Archive for feliz

I can cook

2320552679_5aa8722753.jpgAlgo que tengo muy presente en esta vida, en todo momento, es que mi deber inherente como ser humano es hacer algo con el -limitado- talento que tengo, disfrutar lo que soy, y dedicarme a ser infinitamente feliz; sonará poco filosófico pero creo que honrar a la creación es lo mío. Esta simple manera de pensar aún cuando es lógica y sin dobleces, suele tener detractores porque se me tacha de rayar en lo hedonista pero, bueno, no puedo impedirlo; mi naturaleza llama y yo la escucho en estéreo.

En este sentido, la frustración me pone mal, tengo como deporte soñar despierta, hablar sola, e imaginar que mis artistas favoritos son mis mejores amigos. Dice HB que lo nuestro es una rebeldía declarada contra la madurez; nos pasamos la vida en un mundo en el cual nos dedicamos a comparar tatuajes, viajar a lugares improbables y decidimos que pensar en nuestro próximo cumpleaños es una actividad dolorosísima. Aún así, yo no puedo quejarme, yo disfruto.

Estos últimos años me he dedicado a perseguir mis sueños uno por uno con diversos resultados, esto porque sigo sin ser asquerosamente millonaria. Lo anterior no debe decrecer el mérito de haberme graduado de hip hop dos veces y continuar bailando; las fotos de mi sala prueban más allá de toda duda lo feliz y orgullosa que estoy de hacer algo que probablemente se considere “poco intelectual”. A estas alturas de la vida, es mucho más factible que enmarque mi certificado de “aprobado satisfactoriamente” de la clase de baile que, por ejemplo, mi título de profesional. Y qué.

Mis alucinaciones diurnas muy seguido me hacen recordar a mi abuela entonando a todo pulmón, entre trompetas, contrabajos y trajes de charro, cuanta canción de José Alfredo Jiménez se sabía. Pienso en ella cuando reflexiono acerca de las cosas que me hacen feliz porque se parecen mucho a las suyas. Una vez que me da un reflector en la cara, B dice que me transformo; lo que creo es que el espíritu de María Eugenia me posee, más bien. No soy más que lo que mi abuela plantó en mí en tiempo récord, porque murió cuando yo tenía 12 años. Su ritmo interno sigue vivo aquí adentro y yo solo lo canalizo en medida de mis posibilidades.

Muy vívidos son también los recuerdos donde se balancea en la cocina entre cernidores y moldes de diferentes alturas siempre tarareando alguna canción, llevando el compás con los dedos. Mi abuela quería que yo fuera bailarina, cantante, música y que cocinara como los mejores, nunca vislumbró mi futuro como editora y erudita; tal vez ella tenía un punto. Me paró frente a su horno apenas pude detenerme por mí misma sin tocarlo y quemarme a ver cómo una rosca crecía, cómo las hojarascas se doraban, cómo se cristalizaba y casi desaparecía una cebolla en el gravy.

Luego hacía tés, infusiones y toda suerte de potajes aromáticos que dejaban la casa impregnada de laurel, a comino, por días enteros; también disfrutaba cuidando de su propia minihuerta de especias y cosechando higos, duraznos, mandarinas, manzanas, limones y aguacates, entre otras cosas, en nuestro patio trasero.

Ella era de tierra y la tierra le respondía cada que se le acercaba; yo planté un manzano una vez y nunca brotó. María Eugenia excavó exactamente en el mismo lugar, dejó caer las semillas y en menos de 6 meses un retador tronco con ramitas breves se levantaba con firmes raíces que siguen ahí después de 18 años. Era obvio que su intervención era necesaria para la creación de vida vegetal en el jardín y que mi papel era más bien contemplativo.

La idea de cambiar al mundo nunca se ha borrado de mi cabeza, y como dice Ana Pascal en Stranger than Fiction, recientemente he entendido que, solo tal vez, si voy a hacerlo no será en el Monterrey corporativo, la burocracia regia o por mis ideas transgresoras (que acaban dispersas en este blog), no:

“I decided If I was goint to make the world a better place, I would do it with cookies”

Eso.

