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Second life and other diversity issues

I can lean on my friends
They help me going through hard times.-

Días de inquietud, días de reconocimiento, días, en countdown, para mi cumpleaños número 30.

Eso significa muchas cosas para mí que al parecer nada más yo entiendo del todo; no espero otra cosa, realmente.

No estoy sola, tengo una enorme red de amigos siempre al pendiente de mis variaciones emocionales o psicosomáticas que me dicen cosas como “no te arranques las pestañas” o “bitch” con en distintos tonos pero siempre con la misma intención: reconfortarme.

Aprendo mucho en terapia acerca de la empatía, del cariño y de cómo hay personas que reaccionan literalmente mal a las expresiones de éste.

Estamos, en plural, mejorando lenta pero seguramente a lugares menos oscuros, a situaciones menos dolorosas, a tener esperanza en nosotros mismos, a ser capaces de volver a confiar. Es trabajo que exige esfuerzo y dedicación.

También creo que estoy aprendiendo mucho de quienes me rodean al limitar quién soy yo misma, qué no soy, qué no me interesa ser, quién aspiro a ser y qué simplemente no puedo ser incluso si se me va la vida en ello.

Soy una guerrera protectora que se dedica a salvar gente de situaciones desesperadas; soy a quien se acude por ayuda, quien está dispuesta a arriesgar todo para que estés bien, tranquilo, sano y feliz… incluso si sacrifico mi propia salud mental en esto.
Estos días en que estoy confundida, dolida, triste y demás sentimientos asociados, me gustaría no estar en modo Juana de Arco. ¿Quién me está cuidando a mí?

Me está cuidando el ñoño más ñoño de la tierra: H. Lo hace un poco en retribución de mi efecto de superheroína que en su caso ha hecho una gran diferencia para bien. Me acompaña, me saca a pasear, se sienta conmigo en el suelo a platicarme de las últimas bases de datos que ha diseñado, me hace reír, vemos fotos, oímos música… y me ve llorar.

Él es la practicidad andando, no entiende nada de esmaltes de uñas y es capaz de no notar que en un periodo de 10 minutos me cambio la blusa y me peino diferente. Es simple y llano. Toda su ropa es de color azul y se compra 2 pares de tenis iguales porque “que hueva buscar otros dentro de 6 meses”.

Odia el hip hop, tiene una perra peluda y su comida favorita es el pollo asado. También es un geek hardcore que pasa tardes enteras corriendo queries de mysql en los Starbucks de la ciudad, lugares que selecciona al random.

Las conversaciones más profundas que tenemos, incluso a pesar de que nos vemos casi todos los días, son a través del MSN. H es incapaz de ser serio, formal y trascendente en vivo.
Es de esas personas que tiene que sentirse seguro para expresar lo que realmente siente, está negado al contacto físico, se declara socialmente inepto y puede ser tiernísimo en texto y de lo más patán en vivo.
Por MSN me habla como un amigo íntimo y con un grado de honestidad que lo lleva a decir cosas como:

“ok.  esto va a sonar muy burdo y pendejo.  probablemente te cague un chingo, pero espero que me entiendas. lo que me acabas de comentar es un tema muy sensible para ti, verdad?  aun y para mi sea ‘incomprensible’ o ‘frivolo’ o ‘tonto’ o ‘inserta el adjetivo que describa mi ignorancia aqui’  aparentemente yo no le estoy dando la importancia adecuada y te estoy terminando de joder la tarde?”

En vivo discute sobre las pedas que planea ponerse en la semana, la mesera del antro que le gustó y cosas así de trascendentes.

Me queda claro que somos frágiles en distintos sentidos. Él sería el perfecto candidato para vivir en Second Life o pegado a su XBox Live como su única actividad social porque, incluso, es muy malo en Guitar Hero; dice que el trauma de que una niña le haya ganado en un videojuego puede durarle toda la vida.

Tenemos diversos tipos de daño, barreras de diferentes alturas, issues que debemos trabajar. Dice que lo tengo en entrenamiento para convertirlo en una persona que funcione como tal.

Mientras me chuto sus:

“estamos hablando de algo asi como una consulta de t-sql utilizando tablas derivadas y subconsultas en el ‘where’?”

