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Running up

“C’mon, baby, c’mon darling,
Let me steal this moment from you now.
C’mon, angel, c’mon, c’mon, darling,
Let’s exchange the experience”

Una de las cosas que se aprenden según se adquiere experiencia (de todo tipo) es, precisamente, que la experiencia no se compra y es una de esas cosas que se tienen o no, punto.

Cuando tenía 19 años entré a trabajar a una empresa dedicada a medios, sistemas y cosas de web (entonces, en ciernes). Era la editora de una sección del portal corporativo por lo que entre mis actividades se incluía el estar en contacto con la gente de ingeniería de sistemas. El jefe de este departamento, RC, era un sueño hecho realidad. Nos conocimos un día en una junta, porque no trataba asuntos con él directamente, cuando nuestros mouses (¿?) chocaron; estábamos sentados codo con codo en una sala helada a la que llamábamos “la pecera”, sala que se caracterizaba por tener paredes de cristal. Esa tarde había unas 30 personas en esa junta que era más bien un asunto de lluvia de ideas donde, extrañamente, se me requirió.

RC tenía entonces 34 años y era un ejecutivo que pensaba en números, fórmulas y  diagramas; de esos geeks consumados que lejos de su computadora se ven indefensos e impotentes. Pasaron las semanas y yo estaba completamente deprimida porque su oficina quedaba literalmente al otro lado del edificio. Cuando se me dieron órdenes de reportar no sé qué cosa al señor RC directamente me dio un vuelco el corazón; había que darlo de alta en el ICQ. !!!!! Ese mismo día en la tarde me presenté por ese medio, expliqué mi situación y que tenía que contestarte cualquier duda al respecto de X cuando él me dijo: “claro, la chica del mouse!”. Wow.

Como lo mío son las palabras (no shit) comenzamos a platicar cada día más y más; obviamente, fui sutilmente dirigiendo las conversaciones a mi antojo mismas que fueron poniéndose más personales hasta que un día:

RC 10:59 hola guapa, a que hora vas por el pan?? ;)
MP 11:00 a la hora que me lo ordenes

En cuestión de meses ya todo rayaba en lo pornográfico. Yo, honestamente, ya ni trabajar podía de estar leyendo esas cosas.

RC 4:47 p.m. te empezaria a besar en la boca, moviendome hacia el cuello y llegando tus tetas. Las besaría y mordería…  estarias ya humeda… te besaria con todas las ganas que te puedas imaginar
MP 4:51 p.m. y luego… me pones contra una pared?
(…)
MP 5:38 p.m. me masturbaría y no podrías tocarme
RC 5:38 p.m. eso me volveria loco

Pasábamos días enteros describiendo lo que nos haríamos mutuamente, en qué orden y con qué frecuencia. Fue entonces que comenzaron los encuentros por lugares random: “te veo en la copiadora”, “vamos a la cocina”, “en la bodega, ahora!”; ya era tantísima la tensión sexual que lo mínimo que podíamos hacer era escondernos por 10 minutos a besuquearnos y manosearnos con ugencia. Aquello era descomunal, imparable. El señor RC me desquiciaba de lujuria, yo quería saltarle encima y cogérmelo la eternidad completa… dudo que su esposa estuviera muy de acuerdo.

Nunca tuvimos sexo como yo hubiera querido; a lo mucho que llegamos fue a actuar mi fantasía de ser cogida en el estacionamiento, una que estuvimos ensayando y describiendo por messenger un par de semanas.
Una noche yo dije “ahora”, apagué mi computadora y caminé hacia la puerta principal. Él, cuya oficina quedaba mucho más cerca de la salida que la mía, estaba esperándome en las escaleras que llevaban al estacionamiento del sótano. Bajé el último escalón y sentí cómo me jaló violentamente; mi bolsa cayó al suelo. Comenzamos a besarnos como si no hubiera mañana. Recuerdo sus manos debajo de mi blusa, las mías en su espalda… que me colgué de su cuello y casi le arranco el saco. Esa escena propia de un apareamiento de reservación animal en África fue interrumpida por una luz que pareció más cercana de lo que era.

