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Good Fortune 2

Continuando con las buenas noticias que a todos nos vienen a ayudar en algo, específicamente los lunes (ingas), les platicaré el resto de los recientes eventos que no son tragedias. Lo haré A PESAR de que tuve que salir de la ciudad de manera histérica y estuve en el DF por exactas 20 horas… con 500 pesos de viáticos. *sigh*

Tuve un accidente con un par de pantalones la semana pasada… los dejó inservibles y punto. Ese mismo día me dispuse a comprar mínimo otro para reponerlo (ya saben, mantener cierto número de prendas es básico). En la tienda resultó que nada de lo que me gustaba era de mi talla, guácala con lo demás. La chica dijo: “te lo puedo traer en una talla más chica”. Reí ante su despliegue de inocencia pero dije “ok” y me dirigí al probador.
Sorpresa: los pantalones me quedaban perfectos!!! bajé una talla de manera inexplicable!!!
Estuve a punto de salir corriendo a abrazarla después de verme por todos los ángulos posibles en el espejo porque, efectivamente, tuvo razón desde el principio. Salí de ahí con 3 pantalones que se me ven muchísimo mejor que el resto, ya que son mi talla correcta. Felicidad.

Me ha dado por la repartición indiscriminada de cariño cosa que, pienso, es muy necesaria en estos días de recesiones y sucesiones. Una tarde de éstas me encontraba recordando cómo en la mañana del mismo día mi jefa había desperdiciado 6 minutos de nuestras vidas diciéndome que era una inepta, que no sabía hacer mi trabajo y que mejor contrataba a un niño de 5 años más capaz. Horas y horas después pensé que qué feo era todo; ya, en un lugar donde se trabaja bajo presión es lógico que sucedan asuntos pero que una vez que se salen de control, dejan secuelas. C, a la  hora de la salida, fue a mi oficina a decirme que había escuchado todo y que lo lamentaba mucho; “mañana me tocará a mí, me temo”, dijo. 

Ya tuvimos suficiente, decidí. Cosas como esas han ido erosionando las relaciones de amistad que en un momento conformaron el equipo de trabajo: ya les he contado que trabajo con mi ex, y otro par de amigas que antes de ser colegas éramos… eso. Y ya no.

De ahí nació mi programa de “desapestificación del entorno laboral”. Al día siguiente llegué y antes de prender computadora para comenzar a revisar pendientes, dejé las cosas sobre mi escritorio y fui a saludar de beso a todas y cada una. Me vieron con confusión pero les anuncié que así sería de ahora en adelante, que nos debemos eso, mínimo, como amigas y cómplices de tantos años. Sonrieron, asintieron y lo hemos estado aplicando desde ese día. Los resultados han sido increíbles, es difícil creer que algo tan pequeño pueda volverse tan relevante: “ay, que rico hueles hoy!”, “me gusta tu pelo hoy, se te ve bien recogido así”, “te desvelaste? quieres algo de tomar?”, “te pusiste la blusa roja! te odio, me encanta”. Un beso en la mañana y se construye una pequeña isla de buena onda el resto del día hasta las despedidas, que son besísticas también.
Eso, buena vibra!

La vibra me la he tomado muy en serio recientemente. A mi proyecto de perennes felices sueños se le sumó una app para el Iphone cuya función es… arrullarme. Esta maravillosita cosa tiene 50 sonidos entre los que están ríos, cascadas, viento, olas de mar y similares. La programo para que me esté “lloviendo” por 40 minutos una vez que me voy a dormir; sí que hace una diferencia radical en el ritmo del sueño. La noche siguiente es “viento por el bosque” o cosa igual de bucólica. Entenderán, mi vibra después de una semana de ese tratamiento preventivo anti pesadillas y monstruos bajo la cama es casi Zen.

