Archive for inquisidora

Back to black

Los recientes eventos de índole arcoiris me hacen reflexionar en varios sentidos; primero porque me siento aludida, pero no representada, y porque es hora de ponerle fecha… a la boda!

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¿Ya tragaron saliva? La boda no es mía, por cierto; solo seré testigo.

Tengo varios días investigando acerca de Sociedades de Convivencia y a pesar de mi ínfimo conocimiento de leyes me parece algo muy claro: es atole con el dedo.

No me hagan caso, para argumentar el punto citaré a mi abogada de cabecera:

Se equipara más o menos al concubinato, incluso se puede especificar la forma en la que van a regir el patrimonio; en realidad para lo que sirve es porque se generan derechos alimentarios y sucesorios; si uno de los dos es declarado interdicto el otro ejercerá la tutela; si se separan y uno no tiene ingreso, tiene derecho de pensión alimenticia por la mitad del tiempo que duró la sociedad.

Derechos alimentarios y sucesorios… ¿a qué precio?
Ahora que California ha legalizado, o mejor dicho, despenalizado, el “matrimonio gay” (sus equivalentes o versiones Simi) recuerdo un artículo que leí hace poco en Salon que dice las parejas están descubriendo las implicaciones legales, económicas y, claro, consecuencias generales de meter al gobierno y sus instituciones en una relación… lo interesante es la parte de estar contrayendo obligaciones, pero sin acceder a los beneficios del todo, entiéndase por ellos la seguridad social, por ejemplo. Además, los divorcios pueden ser un dolor de cabeza imposible de describir.
Diría B: “eso no mola”.

Ella está muy segura, es radicalmente directa en acotar “yo no me quiero casar” y todo lo que tenga que ver con el verbo le provoca convulsiones. Mi propia naturaleza kitsch me hace fascinarme con la idea por unos minutos pero en cuanto llego al “acepto” … se pone más difícil. En mi cabeza no cabe cómo se pueda asegurar que serás esa persona y sentirás esas cosas por el resto de tu vida, es como negar que las situaciones cambian, que las personas crecen, que eventualmente cambian de opinión. En fin.

Como sea, mientras esté con B me quedaré señorita, que ella no hará de mí una mujer honrada en ningún caso.

¿Ustedes se “casarían” de tener la oportunidad?

Entre otros comentarios, este 17 de mayo (mañana) es el Día Nacional contra la Homofobia y la Transfobia. Suena medio aleatorio pero se estableció en esa fecha porque coincide con la remoción de la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales de la OMS, en 1990. Eso fue hace menos de 20 años, así que creo que se han dado cambios efectivos y rápidos desde entonces; eso es bueno.
Esta es la primera vez que se celebra en México, porque es una iniciativa, podremos imaginar, de ONGs extranjeras (he aquí un spot).

Como cualquier otra cosa que nos copiamos, esta no fue la excepción y la versión mexicana resultó ser bastante menos… glamourosa. El anuncio de televisión que lo promueve (no recuerdo el canal, sorry) es literalmente grotesco, enfocándose en imágenes sacadas de marchas gays del DF donde se pueden ver muchas banderas, muchas pelucas e innumerables travestis ataviados en sus trajes de trabajo, con esos que imitan a Niurka o similares. Eso no me parece, no me representa, se los aseguro.

Algo que no comenzamos a digerir en México, y que es lamentable, es que los gays, bi y cualquier otra minoría que no sé mencionar con su sustantivo políticamente correcto, somos mucho más variados que esos seres multicolores. El anuncio lejos de sensibilizar y hacer reflexionar a la población acerca de la invisibilidad, de la necesidad de empatía y destacar el hecho de la cotidianidad que implica convivir con gays al, no sé, mostrar rostros cualquiera, personas abrazadas y tomadas de la mano, se me ocurre, o simple texto, se va a buscar protagonistas entre aquéllos más estereotipados y flamboyantes.

Según mi punto de vista, eso no funciona. El mensaje se desvirtúa y queda en un “cuando veas gente así, no le grites maldiciones” en lugar de apelar a reflexiones más profundas.

Mi celebración será diferente: yo convertiré a mañana en el “día internacional de abraza a cualquiera”, porque estoy consciente de que las preferencias sexuales no tienen cara definida, ni colores chillantes que las hagan destacar; me vestiré de negro en señal de protesta a la invisibilidad de la bisexualidad, al miedo, y a la ignorancia, que es lo que alimenta a la homofobia, a la discriminación y a todos y cada uno de los atropellos a los derechos humanos de minorías.
Brindaré con vino rosado por que, algún día, se entienda que con quién te acuestas debe estar en un segundo plano cuando eres un ser complejo, rico y en constante evolución.

