Archive for ñoña

Love, anyone?

who needs love
when the sandwiches are wicked and they know you at the Mac store?”

El amor llega, o no, y se va como llegó.
Se dan casos en que esa situación produce hartísimo gusto por varios factores… otras veces no tanto.

Lo que me llama la atención es que en estos tiempos y alturas de la vida ya no me preocupa ser políticamente correcta al respecto; soy perfectamente capaz de decir cosas como “no eres mi tipo”, “sigue tu vida”, “next!” o “not gonna happen” sin tocarme el corazón o articular un “quedemos como amigos”. Bull**

Si bien no soy poseo belleza arrebatadora, puedo darme el gusto de escoger con quién coger (linda frase venida de una dama) pero para considerar quedarme y tener una relación, el sujet@ necesita cumplir con una infinidad de requisitos que gracias a los vericuetos de la vida he resumido en tres, solo tres:

a) saber bailar
b) hablar inglés
c) tener buena ortografía

Ahí lo tienen, la definición de mi pareja ideal*. Jamás se pensaría que es una combinación retorcida y poco probable pero no he conocido a nadie que llene esos mínimos parámetros. Nunca. Ever.

He estado en relaciones que abarcan todas las combinaciones posibles siendo a-b y c-b las más recurrentes. También he escuchado infinidad de “no sé qué hacías con X si son tan incompatibles”. Siempre tengo una respuesta más o menos coherente que si bien es a veces increíble, mínimo se me da el beneficio de la duda y todo queda en un “bueno, tú sabes”.

Antier, por otro lado, escuché una muy buena, muy buena respuesta a la pregunta de “y qué carajos hacen juntos, por qué sigues con él?”

“es que no quiero cambiar mi estatus de Facebook a single”

WOW.

Me quedé muda. No tuve comentario. La conversación siguió y cuando reflexioné al respecto pensé que, bueno, no todas las relaciones tienen una profundidad y compromiso inquebrantable, que también es divertido pasar buenos momentos con alguien aunque sea por un rato, que en esta vida perdemos el tiempo como queremos, que el amor no se da en todos los casos, que es un derecho universal dar el avión, que hay de motivos a motivos … y que cada quien hace de su culo un papalote.

Hoy, la autora del comentario anterior me contó que:

1:35 p.m.: me cortaron ayer… por berrinchuda celosa neurotica

Creo que, lamentablemente, habrá que cambiar el estatus pronto. *sigh*

Nada sale como esperamos, l@s príncipes(esas) pueden darnos la sorpresa de no ser aquella combinación del abecedario que añoramos sino, no sé, un d-f-h o similares. Incluso nos sorprenden teniendo la iniciativa de juzgar primero. El éxito radica en es estar muy atenta y contener las fobias de sentirse soltera o la presión social resultante de haber sido mandada a chiflar a la loma. Decía Christina Aguilera que you are beautiful no matter what they say, words can’t bring you down

Cosas de la vida.

B me preguntó hace tiempo que qué haré si encuentro al a-b-c y resulta ser malísim@ en la cama. En ese momento pensé que era imperativo agregar a la ecuación un inciso d para evitar errores metodológicos pero hice alarde de mi conocimiento antropológico: argumenté que alguien que tiene buena ortografía es por definición una persona atenta al detalle, perfeccionista, y si baila está en contacto con su cuerpo, los fluidos y disfruta de actividades físicas y, por ende, son pocas las posibilidades de que fuera malísim@ en la cama. Lo del inglés es irrelevante. Gané el argumento.
La verdad me preocupa más encontrar un a-b-c y que resulte gay. Not again.

Core issue: ¿qué buscamos? ¿lo estamos buscando donde no debemos con demasiado ahínco? ¿será mejor dejar de buscar, fluir y evadirnos en otras nimiedades como el color de uñas, el alto de los tacones y el largo de… cabello?
Nah.

Who needs love when you have a perfect Guitar Hero score? Nobody!
Ajá.

*¿cumples con los requisitos? comunícate inmediatamente!

Shop ’til you drop

Se sabe que las mujeres (y hombres, claro) tenemos ciertos “hobbies” socialmente inculcados y algunos incluso alentados por la economía global contemporánea. Las compras compulsivas podrían entran en esta categoría.

