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Pornografías varias

Me encuentro en un momento de reflexión y replanteamiento de situaciones debido al inminente eclipse lunar cuyas consecuencias estaré sufriendo en cuanto ustedes lean esto. De regreso de Mérida desde anteayer, estas primeras horas en la ciudad han sido difíciles más que nada porque estaba acostumbrada desde la semana pasada a no hacer absolutamente nada que no incluyera mis actividades favoritas: comer-coger-dormir. Claro, apenas abordé el avión de regreso, las diversas obligaciones de mi persona se juntaron y cayeron sobre mi cabeza como alud sobre oso en hibernación: la renta, pago de mucama, súper, trabajo de freelance, los pagos de mil y una cosas, y que mi gata parece haber encontrado una mejor dueña con una tal Clarisa que vive en los departamentos atrás de mi casa, quien se ofreció a llevársela porque piensa mudarse en dos semanas; tuve que ir a rescatarla de un patio asqueroso hace media hora. Sin comentarios.

Por lo mismo, he estado suficientemente ocupada como para poder remembrar con la dulzura que se merece lo que fue mi viaje con B hacia tierras yucatecas porque me dañó. Ajá, me cimbró violentamente como para que les diga, de manera completamente honesta, que no sé en qué tono contárselos. Estoy ofuscada conmigo misma porque me veo imposibilitada de tornar siquiera ligeramente sexual, algo a lo que ustedes mis lectores deben estar correctamente acostumbrados, eventos como éstos:

  • caminar al lado de B con los pies descalzos sobre la arena tibia con todo y gaviotas flotando sobre nuestras cabezas: factor pornográfico? -8, la verdad era una escena para power point de cadenita con el título de “dios nos ama” pero pff!
  • enterarme que no sabe nadar: factor pornográfico? -7, eso es más bien alarmante, no?
  • visitar Uxmal y Kabah un domingo borracho de sol: factor pornográfico? -10
  • acabar completamente ebria y babear a B al dormir: factor pornográfico? -6
  • mi pequeña y hermosa cangreja de manta: factor pornográfico? -11
  • el delicioso chilmole en relleno negro: factor pornográfico? 1, lo de negro nos remonta a ciertas cosas, verdad?
  • el Garden Of Love, un chiste local vuelto realidad: factor pornográfico? 0
  • la cara de B al comer el primer bocado de su chile en nogada de san valentín: factor pornográfico? 5, algo dijo de “orgasmos” en ese momento y por sus gestos era fácil notar que no hablaba en sentido figurado.

Les decía, me parece difícil pornerarles (to porn? un verbo nuevo?) cosas como esas porque son realmente más tiernas y simples que perversas. Lo que sí podría de alguna manera subir de tono para su placer lector serían:

  • las fotos de B en el vestidor de la tienda en la calle 62: factor pornográfico? 8, verla cambiarse y fotografiarla fue muy divertido
  • la historia de sus cicatrices: factor pornográfico? 8, desde buscarlas por su cuerpo hasta conocer los detalles de cómo cada una llegó ahí…
  • nuestra cama en el cuarto Ta’an-Kab: factor pornográfico? 9, después de pasar en ellas tantos felices ratos, levantarnos tarde y hambrientas, y nuestras pequeñas celebraciones diarias, era obvio que éramos las huéspedes más relajadas y satisfechas de todo el establecimiento. El estado de nuestras sábanas era inevitablemente literal.

Sería posible, les digo, pero he decidido no hacerlo por simple respeto a los hechos como lo que fueron: un fin de semana íntimo, intenso y completamente relajante que demostró que en tierra de mayas se detiene el tiempo, se congelan los instantes y las escapadas de esta ciudad cruel y gris obtienen un nuevo sentido.

Descubrí que B y yo tenemos una sincronía maravillosa que es perfecta para viajar: a las dos nos da hambre al mismo tiempo, no andamos yendo al baño a cada rato, si digo que tengo calor ella asiente, si ella tiene sueño yo ya estoy adormilada, las dos nos emocionamos con el arte moderno con tintes sadomasoquistas (quién no?!) y si a ella se le antoja un helado yo estoy dispuesta a pagárselo con tal de verla sonreír. A pesar de que reconozco que las pequeñas sorpresas que le preparé luego no me salieron como quería porque olvidé ciertos detalles, tanto nuestros anfitriones como los pequeños tesoros en forma de restaurantes, librerías y cafeterías con las que tropezamos fueron sorpresas inesperadas que enriquecieron la historia.