Él me escucha platicar sobre mi novísimo y más que hermoso diccionario de María Moliner, las veces que he regresado textos por exceso de oraciones subordinadas y de lo gracioso que puede llegar a ser un ensayo traducido por gringos bilingües.

Lo que me lleva a la parte de la diversidad.

Ayer llegó a la casa con el periódico y dijo algo como “te lo traje porque viene lo de la marcha gay… y las finales de la Eurocopa… yo leeré esa parte”.

Eso me hizo pensar que hay cosas que nunca podré compartir con H.
Lo de la bisexualidad es algo que él no puede manejar, que yo no quiero/puedo explicarle y que obviamos felizmente en nuestra interacción diaria en la cual somos un niño vestido de azul y una niña que se excede en su afición por el rosa. Somos tan arquetípicos como indefinibles, somos la diversidad en un microespacio con nuestras fragilidades a flor de piel.

Creo que algo que no le he dicho, ni por MSN, es que intentaré preocuparme tanto por no herir su susceptibilidad como él está preocupado por cuidar la mía.

Intentaré empezar por decirle, en vivo, “te quiero, gracias”.

Ya estoy advertida:

“esto para mi es bastante complicado (aceptar cumplidos, sentirme ‘aceptado’, eso pues)”

Si sale corriendo, llamaré al psiquiatra.

PD: Me voy a Barcelona por dos semanas. Sí, cumplo años. Ajá, 30. No quiero hablar de eso. Gracias ;)

La cita

Un día cualquiera de esta semana (o la otra) estaba en la oficina twittereando estupideces cuando mi celular sonó y una voz de extraña tesitura comenzó a decir cosas que no entendí de entrada. Dijo algo como “bolsa de trabajo”, seguido de un “blah, blah” muy confuso, porque hablaba con un marcadísimo acento fresa. Tuve que concentrarme mucho para dilucidad a qué se debía la llamada, de hecho, me salí de la oficina al pasillo para poder preguntar todas las veces que necesitara “qué?!” sin que nadie se alterara.
Intento reproducir el diálogo:

“… es que tipo nos suuuuuper interesa tu perfil y tipo es para un puesto en el corporativo de Vitro, acá, tipo, en San Pedro, ves? Entonces qué ondis?…”

Después de asegurarme de no fuera una broma o número equivocado, dije que ok y la chica se emocionó mucho; me quería ver ese mismo día, tres horas después. No era posible, así que quedamos para el jueves a las 3 de la tarde; ella quedó en mandarme “unas cositas” que yo debía llenar y reenviarle por email.

Dijo Vitro.

Vitro y yo tenemos pocas cosas en común; ellos cotizan en la bolsa, yo no sé sumar, ellos exportan millones de dólares en mercancía, yo fui a visitar una de sus plantas cuando estaba en la primaria… y creo que es todo. Se sabe en sentido vox populi que cuando estudias algo como Letras Españolas y te especializas en ello, tu vida en la parte corporativa, privada y de altísimo valor curricular de esta ciudad no tiene razón, o posibilidad, de ser.
Al respecto, conmigo no hay ningún problema.
Me dan algo las super empresas que necesitan un edificio entero para manejar sus recursos humanos y plantas en 40 países para manejar los materiales.
Pero por alguna circunstancia que seguro tiene que ver con que el vaticano haya reconocido que está ok creer en aliens, Vitro quería entrevistarme.

Efectivamente, Iliana, mi nueva suuuuper amiga, me envió las mencionadas “cositas”: un examen psicométrico, otro de aptitudes. Los contesté casi inmediatamente nada más porque me parecieron de lo más chusco, desde los temas manejados hasta las opciones de respuestas; para hacer las cosas más divertidas, fui honesta en todos los incisos, cosa que si el sistema funcionara, haría que Vitro se enterara de muchas cosas y declinara su oferta.

