I’m waiting for the night to fall
When everything is bearable
And there in the still
All that you feel is tranquility ._
Este es un tratado filosófico de alcances mayúsculos que tiene como fuente solamente a mí (y al diccionario online de la RAE). Por lo anterior, ustedes tienen todo el derecho (y obligación, casi) de no estar de acuerdo en parte o absolutamente nada de lo que aquí se consigne. Estas reflexiones se tuvieron a la luz de (una posible sobredosis) diversas pastillas, en una noche febril de sueños igual de caóticos donde cayeron muchos veintes, pero no por eso dejó de ser catastrófica.
Estas son reflexiones acerca de la espera y sus consecuencias. De cómo, y por qué, muchas veces es poco recomendable enfrascarse en una espera como tal a pesar de que la paciencia se considera en nuestra sociedad como un rasgo deseable entre individuos, y de por qué conviene evaluarla previamente al compromiso.
Definamos conceptos, primero:
espera1.
1. f. Acción y efecto de esperar.
2. f. Plazo o término señalado por el juez para ejecutar algo; como presentar documentos.
3. f. Calma, paciencia, facultad de saberse contener y de no proceder sin reflexión. Tener espera. Ser hombre de espera.
Según reflexiones derivadas de la definición misma de la palabra, la espera tiene ciertas características:
a) depende de un plazo
b) exige paciencia
c) requiere saberse contener
¿Por qué esperas? Pues porque sabes que existe un plazo a cumplirse y que tu paciencia se verá recompensada al final de el mencionado periodo de tiempo, así que, mientras eso sucede, te contienes. Así, la gente espera, no sé, que le toque su turno en la fila del super, espera aviones, espera que le manden un documento para iniciar o terminar su trabajo, espera la hora de la salida de la oficina, espera llegar a casa y quitarse los zapatos. Todo exige paciencia y resistencia a la frustración pero la fe se sostiene porque se SABE a ciencia cierta que toda espera llega al plazo pactado y feliz término.
¿Qué si no, no hay plazo y estamos esperando y esperando sin saber muy bien qué hacer? Simple: no estamos esperando, estamos haciendo otra, u otras cosas:
anhelar.
(Del lat. anhel?re).
1. tr. Tener ansia o deseo vehemente de conseguir algo. Anhelar empleos, honras, dignidades.
Deso vehemente, eh? Analicemos qué es eso de desear.
desear.
(De deseo).
1. tr. Aspirar con vehemencia al conocimiento, posesión o disfrute de algo.
2. tr. Anhelar que acontezca o deje de acontecer algún suceso.
Pero por supuesto, no se puede desear sin aspirar, verdad?
aspirar.
(Del lat. aspir?re).
3. tr. Pretender o desear algún empleo, dignidad u otra cosa. Aspira a una vida mejor.
Como vemos, estos verbos son autoreferentes, es decir, se definen citándose entre sí. Como sea, podemos notar inmediatamente importantes diferencias con la espera que habrá que acomodar, esta vez usando palabras clave:
a) ansia
b) disfrute
c) posesión
d) suceso
e) pretensión
Ninguno de estos verbos implica o acepta la aplicación de un plazo, lo que indica que si anhela se hace un poco de manera deliberada y conciente de que ese disfrute de la posesión de algo/alguien muy probablemente nunca llegue porque aquello que anhelamos no está bajo nuestra jurisdicción, es decir, no se nos ha dado injerencia sobre ello; tenemos las manos atadas.
Anhelamos y ponemos nuestra fe en algo de la manera más pura y naïve existente: para que nos sorprenda si es que aquello sucede, se alcanza o se llega a poseer.
El problema aquí es el ansia; anhelar produce cierto desazón, provoca insatisfacción mientras el anhelo no se consigue, provoca frustración si el anhelo se ve cada vez más lejano porque, simplemente, no funcionamos en esa frecuencia. Los seres humanos somos egoístas por naturaleza, queremos acción, suceso, disfrute, si no inmediato, dentro de cierto plazo finito que, si bien será difícil de manejar, no nos producirá toda el ansia que nos traería simplemente anhelarlo, desearlo con vehemencia o aspirar a ello porque estos sentimientos son hábilmente permeados por nuestra paciencia (si es que tenemos la suficiente, ojo) mientras esperamos.