Y es historia. Ahora me pregunto qué tanto de ella debería publicar acá porque ya no se trata de mí solamente y he estado, sin ella quererlo de entrada, embarrando a B. Era diferente cuando hablaba de Mr. E y sus machismos o de las veces que deseamos en conjunto (ustedes y yo, claro) que a mi ex se le cayera el pelo y le saliera caspa en las cejas. Esta vez no tiene el mismo tono porque ya no sé cómo dárselo sin meterme en cosas que a B le podrían doler, o molestar o parecer francamente morbosas de mi parte.

Difícil, eh?

Prometo ponerme pornográfica pronto. Mientras, no he recibido quejas. Creo…
Verdad?

¡Viva la pornografía!

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Hace algunas horas, DEMO me mandó un link que me hizo quedar boquiabierta: una tal Maite Reyes Retana propone en un periódico local que es deber del Estado prohibir la pornografía (y de pasada, creo, la prostitución). Sus argumentos son del todo… eh… subjetivos por no decir que completamente ineptos. Mi favorito, por mucho, es:

Supongamos que un adolescente de 13 o 14 años entra a una página porno en internet y ve escenas de sexo violento, una y otra vez. Es probable que crezca pensando que eso es el sexo y que a las mujeres sí nos gusta que nos amarren, nos peguen o nos violen tumultuariamente.


Uy. Eso significará que alguien tendrá que explicarle que no, verdad? Quién hablará del tema si todos piensan que el sexo es “malo”?

Parece que la señora ignora un par de cosas acerca del sexo, la pornografía y la entera civilización como la conocemos. Se pasa por el arco del triunfo que, ante todo, el sexo es un acto consensual entre dos (o más) personas con variados tintes y fines. Se le olvidan las explicaciones psicológicas, emocionales, fisiológicas y hasta económicas del por qué de la pornografía. Incluso quiere erradicar el “oficio más antiguo del mundo” en pos de una revaloración de la imagen de la mujer porque considera que las pobres actrices porno están siendo vejadas en esas producciones tan llenas de… eh, sexo.

En el siglo XXI, los consumidores de pornografía ya no se conforman con ver a una pareja o un trío, sino que buscan escenas mucho más hardcore, con lo que esto implica de dolor y de humillación para las actrices.

*Suspiro*

Esa misma mentalidad, la que produjo las anteriores citas, es la que me rodea todo el tiempo como ciudadana del mundo moderno y en específico de esta ciudad. Mujeres completamente cegadas de su propio placer, que detestan su cuerpo y sus sensaciones, llenas de miedos imbéciles contra lo que desconocen (porque estoy segurísima que la autora en cuestión no ha tenido ningún acercamiento a la pornografía por considerarla “pecaminosa”), aburridas, cerradas… y que se dicen feministas porque encuentran discriminación en cada actitud que no les parece adecuado trato al “sexo débil”.

A ella, dediquémosle unas palabras:

Señora, el daño más grave a las cabecitas de nuestras nuevas generaciones lo hace la falta de educación, el reduccionismo, el poco criterio y sus consecuencias, no la pornografía. Tomemos, por ejemplo, su intento de acercamiento al sexo y demás expresiones -que son naturales y mantienen al mundo rodando- aunadas a un feminismo torcido y mal entendido. El verdadero meollo del asunto no es que erradique la pornografía por hardcore y porque está hecha para las mentes cochinas de los hombres; usted no considera al público femenino: existimos y no somos ninguna sarta de pervertidas corruptas con poco amor propio e inexistentes valores morales. Por otro lado, lo peor, creo, que puede sucederle a un niño de 13 años que vea escenas fuertes es que se decepcione cuando sepa que aquello era una fantasía, cosa que sucede casi siempre en la luna de miel. Créame, las actrices porno son las más felices y mejor pagadas de una industria que ha existido desde que dejamos de ser changos y que se popularizó gracias a que se inventó la fotografía y luego el cine; este dato, claro, sin considerar que las actividades sexuales más aberrantes- si es que así se pueden llamar- suelen tener tintes rituales y se realizaban desde tiempos tan remotos como el esplendor de Egipto o el mismísimo imperio azteca, donde la prostitución era también considerada de importancia religiosa. No olvide que la Biblia es, por mucho, uno de los textos más retacados de situaciones sexuales de los que se tiene conocimiento y véanos, miles de años después, seguimos aquí.

