente”.

Hoy me queda claro que ya nadie a mi alrededor es un adolescente, además de que soy la epítome de la adulta contemporánea quien es incapaz de sobrevivir a su propio ritmo de vida sin pagar altísimos precios por ello.

También me quedó claro que, después de mi rehab, me convertí en alguien que se pone MAL después de ingerir DOS cervezas (con todo y cruda asesina). Siguiendo esa lógica tan simple infiero que esta noche podría cometer el suicidio más sencillo de la tierra si efectivamente me acabo el resto del six y pido a domicilio algo como, no sé, una torta de pierna con hartísimo aguacate, unos tacos de chicharrón o una pizza con mucho mucho salami y pedazotes de piña de lata. Moriré en menos de dos horas, fijo, probablemente entre gritos y una úlcera lacerante espontánea.

Este es el último clavo que el ataúd de mi vida como la concebía necesitaba para terminar de refundirse en los hoyos de la memoria colectiva. Ahí van años de excesos de todo tipo, de noches de desvelo en rachas de semanas, de comilonas poco probables y aún menos racionales, de tremendísimas ingestas alcohólicas donde nunca interesó la procedencia o contenido de las bebidas, de sudores fríos y calientes mientras se baila cualquier ritmo suceptible de hacerlo… ay, ay, ay de mí.

Luego llamó N; preguntó que si estaba ocupada y le contesté que pensaba dormir temprano porque no me sentía bien. Me puse triste porque tampoco pensaba unirme a los que cancelan planes, están ocupados o indispuestos de manera tan súbita.

Pero bueno, ya qué importa, si he perdido mi callo, lo demás caerá por su propio peso. “Pero por lo menos sales barata”, dijo H. ¿Barata? Pienso que de una manera u otra, siempre lo he sido.

PD: crecer apesta.
PD2: no sé cómo voy a sobrevivir las fiestas patrias dado lo que implica el nombre mismo del evento.

There’s something about Miss P

De entre todas las cosas que hago sin esfuerzo alguno, hablar hasta con las piedras destaca como rasgo preponderante. Mi psiquiatra dice que mi extroversión es mayúscula, yo lo corrijo diciendo que lo mío es más bien exhibicionismo.
Lo anterior me permite conocer gente en las situaciones más extrañas; fue así como me encontré con Diana, Manolo y Adelaida.

A Diana la conocí en el aeropuerto cuando esperaba salir de Monterrey al DF. Eran como las 7am y mi glamour no me acompañaba. Con eso de que la paranoia de explosivos líquidos o frascos de más allá de 100mls. solo había empacado un esmalte de uñas microscópico y mi espejo. Olvidé la crema para manos y después de lavármelas con ese jabón industrial que ponen en los baños públicos, pedían a gritos ser atendidas. Volteé a todas partes y solo había dos personas en ese lado de la sala de espera: un jotito y una niña con cara de ñoña. Yo voté por ir a pedirle crema al jotito cuando la niña sacó su lip balm y un polvo compacto. Corrí hacia ella.
Me dio crema -bueno, cómo me vería que hasta me la regaló- y se presentó apenas pude darle la mano, ahora humectada, en agradecimiento fraternal.
Ella se dirigía a Málaga, así que compartiríamos vuelo nacional e intercontinental hasta Madrid. Hicimos tan buenas migas que, a pesar de no estar asignados así, movimos a un señor para poder compartir asientos.

Platicamos y platicamos por 10 horas de todo y nada. Nos dormimos una sobre la otra y ella fingió dos veces querer un whiskey para darme su botellita, así que me tomé un par de dobles que me mantuvieron cordial.
Hoy, a dos semanas de aquello, platicamos por msn bastante seguido y ya tenemos cita para ir a bailar por ahí.
La moraleja es: lo que la crema para manos une, no lo separará el hombre.

A Manolo me lo encontré literalmente en su casa, ajá, en una fiesta a la que me llevaron a pesar de que no me habían invitado. Cuando supo que era mexicana, era obvio mi acento foráneo, me jaló a la cocina y dijo “estuve esperando este momento por meses”. Entonces sacó una botella de vodka… con chile. Sí, vodka con chile -éste flotaba felizmente en el líquido-, hecho en Rusia e importado por él mismo. “Tenemos que abrirlo”. Eso hicimos. Él se atragantó con el primer sorbo. Yo me tomé 4 y enarbolé la botella el resto de la noche. Los asistentes y presentes declinaron las invitaciones a catar tan fina combinación Rusa-mexicana. Me divertí haciéndolos sentir poco aventureros.

Adelaida me observaba con interés desde el balcón de casa de Manolo. Con la botella para todas partes me veía extraña, reflexiono ahora. Se acercó a comer canapé o brocheta y me saludó. “Eres mexicana, verdad? Yo soy de Venezuela”, great! Latin power en Cataluña!
Platicamos de Hugo Chávez un rato para pasar a algo mucho menos político: la comida mexicana. Resulta que Ade conoce unos chicos de Mérida que le han cocinado cochinita pibil y mole. “El mole es extraño, sabe mucho a chocolate”. Dijo que tiene pensado venir a México en diciembre y la preparé para la cantidad de platillos “extraños” que podrá encontrarse por tierras mayas.

La hermandad se acabó de establecer cuando mencionó lo mucho que le gusta Gloria Trevi, comentario seguido de “ándale, ella es de Monterrey, mi cuidad”; después de eso tuve su completa atención por horas y horas. Resultó que no ha escuchado la discografía completa de tan destacada artista, así que le canté un pedazo de la Papa sin Catsup, cosa que le causó un ataque de risa.
Ella fue la que me tachó de alcohólica por tomarme un whiskey en un trago.
Horas después de conocernos nos invitamos bebidas mutuamente e intercambiados datos.
Yo le envié las fotos que nos tomamos esa noche, ella respondió con un “ya tengo la Papa sin Catsup!”