Usted se considera:

Atractivo (X) (in too sexy for my shirt, for my cat and for this song!)
Confiado (marcar esto es casi como asegurar que compras lo que sale en infomerciales a las 3 am)

Resignado (marcar esto… es decir “sé que no me van a dar el puesto y lo acepto, apesto!”)
Complaciente (… una puta?)
Humilde (… perdón?)
Buen vecino (… huh?)
Intrépido (X) (lo marqué, eso debió decirles que soy capaz de todo: comer castor, tirarme en bungee, organizar orgías… carajo, hasta casarme! jaja)
Bonachón (alguien que se describa a sí mismo con esta palabra tiene vocación de botarga del Dr Simi y de santa clós de centro comercial… paso)
Refinado (X) (seré puta, pero soy cara)

Imaginarán que ante esa variedad, me dediqué a marcar cosas como :
Seguro de sí mismo, valiente, persistente, dinámico, admirable, de mente abierta e “inconquistable”… uy, hasta me sonrojé con ese último.

Me divertí mucho diciéndoles que no me interesa la religión ni las matemáticas, que mis pasatiempos son artístico-atléticos y que quiero pasar a la historia como un líder ideológico e intelectual, antes que cualquier otra cosa. Listo. Envié el documento.

Contrario a mis expectativas, Iliana llamó al día siguiente para confirmar la recepción de los cuestionarios y la cita, no para cancelarla. Parece que a Vitro, una de las empresas más ultra conservadoras, podridas en dinero y enclavada en una reserva natural, mi ateísmo y egolatría no parecieron molestarle, lo que les da puntos por lindos e inclusivos.

Después de pasar horas hombre dedicada a encontrar qué ponerme para la cita que no fuera demasiado revelador, demasiado casual, demasiado formal, demasiado muchas cosas (y debatirme acerca si quitarme o no mis piercings) decidí que no podía irme directo de la oficina, lugar donde el dress code incluye patas de gallo, chongos de sirvienta y muchas camisetas XXL.
Para practicar para la entrevista, un día fui a trabajar en falda y tacones… cosa que provocó muchísima expectación y gritos en los pasillos llamando al fin de los tiempos. Bah.

La entrevista en sí fue breve, pero reveladora:
Supe que Vitro no puede igualarme mi sueldo (quien lo viera!), que están a mitad de una cosa que llaman “proceso de mejoramiento global” y que… sí, las gráficas derivadas de mis exámenes fueron revisadas por más de uno en Recursos Humanos, quienes se preguntaban si efectivamente aquéllo había sido correctamente interpretado.

Cuando ennumeré mis monerías, mencioné mis “puntos fuertes” y todo aquello que me hace/ha hecho merecedora de un premio/trofeo/presea, la licenciada en cuestión me interrumpió para decir:

“Sí, las gráficas están bien…
- ¿perdón?
… Es que pensamos que había un error pero no. Mira, soy psicóloga organizacional y analizando los datos puedo decir que tú eres una de las personas más versátiles que he visto en mi carrera… también una de las más competitivas… y con más talento artístico… y habilidades sociales…
- ¿Eso dicen las gráficas? ¿Ves? No sé por qué me senté contigo en lugar de ir a la audición de Latin American Idol, donde sí apreciarían mis talentos!”

La carcajada que siguió a esa afirmación, no quise aclarar en ese momento era una completamente válida, hizo que dos secretarias se asomaran a ver si la licenciada no iba a ahogarse espontáneamente.
Al final reconoció lo obvio: “el puesto es demasiado chico para ti”, y se ofreció a tenerme en cuenta para otras vacantes y oportunidades en la empresa.

Regresé corriendo a la oficina pero como no es posible venir vestida así sin que piensen que perdí la cabeza, tuve que cambiarme en el estacionamiento. Salió falda, entró pantalón; salió blusita pegada, entró blusita suelta con leyenda chistosa. Procedí a despintarme cuando noté que de uno de los autos estacionados a mi derecha bajaba una chica que al pasar frente al mío me sonrió, así di por hecho que me había visto desnudarme.
Ya sin maquillaje, me recogí el pelo desordenadamente y llegué a mi oficina, donde nadie sospechó nada.

Cuando crucé la puerta y me reflejé en mi ventana me vi bastante “inconquistable”… y me sonrojé otro poco.

Así que no se sientan mal si creen que no existo y que es imposible que toda esta historia sea verdadera: no están solos, Vitro tuvo que verlo con sus propios ojos, je!

Mrs. Hyde

La lógica indica que todos los problemas tienen solución; todas las diferencias pueden conciliarse y que aquello que sube tiende a bajar… que puede tardarse, pero eventualmente va a a bajar, verdad?

No. No es así. Permítanme argumentarlo: soy una mujer.