Seguimos cogiendo, fantaseando, experimentando, equivocándonos, arrepintiéndonos y haciendo historia.
Simplemente, una vida sexual plena, rica y saludable incluye entre las prácticas definidas cierta cuota de autoerotismo donde la pornografía juega un importante rol.

Esta es mi opinión. Gracias por su atención.

(Your message has been sent.)

Silencio

David Lynch - Angelo Badalamenti - Silencio

Después de 3 semanas de estar viviendo con B en diferentes latitudes de este nuestro hermoso país que incluyeron a) su casa, b) un hotel en el DF, c) la casa de una amiga suya en Zapopan, Jal., y de comparación de experiencias, se decidió una cosa de manera bastante tajante: no hay sexo para mí en situaciones de potencial daño social (donde conocidos puedan escucharnos) porque hago demasiado ruido. Bu.

Me sorprendió gratamente (y dio mucha envidia, también) cómo B puede lograr un “mute” casi perfecto en actividades de cama. Puede estar retorciéndose de placer mientras de fondo se escuchan los grillos cantar; o se le ponen los ojos en blanco, hace una mueca violenta y luego… silencio y cansancio post orgasmo. O sea, para ella sí hay sexo, sólo por sus habilidades extra humanas de mutismo.
Bu.

Yo no puedo; nada más no puedo y mi incapacidad la descubrí después de intentar coger en lugares públicos literalmente públicos: yo gimo, jadeo y gritoneo con mucha naturalidad sin ánimo ni posibilidad de controlarlo. B dice que es exhibicionismo y yo le juro que no, que simplemente NO puedo evitarlo; me excito y al mismo tiempo ensordezco a mis propios ruidos.

Bueno, y a todo esto, ¿y qué si nos oyen?

En nuestra estancia en el hotel del DF, como todo en esa ciudad, nuestro cuarto era chiquito y estaba al final de un pasillo estrecho. La segunda noche ahí, mitad de la madrugada, me despertaron los jadeos y grititos de una pareja en obvias labores de coito. No me moví, porque B estaba tan cansada que era imperativo dejarla dormir, pero estuve escuchando los ruidos por unos 20 minutos; algunas veces parecían muy próximos y otras eran como susurros. Me consta que ella se vino al menos dos veces, ja.
Al día siguiente, R me dijo que él también los había escuchado pero muy a lo lejos (dos pisos abajo!!); B ni cuenta se dio.

La reflexión posterior fue que escuchar, solamente escuchar, a mí no me parece divertido, quiero decir, estimulante. Ver por sí solo tampoco me lo parece (porno mute o con fondo musical no es lo de hoy, por ejemplo) y que, incluso, la combinación a veces tampoco funciona (soy una voyeurista muy particular). Escuchar gente coger no me pone ni nerviosa, ni ansiosa, ni nada, excepto, claro, irritada, en el caso de que sus gemidos me hayan despertado.

Como sea, por más que exponga mis puntos, B se niega a arriesgarse a que una carcajada obscena de mi parte rompa el sueño y la tranquilidad de nuestros vecinos.
Comportarme es horriblemente aburrido… y frustrante.

Pero dormir con ella tampoco está NADA mal, je.

Ustedes qué opinan de un poquito de contaminación por ruido no deseado de las actividades de cama ajenas?
Acéptenlo, no va a matarlos! ja.

Love is . . .

