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Hell = other people

It’s all lived inward,
but I’m the one who’s turned,
I guess you broke the spell.
Hell is other people.
To Hell with other people.-

Es difícil hacerse responsable de las propias acciones cuando se involucra a tanta gente en situaciones tan variadas. Es difícil, además, hacerlo sabiendo que ellos, y ustedes, leen este blog esperando encontar la cruda verdad acerca de… de todo, realmente. Los ecos de estas palabras se vuelven imposibles de contener una vez que llegan a los ojos de aquell@s involucrados mi vida, bastante complicada recientemente.

Mantener el tono despreocupado que una vez caracterizó a este blog se ha vuelto casi imposible; soy consciente de las repercusiones de mi propia exposición pero no sé muy bien qué hacer con la de ell@s, las personas que quiero y a pesar de todo este vórtex me acompañan día a día, algun@s más lejos que otros, pero siempre presentes. Nunca aprendí, porque no lo creí necesario, a escribir de mi vida sin involucrar la integridad o sentimientos de otro que no la debe ni la teme.

He hecho daño, lo sé, porque me lo han dicho. Cosas como “por qué escribiste eso?!, no es cierto! es tu versión de las cosas!” o “ese post me puso muy triste” las he escuchado más de una vez. Sí, todas estas palabras son mi versión de las cosas y, creo, así debe ser porque esta es mi perspectiva y conclusiones acerca de lo que me sucede, lo que me duele, lo que decido contarles y, un poco sin pensarlo, sé que los hago partícipes en esto. Es mi blog, finalmente.

Esa es una apuesta que muchas veces pierdo porque en toda esta exposición - catártica, claro- soy infinitamente vulnerable; estoy semi desnuda frente a ustedes, que según mis gráficas, están regados por todo el mundo. Saben muchas cosas que a veces yo no recuerdo y por eso escribo, mi diario en línea, éste, dejó de ser privado hace mucho tiempo.

Aquí hay de todo, cosas chuscas, patéticas, crudas, medias porno. Cubren periodos muy importantes en mi vida y explican, muchas veces a mí misma, cómo ha evolucionado mi personalidad y padecimientos. Los que leen con cuidado pueden graficar mis estados de ánimo: un día festivo, al otro completamente miserable. Estos textos comenzaron hace años como un ejercicio dirigido a mi entonces psiquiatra quien con la intención de entender más fehacientemente mi rampante bipolaridad, recopilaba información sacándola de mis mismas palabras.

Pero esto dejó de ser acerca de mí en específico y comenzó a afectar puntos de mi vida muy preciados, frágiles también, que he venido padeciendo recientemente.
Gente con la que me involucro inmediatamente dice “pero no vayas a bloggear esto, ok?!”, y me hace prometer sobre mi libro de Kylie que todo será offrecord.

Soy una bocafloja y eso me cuesta; me cuesta haber perdido para siempre una gran parte de mi vida privada al haberla hecho pública, me cuesta haber tenido que pedir perdón más de una vez - sin obtenerlo, en ocasiones-, me cuesta saber que de ahora en adelante nada de lo que ustedes lean será inocuo. Quería comentárselos. No quiero comenzar a lanzar cosas con la leyenda de “this post is private”; a quién engaño, nada lo es.

Es por eso que mis palabras últimamente han salido a cuentagotas; aquí está mi corazón y allá afuera los ojos de quienes lo hacen latir fuerte, despacio, o desordenadamente.

Tengo que ser honesta conmigo misma: no me puedo quejar de algo que deliberadamente decidí y se me ha salido de las manos lenta y dolorosamente. Nadie me obligó a publicar cosas que resultaron ser grandísimas fuentes de problemas, nadie me puso una pistola en la cabeza.

La privacidad que tengo es la que me queda y la que merezco; claro, no la que necesito o deseo, pero es un poco tarde para intentar recuperarla.

También hice que varias personas perdieran la suya sin respetar lo valiosa que ésta es.

Lo sé. Lo siento.

Heartbeats

Ten days of perfect tunes
The colours red and blue
We had a promise made
We were in love.-

7, ese es mi número de anillo. Este dato completamente informativo lo aprendí a los 20, cuando el primero llegó a mi dedo; éste en el que parecen entrar y salir anillos de cualquier procedencia. Diez años han pasado y algo me dice que este dedo no está hecho para conservar ningún anillo a pesar de que sea número 7, esté grabado o sea de platino.