Están invitados!

De prisa y sin voltear

Yo, como todos ustedes, claro, batallo para entender a la gente. Dejé de preocuparme demasiado por eso hace años, pero cuando me da lo filosófica, no puedo evitar aún hoy sorprenderme de la naturaleza humana, su falta de lógica y la trascendencia de su infinita estupidez.

Lo que más me molesta es la incoherencia en la que pueden vivir tantas personas y peor cuando se dan el lujo de juzgarte sin una invitación. En este rubro cabrían:

  • las feministas radicales vueltas defensoras de los derechos de la familia, la belleza de la maternidad y la monogamia heterosexual.
  • las drogadictas promiscuas vueltas cristianas / new age / scientólogas que acotan que tu vida es “poco espiritual” porque los credos te valen madres
  • los que aún creen que la cantidad de hijos que engendran equivale proporcionalmente a su hombría
  • aquellos entes que consideran que un mínimo respeto y conciencia ecológica son fantochadas
  • etc.

Para mí es mitología eso del arrepentimiento sin segundas intenciones, la bondad descubierta y todas esas cosas que hacen a gente decir cosas como:

“No vuelvo a trabajar en en ningún proyecto que ofenda mi fe, mi familia o mi comunidad latina”, dice ahora orgulloso.
¿Y a qué obedece este cambio? La vida superficial basada en los placeres dejó de llenarlo.

La ironía de la vida en todo su esplendor! Pfff!

Yo soy harina de otro molino; tengo firmes valores que no tienen que ver con los morales, tengo ideales que no tienen que ver con el capitalismo y tengo un espíritu que va más allá de las habilidades administrativas de cualquier iglesia; mis experiencias de vida son, buenas y malas por igual, para mí tan valiosas y apreciadas que estaría literalmente “escupiendo para arriba” si decidiera, un buen domingo del señor, arrepentirme de todos mis pecados y encontrar una respuesta más allá de mi humana condición. No.

Soy la consecuencia de todo lo que decidí y lo que no decidí pero me sucedió, de las cosas que busqué y las que me encontraron, de aquéllos que me quieren y los que me dañaron. Hice algo con los datos que protagonicé, con mi historia, con las armas que tener un cerebro funcional me asignaron y por lo mismo, puedo asegurar algo:

No te creo.

Ajá, no me vengas conque la verdad la tienes tú, con sermones huecos y revelaciones de adultez que te llevan por el “camino de la luz”. Si en verdad fueras tan feliz, tan completa, tan mil veces intocable por los placeres mundanos en los que yo estoy sumergida -o me regodeo-, ni siquiera tendrías que decírmelo porque se notaría tan a todas luces que sin provocación me acercaría a decirte que resplandeces.

No te creo.

No creo que estés más allá del dolor de la soledad, de las lágrimas de ira, puedas voluntariamente callar los chillidos entre tus piernas o no disfrutes de los chismes de barrio; eres como yo, carne y hueso, y más allá de toda duda, un ser humano que tuvo en sus manos su destino y se dio por vencida por, claro, su propia pusilanimidad.

Más bien, me das un poco de vergüenza; eso y todo tu alarde de incompletud.

Tan frágil, tan perdida, tan arrepentida de nada y de todo, que lo único que puedo pensar es que qué bueno que no estoy en tus zapatos, que tengo una personalidad inquebrantable y mucha valentía para enfrentarme a retos que tú no puedes siquiera concebir.

La vida es una circunstancia, casi un accidente y debe administrarse de prisa y sin voltear; con la frente en alto, el corazón en guardia y los pies bien firmes en la tierra.

Cualquier otra cosa, pienso sinceramente, es perder miserablemente el poquísimo tiempo que tenemos para encontrar la felicidad.

Shot of Love

So, are you gay? Are you blue?
Thought we both could use a friend to run to.-
Tori Amos, Hey Jupiter

A la posteridad pasará, y en mi biografía se escribirá, el momento en que mi madre preguntó: “bueno, te gustan los hombres o las mujeres?” Ese día fue la primera vez que me enfrenté seriamente a la posibilidad de decirle “los dos” pero algo me hizo detenerme. Tal vez el hecho de que tenía 16 años, o que ella estaba desesperadamente pidiendo que contestara “los hombres única y exclusivamente”. No dije nada, y el silencio otorga, a lo que ella contestó con un “carajo, pensé que había tenido a la parejita, pero parí a dos machos”.
No la juzguen, es una buena mujer y a estas alturas entiendo por qué dijo lo que dijo: miedo. Se disculpó por ese y otros momentos importantes que fueron mal resueltos y tuvieron sus consecuencias cuando vio efectivamente que lo mío no era gripa ni una fase que se me iba a quitar una vez que madurara (como mi obsesión por ir a conciertos alrededor del mundo).

