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It’s ok to cry, baby

Algo de lo que muy pocas personas pueden jactarse (yo no estoy entre ellas) es de haber contado con cierta educación emocional; algo remotamente relacionado a la habilidad y efectividad de la comunicación de los sentimientos propios y los provocados por otras personas y en ciertas situaciones. No la tuve, ni la tengo, ni la tendré… y eso está ok, porque no sabría cómo manejarla; mi entera personalidad se basa en carecer de habilidades como las enlistadas anteriormente. 

Pero, algunas veces deseo fervientemente que las cosas no fueran así, que me fluyeran y se escucharan tan claras y lindas como las pienso. Tampoco funciona.
Por otro lado, hay ciertas personas que encienden una luz interior cuya sola existencia te congela, tanto o más como cuando descubres lo que hay adentro una vez iluminado, todo lo que estuvo e ignoraste por décadas.

Esta semana Lady A y yo nos la hemos pasado llorando (entre otras actividades relevantes). Para mí es algo tremendamente valioso encontrar a alguien con quién porder llorar sin detenerse a pensar en penas, pudores, el qué pensará de mí y cómo me sonaré los mocos para no parecer un trailero analfabeta. Llorar así, desde adentro, después de escuchar una frase que explica tantísimas cosas y al mismo tiempo es tan simple y llana como: 

“Me importas”

Por mi cabeza rodaron muchísimas otras preguntas entre por qué, cómo, qué necesidad, qué flojera lidiar conmigo, querrá llegar directo a la canonización?, pensará que mi caso es relevante para la psiquiatría contemporánea? estará recopilando información para alguna clase de psicología del maniaco? querrá secuestrar a Edipo? morbo?…

“… y mucho; cuenta conmigo, aquí estaré siempre que me necesites y esté en mis manos poder hacerlo…”

No pude hacer nada más que soltarme llorando como nenita; debí abrazarla hasta romperla, besuquearla y babearla toda pero la falta de educación emocional hizo que escondiera mis lágrimas tapando mi cara con ambas manos, me medio ahogara y rodaran sendos lagrimones por mis mejillas. Fue ella la que me tendió la mano y la apretó como punto final de las palabras antes dichas.

Seguí metida en mi llanto mientras ella me miraba con esos ojos delineados de negro perennemente y me agradecía la honestidad demostrada con las palabras que me salieron directamente del remordimiento que desde hace años me cargo en relación de las cosas que salieron muy muy mal, que dañaron y me dañaron y que acabaron con varias de las relaciones más importantes de mi vida. Eso duele. Quedárselo por años y años duele.

Es la primera vez que pido perdón por adelantado simplemente porque Lady A lo merece, por su cariño gratuito, por haber caído del cielo, porque alguien/algo me la haya puesto en el camino para que me diera cuenta que llorar no es algo que se hace a solas, bajito, por puro y llano patetismo, sino se puede hacer en compañía, con muy diversos e interesantes resultados.

Encontré a alguien con quién llorar mientras logro un completo y necesario deshaogo. Alguien que me aprieta y me contiene. Que reafirma que el azar no existe, sino que simplemente somos demasiado incapaces de explicarnos ciertas cosas y se las adjudicamos. A quien dejo entrar a mi cocina, brincar en mi cama y subirse con zapatos a los sillones. 

Lady A me ha dado muchas lecciones en muy poco tiempo; está bien querer, está bien ser honesto, incapaz de mentir, y está bien llorar cuando tu cabeza y corazón se ponen de acuerdo.
Está bien. No tiene nada de malo.

Para vengarme, la puse a ver Dancer In The Dark. Now we’re even.

The best slave

The best slave
does not need to be beaten.
She beats herself.

Not with a leather whip,
or with stick or twigs,
not with a blackjack
or a billyclub,
but with the fine whip
of her own tongue
& the subtle beating
of her mind
against her mind
.- E.Jong

La obra de Erica Jong siempre me ha sorprendido por la fuerza y falta de sutileza de sus palabras; su tono es de crudeza confrontacional sin reparos. Mi poema favorito, Alcestis on the Poetry Circuit, define periodos intensísimos en mi vida y prueba que existen ciclos porque en momentos como éste regreso a leerlo para encontrar que a pesar de años, sigue aplicándome a la perfección.

Esa es la razón de mi silencio reciente. He estado ocupada dándome de golpes, cayendo sin rebotar, dudando de mis capacidades generales y específicas, siendo injusta conmigo misma; ya saben, entrenándome como la mejor esclava.