Bodas, esos eventos tan extraños que yo siempre he visto con particular sospecha y, más que nada, escepticismo y cinismo. Esos eventos donde cientos de personas son testigos de la apuesta, el volado, de una pareja que intentará, en el más honesto de los casos, no hacerse la vida miserable mutuamente. Luego llegan las deudas, los hijos, los reproches, pero bueno, estamos hablando de la boda, no nos adelantemos. Ese momento debería ser nombrado el más naïve de la vida.

Como dice mi madre, “tú no tienes para cuándo” y ese cuándo es global, asincrónico, retórico-literal y totalizante. Según ella no tengo para cuándo sentar cabeza, para cuándo dejar de ir a conciertos, para cuándo decidirme a comprar una casa, para cuándo tomarme en serio esto de la vida y comenzar a pensar para cuándo/cómo compartirla. Ella está resignada, dice que muy probablemente morirá antes de verme “con alguien”; sí, ya no le interesa siquiera el género de esa hipotética persona, sino que simplemente esté conmigo, lo que sea que eso signifique, las circunstancias son irrelevantes.

Yo, por supuesto, me la paso decepcionándola y dándole falsas esperanzas. El destino se ha ensañado con sus expectativas, queda claro.

Tomemos el caso de un amigo que se enamoró profundamente este pasado fin de semana, según él. Para borrar dudas, recibió un email que literalmente le confirma que el otro involucrado también está en estado de embelesamiento; va así:

You are sleeping as I type this e-mail to you, and I could not be any happier right now.  I had a fantastic weekend with you, and ask God that he allow me many more with you.  You are an amazing man, so talented, and I am thankful that I met you. I enjoyed holding you tight this weekend as I looked into your eyes and then kissed you for what seemed like an eternity.

Awww. Lindo, eh?
La preocupación del receptor es más terrenal: “no se que hacer…. soy MALISIMNO PARA REGRESAR LA MIEL!”

Es la mala administración de miel la que ahora me trae a ustedes. La mía tiene características especiales que creo que la hacen más similar a la cera por sus propiedades de solidificación. Mi miel una vez que te embarra, tenderá a detener tu vida, a congelarte en un momento, hasta que yo misma diga “esto no nos lleva a ninguna parte” (doh!) y decida liberarte.
Mi miel es una trampa mortal. Mi miel no es dulce, ni del todo cristalina; pero es rara y preciada.

Así, bien, ésta no me ha llevado -permitido- conservar ninguna propuesta de matrimonio desde aquella primera que yo firmemente decliné diciendo que “me falta mucho por vivir”. No me arrepiento, efectivamente me dediqué a hacerlo, me nutrí y las experiencias que con el tiempo he coleccionado, son invaluables.

Mi dedo sigue sin un anillo del número 7 pero algo ha cambiado radicalmente en los últimos tiempos. No, no tengo ninguna certeza inamovible ni desesperación por pararme en un altar a recitar como merolico textos que no significan nada para mí. Ni siquiera hablemos de boda como tal sino de un verdadero compromiso espontáneo.

Hoy estoy convencida de que llegado el para cuándo seré capaz de redactar unos votos tan arrebatadoramente intensos que le cerrarán la garganta a quien los escuche; harán que el cielo llore; harán que se derrita la cera. Ahora sí estoy lista para agradecer, para valorar, para respetar, para apoyar pase lo que pase; estoy lista porque sé lo que significa y lo trascendente que esto es. Haré mención especial a tod@s aquell@s que me enseñaron cosas sin saberlo, diré que l@s amé si es que no se los dije nunca, entonces había algo en mí que no acababa de fraguar. Daré las gracias a quienes me soportaron en el camino hasta ese punto y me sonrojaré como niña frente a quien haya podido, una vez por todas, lograr que detuviera mi carrera frenética hacia alguna parte, para verl@ a los ojos mientras digo esas palabras con todas sus letras.

La bipolaridad es fatídica para las emociones -propias y ajenas- porque son las que más sufren de esos altibajos que, en mi caso, parecen más bien apagones. Incluso algo fundida, como estoy, no pierdo la esperanza de llegar a un cuándo donde el miedo no solidifique la miel, todo fluya y me pierda en esos ojos como la primera, la segunda, la vez número doce millones… y el concepto de para siempre suene lejanamente posible, no un anhelo simple sin fundamentos. Sé que soy capaz.