Voy a reenviarle el link de un estudio de la Universidad de Utah donde se siguió muy de cerca a mujeres identificadas como lesbianas, bisexuales y hetero. Este análisis es valioso en más de un sentido porque probó que la bisexualidad (al menos femenina, ojo) no es una etapa de confusión sino una preferencia sexual muy bien delimitada y relativamente fácil de establecer y demostrar. También se encontró que las bisexuales luchan en el aspecto de identificación pero que se niegan a llamarse a sí mismas lesbianas o heterosexuales porque, doh, no lo son.

Otro punto muy interesante fue que se probó que las mujeres bisexuales se pueden involucrar en satisfactorias relaciones monógamas, lo que desacredita el mito que dice que es imposible porque siempre se está pensando en el otro género. También indica que las mujeres heterosexuales que experimentan con relaciones homosexuales nunca dejaron de lado su identidad y, por ende, no se consideran de ninguna manera bisexuales.

El estudio me parece relevante porque indaga en la vida de estas mujeres a través del tiempo y prueba cosas que en la práctica son cotidianas para mí, B, y el resto de las bisexuales con las que me he cruzado: nos enamoramos de personas, no de entes de cierto u otro sexo, ya que éste es realmente poco relevante.

A este respecto, declaro que he aprendido mucho viendo A Shot Of Love, mi más reciente guilty pleasure. Este show, producido por MTV, trata de la búsqueda de Tila Tequila -bisexual- del amor de su vida. No discutamos ahora qué tan auténtico es un reality de este tipo, sino de la dinámica ahí encontrada. En el primer capítulo los participantes, 16 hombres heterosexuales y 16 lesbianas, se enteran de que competirán por el amor de Tila. En ese instante, hombres y lesbianas se ven feo y algunas de ellas deciden irse porque “no están de acuerdo en competir contra los hombres”, “no quieren compartir a su mujer” y porque los odian, creo. Un par de hombres declaran que no entienden cómo o por qué una mujer preferiría quedarse con otra cuando hay 16 hombres para elegir. En fin.
Mucho drama después, Tila se debate entre Dani -una adorable bombero- y Bobbi, quien acaba siendo el ganador. Luego tenemos que él declara que nunca pensó en ganar porque Tila, siempre se mostró más interesada en las mujeres, porque, considera, siendo bi se logra una conexión más intensa entre chicas.
(Todo el concepto del programa es mi sueño hecho realidad pero no toquemos ese punto ahora.)

En la vida cotidiana de una bisexual, las oportunidades de conocer a igual número de mujeres interesadas en mujeres y de hombres heterosexuales disponibles son remotísimas. Para explorar el lado homosexual es necesario romper muchas barreras y tener algo de osadía, lo que no muchas se atreven a hacer cuando no se pueden identificar como lesbianas porque éstas suelen ser más que puntuales en que no quieren tener nada que ver con nosotras (hola, G!). Los hombres, por su parte, o no entienden o tienden a imaginarse en tríos interminables, cosa que tampoco aplica. Así, es de esperarse que las bisexuales acabemos con otras bisexuales; la historia de mi vida.

En mi caso específico parece que tengo mucha más afinidad emocional con las mujeres pero sin descartar lo sexual con hombres. Mis relaciones tienden a estar cargadas de ambas cosas y tener tintes dramáticos pero nunca porque “te dejé por otr@”; cuando ha sucedido, no ha tenido que ver con el género de la persona en cuestión.

En fin, me da gusto que finalmente se esté estableciendo que nuestra bisexualidad no es un obvio tránsito hacia la homosexualidad; además, es una preferencia que se está volviendo cada día más visible y, mínimo, hay muchas más mujeres tomando la decisión de intentarlo incluso si han hecho de todo y fallado muchas veces. Creo que la presión de grupo -cualquier grupo- está cediendo ante la realidad innegable de que tod@s somos diferentes entre sí, que las etiquetas no siempre nos quedan y que, finalmente, siempre hay un roto para un descosido.

