Paperback writer 25 September 2008
It’s a thousand pages, give or take a few
I’ll be writing more in a week or two
Al random y a la carrera les puedo contar que lo del trabajo se me ha salido un poco de control. Qué digo un poco, ya no tengo horario de apertura/cierre y mi madre argumenta que no me ha visto desde marzo. Llevo un par de semanas donde, a pesar de morirme de las ganas de bloguear cuanta tontería se me ocurre (que son muchas), corro de la oficina a la casa a conectarme a otro servidor ftp, a revisar otros textos, a corregir otras barbaridades que atentan contra mi humor.
Es que mientras el mundo siga escribiendo como si nuestra comunicación social se basara todavía en pinturas rupestres (y algunas son lindas), yo seguiré teniendo trabajo y probablemente éste crezca exponencialmente, como ha sucedido. Antier me di cuenta que es casi oficial que tengo dos trabajos de tiempo completo; sería más obvio si el segundo tuviera escritorio pero no, todo lo hago desde mi cama (eso sonó chistoso), sentada en mi silla naranja, con los pies sobre un cojín enorme. En ocasiones la carga es tanta que pude pasarle chamba incluso a Suz quien puede hacerla sin sufrir entre sus clases de belly dancing y otras actividades referentes a su diletante desempleo.
Ser un buen freelance tiene su ciencia y al parecer soy de los mejores de la tierra porque a pesar de todo, no he quedado mal con una sola entrega, todo llega a donde debe, no me he vuelto loca ni amenazado con asesinar a nadie por la calle. Tampoco duermo muy bien ni sé exactamente qué hay en mi refri ni en qué día vivo pero hay recompensas lindas que lamentablemente no puedo disfrutar del todo de manera inmediata.
Por ejemplo: esta semana estuvo lloviendo horriblemente; en esta ciudad donde todo se inunda si alguien vacía una pecera en la acera, la precipitación tuvo consecuencias de todo tipo. Mi casa goteó por lugares donde no sabía que podía hacerlo, mi gata fungió como esponja de trasminaciones (su pelo así lo indica) y mis zapatos murieron en un charco. Iba yo en tranquilo contoneo cuando el pie derecho resbaló chistosamente, lo que provocó que TODO mi pie cayera en un hoyo que no parecía estar ahí. Lo saqué inmediatamente y logré caminar otro par de cuadras cuando noté que la traba del tobillo se despegaba peligrosamente del resto del zapato. Me detuve un minuto, hice una llamada y corregí mi rumbo… hacia una zapatería, claro.
Me probé unos 10 pares y compré 4, uno de los cuales me llevé puesto de regreso a la oficina. En el camino, entré a otra tienda, me probé 4 prendas de las cuales compré una blusa. Se hizo tarde o yo hubiera seguido. Todo esto fue pagado al contado.
A pesar de que no sé sumar (como tantísimas veces he mencionado) sé que soy capaz de hacer ese tipo de gastos sin remordimiento alguno: estoy recibiendo el doble de lo que ganaba hace un mes y solamente a cambio de mi vida social/sexual, sueño y salud mental! Yei!
Yo, en serio, les quería platicar que me da enorme gusto que Lindsay Lohan haya salido del clóset (awww!) porque impulsa la revaloración de los estereotipos del bisexual contemporáneo (ey, me beneficia indirectamente), además que parece estar más feliz que una lechuga enterrada. Me encantaría platicarles que entré a un curso de análisis de la filmografía de Fellini desde la perspectiva de la filosofía analítica de Carl Jung que hará que mis dos neuronas no mueran (o mínimo, opongan resistencia), que vi a unos amigos que tenía 2 años y medio de haber perdido quienes comentaron que se me había bajado bastante lo chiflada e intolerante en este tiempo. Me encantaría explayarme en que hago servicio social programando código en mis “tiempos libres” (ja!) para una ONG, que estoy pensando seriamente en dedicarme vocacionalmente a ser demostradora de TupperSex (qué opinan?), que como demasiada avena y eso me está alarmando, que después de darle el avión a todo el mundo ya nadie me invita a sus eventos, que este fin de semana le dije a un amigo que me OBLIGARA a salir a bailar a pesar de todos los “tengo trabajo” que le diga, y que voy a adoptar otro gatito.
Alucino con comprarme un carro nuevo (al contado!), con viajar por el mundo, con recuperar un espacio en mi cama antes de que mi laptop tenga más derechos que yo y en tener tiempo para terminar de ver Angels in America… pero nada se concreta aún.
Lo que me da más pena propia es que también está encima la temporada de ferias del libro y yo debería estar descansada para poder hacer todas las relaciones públicas (a ritmo de cumbia) propias de esos eventos.
Me encantaría elaborar, pero tengo que ponerme a trabajar.