Me creé una situación de bondage sin necesidad de cuerdas y las sufro psicológicamente porque constriñen mi torso y no me permiten respirar más que lo necesario para seguir viva. Privada de reflejos, de luces, me siento indefensa y confundida. Suspendida en una jaula sin suelo, desnuda en un cuarto helado, deshidratada y dolorida por el esfuerzo de sostener mi cuerpo muerto sobre un alambre; esa es la descripción de mi aquí-ahora.

Vivo las consecuencias de mis propias decisiones, unas que no me fueron impuestas por absolutamente nadie y a pesar de ello me construyeron espontáneamente un infierno en la tierra. En cuestión de meses. Sin mayor esfuerzo.

Reconozco que me asusta lo necesarias que me son las cuerdas, las cadenas, los límites, las prohibiciones y el roce que quema, duele y asfixia: si mi cuerpo no lo tiene, mi mente lo recrea para mí sin dificultad alguna.
Pero es claro que nadie sería capaz de ser tan cruel y despiadado. Nadie conoce mejor mis debilidades y aquello que me lastima y me quiebra. Nadie me haría daño tan profundamente. Nadie me odia así. Nadie como mí misma.

Esa es la definición de la mejor esclava: la que sufre sus propios talentos al límite del suicidio, uno poético y doliente, imposible de ser replicado o imaginado por alguien más, en un frenesí de desesperación desorbitada porque, por primera vez en mucho tiempo, se ahoga desesperadamente en una absoluta e irrefrenable libertad.

Libertad. Eso es algo de lo que huye aterrorizada. Eso es algo que la mejor esclava no sabe manejar y no puede soportar.

Eso siempre se ha sabido.
He aquí el resultado.

Everyday I love you less and less

Everyday I love you less and less
I can’t believe once you and me did sex
It makes me sick to think of you undressed
Since everyday I love you less and less.-

Me encontraba en la fila de atención a clientes de Telcel -por cuarta vez este mes, claro!- esperando mi turno. Antes de mí estaba un señor madurito y nada feo que… me veía las tetas de vez en cuando. Oigan, qué va a hacer una? En esta ciudad es demasiado idiota andar tapada si no quieres volverte una sopa o entrarle a la combustión espontánea.

Bueno, el señor me veía las tetas sin molestarme para nada cuando se acercó alguien a quien sí le molestaba: su esposa. En ese momento, el señor saca su celular, marca a donde sea y comienza a hablar por espacio de 15 minutos; todo el tiempo ella estuvo parada junto a la fila, esperando a que él colgara.

La señora era… sin mentirles… horrible. En sus cuarenta y muchos, bajita, con un cuerpo deforme por haber parido a 3 huercos, con paño, arrugada, vestida con una camisa, ajá, no blusa, pelo quemado de tanto tinte, una pinza deteniéndolo en la nuca, unos pantalones que al quedarle largos (por su estatura) había doblado más arriba de los tobillos, rematando en unas chanclas tipo ballerina más gastadas que nada. Tenía los ojos delineados, no me pregunten por qué.

Creo que notó mi escrutinio, además que el señor me veía las tetas, así que estaba visiblemente molesta. Uno de sus huercos, de como 14 años, se acercó a decirle no sé qué al papá y él, inteligentemente, lo dejó cuidando el lugar en la fila. Ahora yo tenía delante al puberto; al lado, la señora.

Su padre, nada pendejo, fue a “recibir asesoría e información” de la chica que promocionaba los equipos de Sony Ericsson. La edecán estaba, bueno… como para comérsela con canela y leche tibia. Traía una blusita roja y unos pantalones blancos pegados que son penados con la muerte en todo territorio musulmán. Bueno, se imaginan el resto.

La señora se puso peor y dijo a su retoño:

“Qué está haciendo tu papá allá?!!! Viene a hacer un cambio de región y de línea, no a comprar un celular! A mí no me lo ha cambiado en AAAAÑÑOSSSS; mira la porquería que traigo!”

Yo suspiré. La situación era patética en más de un sentido.
La ñora haciendo berrinche; el ñor viendo tetas y culos en sus narices mientras, claro, le daba un mal ejemplo a su hijo.

Pasado un rato ambos se sentaron en la sala de espera. Nunca se dirigieron la palabra y él aprovechaba cada excusa que tenía, llamadas, para levantarse y alejarse.

Mi cabeza no podía dejar de hacer conjeturas acerca de cuántas amantes tenía el marido en cuestión, cuántas tipas se pagaba o levantaba en tables o cuántas vivían de su dinero MUCHO mejor que su esposa. En este caso no aplicaba para nada lo de catedral-vs-capillitas. Él estaba, obviamente, avergonzado de que ella estuviera siquiera cerca. Sad sad shit.

