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Acción y efecto de romper

See I know what we got to do
You let go and I’ll let go too
‘Cause no one’s hurt me more than you
And no one ever will.-

Es oficial, tengo las credenciales necesarias para comenzar a esbozar la “Guía infalible para una Efectiva y Total Ruptura de Corazón”. Además, creo que tendrá dos volúmenes y varias reeimpresiones.

Los capítulos serán (todavía no decido si en orden de evento o importancia):

  • Conozca a su alma gemela. En éste se expondrán las maneras, razones y consecuencias. Esa persona, en todos los casos conocidos y confiando en la ley de Murphy, declinará su oferta amorosa y usted tendrá el corazón roto.
  • Reencuéntrese con un antiguo amor. Se le habrá olvidado por qué cortaron y las barbaridades que se dijeron. Intente tener una relación, volverá a no funcionar y usted tendrá el corazón roto.
  • Involúcrese con alguien con el firme pensamiento de que “mi amor l@ va a cambiar”. Habrá de comportarse de manera tolerante y querendona hasta el insante en que se de cuenta que no solo no cambia, sino que se duerme en sus laureles esperando atenciones o abusando de su enormísima abnegación; usted tendrá el corazón roto.
  • Tenga un amor platónico. Sueñe con su objeto del deseo, imagínese las tardes juntos retozando en el pasto fresco, tenga hijos hipotéticos; en el momento en que le llegue la invitación de boda con OTRA, usted tendrá el corazón roto.
  • Enamórese perdidamente de su mejor amigo gay. Esto no necesita explicación.
  • Tenga un@ novi@ a larga distancia. Desespérese pensando en la distancia y los bellos momentos de abrazos y besitos que se está perdiendo. Vuélvase un poco loco, llore mucho, alguien se dará por vencido y usted, tendrá el corazón roto.
  • Enamórese de un homofóbico/racista/clasista/drogadicto/hippie/cirquero/loco de doble personalidad. No entenderá nada, se enfrascará en discusiones sin fin que no llegarán a ningún punto, usted se decepcionará de la vida y todos los seres humanos sin distinción, jurará ser célibe y, tendrá el corazón roto.
  • Encuentre su pareja ideal, el hombre de sus sueños, la mujer de sus fantasías… que esté casado. Años de zozobra están asegurados y usted, tarde o temprano, tendrá el corazón roto.
  • Enamórese de alguien cuya cuenta primaria de email sea @hotmail.com
  • Enamórese. Una consecuencia inequívoca será una ruptura de corazón.

Sé que por ahora se me están pasando algunos pero mi cabeza no da para más porque, claro, ahora mismo tengo el corazón roto y eso no es nada bueno para la creatividad, cosa más o menos necesaria si tienes un blog por el que das un cacahuate (i love you, blog)

Así que no los voy a abandonar, pero sí dejaré de postear cosas imposibles de entender o super específicas que tampoco tienen mucho sentido. Recibí puntualmente sus comentarios de “huh?!”, gracias por hacérmelo notar.

Por otro lado, los invito a celebrar conmigo el haber superado la tendencia de tener el corazón roto por ahí de julio-agosto; ahora fue octubre, y eso del otoño viene más al caso con las lagrimitas escurridas que en pleno sol veraniego están totalmente fuera de lugar.

También he notado que cuando lo anuncio me sale menos poético, creo que a fuerza de rupturas a una se le acaban las palabras rimbombantes y se queda medio pasmada frente al hecho de que, carajo, volvió a suceder. 

Reset emocional. Hiato. Silencio.

Paperback writer

It’s a thousand pages, give or take a few
I’ll be writing more in a week or two

Al random y a la carrera les puedo contar que lo del trabajo se me ha salido un poco de control. Qué digo un poco, ya no tengo horario de apertura/cierre y mi madre argumenta que no me ha visto desde marzo. Llevo un par de semanas donde, a pesar de morirme de las ganas de bloguear cuanta tontería se me ocurre (que son muchas), corro de la oficina a la casa a conectarme a otro servidor ftp, a revisar otros textos, a corregir otras barbaridades que atentan contra mi humor.

Es que mientras el mundo siga escribiendo como si nuestra comunicación social se basara todavía en pinturas rupestres (y algunas son lindas), yo seguiré teniendo trabajo y probablemente éste crezca exponencialmente, como ha sucedido. Antier me di cuenta que es casi oficial que tengo dos trabajos de tiempo completo; sería más obvio si el segundo tuviera escritorio pero no, todo lo hago desde mi cama (eso sonó chistoso), sentada en mi silla naranja, con los pies sobre un cojín enorme. En ocasiones la carga es tanta que pude pasarle chamba incluso a Suz quien puede hacerla sin sufrir entre sus clases de belly dancing y otras actividades referentes a su diletante desempleo.