Entonces podré decir que la vida se me fue en el momento en que “I looked into your eyes and then kissed you for what seemed like an eternity”.

Ahora solo me queda recordar que yo estuve ahí en cuerpo y alma; efectivamente, we were in love.

The best slave

The best slave
does not need to be beaten.
She beats herself.

Not with a leather whip,
or with stick or twigs,
not with a blackjack
or a billyclub,
but with the fine whip
of her own tongue
& the subtle beating
of her mind
against her mind
.- E.Jong

La obra de Erica Jong siempre me ha sorprendido por la fuerza y falta de sutileza de sus palabras; su tono es de crudeza confrontacional sin reparos. Mi poema favorito, Alcestis on the Poetry Circuit, define periodos intensísimos en mi vida y prueba que existen ciclos porque en momentos como éste regreso a leerlo para encontrar que a pesar de años, sigue aplicándome a la perfección.

Esa es la razón de mi silencio reciente. He estado ocupada dándome de golpes, cayendo sin rebotar, dudando de mis capacidades generales y específicas, siendo injusta conmigo misma; ya saben, entrenándome como la mejor esclava.

Me creé una situación de bondage sin necesidad de cuerdas y las sufro psicológicamente porque constriñen mi torso y no me permiten respirar más que lo necesario para seguir viva. Privada de reflejos, de luces, me siento indefensa y confundida. Suspendida en una jaula sin suelo, desnuda en un cuarto helado, deshidratada y dolorida por el esfuerzo de sostener mi cuerpo muerto sobre un alambre; esa es la descripción de mi aquí-ahora.

Vivo las consecuencias de mis propias decisiones, unas que no me fueron impuestas por absolutamente nadie y a pesar de ello me construyeron espontáneamente un infierno en la tierra. En cuestión de meses. Sin mayor esfuerzo.

Reconozco que me asusta lo necesarias que me son las cuerdas, las cadenas, los límites, las prohibiciones y el roce que quema, duele y asfixia: si mi cuerpo no lo tiene, mi mente lo recrea para mí sin dificultad alguna.
Pero es claro que nadie sería capaz de ser tan cruel y despiadado. Nadie conoce mejor mis debilidades y aquello que me lastima y me quiebra. Nadie me haría daño tan profundamente. Nadie me odia así. Nadie como mí misma.

Esa es la definición de la mejor esclava: la que sufre sus propios talentos al límite del suicidio, uno poético y doliente, imposible de ser replicado o imaginado por alguien más, en un frenesí de desesperación desorbitada porque, por primera vez en mucho tiempo, se ahoga desesperadamente en una absoluta e irrefrenable libertad.

Libertad. Eso es algo de lo que huye aterrorizada. Eso es algo que la mejor esclava no sabe manejar y no puede soportar.

Eso siempre se ha sabido.
He aquí el resultado.

Mamá

Estos días han sido difíciles en más de un sentido. Por alguna razón que tiene que ver con mi negación a seguir en tratamiento, me la he pasado un poco más de 48 horas echada en la cama, leyendo posts de Google Reader y escuchando música mala. Me conozco, solo queda esperar a que mi cerebro se reactive por sí solo, pero mientras lo hace, cosas pasan en el resto del mundo, claro.

Por las razones anteriores, desde el viernes estuve entrando y saliendo de rachas de ira, de ansiedad, de abulia total. B comenzó a preocuparse cuando llegó el sábado y yo no me levanté antes de las 10 am; de hecho, no me levanté en general… en todo el día. Desconecté el teléfono, el timbre y cerré todas las puertas: odio a todos, declaré.

Cuando ella llegó, como a las 2 de la tarde, yo estaba adormilada, lagrimeante, sobre la cama revuelta; me abrazó y me solté llorando; lo bueno es que ella entiende de estas cosas y en lugar de preguntar “qué te pasa?” dice “va a pasar, amor”. Me preguntó que si ya le había llamado a mi madre para felicitarla, dije que no.

