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Chicas doradas

avatar-7.gifRecuerdo* que hace un lustro, en una disco, me metí un papel (LSD, para los que no sepan, ja) No tengo para ustedes los detalles específicos ahora mismo, pero una escena quedó grabada en mi memoria desde ese instante y me ha cambiado un poco la vida. Fui al baño, sola, y esa situación se prolongó como por aproximados 40 minutos.

Había 5 cubículos en el baño, estaba a media luz, la música casi no se escuchaba ni nadie platicaba con nadie así que se podía lograr cierta concentración zen. Yo, durante ese ratote, cuando ya había terminado mi asunto y en la privacidad de mi propio retrete, me dediqué a escuchar a mis vecinas (que iban y venían) mear. Pasaron por mi mente muchas cosas pero en un determinado momento, teorizo que por las drogas, el ruido se volvió musical. Ajá.

Estaban las que meaban a gotas, las del chorro contundente, las de chorritos discretos de señorita, las que se tardaban hooooras, y las que variaban de intensidad. Ritmo, secuencia, música que sólo era interrumpida por las descargas y algunas risotadas de las recién llegadas.
Luego pensé en colores; en transparencias y reflejos; qué tan amarilla sería?. Luego pensé en temperaturas y sabores; tibia, ardiente? El evento me erizaba sin ningún esfuerzo. Creo que entonces alguien me echó de menos y fue a buscarme al baño en el momento mismo que yo pensaba en lo sexy que es escuchar (y ver, por qué no) a una mujer orinar.

Desde ese día no puedo dejar de imaginar cosas parecidas cada que me encuentro en un baño de tipo comunitario y veo, muy satisfecha, que no estoy sola en el lugar. No he llevado mi conocimiento empírico más allá del mero disfrute pero por lo pronto me declaro fan de las mujeres mientras orinan.

Cuando B dice “voy al baño” yo siempre le pregunto si me invita y ella contesta que no. Alguna vez preguntó si lo decía en serio y yo le juré sobre la Biblia que sí. Siempre grita si abro la puerta del baño mientras ella está adentro y me corre de las inmediaciones cuando puede.
Yo no la entiendo, orinar me parece algo hermoso. El cagar también tiene lo suyo.

Hablando de eso.
Me platicaron que en este piso del edificio (oficina) hay una declarada coproexibicionista. A, una de mis compañeras, describió su encuentro en el baño de la siguiente forma:

“Entré y había una chica frente al espejo retocándose el maquillaje. Vi la puerta abierta de uno de los cubículos y entré. Era horrible, una cagada enormísima ahí simplemente reposando. Neta que era más fuerte que yo y no le bajé; me metí al de al lado. Cuando yo hacía lo mío escuché una risita y luego un “ay, perdón, no le bajé” que era obviamente de la chica frente al espejo porque no había entrado ni salido nadie. La mujer dijo “adiós!” y le bajó. No quise decir nada porque no estoy acostumbrada a escuchar que alguien se despide de su caca. Cuando salí a lavarme las manos ella ya no estaba y yo había perdido mi inocencia”

Cuando me lo contó lo primero que pensé es cómo no me ha tocado ninguna urolagnioexhibicionista, eso me encantaría. Lo segundo que pensé fue un “por qué carajos yo no la he visto!?!” a lo que A respondió con un “si me la vuelvo a encontrar, le daré tu mail”. Valiosos encuentros y experiencias en este lugar.

Al respecto, ayer leía uno de los libros que me regaló B y en él se narra la primera experiencia de golden shower del protagonista. Todo el capítulo es horrendo y frustrante porque el tipo, en cuanto la novia le avisa que no puede “aguantar más” piensa en:

  • lo caro que le ha costado el colchón, que no es ninguna baratija y es de calidad de importación
  • lo amarilla que deberá ser la orina, dado que era la primera de la mañana de la chica
  • que necesita una cubierta para la cama
  • que tendrá que lavar las sábanas o estarán sucias y aún húmedas cuando quiera volver a dormir
  • las manchas de orina se quitan fácilmente de la tela?