Siempre fue así de fea o se puso así con los años?, me pregunto; mi mayor interrongante es, todavía, qué sienten esos hombres al respecto de haber contribuido para convertir a una mujer en una bruja resentida y cómo ellas lo permitieron?
Son las abnegadas madres de sus hijos, claro, pero son mujeres también que han perdido todo brillo -y respeto a sí mismas, al parecer- en pos de… de qué?
Alguna vez debió ver en ella algo lo suficientemente valioso para desposarla, no? O una serie de talentos, una personalidad magnética y seductora… algo??
Sé que esta brujificación no sucede en todos los casos pero cuando sí, qué aplica?

Me sentí mal por él.
Me sentí mal en tono pena ajena porque yo no podría dormir pensando en que ayudé a destrozar y reducir a una mujer a ese grado y no hice nada al respecto para evitarlo… claro, menos podría dormir junto a ella sin necesitar drogas duras, o una imaginación de lo más plástica.

No entiendo esa dinámica, en serio; pienso en el karma negativo que genera, además de las consecuencias para los hijos y sus futuras generaciones. Ellos VEN que su padre no quiere a su madre, no la respeta, no la desea, no la soporta siquiera en las inmediaciones de su espacio y la humilla públicamente.

Por qué habrá personas que se sorprenden de la degradada imagen del matrimonio?
Like doh!

Alguien explíqueme.

Morfología de la espera

I’m waiting for the night to fall
When everything is bearable
And there in the still
All that you feel is tranquility ._

Este es un tratado filosófico de alcances mayúsculos que tiene como fuente solamente a mí (y al diccionario online de la RAE). Por lo anterior, ustedes tienen todo el derecho (y obligación, casi) de no estar de acuerdo en parte o absolutamente nada de lo que aquí se consigne. Estas reflexiones se tuvieron a la luz de (una posible sobredosis) diversas pastillas, en una noche febril de sueños igual de caóticos donde cayeron muchos veintes, pero no por eso dejó de ser catastrófica.

Estas son reflexiones acerca de la espera y sus consecuencias. De cómo, y por qué, muchas veces es poco recomendable enfrascarse en una espera como tal a pesar de que la paciencia se considera en nuestra sociedad como un rasgo deseable entre individuos, y de por qué conviene evaluarla previamente al compromiso.

Definamos conceptos, primero:

espera1.

1. f. Acción y efecto de esperar.

2. f. Plazo o término señalado por el juez para ejecutar algo; como presentar documentos.

3. f. Calma, paciencia, facultad de saberse contener y de no proceder sin reflexión. Tener espera. Ser hombre de espera.

Según reflexiones derivadas de la definición misma de la palabra, la espera tiene ciertas características:
a) depende de un plazo
b) exige paciencia
c) requiere saberse contener

¿Por qué esperas? Pues porque sabes que existe un plazo a cumplirse y que tu paciencia se verá recompensada al final de el mencionado periodo de tiempo, así que, mientras eso sucede, te contienes. Así, la gente espera, no sé, que le toque su turno en la fila del super, espera aviones, espera que le manden un documento para iniciar o terminar su trabajo, espera la hora de la salida de la oficina, espera llegar a casa y quitarse los zapatos. Todo exige paciencia y resistencia a la frustración pero la fe se sostiene porque se SABE a ciencia cierta que toda espera llega al plazo pactado y feliz término.

¿Qué si no, no hay plazo y estamos esperando y esperando sin saber muy bien qué hacer? Simple: no estamos esperando, estamos haciendo otra, u otras cosas:

anhelar.

(Del lat. anhel?re).

1. tr. Tener ansia o deseo vehemente de conseguir algo. Anhelar empleos, honras, dignidades.

Deso vehemente, eh? Analicemos qué es eso de desear.

desear.

(De deseo).

1. tr. Aspirar con vehemencia al conocimiento, posesión o disfrute de algo.

2. tr. Anhelar que acontezca o deje de acontecer algún suceso.

Pero por supuesto, no se puede desear sin aspirar, verdad?

aspirar.

(Del lat. aspir?re).

3. tr. Pretender o desear algún empleo, dignidad u otra cosa. Aspira a una vida mejor.

Como vemos, estos verbos son autoreferentes, es decir, se definen citándose entre sí. Como sea, podemos notar inmediatamente importantes diferencias con la espera que habrá que acomodar, esta vez usando palabras clave:

a) ansia
b) disfrute
c) posesión
d) suceso
e) pretensión

Ninguno de estos verbos implica o acepta la aplicación de un plazo, lo que indica que si anhela se hace un poco de manera deliberada y conciente de que ese disfrute de la posesión de algo/alguien muy probablemente nunca llegue porque aquello que anhelamos no está bajo nuestra jurisdicción, es decir, no se nos ha dado injerencia sobre ello; tenemos las manos atadas.
Anhelamos y ponemos nuestra fe en algo de la manera más pura y naïve existente: para que nos sorprenda si es que aquello sucede, se alcanza o se llega a poseer.