Estos días he estado leyendo sobre personas que simplemente siguieron sus sueños sin importar nada más y sus inspiradoras historias me llegan; desde el chico filipino que acabó cantando en el Festival Viña del Mar con Journey después de que el guitarrista de la banda lo vio en YouTube, las audiciones de los bailarines de Ciara para su nuevo tour (que hacen que se me enchine la piel), y Diablo Cody, famosa por ser la única exstripper que ha ganado un Oscar a mejor guión original. Todos ellos tienen en común que siguen sus destinos y decidieron que cambiarían al mundo sin preocuparse por el cómo, explotando sus talentos, dejándose llevar y divirtiéndose mucho en el proceso.
My kind of people.

Pues bien; les comento que ha llegado ese momento en la vida en que puse manos a la obra: el sábado pasado tuve mi primera clase -intensiva- para obtener el título de técnico en gastronomía, o según dice el Chef, “master de cocina”. La carrera, de un año y medio de duración, contempla cocinas francesa, española, asiática, italiana, árabe, repostería y coctelería. Yo no puedo estar más feliz; mi abuela me estaría aplaudiendo por finalmente aceptar que vine a la tierra con un fin más trascendental que ser una blogger.

Qué tal “Chef P”?

Por lo pronto llevaré bitácora de mis avances -muy muy lentos gracias a mi incapacidad de pronunciar correctamente los cortes y platillos en francés- en mi nuevo blog llamado muy apropiadamente Can Can Cook, que es la celebración del colapso de todos mis anhelos en uno. B me hizo el banner y según el orden que le estoy dando, será como un curso de educación a distancia para todo aquel remotamente interesado en el tema. Es lindo e informativo y libre de sexo, ja.

El reto ahora es que mi nuevo giro de carrera coexista con el trabajo de tiempo completo, clase de baile, chambas de freelance, novia y una vida social de mediana intensidad por lo que puedo asegurarles que tendré muchísimo trabajo pero aún así encontraré (entre cacerolas y clases teóricas) tiempo para seguirles contando la historia.
Cualquier historia.

Como ésta, en la que yo decido cambiar el mundo de bocado en bocado, armada de galletas.
Besos acaramelados.

(fuente de foto)

Pornografías varias

Me encuentro en un momento de reflexión y replanteamiento de situaciones debido al inminente eclipse lunar cuyas consecuencias estaré sufriendo en cuanto ustedes lean esto. De regreso de Mérida desde anteayer, estas primeras horas en la ciudad han sido difíciles más que nada porque estaba acostumbrada desde la semana pasada a no hacer absolutamente nada que no incluyera mis actividades favoritas: comer-coger-dormir. Claro, apenas abordé el avión de regreso, las diversas obligaciones de mi persona se juntaron y cayeron sobre mi cabeza como alud sobre oso en hibernación: la renta, pago de mucama, súper, trabajo de freelance, los pagos de mil y una cosas, y que mi gata parece haber encontrado una mejor dueña con una tal Clarisa que vive en los departamentos atrás de mi casa, quien se ofreció a llevársela porque piensa mudarse en dos semanas; tuve que ir a rescatarla de un patio asqueroso hace media hora. Sin comentarios.

Por lo mismo, he estado suficientemente ocupada como para poder remembrar con la dulzura que se merece lo que fue mi viaje con B hacia tierras yucatecas porque me dañó. Ajá, me cimbró violentamente como para que les diga, de manera completamente honesta, que no sé en qué tono contárselos. Estoy ofuscada conmigo misma porque me veo imposibilitada de tornar siquiera ligeramente sexual, algo a lo que ustedes mis lectores deben estar correctamente acostumbrados, eventos como éstos:

  • caminar al lado de B con los pies descalzos sobre la arena tibia con todo y gaviotas flotando sobre nuestras cabezas: factor pornográfico? -8, la verdad era una escena para power point de cadenita con el título de “dios nos ama” pero pff!
  • enterarme que no sabe nadar: factor pornográfico? -7, eso es más bien alarmante, no?
  • visitar Uxmal y Kabah un domingo borracho de sol: factor pornográfico? -10
  • acabar completamente ebria y babear a B al dormir: factor pornográfico? -6
  • mi pequeña y hermosa cangreja de manta: factor pornográfico? -11
  • el delicioso chilmole en relleno negro: factor pornográfico? 1, lo de negro nos remonta a ciertas cosas, verdad?
  • el Garden Of Love, un chiste local vuelto realidad: factor pornográfico? 0
  • la cara de B al comer el primer bocado de su chile en nogada de san valentín: factor pornográfico? 5, algo dijo de “orgasmos” en ese momento y por sus gestos era fácil notar que no hablaba en sentido figurado.

Les decía, me parece difícil pornerarles (to porn? un verbo nuevo?) cosas como esas porque son realmente más tiernas y simples que perversas. Lo que sí podría de alguna manera subir de tono para su placer lector serían:

  • las fotos de B en el vestidor de la tienda en la calle 62: factor pornográfico? 8, verla cambiarse y fotografiarla fue muy divertido
  • la historia de sus cicatrices: factor pornográfico? 8, desde buscarlas por su cuerpo hasta conocer los detalles de cómo cada una llegó ahí…
  • nuestra cama en el cuarto Ta’an-Kab: factor pornográfico? 9, después de pasar en ellas tantos felices ratos, levantarnos tarde y hambrientas, y nuestras pequeñas celebraciones diarias, era obvio que éramos las huéspedes más relajadas y satisfechas de todo el establecimiento. El estado de nuestras sábanas era inevitablemente literal.

Sería posible, les digo, pero he decidido no hacerlo por simple respeto a los hechos como lo que fueron: un fin de semana íntimo, intenso y completamente relajante que demostró que en tierra de mayas se detiene el tiempo, se congelan los instantes y las escapadas de esta ciudad cruel y gris obtienen un nuevo sentido.

Descubrí que B y yo tenemos una sincronía maravillosa que es perfecta para viajar: a las dos nos da hambre al mismo tiempo, no andamos yendo al baño a cada rato, si digo que tengo calor ella asiente, si ella tiene sueño yo ya estoy adormilada, las dos nos emocionamos con el arte moderno con tintes sadomasoquistas (quién no?!) y si a ella se le antoja un helado yo estoy dispuesta a pagárselo con tal de verla sonreír. A pesar de que reconozco que las pequeñas sorpresas que le preparé luego no me salieron como quería porque olvidé ciertos detalles, tanto nuestros anfitriones como los pequeños tesoros en forma de restaurantes, librerías y cafeterías con las que tropezamos fueron sorpresas inesperadas que enriquecieron la historia.

Y es historia. Ahora me pregunto qué tanto de ella debería publicar acá porque ya no se trata de mí solamente y he estado, sin ella quererlo de entrada, embarrando a B. Era diferente cuando hablaba de Mr. E y sus machismos o de las veces que deseamos en conjunto (ustedes y yo, claro) que a mi ex se le cayera el pelo y le saliera caspa en las cejas. Esta vez no tiene el mismo tono porque ya no sé cómo dárselo sin meterme en cosas que a B le podrían doler, o molestar o parecer francamente morbosas de mi parte.

Difícil, eh?

Prometo ponerme pornográfica pronto. Mientras, no he recibido quejas. Creo…
Verdad?

Oh, girl…

me siento entre un me vale madre/I feel good/la vita è bella/oh la la!/
singing in the rain/cream-colored ponies and crisp apple strudels-
doorbells and sleigh bells and schnitzel with noodles…

b_cr.jpg
Mi juicio suele estar algo equivocado la mayoría de las ocasiones; tiendo a ver cosas donde no están, alucinarme y envolverme en situaciones que suelen llevarme a emitir resoluciones deliberadas y muchas veces erróneas. Eso, chistosamente, no me sucedió con B.