Luego… saben qué sigifica conocer a una chica linda que es artista, no fuma, no toma, es vegetariana, fan de la música celta y cosas rarísimas en ruso, la ciencia ficción, no dice maldiciones y cuyo máximo sueño en la vida es trabajar para Pixar?  Para mí es super interesante.
Dije que es linda? Bueno, también es la única persona que conozco que me gana en Guitar Hero.
Dije que es linda? Es la única persona que se ha “tomado la libertad” de mandarme a fumar al patio de MI casa porque no solo apesto el entorno, sino que afecto su super equilibrada esencia.
Ella se bebe toda la cafeína y se come todo el azúcar que a mí me mataría, se termina mi plato si dejo algo, Edipo la ADORA, vemos demasiadas películas de Lynch y hasta hace dos días no sabía que PJ Harvey existía. Somos el par más discímil de la tierra.

Yo la incluyo en esta lista de buenas noticias pero no sé si me volverá más loca de lo que ACABO de estar hace una tercia de semanas. Por lo pronto me amenazó conque vamos a ver TODAS las películas animadas alguna vez producidas a pesar de que le aseguré que lloro como nena en cada una de ellas.
Je. 

Para ustedes, más Zen, más sueños, más besos y más caricaturas.
Muchas más buenas cosas.

In The Arms Of Sleep

Hola, hola, gente. Como verán, mis medicinas nuevas (coctel de ahora en adelante) están haciendo maravillas con mi humor, mi insomnio y mi entera persona. En ese sentido, como todo cambio radical, han tenido efectos extraños pero controlables (o eso me gusta pensar):

  • Estoy tomando mínimo una coca cola diaria. Para alguien intolerante a la cafeína y por ende a los refrescos negros, esta es una aseveración muy fuerte y que hace sospechar que tal intolerancia puede tener origen psicosomático… huh. Como sea, siempre regreso del trabajo y antes de cruzar la puerta me desvío un poquito para conseguir una coca cola de… ni sé cuántos mililitros, además de mis cigarros.
  • Otro efecto, estoy fumando de manera regular y cotidianamente. Tenía aaaños de no fumar en el carro, o fumar sola (y sobria) o salir al jardín exclusivamente a fumar o bajar 3 pisos de la oficina para juntarme con los viciosos que se pasan mínimo 10 minutos al día en el chisme mientras me fumo un cigarro… o dos, o tres. Chain-smoking en tiempos de recesión… mal, muy mal.
  • También me he vuelto fan de la música pop francesa, de la noche a la mañana. Si mi last.fm ya era el reflejo obvio de mis cambios de ánimo, esto debe parecer el colmo. Hilé que si aprendí inglés escuchando a The Beatles, algo similar puede pasar con el francés; por lo pronto nada lo indica, porque no entiendo ni madres, pero eso tampoco evita que me guste y sienta morbo al respecto.

En general, estoy disfrutando la vida mucho y en más de un sentido. Si estoy cerca de mi destino y la canción que escucho en el estéreo del carro todavía no se termina, soy capaz de darle una vuelta adicional a la cuadra para esperar hasta el último acorde, simplemente porque me hace feliz. También doy vueltas a la cuadra para ver edificios por todos los ángulos, o ver cómo se refleja el sol en las ventanas, también camino más seguido y veo muchas más películas.
También regalo CD’s, galletitas y dejé de quejarme de mi crema (encontré una maravillosa!)

El plan de leer de manera tranquila y aislada en las tardes tibias de este intento de primavera es un fracaso. No consideré el factor Edipo quien apenas cierro la puerta comienza a maullar como si lo estuvieran crucificando. Por supuesto, si lo dejo entrar tampoco me deja leer porque se sube sobre el libro o rasca algún mueble; es por demás. Creo que quiere que reconsidere y me arrepienta porque ha cazado (y destripado) tres ratones esta semana, lo que prueba su hombría y disposición; im still not that impressed.
Mi madre simplemente dijo “mejor vete a un Starbucks”; no me pareció tan mala idea.

He volcado las manías en mis estudios de francés; compré un par de libros de referencia (vocabulario, ejercicios de gramática y un diccionario) que leo incansablemente incluso en horas productivas. Mi primer examen es el próximo jueves, manden vibras positivas si es que les quedan, jejeje.