We are strong
No one can tell us we’re wrong
Searchin’ our hearts for so long,
Both of us knowing
Love is a battlefield
.- Pat Benatar

Algunas veces demasiadas explicaciones sólo acaban jodiéndose el momento; ese cuando te pierdes en otros ojos, te embriagas de otra piel y te desvelas entre otros brazos. Cuestionamientos tales como a dónde vamos, cómo llegamos aquí, cuándo lograremos ver una película, etc, vienen a la mente de una u otra forma para detenerte en seco, a veces replanteándote miedos añejos, tal vez demasiado tarde. Lo único que se puede asegurar a estas alturas es que si acaso la mesura iba a hacer aparición, no tenía la dirección correcta o se ahogó en Santa Lucía.

Pasé por un trauma algo ojete estos días (mi abuelo paterno murió el jueves pasado) y lo que me mantuvo más o menos sana fueron los mensajitos de B que me aseguraban que aquello no duraría para siempre, que de regreso ella me esperaba para abrazarme mucho, para sostener mi mano y escuchar mis quejas por horas si era necesario.
La sola idea de volver lo más rápido posible a sus manos aroma a vainilla, a su pelo torcido y sus labios tibios me hizo el trance mucho más llevadero.
La extrañé tanto.

Si había alguien sobre la tierra que quisiera haber tenido al lado en el instante en el que metieron a mi abuelo en la tumba y yo intenté pensar en cosas bonitas y no hacer escándalo por respeto a su memoria, era a ella; quería decirle en ese momento que mi corazón estaba tranquilo gracias a la fortaleza que me inspira, que mi abuela estaría orgullosa de mí, que mi abuelo murió sin conocerla y se había perdido de mucho, que mi familia podrá valer cacahuate pero que fue gracias a ambos que yo soy lo que soy… ah, y que la amo.

Así.

Acabo de dejarla en su casa después de una noche hermosa que comenzó con una cita en el YummyWonderland (así le llama al supermercado de especialidades gourmet) de donde salimos cargadas de todas las herramientas propias del pecado de gula que nuestros brazos pudieron soportar. Nos dimos a la dolce vita, invitamos a H y HB a cenar, y nos sobraron deliciosadas para desayunar.

Desperté a un día templado y ella estaba abrazándome. En ese instante sentí la seguridad, la certeza, de que todo estará bien y que si este invierno viene frío me valdrá madres, porque nuestros cuerpos irradian más calor del que se puede soportar bajo las sábanas. Sonreí y suspiré.
Creo que me escuchó, se movió tantito, dijo “hello, pretty”; me besó y volvió a dormirse.
Me sentí tremendamente suertuda y agradecida de tenerla. Me sentí, creo, hasta un poco culpable de no haber hecho nada realmente meritorio para lograrlo; desde que no soy políglota, hasta que a veces soy demasiado pervertida para mi propio bien. Algo debí haber hecho para tenerla y no sé qué. Quisiera saberlo para hacerlo consciente y repetirlo cuantas veces sea necesario.

Platicábamos mientras se bañaba cómo después de su ex ella había decidido buscarse un novio, ya saben, para hacer las cosas más fáciles y menos traumáticas para todos; un novio que se les pueda presentar a sus padres como tal sin tanto pedo social, alguien que tuviera pelo en el pecho y menos pedos en la cabeza… “pero nada, ahora sé que todo lo que estuve buscando lo tienes tú, y eres mujer, y pues ya está”.

Yo ni siquiera la estaba buscando, pero ahora sé que NECESITABA encontrarla; era mandatorio colapsar en esta vida.

“… porque es lo mejor pensar que llegaré a los 30 cogiendo así, explotando todo este potencial”, dice, a lo que yo agrego que es lo mejor escuchar un “te quiero” antes de dormir exhausta y sudada, soñar con ella, y verla sonreír entre sueños en su modorra.

A veces es tan fuerte que la despierto sólo para decirle que me hace feliz despertar con ella.

Lo odia, pero no puedo detenerme, y creo que está comenzando a entenderlo.
A veces quisiera dejar de respirar en un orgasmo, nada más para desvanecerme sin regreso entre sus brazos.

Creo que debería decírselo también.

Este blog cumplió dos años hace días y yo, creo, oficialmente terminé de lamer mis heridas. Estoy lista, le decía, para volver a empezar el ciclo, y ahora que es suyo, se dedique a romper mi corazón, cosa que según sus intenciones, nunca sucederá. Claro. Pero ambas lo sabemos, estamos apostando.

Así es la vida: el amor es un campo de batalla.