Ser un buen freelance tiene su ciencia y al parecer soy de los mejores de la tierra porque a pesar de todo, no he quedado mal con una sola entrega, todo llega a donde debe, no me he vuelto loca ni amenazado con asesinar a nadie por la calle. Tampoco duermo muy bien ni sé exactamente qué hay en mi refri ni en qué día vivo pero hay recompensas lindas que lamentablemente no puedo disfrutar del todo de manera inmediata.

Por ejemplo: esta semana estuvo lloviendo horriblemente; en esta ciudad donde todo se inunda si alguien vacía una pecera en la acera, la precipitación tuvo consecuencias de todo tipo. Mi casa goteó por lugares donde no sabía que podía hacerlo, mi gata fungió como esponja de trasminaciones (su pelo así lo indica) y mis zapatos murieron en un charco. Iba yo en tranquilo contoneo cuando el pie derecho resbaló chistosamente, lo que provocó que TODO mi pie cayera en un hoyo que no parecía estar ahí. Lo saqué inmediatamente y logré caminar otro par de cuadras cuando noté que la traba del tobillo se despegaba peligrosamente del resto del zapato. Me detuve un minuto, hice una llamada y corregí mi rumbo… hacia una zapatería, claro.

Me probé unos 10 pares y compré 4, uno de los cuales me llevé puesto de regreso a la oficina. En el camino, entré a otra tienda, me probé 4 prendas de las cuales compré una blusa. Se hizo tarde o yo hubiera seguido. Todo esto fue pagado al contado.

A pesar de que no sé sumar (como tantísimas veces he mencionado) sé que soy capaz de hacer ese tipo de gastos sin remordimiento alguno: estoy recibiendo el doble de lo que ganaba hace un mes y solamente a cambio de mi vida social/sexual, sueño y salud mental! Yei!

Yo, en serio, les quería platicar que me da enorme gusto que Lindsay Lohan haya salido del clóset (awww!) porque impulsa la revaloración de los estereotipos del bisexual contemporáneo (ey, me beneficia indirectamente), además que parece estar más feliz que una lechuga enterrada. Me encantaría platicarles que entré a un curso de análisis de la filmografía de Fellini desde la perspectiva de la filosofía analítica de Carl Jung que hará que mis dos neuronas no mueran (o mínimo, opongan resistencia), que vi a unos amigos que tenía 2 años y medio de haber perdido quienes comentaron que se me había bajado bastante lo chiflada e intolerante en este tiempo. Me encantaría explayarme en que hago servicio social programando código en mis “tiempos libres” (ja!) para una ONG, que estoy pensando seriamente en dedicarme vocacionalmente a ser demostradora de TupperSex (qué opinan?), que como demasiada avena y eso me está alarmando, que después de darle el avión a todo el mundo ya nadie me invita a sus eventos, que este fin de semana le dije a un amigo que me OBLIGARA a salir a bailar a pesar de todos los “tengo trabajo” que le diga, y que voy a adoptar otro gatito.

Alucino con comprarme un carro nuevo (al contado!), con viajar por el mundo, con recuperar un espacio en mi cama antes de que mi laptop tenga más derechos que yo y en tener tiempo para terminar de ver Angels in America… pero nada se concreta aún.
Lo que me da más pena propia es que también está encima la temporada de ferias del libro y yo debería estar descansada para poder hacer todas las relaciones públicas (a ritmo de cumbia) propias de esos eventos.

Me encantaría elaborar, pero tengo que ponerme a trabajar.

Get the beat or beat it

Tuve una revelación hace unas horas, todo gracias al shuffle de mi Itunes: sí, hay mucho hip hop en mi librería y sí, creo que el motivo es que me aisla socialmente… lo que me parece más que atinado!

Es que es perfecto y no lo había hecho consciente! Todos mis amigos, unos y otros, presentan cierto índice de tolerancia al hip hop que va desde los números negativos, pasa  sobre el cero absoluto y se instala entre el 1 y el 3/10. Las únicas que se emocionan al respecto son, claro, mis compañeritas de baile, quienes me dedican videos por facebook y mandan “mucho beat” por msn después de sus besitos.

Este es mi gap social además de generacional; eso aunado a cosas como las Spice Girls, Kylie Minogue y los Beatles. Mis horas plagadas de hip hop son mi burbuja particular hecha de repelente social a prueba de balas, con permanencia limitada mientras nadie llegue al botón de pausa en mi Ipod.