Dado que mi insomnio está bajo control (a pesar de que las pastillas tarden como 3 horas en hacer efecto) ya duermo todos los días, de corrido, sin pausas ni situaciones abruptas. Para motivarlo y celebrarlo, por qué no, se me ocurrió cambiar las cortinas del cuarto por unas más pesadas que dejen pasar menos luz; ya se encuentran en proceso de hechura.
Lo malo es que, como imaginarán, estas situaciones suelen salirse un poco de control: también la cocina y la sala tendrán cortinas nuevas; en fin, lo que sea por inyectarle vida a un lugar que suele perderla cuando a mí se me va el hilo.

Ayer estuve felizmente pensando en pedicures, uñas de colores, y cantando canciones de Mariah Carey mientras barría, lavaba loza y recogía objetos desplazados de sus lugares correctos… a las 11.30 de la noche. Podemos decir que la manía no se me ha bajado del todo pero que estoy canalizándola mucho menos destructivamente. También comienzo a entenderle a mi Iphone, lo vestí bonito (de rosa, ajá) y le deparé un lugar en la mesita de noche para que se cargue y sea feliz. Como yo, mientras ambos dormidos.

Por otro lado, y de manera muy lamentable, además de por simple precaución, no me será posible ir al concierto de Morrissey en Austin. Si a alguien le interesa, bienvenido, comuníquense conmigo.

Finalmente, quería asegurarles que mi coctel y yo nos estamos llevando tan bien que hace una hora choqué contra un poste, desprendí por entero el espejo retrovisor derecho de mi auto (en un CRASSSH! muy notable) y no me detuve porque escuchaba a Everyhting But The Girl y mi cigarro iba a la mitad.
Lo que sea.

Mientras la vida se pueda encerrar a sí misma en un pastillero, ningún poste vendrá a arruinarme la mañana.
Gracias por preocuparse, significa mucho para mí. Besitos.

Sleepless

Las cosas han estado desordenadas estos días por diversas razones derivadas de una muy específica: tengo insomnio y eso es… casi fatal.

No soy alguien que enfrente el insomnio de manera madura; no me da por leer novelas clásicas rusas, ni por sintonizar una estación de música clásica 24 horas, ni por ver el History Channel; tampoco me pongo a limpiar, contar borregos, o pintarme las uñas de los pies de diferentes colores.

Yo me angustio, mucho mucho; me vuelvo loca en micro e incluso llego a convencerme de que las causas son físicas, materiales, espirituales, ambientales y hasta supernaturales… o todas al mismo tiempo.

Le entré al feng-shui y moví la cama de lugar… a las 4.30 de la mañana.
Me puse a redecorar, ya que decidí que el edredón me estaba sofocando y eché a la lavadora toda la ropa de cama… a las 3.40 de la mañana.
Salí a bailar el viernes pasado pensando que el plan era infalible: me cansaría tanto que caería redondita, súpita, apaleada sobre mi cama esponjadita con olor a lavanda… pero nada más me deshidraté y resulté ser la única que terminó la velada sobria y entera entera a las… 6.20 de la mañana. Fungí como conductor accidentalmente designado; llegué a casa a preparar el desayuno. No dormí el resto del día.

También he intentado escribir sin mucho éxito a pesar de que logré acumular la milagrosa cantidad de 15 borradores. Lamentablemente, cuando los leo por la mañana carecen completamente de sentido.
Qué quise decir cuando escribí “demasiada información” o “antes-durante-después”? Debo alejarme de la computadora cuando tengo insomnio, fijo.

El colmo es no logro dormir incluso si tomo puntualmente mis somníferos. Ya llevo como una semana. Pido esquina.

La explicación de mi madre es que estoy muy estresada por… culpa del francés. Sí, ella está convencida de que mi determinación por aprender el idioma de Baudelaire me está quitando el sueño de manera literal.
B dice que debería ir, de nuevo, a checar mis dosis y medicamentos ya que alguno de los chorrocientos puede estar haciendo corto circuito. 
A mí se me está acabando la imaginación para ocupar esas horas de vigilia; son silenciosas, lúgubres, húmedas y confusas.

Me imagino cosas, me hago telarañas mentales, pienso tonteras… situaciones que no son raras pero llegan a ser agotadoras cuando se les dedican más horas de las consideradas saludables. Además, si lo hago por la madrugada no tengo nada que hacer durante las horas laborales, claro.

