Fathers 17 June 2007
No recuerdo cuándo, si alguna vez, festejé algo como el día del padre. Sé que si pasó no fue de manera consciente y debí oponerme mucho o ser amenazada fuertemente para haber accedido. No, esto no tiene que ver con ningún tipo de ideología anticonsumista o mi clásico grinchismo (navidad suxs!!), todo sentimiento adverso a la festividad es mucho más literal y obvio: yo no quiero a mi padre. Palabras fuertes.
El día de hoy, si el mundo fuera más perfecto y menos apestoso, estaría alistándome para ir a ver el basketball con mi hermano al Sierra Madre; habría un sexto juego de la final de la NBA mismo en el que, claro, estaríamos festejando cada movimiento que los Spurs hicieran hacia el aro.
No habrá sexto juego porque la serie la ganó San Antonio 4-0 el pasado jueves, por lo que no veré a mi hermano, a quien extraño mucho, ni habrá cerveza ni deditos de queso en la mesa hoy en la tarde; no más basketball hasta la próxima temporada… snif, un día del padre sin actividades divertidas. Así lo he pasado desde hace muchos años y es realmente irónico que relacione tan estrechamente el basketball (que me encanta!) con mi padre (a quien no quiero)… y que no sea la única.
Alguien solía defender a mi padre (conocido como "el que te dio el apellido y un cromosoma") porque nunca se lo había topado, hasta que la dejó hablando sola y con la mano extendida después de un "buenas tardes, señor". Ese hombre, que mi psiquiatra decía hubiera sido el "mejor padre ausente del mundo", no es sólo de los que no pueden expresar sus sentimientos sino tampoco suele dirigirle la palabra a sus hijos, para qué.
Mis años de basketbolista adolescente contaron con su ausencia a todo juego en el que yo participara, ley que se extendía a todo evento en el que tuviera cierta relevancia que continúa vigente hasta nuestros días: concursos, asambleas, premiaciones, bailables, todas las anteriores.
Mi hermano y yo le rogamos que nos llevara a ver a los Spurs y él siempre dijo que no. Creo que voluntariamente se jodió todas y cada una de las oportunidades de que sus hijos tuvieran un buen recuerdo que lo incluyera; así, no hay tales, lo que facilita muchos las cosas.
Como mucha de mi terapia rondaba este tema (mi padre) mi psiquiatra alguna vez me dijo que lo "invitara" a una de mis sesiones y cuando lo hice él dijo "pff!" y se fue; la misma reacción obtuve en otros momentos importantes de mi vida.
Las consecuencias son funestas y tengo que vivir con ellas porque soy incapaz de ver una película de Disney/Pixar sin llegar al llanto. Me fastidian especialmente aquéllas donde los padres hacen todo por sus hijos (cfr. Nemo), viscerversa (cfr. Robots), o donde los padres son un modelo a seguir (cfr. Los Increíbles); las familias felices me ponen mal. Lloro, en el cine o donde sea, y lloro mucho.
La dolorosa verdad es que odio a las niñas cuyos padres las quieren. Nunca entendí por qué a mí no, si además de linda siempre tuve los primeros lugares y esas cosas que hacen que los padres se sientan orgullosos.
Por otro lado, yo me había hecho una promesa hace un par de años: si lograba limpiarme de fármacos y otras muchas sustancias adictivas, pensaría seriamente en hablar con mi padre y, no sé qué aplique, trabajar en eso de "dejar ir los malos sentimientos" dado que no tengo otros en este caso.
Ahora que lo logré, pienso que siempre estuve convencida de que sería tan remotamente posible que no me preparé para tomar cartas en el asunto en realidad; ¿cómo perdonas a alguien después de 28 años?, ¿cómo te acercas en son de paz y te quedas a pesar de la indiferencia?.
Pensé en llamarle y desearte feliz día del padre, para empezar, pero algo me detiene. Que triste.





