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Being Boring

Las revelaciones vienen de donde menos las esperas, en momentos muy poco probables y, claro, toman dimensiones caricaturezcas. Sumé un par el pasado fin de semana. Una es mucho más introspectiva que otra, pero dejaré que ustedes juzguen cuál, ja.

Acepté el hecho de que tal vez nunca vea a los Spurs de San Antonio jugar en vivo. Para llegar a la anterior frase tuve que enfrentarme al doloroso rompimiento mis sueños infantiles y a los de mi hermano quien también gruñía “nomames, nomames!” cuando a la hora de comprar boletos Ticketbastard salió conque “no aceptamos tarjetas emitidas fuera de Estados Unidos”.
Al respecto de mi histeria, B dijo: “huh?” además de un “… a veces eres como un hombre”. Como podrán imaginar, a ella los deportes no le llaman del todo la atención.

El viernes cenamos croquetas de jamón serrano - buenísimas- en un bar español al que me ofrecí a ir en un gesto de gratitud para con B, quien me acepta y quiere a pesar de que soy capaz de recitarle por horas las estadísticas que indican que los Spurs deben llegar a la final esta temporada.

No solo la pasé bien, disfruté mucho su compañía… tanto tanto que se me olvidó que los Spurs habían perdido horas antes. Dormí en su cama porque mi ebriedad era mucha; cuando la desperté el día siguiente, muy temprano para ella, pregunté si me odiaba, dijo que sí, se puso un antifaz e intentó ignorarme.
La vi dormir y hacerme gestos.
Aún así, se veía muy linda.

El sábado fuimos al ballet, claro, por iniciativa de B, quien sigue dedicada a quitarme lo agreste. De la función tengo muchos comentarios que espero hacer llegar a los interesados pero ya que estábamos ahí, no sólo la pasé bien, disfruté mucho su compañía y de la de dos amigos suyos. Ella, declarada ignorante del arte de mover el cuerpo con ritmo, se dedicó a ver las coreografías y, presumo, el abdomen de los bailarines involucrados. Por otro lado, yo sí seguí los tiempos tan de cerca que noté ciertos errores y detalles de coordinación. Muchos alcoholes y plática después, colapsamos sobre la cama semidesnudas. Logramos despertar a la misma hora (cosa que minimiza su odio), acompañé su desayuno con una salsa demasiado picante, y la llevé a su casa.

Toda la tarde del domingo estuve trabajando en cosas que, he comprobado, son menos difíciles si las hago ebria. Estoy hablando de redactar una revista, mal pensados. Varios vodkas después comencé a soñar despierta con mi super fiesta de cumpleaños: mi imaginación, en el tercer día consecutivo de exceso de alcohol, materializó sus deseos en una alberca, salita lounge, cientos de martinis de sabores, un DJ famoso, muchos meseros y excesos de otros tipos.

Cuando B llegó a cenar la recibí con las noticias de mi fiesta imaginaria y toda la diversión que en ella tendrá lugar. Dije las palabras clave: “alberca”, “martini” y “mucho baile!”

- No sé nadar…
w-t-f?…
-Además, las albercas me dan algo de asco…
w-t-f?
- Y tampoco sé bailar… ni me gusta el basketball, ni los deportes extremos… soy la novia más aburrida de la tierra!

Horas después, un poco mareada por el penetrante olor a sexo que quedó en la recámara, me abrazó, la besé, la vi sonreír y tuve otra revelación.

Estoy enamorada de la mujer más aburrida de la tierra.

Que fuerte, porque es verdad.
Y ni siquiera necesité alcohol para superarlo.

Mamá

Estos días han sido difíciles en más de un sentido. Por alguna razón que tiene que ver con mi negación a seguir en tratamiento, me la he pasado un poco más de 48 horas echada en la cama, leyendo posts de Google Reader y escuchando música mala. Me conozco, solo queda esperar a que mi cerebro se reactive por sí solo, pero mientras lo hace, cosas pasan en el resto del mundo, claro.

Por las razones anteriores, desde el viernes estuve entrando y saliendo de rachas de ira, de ansiedad, de abulia total. B comenzó a preocuparse cuando llegó el sábado y yo no me levanté antes de las 10 am; de hecho, no me levanté en general… en todo el día. Desconecté el teléfono, el timbre y cerré todas las puertas: odio a todos, declaré.

