Mamá 11 May 2008
Estos días han sido difíciles en más de un sentido. Por alguna razón que tiene que ver con mi negación a seguir en tratamiento, me la he pasado un poco más de 48 horas echada en la cama, leyendo posts de Google Reader y escuchando música mala. Me conozco, solo queda esperar a que mi cerebro se reactive por sí solo, pero mientras lo hace, cosas pasan en el resto del mundo, claro.
Por las razones anteriores, desde el viernes estuve entrando y saliendo de rachas de ira, de ansiedad, de abulia total. B comenzó a preocuparse cuando llegó el sábado y yo no me levanté antes de las 10 am; de hecho, no me levanté en general… en todo el día. Desconecté el teléfono, el timbre y cerré todas las puertas: odio a todos, declaré.
Cuando ella llegó, como a las 2 de la tarde, yo estaba adormilada, lagrimeante, sobre la cama revuelta; me abrazó y me solté llorando; lo bueno es que ella entiende de estas cosas y en lugar de preguntar “qué te pasa?” dice “va a pasar, amor”. Me preguntó que si ya le había llamado a mi madre para felicitarla, dije que no.
El día anterior habíamos tenidos un altercado; como siempre, ella llamó quejándose de mi hermano… y eso hizo por 20 minutos casi sin tomar aire; en ese momento me pareció lo más adecuado decirle que dejara de meterse en la vida de sus hijos y que se dedicara a vivir el resto de la suya. No sé, así reacciono a esos “… es que yo ya me voy a morirrr” que me suenan tan cliché y de hueva.
Me enojé, lo reconozco, y le dije que mejor supiera morirse, que yo no tengo intención de arreglar lo que ella se encargó de desarreglar; la mejor parte fue “… así que en un mes hablamos para ver asuntos de testamento, de entierro, de especificaciones en caso de muerte cerebral, etc, ok?”. Ella dijo que no me preocupara, y colgamos.
B, como siempre, dijo que se me había pasado la mano y que había maneras de tocar esos temas sin sonar así. Bueno, yo estaba hipersensible.
Les decía, llegó el sábado y yo lo ocupé por completo en no hacer nada, tristear y ahogarme de calor. Ella regresó como a las 10 de la noche después de los múltiples eventos que de Día de las Madres se llevan a cabo en su casa… cosas que yo no llego ni a imaginar “y nunca entenderías”. No, nunca los entendería porque en mi familia esas cosas no solo no se celebran, sino que son hasta chocantes. En ese momento me puse a llorar de nuevo porque me cayó sobre la cabeza lo radical y esencialmente diferentes que somos B y yo: todo lo que nos formó, todas nuestras experiencias, todo lo que sabemos del mundo como tal es diferente… no entiendo cómo es que estamos juntas.
Me abrazó, dijo que no era tan desastroso y se echó a mi lado.
Hoy amanecí menos blue, más hambrienta y a hora decente. Me preparé un tazón enorme de avena y apapaché a mis gatos. Me lavé la cara y me puse a leer las noticias.
Lo que encontré, y posteriores reflexiones, me hizo sentarme a escribir esto. Tal vez yo no entienda nada, mi familia sea cualquier cosa menos perfecta y feliz, me pueda pasar 48 horas sobre la cama sin que nadie llame, y no felicite a nadie el Día de las Madres, pero no soy mala, en serio.
Ahora, domingo 11, un día tarde, me arrepiento un poco de mis recientes acciones, y de muchas otras que tienen que ver con éstas. Tengo algo que decir.
Dolores:
No te llamé el Día de las Madres, imagino que lo notaste. No lo hice porque no quería que te dieras cuenta que me sentía mal, que estaba triste, y amenazaras con venir a mi casa; tiendes a ser bien metiche. B dice que lo hubieras hecho porque te preocupas por mí, así que no quise arriesgarme, lo siento. También lamento el nunca referirme a ti como mamá cuando me pariste y hay pruebas de ello; sé que tu psiquiatra se lo preguntaba. Por otro lado, quiero agradecerte mucho el que me quieras a pesar de todo lo que he hecho y haré, de quien soy y a pesar de que resulté, muy obviamente, no ser quien tú esperabas que fuera.
Agradezco que cuando salí del clóset te hayas echado la culpa un poco y hayas dicho cosas por miedo de las que sé que te arrepientes, pero que nunca se te cruzó por la cabeza el que hubiera algo malo en mí que se tuviera que arreglar con carácter de urgente. Agradezco que no me pusiste en manos de fundamentalistas para que me quitaran lo gay, ni te avergonzaste de mí, ni me apuñalaste por enamorarme de quien no debía. Algunas veces pienso que lo merecía, por esas y muchas otras circunstancias, pero nunca lo hiciste. Imagino que te aguantaste mucho las ganas de encerrarme en mi cuarto y perder la llave para siempre.
Sé que si soy fuerte hoy es porque tú me apoyaste entonces, lo haces ahora y lo harás mañana incluso si lo que emprendo o lo que decido no te parece adecuado. Eres la única que ya no se sorprende si salgo con cosas como “quiero ser chef”, “me voy a Londres a un concierto” o “me puse otro piercing!”
Entre otros temas, te perdono por haberme puesto un nombre feo y, para colmo, con raíces hebreas. Tengo muchas más cosas qué agradecerte como para que valga la pena detenerse en esos detalles.
Espero la hayas pasado bien.
Te quiero.
PD: Tú ganas, te compraré otro celular que escogerás por color y tendrá demasiada tecnología para tus necesidades. Sé que me costará muy caro pero te hará feliz; ahí me avisas ahora cuál se te da la gana.