Esta semana esta condición ha tenido consecuencias gracias a las múltiples hormonas que me inundaron… primero gota a gota y desde antier, como en represa rota.

Todo esto inició con una inusual hipersensibilidad emocional que, reconozco, rayaba en la paranoia. Un par de días me la pasé bloqueando gente del MSN, borrando del Facebook, tirando números del celular, entre otras.

Estas actividades irracionales fueron el preludio de lo que B llamó la etapa “horny Mrs. Hyde”; así se le conocerá por siempre a la criatura violenta e insaciable en la que me convertí por 3 días. No había manera o situación que controlara mi libido ya de por sí bastante fuera de la escala. No sé cómo explicarlo, pero perdí la noción y guía de mi entera persona durante ese tiempo; les juro que no estuve pensando con la cabeza.
Hice/hicimos cosas que dejaron a B moretoneada, adolorida, rasguñada y con ganas de no volverme a ver jamás… y aún así yo no podía conciliar el sueño.

Tuve que dormir con el vibrador debajo de la almohada y he de confesar que más de una noche mi propia desesperación me despertó en la madrugada para hacer uso de él… por horas… y ni eso me daba consuelo. Los pocos minutos que dormí tuve sueños extraños, pornográficos y que involucraban tatuajes, volar a cielo abierto, mucha lluvia y carreras ilegales de automóviles europeos.
B estaba preocupada de que anduviera en ese estado suelta por la calle e incluso insinuó que lo mío ya era motivo de incapacidad.

A mi etapa “amena” siguió la de hambre de destrucción y furia irrefrenable. Creo que en esa estaba cuando escribí mi más reciente post, donde yo ya me leía ofendida, pero esa ira escaló y escaló… y tuvo consecuencias: he dejado mi clase de baile, sí, mi adorada clase de baile que me hacía tan feliz. No sólo la dejé, sino que lo hice entre maldiciones y gruñidos, muy lamentablemente. Así acabó una de las mejores cosas de mi vida, en 10 minutos y en un arranque de hormonas vs. histeria.
La verdad no me ha caído el veinte que después de 3 años, no tendré nada que hacer los martes y jueves después del trabajo; en serio.

Después de los arranques llegó la calma y me inundó el amor, la banalidad y hasta un poco de nostalgia. Sí, aquí hubo muchos diminutivos, suspiros y besitos. También hubo lagrimitas con Happy Together y mensajitos de “te extraño, mi vida” en repetidas ocasiones que se enviaron mientras escuchaba a las Spice Girls. Bueno, qué les cuento, lloré en el tráfico completamente sobria, a las 6 de la tarde.

Sé que ustedes deben estar pensando que yo debería estar institucionalizada en este momento pero creo que volveré a la normalidad cínica de mi persona en cuanto estos cólicos y sus causas terminen de acosarme el ánimo.

Verán, estoy convencida que los estrógenos y la progesterona a mí me vienen muchísimo mejor en estado latente; dormidos, lejos de las actividades normales de mis neuronas, de los tejidos de mis senos, de mi índice de masa corporal y sus niveles de retención de agua.

Lo que me hace pensar que si hubiera que asignarse el sexo según talento, a mí me nominarían para ser hombre dadas mis demostradas cualidades para obviar estos procesos tan “naturales”, mi manera de hilar maldiciones y amenazas en público, antológicos problemas con la autoridad y personalidad ultracompetitiva.
Hoy me es complicado comprobar que mis chicharrones truenan porque me está estallando todo eso, y más, entre las piernas.

Luego pienso en Hillary Clinton.
Si yo fuera presidenta en una semana como la que tuve, me hubiera ido a guerra, establecido un estado totalitario donde no se permitiera dormir más allá de las 9 am, legalizado la mariguana, acostado con más de una de las internas de la Casa Blanca y declarado el día internacional del beso.

Cosa que tampoco estaría tan mal.

Secret Wish

And in the sea there is a fish,
A fish that has a secret wish,
A wish to be a big cactus
With a pink flower on it.-
Antsy pants Tree Hugger

Confieso que a pesar de que me encantan las situaciones de amor-odio, a quién no, hay una en especial que nunca he disfrutado: la que tengo con mi cuerpo. No es que lo odie directa y obviamente, sino que me frustra mucho que sea incapaz de ser útil para mis fines, ni vaya de acuerdo a mi ritmo de vida.