El ser humano espera. Espera porque las esperas son funcionales, porque se caracterizan por ser efímeras, cortas o largas pero al fin satisfechas.
Por otro lado, anhelamos trabajar en la NASA, ir de vacaciones al Congo, anhelamos sacarnos la lotería, ser talla 5, que los Lakers ganen en el juego de hoy, tener un Audi TT o, de jodido, un V6.
Vemos todos los días esos anhelos realizados para otros, vemos un chingo de Audis en la calle, vemos niñas talla cero, vemos jardines más bonitos que el nuestro y nos frustramos. Nos enfermamos un poco de pretender lo que el otro parece tener y a nosotros se nos ha negado, nos dejamos llevar por la envidia, y, por claro, las ansias.
No pensamos que aquellos otros anhelan cosas que tal vez nosotros tenemos… pero ese no es nuestro tema.
Regresando, el problema viene cuando una espera que parecía tener todo para calificar como una, tiempo y finalidad, un día se vuelve un anhelo, un deseo vehemente, una pretención que no podemos realizar porque depende de otro o de la voluntad de éstos. No tiene fin, no está garantizado de ninguna manera.
ansia.
(Del lat. anx?a, f. de anx?us, angustiado).
1. f. Congoja o fatiga que causa en el cuerpo inquietud o agitación violenta.
2. f. Angustia o aflicción del ánimo.
3. f. náusea.
La mejor manera de notar cuándo una espera se ha convertido en un anhelo es comenzar a sufrir la conjoja, la angustia y aflicciones del ánimo que este nuevo proceso de deseo nos ocasiona.
Reconozco que existen individuos a quienes eso del anhelo se les da super fácil: los creyentes, los que participan en partidos políticos, los que apuestan en las carreras, los que son fans de… no sé, Thalía. Esa habilidad de creer por creer que el objeto de tu deseo te será entregado solo por pretenderlo, o a través de méritos muy subjetivos, es algo que yo nunca me he caracterizado por tener. La fe es una cosa que en mi familia no se encuentra, somos la versión austera.
Bien, así, yo soy un ser que espera. Soy un ser que trabaja meritoriamente para que esa espera sea eso, tenga fin y circunstancia, posea un límite y sea la feliz meta de la aplicación de mi estoica paciencia. Cuando se ha quedado en que la circunstancia es de espera y se indica con un “dame chance, en unos 3 meses…” o “wey, espérate al finde” ya es territorio de la paciencia, de nuestra madurez, el ser efectivamente capaces de soportar la espera de satisfacción.
Espero las fiestas del Koko, espero mi viaje de cumpleaños, espero a que se acabe el año para ponerme mis pantuflas de peluche rosa, como también espero poder regresar a las clases de cocina y baile (porque son en agosto las reinscripciones). Deseo ver a mi hermano feliz y sano, anhelo que el próximo año no me quede sin trabajo, aspiro juntar suficiente dinero para, algún día, comprarme un 207CC; eso me da ansias, porque ya casi tengo 30, pero sé, también, que no está del todo en mis manos (o las tuyas) que eso se haga realidad.
Pero esto sí lo estaba, era una espera hace 6 meses y ayer, así nomás, se volvió un anhelo.
Yo estaba esperando porque acordamos que sería eso, un asunto de paciencia, no de simple fe.
Los anhelos no me van, exigen de mí tragarme el ansia, la angustia, la congoja, la náusea y la fatiga… y sabes qué? No quiero, porque me enferma física y anímicamente. Sobre todo, me han cambiado la moneda y ésta no la quiero aventar al aire a ver si el azar me lleva a feliz término.
Término. Termino.
Dejé de esperar. Porque me mata lentamente intentar hacer otra cosa.