Extraño esos sueños sin sentido donde me paseo con Justin Timberlake, o conozco una sirena, o floto, o lo que sea; qué decir de los cochinos, violentos, sangrientos. Quisiera que existiera forma de abrirme la cabeza y rescatar esas imágenes primitivas antes de que mi cerebro en vías de autodestrucción las extinga para siempre.

Hoy me haría feliz hasta soñar con angelitos… por más celestiales, inmaculados, resplandecientes y aburridos que fueran.

Cuéntenme un cuento.

I need a drink

They say my lip gloss is cool
My lip gloss be poppin
Im standin at my locker
And all the boys keep stoppin

(Warning: post de interés puramente femenino)

Hay de mitos a mitos en este mundo; desde el de las ardillas rabiosas (que CL asegura es una estupidez) hasta que debes esperar dos horas para nadar después de haber ingerido alimento (supuesto riesgo de muerte). Mi abuela me confiaba ese tipo de sabiduría popular cada que le parecía conveniente con seguridad tal que nunca la cuestioné.

Algo que siempre me ha parecido especialemente mítico es el tema de los tacones cómodos, entiéndase por ellos los stilettos del número 7 para arriba. Acostumbrada como estoy a los zapatos bajos de trabajo de oficina (burócrata!!) cuando uso tacones de señorita pasan dos cosas: me la creo y me comporto como una bitch del demonio; los soporto estoicamente menos de 5 horas seguidas.

Recientemente que estuve en la FIL, un día coordiné dos eventos de presentación de libro que requerían tener pinta de damisela. Uno a las 12 am, otro a las 4 pm. Dado el caso, desde las 9 de la mañana andaba recorriendo los pasillos en tacones si bien no altísimos, suficientes para retar el equilibrio. Está de más contarles qué pasó a las 5 de la tarde: estaba tan cansada y tenía tan adoloridos los pies que preferí descalzarme el resto del día, tirando el concepto damita por la borda.
Cómo le hacen las modelos, las strippers, los travestis! para lograr pasar su vida en esas cosas que si bien son hermosas, pueden convertiste en instrumentos de tortura?

Mi reflexión al respecto era más bien del tipo anatómica: claro, mi peso y naturaleza ósea (contado mis tetas) ofrecen tal resistencia a la gravedad que es imposible vencer para caminar decentemente pero… eso aplicaría de igual manera a los travestis y no parecen inmutarse! Luego pensaba en mis piernas y sí, son como de basquetbolista, seguidas de unos pies NADA delicados que, obvio, no ayudan al concepto. Será eso?

Por qué ell@s sí lo soportan y yo no?!

Ayer Lu se puso sus nuevos zapatos tacón #10. Son hermosos, punto; los soportó estoicamente hasta que prefirió undirse en un sillón a seguir sufriendo. Ella es todo menos tosca y grande; de hecho, es delgadísima, espigada… del tipo señorita, para no ir más lejos. Entonces?

Otra chica en la reunión comentó que a ella le duelen los pies, y todo su alrededor, SI NO usa tacones; que las rodillas y la espinilla se le entumen, que sufre irremediablemente.

Las necesito ahora, queridas lectoras. Teoricemos. A qué se debe que unas puedan, otras no, unas quieran y las otras estén obligadas?

Hard facts. Hablen de sus casos específicos, con el fin de develar ese misterio de una vez por todas.

También quiero su opinión acerca de las canas (se las pintan? las visten?), las líneas de expresión (Botox party!) y, finalmente, qué tanto té verde es demasiado té verde.

Por todo lo anterior, la idea de la reunión de solteras-lindas-sinhijos-pudientes tiene que hacerse realidad lo más pronto posible, anticipando que alguna se haga su primera cirugía plástica. Escriban si se quieren apuntar.

Mientras, anoten esto como lectura básica anterior al aquelarre, será un tema a discutir: Dating Makes You Want to Die: (But You Have to Do It Anyway). Pongan su mouse sobre el libro y den click en “Surprise Me!”; se sorprenderán. Ahí encontré la explicación del porqué necesito un trago ahora mismo.

Si sólo pudiera tomármelo sin estar después irremediablemente cruda… *sigh*