Cuando ella llegó, como a las 2 de la tarde, yo estaba adormilada, lagrimeante, sobre la cama revuelta; me abrazó y me solté llorando; lo bueno es que ella entiende de estas cosas y en lugar de preguntar “qué te pasa?” dice “va a pasar, amor”. Me preguntó que si ya le había llamado a mi madre para felicitarla, dije que no.

El día anterior habíamos tenidos un altercado; como siempre, ella llamó quejándose de mi hermano… y eso hizo por 20 minutos casi sin tomar aire; en ese momento me pareció lo más adecuado decirle que dejara de meterse en la vida de sus hijos y que se dedicara a vivir el resto de la suya. No sé, así reacciono a esos “… es que yo ya me voy a morirrr” que me suenan tan cliché y de hueva.

Me enojé, lo reconozco, y le dije que mejor supiera morirse, que yo no tengo intención de arreglar lo que ella se encargó de desarreglar; la mejor parte fue “… así que en un mes hablamos para ver asuntos de testamento, de entierro, de especificaciones en caso de muerte cerebral, etc, ok?”. Ella dijo que no me preocupara, y colgamos.

B, como siempre, dijo que se me había pasado la mano y que había maneras de tocar esos temas sin sonar así. Bueno, yo estaba hipersensible.

Les decía, llegó el sábado y yo lo ocupé por completo en no hacer nada, tristear y ahogarme de calor. Ella regresó como a las 10 de la noche después de los múltiples eventos que de Día de las Madres se llevan a cabo en su casa… cosas que yo no llego ni a imaginar “y nunca entenderías”. No, nunca los entendería porque en mi familia esas cosas no solo no se celebran, sino que son hasta chocantes. En ese momento me puse a llorar de nuevo porque me cayó sobre la cabeza lo radical y esencialmente diferentes que somos B y yo: todo lo que nos formó, todas nuestras experiencias, todo lo que sabemos del mundo como tal es diferente… no entiendo cómo es que estamos juntas.
Me abrazó, dijo que no era tan desastroso y se echó a mi lado.

Hoy amanecí menos blue, más hambrienta y a hora decente. Me preparé un tazón enorme de avena y apapaché a mis gatos. Me lavé la cara y me puse a leer las noticias.

Lo que encontré, y posteriores reflexiones, me hizo sentarme a escribir esto. Tal vez yo no entienda nada, mi familia sea cualquier cosa menos perfecta y feliz, me pueda pasar 48 horas sobre la cama sin que nadie llame, y no felicite a nadie el Día de las Madres, pero no soy mala, en serio.

Ahora, domingo 11, un día tarde, me arrepiento un poco de mis recientes acciones, y de muchas otras que tienen que ver con éstas. Tengo algo que decir.

Dolores:

No te llamé el Día de las Madres, imagino que lo notaste. No lo hice porque no quería que te dieras cuenta que me sentía mal, que estaba triste, y amenazaras con venir a mi casa; tiendes a ser bien metiche. B dice que lo hubieras hecho porque te preocupas por mí, así que no quise arriesgarme, lo siento. También lamento el nunca referirme a ti como mamá cuando me pariste y hay pruebas de ello; sé que tu psiquiatra se lo preguntaba. Por otro lado, quiero agradecerte mucho el que me quieras a pesar de todo lo que he hecho y haré, de quien soy y a pesar de que resulté, muy obviamente, no ser quien tú esperabas que fuera.
Agradezco que cuando salí del clóset te hayas echado la culpa un poco y hayas dicho cosas por miedo de las que sé que te arrepientes, pero que nunca se te cruzó por la cabeza el que hubiera algo malo en mí que se tuviera que arreglar con carácter de urgente. Agradezco que no me pusiste en manos de fundamentalistas para que me quitaran lo gay, ni te avergonzaste de mí, ni me apuñalaste por enamorarme de quien no debía. Algunas veces pienso que lo merecía, por esas y muchas otras circunstancias, pero nunca lo hiciste. Imagino que te aguantaste mucho las ganas de encerrarme en mi cuarto y perder la llave para siempre.
Sé que si soy fuerte hoy es porque tú me apoyaste entonces, lo haces ahora y lo harás mañana incluso si lo que emprendo o lo que decido no te parece adecuado. Eres la única que ya no se sorprende si salgo con cosas como “quiero ser chef”, “me voy a Londres a un concierto” o “me puse otro piercing!”
Entre otros temas, te perdono por haberme puesto un nombre feo y, para colmo, con raíces hebreas. Tengo muchas más cosas qué agradecerte como para que valga la pena detenerse en esos detalles.
Espero la hayas pasado bien.
Te quiero.