Lo arruina, realmente. De hecho, lo único que debió haber pensado en ese instante era “va a hacerlo por culpa, porque se está acostando con su mejor amiga” y hubiera dado en el clavo. Los hombres son realmente ineptos para leer entre líneas a veces. En fin.

La orina; esa cosa rara con las que algunos queremos cubrirnos, y otros no quiere meterse. Es, creo, lo más cercano a lo que pueden aspirar aquellos que nunca han visto un squirt en vivo o han experimentado uno.

Tómenlo de mí, que soy fan.

*Recuerdo todo lo que puedo recordar, que andaba hasta el huevo, sorry. Probablemente no fue disco, fue un rave, y no eran 5 retretes, sino 3.

De los pelos

michelle-rodriguez-lick-armpit-01.jpgSoy una chica, además de mamona, perversa y maldicienta, algo peluda. Mi piel es extremadamente seca por lo que siempre tiene textura de papel, incluso con cantidades mayúsculas de humectante; en invierno es peor. Sufrí por muchos años como consecuencia de la maldición de mi familia: las mujeres tenemos más vello facial que los hombres en todos los casos conocidos, damn. Cuando descubrí la depilación con cera, miel y otras cosas pegajosas y calientes la situación solo empeoró: lo delicado de mi piel hacía que no sólo me arrancaran los pelitos sino también pedazos de mi pobre epidermis que no soportaba esos horribles traumas de manera cotidiana.

Quemaduras de primer y segundo grado después, mi dermatólogo me dijo serio muy serio que lo mío era la depilación láser, definitiva y no dañina (en el mismo sentido) para mi piel. Lo hice entonces, hace años, y me depilé media cara a pesar de que en pleno boom de tratamientos, el diálogo fue éste:

“puedes escoger en paquete otras áreas, mira, hay ….”
“no, media cara, por favor”
“… te saldrá más barato si también te haces las axilas y… ”
“no, no me interesan otras áreas”
“pero…”
“mis pelitos me gustan donde están, gracias”

No entiendo la obsesión contemporánea contra los vellos que la naturaleza nos dejó después de la evolución. Tengo compañeras (y una novia) que se han depilado hasta la nuca en un intento desesperado, me parece, por negar nuestro pasado de changos bípedos. Mi punto es que también se joden la textura, alteran su olor personal y terminan siendo como esculturas de plástico caro sin rastro de esas particularidades que nos distinguen entre sí.

A mí me gustan los pelitos y me gusta descubrirlos en otro cuerpo. Me gustan las diversas sensaciones, las diferentes concentraciones, los largos y los cortos, los invisibles y los obvios, sus diversos gruesos y demás peculiaridades. También me gustan los olores personales distintivos, las diversas temperaturas, las secreciones y, en general, todo lo que un humano posee para definir su existencia. Además, el conservar los vellos tiene algo de resistencia social implícita que es interesante, no?

Lo mío con los vellos no es simple desprecio a la depilación, en serio, es casi algo ritual. A veces que me encuentro algunos que me emocionan, los arranco con los dientes sin avisar, me gusta verlos de cerca, cómo se tuercen o no, el color, las raíces… todo.

Recuerdo a alguien quien me dijo que los vellos de las axilas le parecían de lo más sexy… era, de hecho, una mujer y encontraba en este detalle su gatillo erótico más sensible. Yo pienso que si una mujer que llega a sentirse tan cómoda con su cuerpo, sus curvas, su aroma, su vello, y que sin ningún enfado puede pararse desnuda frente a sí misma y otros es, en mi opinión, algo sublime. Esto, ojo, no tiene que ver con ningún estereotipo de feminista radical o similares, lo del vello es algo personal, no una consigna política.