Me dicen de todo: es música de negros, nada más sirve para mover el culo, no tiene ningún valor musical ni remoto, todo suena igual de feo, está lleno de referencias denigrantes al sexo femenino, es una colección de estupideces gansteriles arrabaleras de los ghettos varios de ciudades horrendas, es insoportable, provoca sospecha de mi estado mental y, finalmente, me descalifica como parte de el selecto grupo de posibles snobs fans de grupo indie/banda alemana oscura/Vivaldi/bossanova café del mar/Japanpop.

Estoy hartísima de tratar de explicarles por qué a mí, que presumo de tener un cacahuate de cerebro y nadie me ha corregido, me gusta tanto y me hace tan inmoderadamente feliz pero nada funciona. Solo con selectas personalidades que se caracterizan por ser aventureras en más de un sentido he tenido algo de éxito.
Por eso voy a ir al concierto de Kanye West con Lu; porque no sólo no objetó (como H, quien me dijo que si lo hacía pasar por ese infierno invadido de wannabeprietos me iba a eclosionar el hígado) sino que se ofreció a enfrentar la lluvia para comprar mi boleto.

Por mí está todo bien, no volveré a intentar defenderme cuando alguien -más- diga en voz altísima algo como “por qué carajos te gusta esa música horrenda?!”. La incomprensión, de todas formas, siempre me ha alimentado de una forma u otra, estoy acostumbrada a ella y me parece lo más cotidiano.

Esto se suma a la larga lista de “por qué te pintas las uñas de rojo puta?”, “por qué insistes en que todo sea rosa?!”, “por qué te gastas esas cantidades en pendejadas?!”, “por qué fuiste a una ociosa guerra de almohadas?!”, “por qué inviertes tiempo y esfuerzo en tonterías ecológicas?!”, “por qué no maduras y te compras una casa?!”, “por qué no compras piratería?!”, “por qué tomas tanta leche?!”, “por qué te niegas a ir a la ópera?!”, “por qué te gusta tanto Legally Blond?!”, “qué tiene de maravilloso el pan con mantequilla?!”, “por qué no te casaste con C?!”, “por qué no te comportas como una licenciada en letras?!”, “por qué eres tan geek y no te pones a leer una novela?!”, “por qué no te asquea la pornografía?!”, “por qué no bailas otra cosa?!”, “cómo te atreves a hablarle así a tu madre?!”, “por qué pasas tantas horas jugando Guitar Hero en lugar de… ?!”, “por qué no eres más recatada/menos exhibicionista?!”, “por qué detestas la catsup?!”, “por qué tienes que exponer tu vida en Internet de esa manera tan gratuita?!”… ya saben, cosas así de misteriosas y altamente controversiales.

Yo voy de acuerdo con lo que dice Robert Downey Jr., alguien que es incomprendido por default también:

“A lot of my peer group think I’m an eccentric bisexual. That’s OK. Being relaxed about sexuality is something you’re born with. My identity was written on the wall by ancient and formidable guides and forces. The best thing I can do is keep my hand out of it.”

Pues eso, mi identidad estaba definida desde fábrica como ’sexualmente relajada’, diseñada para romper etiquetas y divertir a cuando psiquiatra se me cruzara por enfrente. No creo que sea tan especial ni fantástica si soy capaz de disfrutar videos de gatitos o pulpos enamorados, el sadomasoquismo, las chicas superpoderosas y el shoplifting, entre otros, al mismo tiempo.
Lo único que hago es ser feliz, gastar mi dinero y energía mientras tengo e ir con el beat.
If you don’t, beat it.

Todo esto viene al caso porque creo que ustedes no estarían leyendo esto si supieran cuál es mi soundtrack mientras escribo. Mi inspiración divina se la podemos agradecer, por ejemplo, a Jay-Z, (estadísticas dicen que lo he escuchado (1,112 veces) cuyas rimas insoportables para muchos me hacen sentir blandita y tibia, como panqué recién horneado.

Lo único que puedo hacer es aferrarme a mis incoherencias; ellas me mantienen serena y me ayudan a lidiar con el dolor, la decepción, los amores perdidos, las vidas atascadas, la codependencia y los amigos idos. Eso, les juro, no es fácil. Se requiere forzosamente de cierto ritmo e irse despacio, con cadencia.
Now let me do my 1,2 step.

Shop ’til you drop

Se sabe que las mujeres (y hombres, claro) tenemos ciertos “hobbies” socialmente inculcados y algunos incluso alentados por la economía global contemporánea. Las compras compulsivas podrían entran en esta categoría.