Leía un artículo acerca de esto y no puedo más que estar de acuerdo en que hay algo íntimamente ligado entre las compras compulsivas y el estado de ánimo del sujeto en un momento determinado. Lo que se discute es la probable necesidad de considerarlo un desorden psiquiátrico por la ansiedad y estrés emocional que ocasiona como consecuencia. También se compara con la hipersexualidad, entre otros desórdenes que caen en la tipología de “adicciones del comportamiento”, aquéllas que brindan una gratificación instantánea pero que su repetición indiscriminada resulta en un daño a corto o largo plazo.

El dato más relevante que el estudio presenta es que la inmensa mayoría de los declarados compradores compulsivos ha sido diagnosticados previamente con desórdenes de ansiedad, depresión o alteraciones de ánimo.

Sad consumers, they suggested, are likely to think less of themselves and thus might be more motivated to boost their self-image with a pricey purchase. (fuente)

Interesante, eh? También me cayó un poco el saco.

Mis compras compulsivas (que van escalando en gravedad según se incrementa mi poder adquisitivo) tienen de entrada un patrón definido - e inteligente!- que me exime de toda culpa: las disfrazo de regalos para no sentirme responsable de mi propia gratificación y posteriores ansias de “eso, honestamente, no lo necesito”.

Bajo esta dinámica, puedo satisfacer mis urgencias de gastar dinero mientras hago feliz al prójimo al mismo tiempo, qué mejor! Un celular nuevo? Boletos para Oasis en zona preferente? Vuelos redondos a Tijuana, el DF, Guadalajara? Un cd importado japonés demasiado caro? Una camiseta original del Barcelona? El perfume de diseñador que no existe en México? Flores? PSP? un Ipod? Todas las anteriores?
Sí, si estás dentro de mi círculo de amigos estas cosas pueden tocarte el día que sea. A esto me refiero.

Lo malo es que no funciona en todos los casos. Después hay otros vacíos más profundos que llenar.

Una mujer triste (de ahora en adelante mujer, para evitar las aclaraciones innecesarias, pero también incluye hombres), dolida, o deprimida que al mismo tiempo está rodeada de gente que se preocupa y hace de todo para evitarle el mal rato, es muy probable que escuche algo como “no te pongas así, cómprate algo bonito y verás que se te olvida!”. Esto también funciona como placebo contra las urgencias por comer chocolate o rentar Los Puentes de Madison bajo la premisa de que comprar es uno de los remedios infalibles contra toda infelicidad, insatisfacción y tristeza. Ya sé, suena super consumista.

Cuántas veces hemos pensado en lo lindo que se nos ve un vestido mientras intentamos convencernos de que, por ejemplo, “esto sí es buen gusto, no como el de la gata aquella por la que el pendejo este me dejó!”. Cuando los problemas son patéticos e individuales las compras compulsivas suelen ser, además de la salida socialmente aceptable, carentes de felicidad por sí solas y en sí mismas. Lo he comprobado y así es, aunque he intentado volverlas más lúdicas poniéndome metas como “a ver cuánto logro gastarme en dos horas”, “encuentra los zapatos más caros del todo el mall” o “sal con una bolsa de cada tienda del pasillo norte”. Sí, super divertido… y… maniaco?

Reconozco que más de una vez he aguantado las lágrimas cuando las encargadas me informan que no hay zapatos de mi talla o que el único color disponible de esa blusa tan bella es el naranja chingame-la-retina. Eso es atentar contra una ley super clara y obvia: nunca digas que no a una mujer llorosa armada con su tarjeta de crédito, que puedes llegar a ver la luz al final del túnel.
La frustración asociada con las compras compulsivas y la depresión es, según mi experiencia, el motivante más directo de pensamientos suicidas.

Si tengo el dinero, la urgencia y encuentro que no hay nada gratificante que comprar, me desmorono emocionalmente… y recurro al Internet; ahí SIEMPRE hay algo, por más poco probable que parezca el artículo.
Lo malo es que hay que esperar a que éste sea entregado, lo que significa que no se obtiene una gratificación instantánea y todo el ejercicio sirve para absolutamente nada. Bu.