PD: Tú ganas, te compraré otro celular que escogerás por color y tendrá demasiada tecnología para tus necesidades. Sé que me costará muy caro pero te hará feliz; ahí me avisas ahora cuál se te da la gana.

Sin palabras

Es confuso el no poder definir algo, algo a alguien en específico o a cualquiera, sin distinción. Parte del ejercicio de este blog, que no se concentra esencialmente en el tema de cuán fabulosa soy, es mostrar que soy bastante más normal de lo que podría pensarse en el sentido estricto.

Tal vez algo más desinhibida, algo mucho menos preocupada por las cuestiones morales o lo que es socialmente bien visto, pero al final del día sigo compartiendo mi vida con seres que si bien ustedes conocen por una letra, son tan reales y literales como tú.

Yo soy la que deliberadamente hago relevantes sus problemas, sus fetiches, y nuestras particularidades que se pensaría que no salen de la intimidad de nuestras conversaciones pero acaban eventualmente filtrándose al blog. Eso no es esencialmente malo, es solo parcial.

Suelo dejar fuera muchísimas cosas que son relevantes y enriquecedoras acerca de ellos. La que más me preocupa es B, pero lamento mucho que no sé por dónde empezar a aclararla, a dar más luz acerca de ella, a quien ustedes solo conocen por lo que yo les platico.

Hoy me parece más o menos urgente contarles algunos detalles.

Para asir a B suelo olvidar convenientemente lo inmensamente rica que es su vida; no puedo pensar en B y al mismo tiempo concebirla como hija, hermana, profesional, artista, Acuario y sibarita además de mi amiga, mi amante y mi pareja.

Es mucho más sencillo congelarla en un instante, en una de sus sonrisas, en su cabello revuelto en la almohada o en sus gruñidos por la mañana para sentirme con la suficiente autoridad para emitir un juicio.

No puedo pensar en B la persona B, en la que me habla en inglés, italiano y francés, en que su nombre sale en el periódico con cierta regularidad y que siempre tiene una línea de Jung que explica algún por qué de nuestra vida.

Es mucho más sencillo pensar en la B que me dice “te quiero” por las noches, que me consuela si me duelo, que siempre se ofrece a “pasar por algo” antes de llegar a la casa.

No puedo pensar en B la que adora el flamenco, la que detesta manejar, la que siempre está dispuesta a desvelarse, la que posee todas las películas existentes de sus directores favoritos en más de una versión.

Es mucho más sencillo pensar en la B que me abraza y me dice “suavecita”, la que me inspira y me cimbra, en la que se come todo lo que cocino y dice que mi comida española sabe mejor que la que probó en España, hecha por españoles.

No puedo pensar en B y su carrera, en sus obras, sus bocetos y sus modelos inexistentes; no puedo pensar en sus justificaciones ontológicas, sus conocimientos astrológicos y las citas textuales que tanto delimitan como expanden su entero pensamiento.

Prefiero pensar en la B que adora el helado de Vainilla de 1905, quien enciende velas cada que nos sentamos a la mesa, incluso a desayunar; en la B a quien le dedico los libros más importantes de mi librero.

Pero eso no es justo.

No lo es porque cuando trato decírselo me quedo sin palabras.

Mi urgencia de intentarlo viene al caso porque se fue de vacaciones y por 4 días no tuve ningún contacto con ella. En ese tiempo me pasaron muchas cosas y ninguna a la vez porque cuando traté de darles un hilo, no estuvo para ser mi remitente.

Entonces la comencé a extrañar; y lo hice en tantas diferentes circunstancias y momentos que aunque suela no pensar en ella en toda su dimensión de individuo, supe lo que se siente extrañarla como tal y lo que es echar de menos todas y cada una de esas muchísimas B.

Así, en completa completud y en su infinita infinitud.

Ayer que regresó intenté decírselo sin mucho éxito; podrán imaginar que soy más efectiva enfrentando a la hoja en blanco. Dije muchas veces “amor…” y a su “qué?” no contesté nada porque no supe cómo empezar.