Creo que lo dejé tan tan caliente que tuve la culpa de que dos meses después me dijera que su esposa estaba embarazada y que “lo nuestro” debería terminar. Fue horrible. Sentí que todo perdía sentido: mis blusas escotadas, mi piercing en la lengua, todo lo conocido y por conocer.

Efectivamente, yo estaba ahí el día que anunció que era padre y su primogénito había llegado a este mundo.

Nunca lo olvidé. Desde entonces, tengo algo muy muy fuerte con los hombres mayores; simplemente me fascinan y la cosa se compensa cuando se dan cuenta que a pesar de la diferencia de edades tengo toda la experiencia que ellos desearían para sí mismos.

Les reitero una vez más que lo que leyeron arriba fue escrito hace once años por una niña de 19, a un hombre de 34.

Siempre se malentiende este punto. Cuando se sabe de un “hombre mayor” que anda por ahí haciendo cochinadas con una “jovencita” se le tacha de asaltacunas, viejo rabo verde, pervertidor de menores, lo peor de lo peor. Pocas veces se llega a la conclusión, usualmente atinada, que son las jovencitas las que los buscan, porque esa experiencia, ese aire de altanería y una madurez que se demuestra con trajes de diseñador, es la cosa más excitante de la tierra.

Para mí, 10, 14, 18 años no son nada y son todo al mismo tiempo. Son la posibilidad de algo pasajero o completamente perenne; aún guardo las conversaciones con RC para recordar cómo era aquella sensación volcánica de saber que él viene desde el otro lado del edificio con el único propósito de meter la mano en mi escote.

Esas son las cosas de la vida que te hacen desear estar del otro lado, y chupar cada recoveco en busca de experiencias que esos hombres emanan a través de sus corbatas y aire de autosuficiencia.

RC me necesitaba para que su experiencia tuviera sentido. Nunca pude decirle que le agradezco cada gota imaginaria de su saliva sobre mí y que éstas se tradujeron en palabras hoy convertidas en un blog en el que me mastrubo sin que nadie pueda tocarme.

Acción y efecto de romper

See I know what we got to do
You let go and I’ll let go too
‘Cause no one’s hurt me more than you
And no one ever will.-

Es oficial, tengo las credenciales necesarias para comenzar a esbozar la “Guía infalible para una Efectiva y Total Ruptura de Corazón”. Además, creo que tendrá dos volúmenes y varias reeimpresiones.

Los capítulos serán (todavía no decido si en orden de evento o importancia):

  • Conozca a su alma gemela. En éste se expondrán las maneras, razones y consecuencias. Esa persona, en todos los casos conocidos y confiando en la ley de Murphy, declinará su oferta amorosa y usted tendrá el corazón roto.
  • Reencuéntrese con un antiguo amor. Se le habrá olvidado por qué cortaron y las barbaridades que se dijeron. Intente tener una relación, volverá a no funcionar y usted tendrá el corazón roto.
  • Involúcrese con alguien con el firme pensamiento de que “mi amor l@ va a cambiar”. Habrá de comportarse de manera tolerante y querendona hasta el insante en que se de cuenta que no solo no cambia, sino que se duerme en sus laureles esperando atenciones o abusando de su enormísima abnegación; usted tendrá el corazón roto.
  • Tenga un amor platónico. Sueñe con su objeto del deseo, imagínese las tardes juntos retozando en el pasto fresco, tenga hijos hipotéticos; en el momento en que le llegue la invitación de boda con OTRA, usted tendrá el corazón roto.
  • Enamórese perdidamente de su mejor amigo gay. Esto no necesita explicación.
  • Tenga un@ novi@ a larga distancia. Desespérese pensando en la distancia y los bellos momentos de abrazos y besitos que se está perdiendo. Vuélvase un poco loco, llore mucho, alguien se dará por vencido y usted, tendrá el corazón roto.
  • Enamórese de un homofóbico/racista/clasista/drogadicto/hippie/cirquero/loco de doble personalidad. No entenderá nada, se enfrascará en discusiones sin fin que no llegarán a ningún punto, usted se decepcionará de la vida y todos los seres humanos sin distinción, jurará ser célibe y, tendrá el corazón roto.
  • Encuentre su pareja ideal, el hombre de sus sueños, la mujer de sus fantasías… que esté casado. Años de zozobra están asegurados y usted, tarde o temprano, tendrá el corazón roto.
  • Enamórese de alguien cuya cuenta primaria de email sea @hotmail.com
  • Enamórese. Una consecuencia inequívoca será una ruptura de corazón.