Todo esto nos lleva a que sí, hay una relación causa efecto muy obvia pero dudo que se pueda catalogar como desorden psiquiátrico por más que nos lleve a la ruina financiera; es una salida a la miseria cotidiana y asfixiante tan válida como podría ser el hacer ejercicio compulsivamente, practicar deportes de riesgo, el alcoholismo, las películas mentalmente estresantes o… tener un blog.

Saben a lo que me refiero.

Family affairs

Domingo. En la tarde. Cualquier fecha que escojan. H y yo estamos juntos pendejando; jugando Xbox, tomando chelas mientras escuchamos el ipod, merendando en una plaza, yendo al super, cualquier cosa.

Es domingo y siempre nos quedamos solos. Otra de las muchísimas cosas que tenemos en común es que no contamos con una familia de poster o comercial de bienes raíces; nunca la hemos tenido y, por ende, los domingos son días de lo más aburridos porque no hay carne asada familiar a la cuál asistir, ni piñata de nadie, ni cumpleaños de primito, nada. Nada.

Todos nuestros respectivos amigos están llevando a sus hijos a matinés, comiendo con la suegra, llevando a su abuelita de compras, viendo a sus padres para cenar o en fiestas en la alberca con los tíos, hermanos y sus totales 16 hijos. O están planeando las vacaciones que harán juntos, como muéganos. Él y yo estamos sentados en la sala de mi casa, viendo bajar el sol, las sombras moverse y la noche llegar por el ventanal de enfrente.

La semana pasada llamó para decir, otra vez, “te caigo en tu casa”. Le dije que no, esta vez veríamos el mundo en domingo, porque creo que ninguno lo conoce.
Fuimos a un restaurante, él lo escogió. En el estacionamiento dijo “ven para acá” y me llevó a la banqueta.

En el suelo estaban sus iniciales, otro par y un 93; “yo lo puse, para mi primera novia… ni siquiera creo que lo haya visto; nunca le dije”.
En ese momento me enteré que su primer trabajo fue en ese restaurante; que entró de mesero y salió de gerente en un periodo de 3 años y medio. “Tenía carrera en esto de la comida rápida, todavía años después me llamaban para que diera asesorías”.

Nunca me había hablado de eso.

Entramos; adivinan, estaba lleno de familias felices con carriola, sillita para bebé, ñora acomodando babero y muchas malteadas.

Ordenamos, pedimos cervezas, claro. En el primer cigarro le hice una pregunta que me hago de manera recurrente:

¿Te sientes siquiera un poquito melancólico de no tener una de esas familias de poster?

Suspiró y contestó exactamente como lo esperaba:

Realmente no; no lo entiendo. Ni la dinámica ni esas situaciones. Imagino que debe ser chido tener una familia con la cual pasar los domingos, que se preocupe por ti, que te frecuente, te ayude… pero como nunca la tuve, no puedo extrañarla o desearla. Creo que a ellos los hace felices, les funciona; que bueno, ¿no?

Lo nuestro no es mala onda ni desprecio a la felicidad ajena, en serio, es simplemente que se sale de nuestra línea de experiencias; no lo comprendemos, ni lo registramos, ni lo compartimos. En mi particular caso, sé que soy intolerante y hago caras de “que hueva!” cuando alguien me dice que dejará de ir a equis concierto porque “mi tía cumple años”, o se va temprano de reuniones porque “mañana tengo el baby shower de mi prima”. Me confundo, en serio, me disturbo.

La mejor consecuencia de esta actitud es que NADIE nos invita o involucra en sus actividades familiares; nos enteramos de ellas por el Facebook y la cascada de fotos de niños desconocidos mordiendo sus sonajas, o similares que inundan los perfiles de nuestros contactos. Estamos mejor entre adultos y solamente adultos.

“No tendré hijos”, dijo, “porque no sé cómo hacer una familia si nunca supe qué era tener una ; no hay necesidad de traumar a más gente”. Estas son nuestras expectativas y argumentos.

Otra consecuencia implícita, también, será el nunca tener un hijo puberto a quién contarle que en 1993 tú también tuviste una primera novia a quien inmortalizaste en la banqueta de un estacionamiento.

Todas esas trivialidades, o grandes experiencias, se irán para siempre con nosotros.
Greater good, I guess.