¡Viva la pornografía! 16 January 2008

Hace algunas horas, DEMO me mandó un link que me hizo quedar boquiabierta: una tal Maite Reyes Retana propone en un periódico local que es deber del Estado prohibir la pornografía (y de pasada, creo, la prostitución). Sus argumentos son del todo… eh… subjetivos por no decir que completamente ineptos. Mi favorito, por mucho, es:
Supongamos que un adolescente de 13 o 14 años entra a una página porno en internet y ve escenas de sexo violento, una y otra vez. Es probable que crezca pensando que eso es el sexo y que a las mujeres sí nos gusta que nos amarren, nos peguen o nos violen tumultuariamente.
Uy. Eso significará que alguien tendrá que explicarle que no, verdad? Quién hablará del tema si todos piensan que el sexo es “malo”?
Parece que la señora ignora un par de cosas acerca del sexo, la pornografía y la entera civilización como la conocemos. Se pasa por el arco del triunfo que, ante todo, el sexo es un acto consensual entre dos (o más) personas con variados tintes y fines. Se le olvidan las explicaciones psicológicas, emocionales, fisiológicas y hasta económicas del por qué de la pornografía. Incluso quiere erradicar el “oficio más antiguo del mundo” en pos de una revaloración de la imagen de la mujer porque considera que las pobres actrices porno están siendo vejadas en esas producciones tan llenas de… eh, sexo.
En el siglo XXI, los consumidores de pornografía ya no se conforman con ver a una pareja o un trío, sino que buscan escenas mucho más hardcore, con lo que esto implica de dolor y de humillación para las actrices.
*Suspiro*
Esa misma mentalidad, la que produjo las anteriores citas, es la que me rodea todo el tiempo como ciudadana del mundo moderno y en específico de esta ciudad. Mujeres completamente cegadas de su propio placer, que detestan su cuerpo y sus sensaciones, llenas de miedos imbéciles contra lo que desconocen (porque estoy segurísima que la autora en cuestión no ha tenido ningún acercamiento a la pornografía por considerarla “pecaminosa”), aburridas, cerradas… y que se dicen feministas porque encuentran discriminación en cada actitud que no les parece adecuado trato al “sexo débil”.
A ella, dediquémosle unas palabras:
Señora, el daño más grave a las cabecitas de nuestras nuevas generaciones lo hace la falta de educación, el reduccionismo, el poco criterio y sus consecuencias, no la pornografía. Tomemos, por ejemplo, su intento de acercamiento al sexo y demás expresiones -que son naturales y mantienen al mundo rodando- aunadas a un feminismo torcido y mal entendido. El verdadero meollo del asunto no es que erradique la pornografía por hardcore y porque está hecha para las mentes cochinas de los hombres; usted no considera al público femenino: existimos y no somos ninguna sarta de pervertidas corruptas con poco amor propio e inexistentes valores morales. Por otro lado, lo peor, creo, que puede sucederle a un niño de 13 años que vea escenas fuertes es que se decepcione cuando sepa que aquello era una fantasía, cosa que sucede casi siempre en la luna de miel. Créame, las actrices porno son las más felices y mejor pagadas de una industria que ha existido desde que dejamos de ser changos y que se popularizó gracias a que se inventó la fotografía y luego el cine; este dato, claro, sin considerar que las actividades sexuales más aberrantes- si es que así se pueden llamar- suelen tener tintes rituales y se realizaban desde tiempos tan remotos como el esplendor de Egipto o el mismísimo imperio azteca, donde la prostitución era también considerada de importancia religiosa. No olvide que la Biblia es, por mucho, uno de los textos más retacados de situaciones sexuales de los que se tiene conocimiento y véanos, miles de años después, seguimos aquí.
Seguimos cogiendo, fantaseando, experimentando, equivocándonos, arrepintiéndonos y haciendo historia.
Simplemente, una vida sexual plena, rica y saludable incluye entre las prácticas definidas cierta cuota de autoerotismo donde la pornografía juega un importante rol.
Esta es mi opinión. Gracias por su atención.
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El día de muertos me trae lindos recuerdos, a pesar de todo; era en estas fechas que L se enfrascaba en sus concursos de altares y se pasaba mañana tarde y noche armando cosas impresionantes y me ignoraba olímpicamente. Ahora que lo pienso no sé si lo disfrutaba o lo hacía por los premios; como sea, con uno de ellos se compró una sala linda de un chingazo. Ah, tiempos aquellos.