El día anterior habíamos tenidos un altercado; como siempre, ella llamó quejándose de mi hermano… y eso hizo por 20 minutos casi sin tomar aire; en ese momento me pareció lo más adecuado decirle que dejara de meterse en la vida de sus hijos y que se dedicara a vivir el resto de la suya. No sé, así reacciono a esos “… es que yo ya me voy a morirrr” que me suenan tan cliché y de hueva.

Me enojé, lo reconozco, y le dije que mejor supiera morirse, que yo no tengo intención de arreglar lo que ella se encargó de desarreglar; la mejor parte fue “… así que en un mes hablamos para ver asuntos de testamento, de entierro, de especificaciones en caso de muerte cerebral, etc, ok?”. Ella dijo que no me preocupara, y colgamos.

B, como siempre, dijo que se me había pasado la mano y que había maneras de tocar esos temas sin sonar así. Bueno, yo estaba hipersensible.

Les decía, llegó el sábado y yo lo ocupé por completo en no hacer nada, tristear y ahogarme de calor. Ella regresó como a las 10 de la noche después de los múltiples eventos que de Día de las Madres se llevan a cabo en su casa… cosas que yo no llego ni a imaginar “y nunca entenderías”. No, nunca los entendería porque en mi familia esas cosas no solo no se celebran, sino que son hasta chocantes. En ese momento me puse a llorar de nuevo porque me cayó sobre la cabeza lo radical y esencialmente diferentes que somos B y yo: todo lo que nos formó, todas nuestras experiencias, todo lo que sabemos del mundo como tal es diferente… no entiendo cómo es que estamos juntas.
Me abrazó, dijo que no era tan desastroso y se echó a mi lado.

Hoy amanecí menos blue, más hambrienta y a hora decente. Me preparé un tazón enorme de avena y apapaché a mis gatos. Me lavé la cara y me puse a leer las noticias.

Lo que encontré, y posteriores reflexiones, me hizo sentarme a escribir esto. Tal vez yo no entienda nada, mi familia sea cualquier cosa menos perfecta y feliz, me pueda pasar 48 horas sobre la cama sin que nadie llame, y no felicite a nadie el Día de las Madres, pero no soy mala, en serio.

Ahora, domingo 11, un día tarde, me arrepiento un poco de mis recientes acciones, y de muchas otras que tienen que ver con éstas. Tengo algo que decir.

Dolores:

No te llamé el Día de las Madres, imagino que lo notaste. No lo hice porque no quería que te dieras cuenta que me sentía mal, que estaba triste, y amenazaras con venir a mi casa; tiendes a ser bien metiche. B dice que lo hubieras hecho porque te preocupas por mí, así que no quise arriesgarme, lo siento. También lamento el nunca referirme a ti como mamá cuando me pariste y hay pruebas de ello; sé que tu psiquiatra se lo preguntaba. Por otro lado, quiero agradecerte mucho el que me quieras a pesar de todo lo que he hecho y haré, de quien soy y a pesar de que resulté, muy obviamente, no ser quien tú esperabas que fuera.
Agradezco que cuando salí del clóset te hayas echado la culpa un poco y hayas dicho cosas por miedo de las que sé que te arrepientes, pero que nunca se te cruzó por la cabeza el que hubiera algo malo en mí que se tuviera que arreglar con carácter de urgente. Agradezco que no me pusiste en manos de fundamentalistas para que me quitaran lo gay, ni te avergonzaste de mí, ni me apuñalaste por enamorarme de quien no debía. Algunas veces pienso que lo merecía, por esas y muchas otras circunstancias, pero nunca lo hiciste. Imagino que te aguantaste mucho las ganas de encerrarme en mi cuarto y perder la llave para siempre.
Sé que si soy fuerte hoy es porque tú me apoyaste entonces, lo haces ahora y lo harás mañana incluso si lo que emprendo o lo que decido no te parece adecuado. Eres la única que ya no se sorprende si salgo con cosas como “quiero ser chef”, “me voy a Londres a un concierto” o “me puse otro piercing!”
Entre otros temas, te perdono por haberme puesto un nombre feo y, para colmo, con raíces hebreas. Tengo muchas más cosas qué agradecerte como para que valga la pena detenerse en esos detalles.
Espero la hayas pasado bien.
Te quiero.

PD: Tú ganas, te compraré otro celular que escogerás por color y tendrá demasiada tecnología para tus necesidades. Sé que me costará muy caro pero te hará feliz; ahí me avisas ahora cuál se te da la gana.