La conocí el 3 de agosto de 2007, por internet. Nuestra interacción inicial se basó en decirnos cosas como “Sí, estudié letras; se me nota mucho?” y ” Si, estudié artes.., ¿cómo adivinaste?”. El día 8, como soy una señorita, pregunté muy bien educadamente “ya será pertinente pedir tu teléfono?”; ella probó ser más señorita y no contestó la pregunta ni me lo dio. En el intercambio de datos se enteró que soy intolerante a la cafeína, que me gustan las películas poco doctas, que dejé a la mitad la maestría en Artes, que no puedo dormir más allá de las 9 y que me encanta cocinar.
Nuestros correos en aquella época, que ahora me parece remota, llegaban a ser 20 en promedio por día. Una de las primeras cosas que apuntó de mi persona fue “eres una bitch dices… tal vez… ¡la cara sí que la pones!” y a pesar de que le dije “te puedo hablar mucho más largo y tendido de mis clases de baile que sobre cualquier otra cosa en mi vida”, ella atinó a apuntar que detesta el hip hop pero le seguí hablando a pesar de eso y su “yo padezco de dislexia motriz, soy mala para bailar, MALA en verdad”. Una tarde le envié un sms que decía “dont you miss me?” y ella contestó “actually, i do”.

Yo tenía un presentimiento muy fuerte de que esa niña que me escribía mails con perfecta ortografía y nunca dejaba de despedirse cuando salía de trabajar iba a ser algo grande. Cuando finalmente quedamos para vernos en vivo (después de mails, chats y webcam), en el mail de confirmación escribí “Si el domingo parece que no, no lo dudes, sí, te estaré coqueteando!”. A ella le pareció en exceso directo pero de todas formas accedió a salir conmigo.

El 27 de agosto nos citamos en un café que resultó estar cerrado y sucedió también que ese día llovió muchísimo. Nos metimos al primer restaurant que vimos y platicamos de todo por espacio de 6 horas. Cuando nos despedimos la besé… y salí corriendo. Rectifiqué a los 15 minutos, la llamé y pregunté si podía quitarle otro rato de su tiempo (que ya no importan después de las 6 horas, claro) y dijo que sí.

Cuando llegué a su casa era media noche y ella estaba esperándome en la cochera. Se subió a mi coche y cuando preguntó que qué sucedía fui muy muy sincera: “vengo a besarte”. Exactamente eso hicimos por espacio de una hora y media, hasta que la lluvia afuera, el empañamiento de los vidrios y la obvia madrugada nos hizo regresar a la realidad. Hay algunas circunstancias de la vida que se vuelven imperativas y besarla en ese instante era una de ellas. Lo juro.

También fue por esas fechas que me enteré que B tenía novia desde hacía como 3 años. Mi reacción inicial fue de indiferencia pero eso cambio, y se complicó, cuando comencé a extrañarla, el 5 de septiembre. Para entonces ya habíamos pasado muchas horas juntas y era imposible considerar el interrumpirlas para pensar qué era lo que nos estaba pasando o por qué ella se aparecía a media noche, ebria, en mi puerta para besuquearme hasta altísimas horas de la madrugada. Me escribía mails en francés y me decía Donatienne porque le recordaba al Marqués de Sade. Nos comenzamos a relacionar más allá de lo que la palabra indica porque poco tiempo después me encontraba seguido oliendo su aroma en mi piel; así se inauguraron los derma-vús.

Ella se/me explicaba lo que sucedía con “Todo es tan encantadoramente extraño. No sé que más decirte, estoy como en plena metamorfosis.” A ambas nos estaba sucediendo.

El 10 de septiembre comenzamos a hacernos mutuamente felices. Creo que me enamoré de ella cuando escribió “Jamás pensé que llegara el día en que pudiera afirmar con absoluta certeza que estoy más buena que Britney Spears”.