Cuando nací, y sin ningún referente, me pusieron el nombre de una reina de belleza; eso demuestra que mi madre (mi padre no participó de esto) tenía muchas expectativas puestas en su servidora. Nunca me ha dicho nada pero sé que está calladamente resignada a que yo no haya crecido para ser modelo, mínimo. Cuando cumplí 14 años me confesó que el día que le dijeron que yo sería una niña ella escogió de entre su ropa sus cosas favoritas y las puso en una caja con la idea de algún día dármelas como herencia simbólica.

Aquella ropa era hermosa; recuerdo específicamente una pantiblusa sin espalda, de cuello halter tejida color lila que, claro, me quedaba chica. Lo que mi madre nunca vislumbró fue que para entonces yo ya era una consumada jugadora de basketball y medía 1.65 mts.
Lamentablemente heredé el cuerpo de la familia de mi padre.

De los 12 a los 17 acumulé tantas lesiones deportivas que me enfrenté al desgaste, a luxaciones, a fisuras y hematomas. En uno de esos malos golpes se determinó que mi rodilla derecha estaba por siempre dañada y mal acomodada y que yo no podía seguir jugando; mis muñecas ya vivían inflamadas y para cuando se consideró cirugía me obligaron a retirarme.

Poco después comencé a sufrir dolores de espalda incapacitantes para los que me recetaban unas pastillas tan fuertes que también son usadas para casos de artritis crónica; me encontraron problemas de columna vertebral incorregibles, inoperables y muy severos. Me mandaron hacer una base e importaron un colchón de no sé dónde para asegurarse que pudiera dormir; sé que si subo de peso corro peligro de dañarme permanentemente al punto de perder la sensibilidad en las piernas. Mi ortopedista profetizó que si acaso me embarazo, tendría que pasar aproximadamente 6 meses en cama para evitar lesiones; también dijo que debería considerar una reducción de busto.

Con antecedentes familiares directos de Diabetes y Cáncer, debo estar bajo observación de todo tipo, todo el tiempo.

En el mundo ideal, debería vivir a dieta permanente, no hacer esfuerzos ni ejercicios que implicaran impacto y hacerme resonancias y mamografías cada dos semanas.

No sé qué piensen ustedes, pero eso no me parece vida.

Odio mi cuerpo porque es muy delicado, no tiene la estructura para sostenerse a sí mismo, es una bomba de tiempo y está vivo de milagro. Ha probado ser bastante inútil para mis fines como bailarina y deportista, además de que está mal programado en general.
Últimamente, para colmo, ha comenzado a mostrar signos inequívocos de edad, cansancio, agotamiento y fallas sorpresivas.

Yo no he terminado de vivir y este cuerpo parece estarse dando por vencido a pesar de mis intentos por hacerle ver que debe ponerse al tiro, que hay muchas cosas aún por experimentar.

Estoy cansada de cuidarlo como a un niño chiquito, de escucharlo rechinar y tronar, de verlo decaer lenta pero seguramente.

Quiero un cuerpo que sea capaz de correr un maratón, de bailar por 6 horas seguidas, de andar en tacones diariamente, de soportar sacudidas y ventarrones.

En este momento lo cambiaría y me olvidaría de su existencia pero lo veo mutar y lo que sucede cuando posas tus ojos sobre él, y tus brazos alrededor de esta cintura y la aprietas tantito; me dices al oído “mamita” y me besas por horas.

Insisto en que deberías tener a una novia super buena y bien construida y contestas que eso no te importa. Si me saludas por la mañana y dices “amanecí con ganas de cogerte”… me haces reconsiderar.

Si éste es el cuerpo que extrañas en tu cama, que cubres de besos y te hace feliz no sé por qué tendría que odiarlo si es que no sirve para el Grand Slam o un torneo internacional de Karate.

Tal vez los fines últimos de este cuerpo no tienen que ver con las Olimpiadas o el WNBA All Star Game y todo es más sencillo: ser una mujer sin medallas y en perpetua talla de dos dígitos… quien parece que a tus ojos es merecedora de las coronas de muchas reinas de belleza.

¿Sabes? Por estas nuevas perspectivas y más, mi cuerpo te lo agradece.