Leía un artículo acerca de esto y no puedo más que estar de acuerdo en que hay algo íntimamente ligado entre las compras compulsivas y el estado de ánimo del sujeto en un momento determinado. Lo que se discute es la probable necesidad de considerarlo un desorden psiquiátrico por la ansiedad y estrés emocional que ocasiona como consecuencia. También se compara con la hipersexualidad, entre otros desórdenes que caen en la tipología de “adicciones del comportamiento”, aquéllas que brindan una gratificación instantánea pero que su repetición indiscriminada resulta en un daño a corto o largo plazo.

El dato más relevante que el estudio presenta es que la inmensa mayoría de los declarados compradores compulsivos ha sido diagnosticados previamente con desórdenes de ansiedad, depresión o alteraciones de ánimo.

Sad consumers, they suggested, are likely to think less of themselves and thus might be more motivated to boost their self-image with a pricey purchase. (fuente)

Interesante, eh? También me cayó un poco el saco.

Mis compras compulsivas (que van escalando en gravedad según se incrementa mi poder adquisitivo) tienen de entrada un patrón definido - e inteligente!- que me exime de toda culpa: las disfrazo de regalos para no sentirme responsable de mi propia gratificación y posteriores ansias de “eso, honestamente, no lo necesito”.

Bajo esta dinámica, puedo satisfacer mis urgencias de gastar dinero mientras hago feliz al prójimo al mismo tiempo, qué mejor! Un celular nuevo? Boletos para Oasis en zona preferente? Vuelos redondos a Tijuana, el DF, Guadalajara? Un cd importado japonés demasiado caro? Una camiseta original del Barcelona? El perfume de diseñador que no existe en México? Flores? PSP? un Ipod? Todas las anteriores?
Sí, si estás dentro de mi círculo de amigos estas cosas pueden tocarte el día que sea. A esto me refiero.

Lo malo es que no funciona en todos los casos. Después hay otros vacíos más profundos que llenar.

Una mujer triste (de ahora en adelante mujer, para evitar las aclaraciones innecesarias, pero también incluye hombres), dolida, o deprimida que al mismo tiempo está rodeada de gente que se preocupa y hace de todo para evitarle el mal rato, es muy probable que escuche algo como “no te pongas así, cómprate algo bonito y verás que se te olvida!”. Esto también funciona como placebo contra las urgencias por comer chocolate o rentar Los Puentes de Madison bajo la premisa de que comprar es uno de los remedios infalibles contra toda infelicidad, insatisfacción y tristeza. Ya sé, suena super consumista.

Cuántas veces hemos pensado en lo lindo que se nos ve un vestido mientras intentamos convencernos de que, por ejemplo, “esto sí es buen gusto, no como el de la gata aquella por la que el pendejo este me dejó!”. Cuando los problemas son patéticos e individuales las compras compulsivas suelen ser, además de la salida socialmente aceptable, carentes de felicidad por sí solas y en sí mismas. Lo he comprobado y así es, aunque he intentado volverlas más lúdicas poniéndome metas como “a ver cuánto logro gastarme en dos horas”, “encuentra los zapatos más caros del todo el mall” o “sal con una bolsa de cada tienda del pasillo norte”. Sí, super divertido… y… maniaco?

Reconozco que más de una vez he aguantado las lágrimas cuando las encargadas me informan que no hay zapatos de mi talla o que el único color disponible de esa blusa tan bella es el naranja chingame-la-retina. Eso es atentar contra una ley super clara y obvia: nunca digas que no a una mujer llorosa armada con su tarjeta de crédito, que puedes llegar a ver la luz al final del túnel.
La frustración asociada con las compras compulsivas y la depresión es, según mi experiencia, el motivante más directo de pensamientos suicidas.

Si tengo el dinero, la urgencia y encuentro que no hay nada gratificante que comprar, me desmorono emocionalmente… y recurro al Internet; ahí SIEMPRE hay algo, por más poco probable que parezca el artículo.
Lo malo es que hay que esperar a que éste sea entregado, lo que significa que no se obtiene una gratificación instantánea y todo el ejercicio sirve para absolutamente nada. Bu.

Todo esto nos lleva a que sí, hay una relación causa efecto muy obvia pero dudo que se pueda catalogar como desorden psiquiátrico por más que nos lleve a la ruina financiera; es una salida a la miseria cotidiana y asfixiante tan válida como podría ser el hacer ejercicio compulsivamente, practicar deportes de riesgo, el alcoholismo, las películas mentalmente estresantes o… tener un blog.

Saben a lo que me refiero.