Sé que por ahora se me están pasando algunos pero mi cabeza no da para más porque, claro, ahora mismo tengo el corazón roto y eso no es nada bueno para la creatividad, cosa más o menos necesaria si tienes un blog por el que das un cacahuate (i love you, blog)

Así que no los voy a abandonar, pero sí dejaré de postear cosas imposibles de entender o super específicas que tampoco tienen mucho sentido. Recibí puntualmente sus comentarios de “huh?!”, gracias por hacérmelo notar.

Por otro lado, los invito a celebrar conmigo el haber superado la tendencia de tener el corazón roto por ahí de julio-agosto; ahora fue octubre, y eso del otoño viene más al caso con las lagrimitas escurridas que en pleno sol veraniego están totalmente fuera de lugar.

También he notado que cuando lo anuncio me sale menos poético, creo que a fuerza de rupturas a una se le acaban las palabras rimbombantes y se queda medio pasmada frente al hecho de que, carajo, volvió a suceder. 

Reset emocional. Hiato. Silencio.

Paperback writer

It’s a thousand pages, give or take a few
I’ll be writing more in a week or two

Al random y a la carrera les puedo contar que lo del trabajo se me ha salido un poco de control. Qué digo un poco, ya no tengo horario de apertura/cierre y mi madre argumenta que no me ha visto desde marzo. Llevo un par de semanas donde, a pesar de morirme de las ganas de bloguear cuanta tontería se me ocurre (que son muchas), corro de la oficina a la casa a conectarme a otro servidor ftp, a revisar otros textos, a corregir otras barbaridades que atentan contra mi humor.

Es que mientras el mundo siga escribiendo como si nuestra comunicación social se basara todavía en pinturas rupestres (y algunas son lindas), yo seguiré teniendo trabajo y probablemente éste crezca exponencialmente, como ha sucedido. Antier me di cuenta que es casi oficial que tengo dos trabajos de tiempo completo; sería más obvio si el segundo tuviera escritorio pero no, todo lo hago desde mi cama (eso sonó chistoso), sentada en mi silla naranja, con los pies sobre un cojín enorme. En ocasiones la carga es tanta que pude pasarle chamba incluso a Suz quien puede hacerla sin sufrir entre sus clases de belly dancing y otras actividades referentes a su diletante desempleo.

Ser un buen freelance tiene su ciencia y al parecer soy de los mejores de la tierra porque a pesar de todo, no he quedado mal con una sola entrega, todo llega a donde debe, no me he vuelto loca ni amenazado con asesinar a nadie por la calle. Tampoco duermo muy bien ni sé exactamente qué hay en mi refri ni en qué día vivo pero hay recompensas lindas que lamentablemente no puedo disfrutar del todo de manera inmediata.

Por ejemplo: esta semana estuvo lloviendo horriblemente; en esta ciudad donde todo se inunda si alguien vacía una pecera en la acera, la precipitación tuvo consecuencias de todo tipo. Mi casa goteó por lugares donde no sabía que podía hacerlo, mi gata fungió como esponja de trasminaciones (su pelo así lo indica) y mis zapatos murieron en un charco. Iba yo en tranquilo contoneo cuando el pie derecho resbaló chistosamente, lo que provocó que TODO mi pie cayera en un hoyo que no parecía estar ahí. Lo saqué inmediatamente y logré caminar otro par de cuadras cuando noté que la traba del tobillo se despegaba peligrosamente del resto del zapato. Me detuve un minuto, hice una llamada y corregí mi rumbo… hacia una zapatería, claro.