Hay, incluso, libertad absoluta para poner lo anterior en duda y decir que los bisexuales estamos en clósets inversos listos para voltearse, ejemplos:

a) “No creo en la bisexualidad porque nunca he visto a un hombre que deje a su novio en casa para irse con una chica”
b) “I’ve never hidden my bisexuality. But since I’ve been with Brad, there’s no longer a place for that or S&M in my life.”

Uy, que no le digan a mi madre, se va a emocionar.
Mientras, que viva la diversidad y que la guerra la ganen el amor y la honestidad. Feliz inicio de semana.

¡Viva la pornografía!

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Hace algunas horas, DEMO me mandó un link que me hizo quedar boquiabierta: una tal Maite Reyes Retana propone en un periódico local que es deber del Estado prohibir la pornografía (y de pasada, creo, la prostitución). Sus argumentos son del todo… eh… subjetivos por no decir que completamente ineptos. Mi favorito, por mucho, es:

Supongamos que un adolescente de 13 o 14 años entra a una página porno en internet y ve escenas de sexo violento, una y otra vez. Es probable que crezca pensando que eso es el sexo y que a las mujeres sí nos gusta que nos amarren, nos peguen o nos violen tumultuariamente.


Uy. Eso significará que alguien tendrá que explicarle que no, verdad? Quién hablará del tema si todos piensan que el sexo es “malo”?

Parece que la señora ignora un par de cosas acerca del sexo, la pornografía y la entera civilización como la conocemos. Se pasa por el arco del triunfo que, ante todo, el sexo es un acto consensual entre dos (o más) personas con variados tintes y fines. Se le olvidan las explicaciones psicológicas, emocionales, fisiológicas y hasta económicas del por qué de la pornografía. Incluso quiere erradicar el “oficio más antiguo del mundo” en pos de una revaloración de la imagen de la mujer porque considera que las pobres actrices porno están siendo vejadas en esas producciones tan llenas de… eh, sexo.

En el siglo XXI, los consumidores de pornografía ya no se conforman con ver a una pareja o un trío, sino que buscan escenas mucho más hardcore, con lo que esto implica de dolor y de humillación para las actrices.

*Suspiro*

Esa misma mentalidad, la que produjo las anteriores citas, es la que me rodea todo el tiempo como ciudadana del mundo moderno y en específico de esta ciudad. Mujeres completamente cegadas de su propio placer, que detestan su cuerpo y sus sensaciones, llenas de miedos imbéciles contra lo que desconocen (porque estoy segurísima que la autora en cuestión no ha tenido ningún acercamiento a la pornografía por considerarla “pecaminosa”), aburridas, cerradas… y que se dicen feministas porque encuentran discriminación en cada actitud que no les parece adecuado trato al “sexo débil”.

A ella, dediquémosle unas palabras:

Señora, el daño más grave a las cabecitas de nuestras nuevas generaciones lo hace la falta de educación, el reduccionismo, el poco criterio y sus consecuencias, no la pornografía. Tomemos, por ejemplo, su intento de acercamiento al sexo y demás expresiones -que son naturales y mantienen al mundo rodando- aunadas a un feminismo torcido y mal entendido. El verdadero meollo del asunto no es que erradique la pornografía por hardcore y porque está hecha para las mentes cochinas de los hombres; usted no considera al público femenino: existimos y no somos ninguna sarta de pervertidas corruptas con poco amor propio e inexistentes valores morales. Por otro lado, lo peor, creo, que puede sucederle a un niño de 13 años que vea escenas fuertes es que se decepcione cuando sepa que aquello era una fantasía, cosa que sucede casi siempre en la luna de miel. Créame, las actrices porno son las más felices y mejor pagadas de una industria que ha existido desde que dejamos de ser changos y que se popularizó gracias a que se inventó la fotografía y luego el cine; este dato, claro, sin considerar que las actividades sexuales más aberrantes- si es que así se pueden llamar- suelen tener tintes rituales y se realizaban desde tiempos tan remotos como el esplendor de Egipto o el mismísimo imperio azteca, donde la prostitución era también considerada de importancia religiosa. No olvide que la Biblia es, por mucho, uno de los textos más retacados de situaciones sexuales de los que se tiene conocimiento y véanos, miles de años después, seguimos aquí.

Seguimos cogiendo, fantaseando, experimentando, equivocándonos, arrepintiéndonos y haciendo historia.
Simplemente, una vida sexual plena, rica y saludable incluye entre las prácticas definidas cierta cuota de autoerotismo donde la pornografía juega un importante rol.

Esta es mi opinión. Gracias por su atención.

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