El mismo día que le dije “te quiero” le pasé la dirección de este blog, donde yo ya venía hablando de ella desde hace rato, e hice mi update de Facebook a “in a relationship”. Desde que nos conocemos comemos juntas todos los viernes y nos despedimos por sms todas las noches. Era, finalmente, necesario que coincidiéramos después de haber vivido por 18 años a tres cuadras de distancia, trabajado para la misma empresa (en diferente piso), pasado un año compartiendo el mismo edificio en la escuela, y el hecho de que trabaja a dos cuadras de mi casa. Un mundo después, pudimos encontrarnos gracias al destino que se debe divertir mucho con nosotras porque, mínimo, hemos contado 16 oportunidades en las cuales pudimos tropezarnos y no sucedió.

Hemos llegado aquí probando, sobre todo, que las corazonadas no siempre están equivocadas.

Hoy B cumple años y estamos en Mérida celebrando con una botella cosecha 98. Tenemos tantas cosas que agradecer, que compartir, tanto amor que repartir, que incluso desde lo remoto del blog, comencé por dedicarle estas palabras como epílogo a la nueva etapa en su vida que, por ende, lo es para la mía también:

Felices, amor, y gracias por volver cada despertar una posibilidad más de sentirme viva y ser feliz.
Te quiero!

Eight days a week

Eight days a week
I love you
Eight days a week
Is not enough to show I care

Desde Octubre del año pasado llevo un calendario de todo el sexo que tengo. Sé que suena raro, pero simplemente pensé que tendría utilidad algún día para:

a) Probar coartadas si me acusan de algo
b) Ver gráficamente cómo va decayendo según entro en los 30’s
c) Ver los efectos de los ciclos hormonales míos y de B en nuestra vida sexual
d) Probar que tengo el apetito sexual de una hiena en celo
e) Dejar bien claro que estoy totalmente en la sintonía de “More Than Words” y “Sexual Eruption
f) Puro ocio
g) Morbo
h) Sentar precedente en organización sexual
i ) Todas las anteriores

Dice B que lo mío con el sexo es simple adicción a la adrenalina y dopamina; que soy una junkie. Lo mismo dice de mi otra adicción: el baile. Yo le contesto que eso es lo lógico de alguien a quien declararon “atleta de resistencia” cuando tenía 12 años. Resistencia, ajá, y multiorgásmica, peor.

El sexo, se ha probado, puede sacarme de depresiones, tratarme torceduras y -algias varias, quitarme el dolor de cabeza y despertarme con el mejor humor del mundo. En serio, no sé cómo es que mi cerebro procesa esas hormonas y neurotrasmisores pero reconozco que puede no ser normal.

Hay posibilidades.

Si consultamos la agenda notamos que mis números rondan en el promedio de 21 encuentros sexuales si tomamos, por ejemplo, un mes cualquiera como noviembre, donde no se dieron encerrones deliberados. Eso, en matemática rudimentaria, nos haría llegar a redondear cifras en alrededor de 300 orgasmos.
Pueba que I just canT get enough.
Nada mal.

Según mi concepción del mundo, no hay hora ni lugar ni momento poco propicio para el sexo. Pienso en él muy seguido, lo hago más, y tengo un blog que lo demuestra.
El sexo es, por mucho, el top 1 de experiencias lúdicas que se pueden tener (y compartir!) en esta vida.
Compartamos, entonces, nuestros Google Calendars, ja.

Hoy el mío dice que es 14 de febrero, el día rosa por excelencia, pero yo lo teñiré de amarillo porque, definitivamente me encontraré cosas más “atléticas” que hacer en Mérida que no van en el sentido de visitar las reliquias locales y comer mucha comida yucateca.

Eso les deseo este día y siempre: sexo, mucho sexo. No hay nada mejor para mantener los músculos y los conductos funcionando al 100%, previniendo infartos, aceitando los neurotransmisores y, sobre todo, aprendiendo a sorprenderse día tras día.

Los quiero. Que tengan un feliz día, tesoros y que esta felicidad se prolongue el resto de sus vidas.

Nomás.