Me probé unos 10 pares y compré 4, uno de los cuales me llevé puesto de regreso a la oficina. En el camino, entré a otra tienda, me probé 4 prendas de las cuales compré una blusa. Se hizo tarde o yo hubiera seguido. Todo esto fue pagado al contado.

A pesar de que no sé sumar (como tantísimas veces he mencionado) sé que soy capaz de hacer ese tipo de gastos sin remordimiento alguno: estoy recibiendo el doble de lo que ganaba hace un mes y solamente a cambio de mi vida social/sexual, sueño y salud mental! Yei!

Yo, en serio, les quería platicar que me da enorme gusto que Lindsay Lohan haya salido del clóset (awww!) porque impulsa la revaloración de los estereotipos del bisexual contemporáneo (ey, me beneficia indirectamente), además que parece estar más feliz que una lechuga enterrada. Me encantaría platicarles que entré a un curso de análisis de la filmografía de Fellini desde la perspectiva de la filosofía analítica de Carl Jung que hará que mis dos neuronas no mueran (o mínimo, opongan resistencia), que vi a unos amigos que tenía 2 años y medio de haber perdido quienes comentaron que se me había bajado bastante lo chiflada e intolerante en este tiempo. Me encantaría explayarme en que hago servicio social programando código en mis “tiempos libres” (ja!) para una ONG, que estoy pensando seriamente en dedicarme vocacionalmente a ser demostradora de TupperSex (qué opinan?), que como demasiada avena y eso me está alarmando, que después de darle el avión a todo el mundo ya nadie me invita a sus eventos, que este fin de semana le dije a un amigo que me OBLIGARA a salir a bailar a pesar de todos los “tengo trabajo” que le diga, y que voy a adoptar otro gatito.

Alucino con comprarme un carro nuevo (al contado!), con viajar por el mundo, con recuperar un espacio en mi cama antes de que mi laptop tenga más derechos que yo y en tener tiempo para terminar de ver Angels in America… pero nada se concreta aún.
Lo que me da más pena propia es que también está encima la temporada de ferias del libro y yo debería estar descansada para poder hacer todas las relaciones públicas (a ritmo de cumbia) propias de esos eventos.

Me encantaría elaborar, pero tengo que ponerme a trabajar.

Get the beat or beat it

Tuve una revelación hace unas horas, todo gracias al shuffle de mi Itunes: sí, hay mucho hip hop en mi librería y sí, creo que el motivo es que me aisla socialmente… lo que me parece más que atinado!

Es que es perfecto y no lo había hecho consciente! Todos mis amigos, unos y otros, presentan cierto índice de tolerancia al hip hop que va desde los números negativos, pasa  sobre el cero absoluto y se instala entre el 1 y el 3/10. Las únicas que se emocionan al respecto son, claro, mis compañeritas de baile, quienes me dedican videos por facebook y mandan “mucho beat” por msn después de sus besitos.

Este es mi gap social además de generacional; eso aunado a cosas como las Spice Girls, Kylie Minogue y los Beatles. Mis horas plagadas de hip hop son mi burbuja particular hecha de repelente social a prueba de balas, con permanencia limitada mientras nadie llegue al botón de pausa en mi Ipod.

Me dicen de todo: es música de negros, nada más sirve para mover el culo, no tiene ningún valor musical ni remoto, todo suena igual de feo, está lleno de referencias denigrantes al sexo femenino, es una colección de estupideces gansteriles arrabaleras de los ghettos varios de ciudades horrendas, es insoportable, provoca sospecha de mi estado mental y, finalmente, me descalifica como parte de el selecto grupo de posibles snobs fans de grupo indie/banda alemana oscura/Vivaldi/bossanova café del mar/Japanpop.