Está super puesta para incluir a Monterrey en su tour por México; espero que lo haga, quiero que vea qué significa comer carne de manera profesional y tomar como un oriundo.

Ellos son mis nuevos amigos sacados de situaciones poco probables y encuentros fortuitos. Hay muchas fotos que lo prueban y que atesoro junto a las de paisajes, eventos y personajes.

Recuerdo cuando estas cosas eran imposibles y solo existía el correo terrestre (o aéreo). No hubiera sabido jamás que Adelaida bajó una canción de Gloria Trevi y eso es super importante.

No?

I know your girlfriend hates me

I heard her screaming in the dead of the night
Life’s too long for you to get it wrong .-Annie

Aquí donde me ven (¿?) hay un cierto nicho de mercado para quien soy algo … antológica.
A través de H, hace como 8 años conocí a su grupo entrañable de amigos; esos que han crecido juntos, vivido juntos, estudiado juntos y son padrinos de sus respectivos hijos, lo que los hace también compadres. Son en total 6. H es el séptimo.

Pues bien, el viernes pasado sucedieron eventos muy extraños.
Yo me encontraba en mi beauty nap cuando llamó H; habíamos quedado en salir pero su carga de trabajo ese día fue tal que pensé que no lo haríamos. Sorpresivamente estaba super puesto.

Unas horas después, ya arreglada y en camino a tomar un taxi, decidí que caminaría a la disco (totally 90’s!) como cuando era una mocosa de 18 pobretona sin glamour; nomás por pura nostalgia. Esta decisión implicó armarme de un mucho de valor porque a las 11.30pm el centro de la ciudad suele ser área de prostitución y se caracteriza por su mala iluminación y altas probabilidades de violación pero no batallé casi nada para auto convencerme: había luna llena. Caminé por 15 minutos.

Llegué y el brat pack me esperaba. No los había visto en un par de semanas, así que hubo abrazos de feliz cumpleaños y chelas gratis por este motivo.
En eso de la peda, uno comenzó a platicarme que la semana anterior una tipa (muy fea, conocida como la Frida Kahlo) le había estado tirando la onda A PESAR de que su esposa estaba presente. La tipa siempre ha estado loca pero ahora, 8 años después, está loca Y desesperada.

MP: Jajajajaja, es que eres tan guapote y sexy que atraes groupies que quieren cogerte hasta por donde no sabes que se puede!
C: Pero no me jodas, la Frida Kahlo!
MP: Ya, habemos locas, pero mínimo somos lindas… y cogemos muy decentemente cuando las esposas NO están!
(… pausa de 15 segundos…)
C: Te acostarías conmigo?

Lo decía muy en serio. La esposa, efectivamente, no estaba y contestar que no invalidaría totalmente mi anterior argumento. Que dilema.

No recuerdo exactamente cómo pero me pude hacer la loca o alguien nos interrumpió. Lamentablemente él no quitó el dedo del renglón. Yo esperaba que H me rescatara pero estaba en la babísima y no me veía diciéndole algo como “tu compadre me acosa!” cuando de princesita en problemas no tengo nada. Se ahogaría de la risa.

C: Es que no mames, dónde te metiste estos 6 años! ?
MP: No muy lejos, pero cuando me vetaron de la vida de H, pues también de la de todos ustedes
C: Cierto, desapareciste…
MP: Contra mi voluntad…
C: … pero desde entonces te quiero coger …

C es el TERCERO de esa bola de amigos que me suelta en estado etílico la frase de “desde entonces te quiero coger”. Otro dijo algo como “te tengo unas ganas cabronas desde el 2000, si me dices que sí nos vamos ahora mismo”; el otro simplemente me aventó contra la barra y comenzó a besuquearme. Ajá.

Algo les pasa y no sé realmente qué. O yo me puse tremendamente irresistible con el paso del tiempo (doh, obvio!) o ellos están imaginando cosas porque no tengo memoria de que los dosmiles hayan sido épocas tan… sexualmente agitadas.
Me parece de lo más bizarro que salgan con esas cosas tantos años después cuando ya están todos casados. En aquel entonces no me hubiera dado cruda moral alguna el salir con ellos y coger lúdicamente sin consecuencias legales y/o civiles pero… ahora? … WTF?

Será que nada más tengo madera de amante? Será que lo mío es coger con quien no debo y en situaciones de imposible compromiso y total anonimato?

C: Si le voy a ser infiel a mi esposa sería contigo, con nadie más…
MP: …
C: Esta noche. Qué dices?
MP:… que en todo caso, H lleva mano y literalmente me vio primero, no crees?
(… pausa de 15 segundos, cara de decepción…)
C: … maldito suertudo… cabrón hijo de puta.

Con amigos como esos…!
H no se enteró de nada porque con su cerebro en overload más no sé cuántas cervezas lo único que podía hacer era pensar bonito, estar feliz porque ya tenemos boletos de Nine Inch Nails y bailar conmigo Come On Eileen.

Un par de horas después (ok, ok, como a las 5.30 am!) me acompañó a casa. Regresamos caminando a pesar de su negativa y gruñidos desaprobatorios. Yo disfracé mis necesidades de mujer lobo argumentando que así se nos bajaría un poco la peda y hasta hambre nos daría. Accedió.

Me dejó en la puerta, me dio un besito y dijo “descansa, hablamos mañana”.
En ese momento me sentí tentada a decirle “maldito suertudo cabrón hijo de puta” pero contesté con un “aguas con el vampirazo”.

Que irónico que él no se entere de nada y, a la postre, nunca haya dicho que me quiere coger desde el 2000.

Eso jode todo mi currículum.