El problema aquí es el ansia; anhelar produce cierto desazón, provoca insatisfacción mientras el anhelo no se consigue, provoca frustración si el anhelo se ve cada vez más lejano porque, simplemente, no funcionamos en esa frecuencia. Los seres humanos somos egoístas por naturaleza, queremos acción, suceso, disfrute, si no inmediato, dentro de cierto plazo finito que, si bien será difícil de manejar, no nos producirá toda el ansia que nos traería simplemente anhelarlo, desearlo con vehemencia o aspirar a ello porque estos sentimientos son hábilmente permeados por nuestra paciencia (si es que tenemos la suficiente, ojo) mientras esperamos.

El ser humano espera. Espera porque las esperas son funcionales, porque se caracterizan por ser efímeras, cortas o largas pero al fin satisfechas.

Por otro lado, anhelamos trabajar en la NASA, ir de vacaciones al Congo, anhelamos sacarnos la lotería, ser talla 5, que los Lakers ganen en el juego de hoy, tener un Audi TT o, de jodido, un V6.
Vemos todos los días esos anhelos realizados para otros, vemos un chingo de Audis en la calle, vemos niñas talla cero, vemos jardines más bonitos que el nuestro y nos frustramos. Nos enfermamos un poco de pretender lo que el otro parece tener y a nosotros se nos ha negado, nos dejamos llevar por la envidia, y, por claro, las ansias.

No pensamos que aquellos otros anhelan cosas que tal vez nosotros tenemos… pero ese no es nuestro tema.

Regresando, el problema viene cuando una espera que parecía tener todo para calificar como una, tiempo y finalidad, un día se vuelve un anhelo, un deseo vehemente, una pretención que no podemos realizar porque depende de otro o de la voluntad de éstos. No tiene fin, no está garantizado de ninguna manera.

ansia.

(Del lat. anx?a, f. de anx?us, angustiado).

1. f. Congoja o fatiga que causa en el cuerpo inquietud o agitación violenta.

2. f. Angustia o aflicción del ánimo.

3. f. náusea.

La mejor manera de notar cuándo una espera se ha convertido en un anhelo es comenzar a sufrir la conjoja, la angustia y aflicciones del ánimo que este nuevo proceso de deseo nos ocasiona.

Reconozco que existen individuos a quienes eso del anhelo se les da super fácil: los creyentes, los que participan en partidos políticos, los que apuestan en las carreras, los que son fans de… no sé, Thalía. Esa habilidad de creer por creer que el objeto de tu deseo te será entregado solo por pretenderlo, o a través de méritos muy subjetivos, es algo que yo nunca me he caracterizado por tener. La fe es una cosa que en mi familia no se encuentra, somos la versión austera.

Bien, así, yo soy un ser que espera. Soy un ser que trabaja meritoriamente para que esa espera sea eso, tenga fin y circunstancia, posea un límite y sea la feliz meta de la aplicación de mi estoica paciencia. Cuando se ha quedado en que la circunstancia es de espera y se indica con un “dame chance, en unos 3 meses…” o “wey, espérate al finde” ya es territorio de la paciencia, de nuestra madurez, el ser efectivamente capaces de soportar la espera de satisfacción.

Espero las fiestas del Koko, espero mi viaje de cumpleaños, espero a que se acabe el año para ponerme mis pantuflas de peluche rosa, como también espero poder regresar a las clases de cocina y baile (porque son en agosto las reinscripciones). Deseo ver a mi hermano feliz y sano, anhelo que el próximo año no me quede sin trabajo, aspiro juntar suficiente dinero para, algún día, comprarme un 207CC; eso me da ansias, porque ya casi tengo 30, pero sé, también, que no está del todo en mis manos (o las tuyas) que eso se haga realidad.

Pero esto sí lo estaba, era una espera hace 6 meses y ayer, así nomás, se volvió un anhelo.
Yo estaba esperando porque acordamos que sería eso, un asunto de paciencia, no de simple fe.

Los anhelos no me van, exigen de mí tragarme el ansia, la angustia, la congoja, la náusea y la fatiga… y sabes qué? No quiero, porque me enferma física y anímicamente. Sobre todo, me han cambiado la moneda y ésta no la quiero aventar al aire a ver si el azar me lleva a feliz término.

Término. Termino.
Dejé de esperar. Porque me mata lentamente intentar hacer otra cosa.