Estoy hartísima de tratar de explicarles por qué a mí, que presumo de tener un cacahuate de cerebro y nadie me ha corregido, me gusta tanto y me hace tan inmoderadamente feliz pero nada funciona. Solo con selectas personalidades que se caracterizan por ser aventureras en más de un sentido he tenido algo de éxito.
Por eso voy a ir al concierto de Kanye West con Lu; porque no sólo no objetó (como H, quien me dijo que si lo hacía pasar por ese infierno invadido de wannabeprietos me iba a eclosionar el hígado) sino que se ofreció a enfrentar la lluvia para comprar mi boleto.

Por mí está todo bien, no volveré a intentar defenderme cuando alguien -más- diga en voz altísima algo como “por qué carajos te gusta esa música horrenda?!”. La incomprensión, de todas formas, siempre me ha alimentado de una forma u otra, estoy acostumbrada a ella y me parece lo más cotidiano.

Esto se suma a la larga lista de “por qué te pintas las uñas de rojo puta?”, “por qué insistes en que todo sea rosa?!”, “por qué te gastas esas cantidades en pendejadas?!”, “por qué fuiste a una ociosa guerra de almohadas?!”, “por qué inviertes tiempo y esfuerzo en tonterías ecológicas?!”, “por qué no maduras y te compras una casa?!”, “por qué no compras piratería?!”, “por qué tomas tanta leche?!”, “por qué te niegas a ir a la ópera?!”, “por qué te gusta tanto Legally Blond?!”, “qué tiene de maravilloso el pan con mantequilla?!”, “por qué no te casaste con C?!”, “por qué no te comportas como una licenciada en letras?!”, “por qué eres tan geek y no te pones a leer una novela?!”, “por qué no te asquea la pornografía?!”, “por qué no bailas otra cosa?!”, “cómo te atreves a hablarle así a tu madre?!”, “por qué pasas tantas horas jugando Guitar Hero en lugar de… ?!”, “por qué no eres más recatada/menos exhibicionista?!”, “por qué detestas la catsup?!”, “por qué tienes que exponer tu vida en Internet de esa manera tan gratuita?!”… ya saben, cosas así de misteriosas y altamente controversiales.

Yo voy de acuerdo con lo que dice Robert Downey Jr., alguien que es incomprendido por default también:

“A lot of my peer group think I’m an eccentric bisexual. That’s OK. Being relaxed about sexuality is something you’re born with. My identity was written on the wall by ancient and formidable guides and forces. The best thing I can do is keep my hand out of it.”

Pues eso, mi identidad estaba definida desde fábrica como ’sexualmente relajada’, diseñada para romper etiquetas y divertir a cuando psiquiatra se me cruzara por enfrente. No creo que sea tan especial ni fantástica si soy capaz de disfrutar videos de gatitos o pulpos enamorados, el sadomasoquismo, las chicas superpoderosas y el shoplifting, entre otros, al mismo tiempo.
Lo único que hago es ser feliz, gastar mi dinero y energía mientras tengo e ir con el beat.
If you don’t, beat it.

Todo esto viene al caso porque creo que ustedes no estarían leyendo esto si supieran cuál es mi soundtrack mientras escribo. Mi inspiración divina se la podemos agradecer, por ejemplo, a Jay-Z, (estadísticas dicen que lo he escuchado (1,112 veces) cuyas rimas insoportables para muchos me hacen sentir blandita y tibia, como panqué recién horneado.

Lo único que puedo hacer es aferrarme a mis incoherencias; ellas me mantienen serena y me ayudan a lidiar con el dolor, la decepción, los amores perdidos, las vidas atascadas, la codependencia y los amigos idos. Eso, les juro, no es fácil. Se requiere forzosamente de cierto ritmo e irse despacio, con cadencia.
Now let me do my 1,2 step.