Mi cuerpo se encargó de hacérselo saber usando la mejor y más literal versión del “lenguaje no verbal” que se conoce y se pegó al suyo por horas respondiendo a la desesperación de toda mi persona. Su cuerpo se cimbró violentamente sobre la cama en consecuencia, también por horas.

“Qué me hiciste?!”, preguntó sin esperar que contestara.
Obviedades.

No sé qué tan claro le haya quedado lo que la comunicación tácita quiso decirle, pero a mí no me parece suficiente y si puedo hacer algo para arreglarlo, quisiera intentarlo.

B:
Estos días sin ti fueron difíciles. Me di cuenta que no te digo muy seguido lo mucho que te admiro. También supe por qué, desde Canadá hasta Argentina, dicen que estoy enamorada de ti.
Te extrañé.

(me sigo quedando muy corta)

Retro style

Her hair is Harlow gold
Her lips sweet surprise
Her hands are never cold
She’s got Bette Davis eyes.-
Kim Carnes

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Me gustan las cosas vintage; no tengo preferencia por una década específica pero me rodeo de objetos que tienen cierto valor sentimental y cuya vida útil se puede comenzar a contar desde la década de los 60’s. En general, las cosas nuevas no son mis favoritas y en mi corazón tengo claro que lo mío siempre ha sido haber vivido en otra época. Desde mi casa vieja en el centro, su linóleo amarillo, la fórmica de la cocina y los muros de adobe, mi desfasamiento temporal es notable. Declaro que mi máximo en la vida sería tener una sala empapelada, en tonos rojos o ciruela y llena de candelabros; sueño despierta.

Al respecto de mis fijaciones, el sábado pasado fui al concierto de M.I.A y cuando B me escuchó decir que necesitaba algo muy viejo y muy ridículo para vestir ese día (combinado, claro, con alguna otra pieza con la que no hiciera juego) me dijo que ella tenía algo perfecto y así fue cómo me hice de mi blusa de rayas transversales y una flor bordada con chaquira, completamente 80’s. Yo fui muy feliz, me la puse y me dediqué a brincar y bailar como estúpida hasta las 3 am.

Ayer en la noche llegó con un regalito más: dos batas vaporosas como de estrella porno de los 70’s. Ustedes las recuerdan, esas que son muy transparentes, tienen corte en A que llega hasta medio muslo, un muy prolongado escote, ribetes por todas partes y una capa que se anuda debajo del busto? Pues ahora tengo dos, una rosa y otra azul cielo, igual de increíblemente vintage, en perfectas condiciones.

A mí me brillaron los ojos de la emoción y más me dio cuando dijo “son tuyas, pruébatelas”. Mientras me desvestía platicó que eran de su tía, que se las dio hace años, que entonces se las midió y las guardó porque nunca les vio algún uso práctico … hasta ahora. “Son de esas cosas que yo tenía pero no sabía que eran para ti porque no te conocía”.

Me puse la rosa primero; acomodé el escote y vi que, efectivamente, aquello está diseñado para usarse sin absolutamente nada abajo y para ser portado por alguien que no echa de menos la ropa interior. Yo estaba distraída viendo el largo de la bata, los remates de la tela, los dobleces de las mangas cuando escuché un “quítate los calzones”.
Sonó como a una orden y, pues, yo obedecí.

Ustedes saben qué pasó a continuación, no los aburriré con los detalles, je.

Yo no tenía idea pero parece que todas estas cosas muy femeninas, delicadas y en tonos pastel a ella le gustan mucho mucho por no decir que la ponen en ánimo depredador, ja. Este detalle parece exacerbarse con las telas vintage y sus detalles de antaño.

Para mí no es nada complicado, me encanta vestirme con ese tipo de ropa (o desvestirme, claro), más si a parte se le ha encontrado un toque fetichista tan pero tan refrescante.

Vivan las películas porno que dotaron a estas prendas de esa carga sexual tan imposible de evitar. Algo tienen, en serio, porque apenas acababa de cerrarme la capa de la segunda bata, la azul, y fue como un impulso más fuerte que yo el que me hizo sentarme encima de B y decirle algo muy muy cochino seguido de un ronroneo bajito e insinuante. Nada mal me faltaba el crepé alto, el listón en el chongo y unas pantuflas de suela transparente con pompón en el empeine.

Estoy siendo muy muy repetitiva tratando de no llegar a ser muy muy gráfica.
Mejor me callo.
Ja.