Winter tales 23 December 2008
El invierno me gusta; es dentro de las estaciones del año, mi favorita. La vida no se me detiene ni mucho menos, no soy de esas personas que en cada conversación mencionan el frío actual “y que hará mañana! será peoooor!” o a los exactos grados que el termómetro marcó cuando amaneció.
Es difícil que me de frío porque no solo no soy friolenta, ardo. Ajá, ardo. Lo realmente preocupante en mi caso no es que me congele, sino que me consuma en una combustión espontánea ya que la temperatura normal a la que mi cuerpo se encuentra está muy por encima que la del ser humano promedio. “Human blanket”, me apodan algunas de las personas más friolentas de la tierra. Soy a quien se debe abrazar, con quien se debe dormir, con quien se debe acurrucar para pasar estos inviernos terribles.
Pero hay un truco: mi temperatura solo irradia si estoy acompañada, es decir, necesito un segundo cuerpo que me ayude a concentrarla. Yo tengo frío, como cualquiera, si duermo sola.
Recuerdo las madrugadas en casa de Mr.E y cómo apenas cruzaba su puerta comenzaban a empañarse las ventanas; afuera todo se congelaba mientras nosotros dormíamos desnudos medio tapados, sin calefacción alguna necesaria. Este hechizo, claro, se extinguía en el momento de que alguno se levantaba de la cama.
Pasé varios inviernos tremendos con L. Hay fotos nuestras besuqueándonos bajo la nieve en las que ambas estamos vistiendo suéter y chamarra… sin congelarnos o inmutarnos. Nuestra cama nunca tuvo colchas innecesarias si dormíamos ambas porque “si las pongo me voy a morir de calor”, decía, y creo que es la persona que más hábilmente ha aprendido a manejar mis talentos térmicos en pro del bienestar universal.
B ha ideado y patentado la forma de envolverse a mi alrededor para evitar el frío; mete las manos a las bolsas de mis pantalones, hunde su nariz en mi cuello y me roza las mejillas para robarme algunos de los grados celsius que mi cuerpo despide. Tiembla por instantes hasta que el suyo se entibia, me ve a los ojos y pregunta “por qué estás tan calientita?” con tono tanto de sorpresa como de agradecimiento.
No lo sé, he llegado a pensar que se trata de una maldición que se sufre por dos.
En temporada de calor, despido tantísimo que por más desnudez o clima artificial, es imposible mitigarlo; quienes duermen conmigo tienen que superar el sudor y los fluidos de manera estoica, con una sonrisa en la boca. Durante el invierno soy una chica muy popular pero la calefacción me produce angustia y ansias completamente racionales porque mientras el mundo sufre de frío, yo supero por mucho la temperatura ideal confortable y comienzo a ahogarme, a sentir que la cara me explota y los órganos vitales se me marinan aunque me quite todo lo que tengo puesto.
Maldita estoy porque dependo de otro cuerpo para regular mi disparatada temperatura, porque nadie aguanta el calor que dormir abrazad@ de mí significa y termino sola sobre la almohada.
Pero el calor no me sirve de nada si no hay alguien más en mi cama…
… que frío.
Buenas noches.