Pues todo esto es lo que reflexioné recientemente, pero no me hagan caso, también soy tricotilómana y las compañías de depilación están haciendo mi vida miserable y de mis oportunidades para explayarme, un recuerdo nostálgico sin manera de regresar. A ellos un fuck u por ayudar a esparcir el rumor infundado de que lo lampiño es lo deseable sin consultarme.

No digo que este apego por el vello sea recomendable para todas las mujeres pero sé que para mí, que un día se me ocurrió depilarme por completo el área del bikini y el resultado me horrorizó al punto de las lágrimas, no hay otra posibilidad. Así es como conozco mi cuerpo, así lo disfruto y aprendí a amarlo y así es que lo comparto con el mundo.

Yo no tengo complejo de estatua griega, me gustan mis propias texturas. Mis paranoias tienen raíces más profundas que mi vello. Él está bien feliz donde está. Ja.

… y gracias a intervenciones ajenas, está a punto de irse. Snif.

Coprofobia

(puede ser ofensivo para ciertos estómagos… mind u)

Pues bien; en la reciente mudanza de la institución donde trabajo gané y perdí, como en todo en la vida: obtuve el derecho de tener mi propia oficina con puerta y paredes dónde colgar/pegar/pinchar todo lo que se me antoje pero ya no tengo mi baño hermoso lleno de espejos en/con el que pasé tantos buenos momentos. Los primeros días de compartir baño con todo el piso fueron horribles experiencias; desde escuchar las pláticas de desconocidas acerca de sus respectivos hijos o maridos, hasta sus estallidos de diarrea. Yo, completamente desacostumbrada, me quejé de los baños “de la comunidad” hasta que me dijeron que no había nada que hacer. Suspiro.
Al respecto, la escena de hoy fue altamente blogueable y por eso les traigo el tema.

Llegué al baño de “la comunidad”, donde hay un total de 6 retretes y 3 lavamanos para encontrarme conque había una fila de dos personas. Las susodichas en uniforme parecían no advertir que había 4 puertas abiertas; eso, o tenían fetiche por ir siempre a los dos primeros. Cuando dije “qué onda, no están ocupados… ” y señalé a los cubículos disponibles una me contestó “están sucios”.
Sucios, ajá, sucios de qué pueden estar unos baños a mitad del día? Ya, alguien no les había bajado, verdad?

Por pura manía escandalosa, según ellas, yo entré a cada uno de los 4 baños “sucios” e hice lo que un ser pensante haría tarde o temprano: jalé de sus respectivas palancas. La suciedad desapareció exactamente como yo lo esperaba, por toda una vida de experiencia, en cada una de las ocasiones.

Salí del cuarto baño ahora limpio y pregunté “quién va primero” a las dos atónitas secretarias que me veían como si tuviera yo 3 cabezas y nueve pares de cuernos. Se quedaron congeladas y como nadie hizo nada, me metí yo a uno, que, por si lo olvidaban, yo había ido al baño a hacer uso de él.
Escuché otras dos puertas cerrarse al poco rato. Nadie me dijo gracias, ja!

Luego pensé que la gente no suele entrar a baños “sucios” a bajarle y usarlos por… … por qué? No sé. Miedo al excremento ajeno? A verlo? Olerlo? Asco en general? Qué no es el excremento humano más o menos estándar? Desprecio a la falta de higiene del prójimo? Qué sucede con su PROPIO excremento? También evitan verlo cuando jalan la palanca? Los baños sucios son malignos y asesinos? Vivimos en una sociedad coprofóbica radical?

No entiendo, realmente. Pero creo que mi falta de coprofobia es una ventaja en esos casos: yo no hago fila; entro al “baño sucio”, lo “limpio” y lo uso regularmente sin problemas ni pesadillas recurrentes al respecto. Digo, cochino el que no jala la palanca, pero más cochino el que no hace nada al respecto. verdad?

En esta ocasión, fui al baño normalmente, y me reí un poco cuando me lavaba las manos.
Pensé, “debí dejarlo sucio en venganza”, jajajaja.

PD: me dedicaré a contestar comentarios toda la tarde, lo prometo. ;)