Second life and other diversity issues 30 June 2008
I can lean on my friends
They help me going through hard times.-
Días de inquietud, días de reconocimiento, días, en countdown, para mi cumpleaños número 30.
Eso significa muchas cosas para mí que al parecer nada más yo entiendo del todo; no espero otra cosa, realmente.
No estoy sola, tengo una enorme red de amigos siempre al pendiente de mis variaciones emocionales o psicosomáticas que me dicen cosas como “no te arranques las pestañas” o “bitch” con en distintos tonos pero siempre con la misma intención: reconfortarme.
Aprendo mucho en terapia acerca de la empatía, del cariño y de cómo hay personas que reaccionan literalmente mal a las expresiones de éste.
Estamos, en plural, mejorando lenta pero seguramente a lugares menos oscuros, a situaciones menos dolorosas, a tener esperanza en nosotros mismos, a ser capaces de volver a confiar. Es trabajo que exige esfuerzo y dedicación.
También creo que estoy aprendiendo mucho de quienes me rodean al limitar quién soy yo misma, qué no soy, qué no me interesa ser, quién aspiro a ser y qué simplemente no puedo ser incluso si se me va la vida en ello.
Soy una guerrera protectora que se dedica a salvar gente de situaciones desesperadas; soy a quien se acude por ayuda, quien está dispuesta a arriesgar todo para que estés bien, tranquilo, sano y feliz… incluso si sacrifico mi propia salud mental en esto.
Estos días en que estoy confundida, dolida, triste y demás sentimientos asociados, me gustaría no estar en modo Juana de Arco. ¿Quién me está cuidando a mí?
Me está cuidando el ñoño más ñoño de la tierra: H. Lo hace un poco en retribución de mi efecto de superheroína que en su caso ha hecho una gran diferencia para bien. Me acompaña, me saca a pasear, se sienta conmigo en el suelo a platicarme de las últimas bases de datos que ha diseñado, me hace reír, vemos fotos, oímos música… y me ve llorar.
Él es la practicidad andando, no entiende nada de esmaltes de uñas y es capaz de no notar que en un periodo de 10 minutos me cambio la blusa y me peino diferente. Es simple y llano. Toda su ropa es de color azul y se compra 2 pares de tenis iguales porque “que hueva buscar otros dentro de 6 meses”.
Odia el hip hop, tiene una perra peluda y su comida favorita es el pollo asado. También es un geek hardcore que pasa tardes enteras corriendo queries de mysql en los Starbucks de la ciudad, lugares que selecciona al random.
Las conversaciones más profundas que tenemos, incluso a pesar de que nos vemos casi todos los días, son a través del MSN. H es incapaz de ser serio, formal y trascendente en vivo.
Es de esas personas que tiene que sentirse seguro para expresar lo que realmente siente, está negado al contacto físico, se declara socialmente inepto y puede ser tiernísimo en texto y de lo más patán en vivo.
Por MSN me habla como un amigo íntimo y con un grado de honestidad que lo lleva a decir cosas como:
“ok. esto va a sonar muy burdo y pendejo. probablemente te cague un chingo, pero espero que me entiendas. lo que me acabas de comentar es un tema muy sensible para ti, verdad? aun y para mi sea ‘incomprensible’ o ‘frivolo’ o ‘tonto’ o ‘inserta el adjetivo que describa mi ignorancia aqui’ aparentemente yo no le estoy dando la importancia adecuada y te estoy terminando de joder la tarde?”
En vivo discute sobre las pedas que planea ponerse en la semana, la mesera del antro que le gustó y cosas así de trascendentes.
Me queda claro que somos frágiles en distintos sentidos. Él sería el perfecto candidato para vivir en Second Life o pegado a su XBox Live como su única actividad social porque, incluso, es muy malo en Guitar Hero; dice que el trauma de que una niña le haya ganado en un videojuego puede durarle toda la vida.
Tenemos diversos tipos de daño, barreras de diferentes alturas, issues que debemos trabajar. Dice que lo tengo en entrenamiento para convertirlo en una persona que funcione como tal.
Mientras me chuto sus:
“estamos hablando de algo asi como una consulta de t-sql utilizando tablas derivadas y subconsultas en el ‘where’?”
Él me escucha platicar sobre mi novísimo y más que hermoso diccionario de María Moliner, las veces que he regresado textos por exceso de oraciones subordinadas y de lo gracioso que puede llegar a ser un ensayo traducido por gringos bilingües.
Lo que me lleva a la parte de la diversidad.
Ayer llegó a la casa con el periódico y dijo algo como “te lo traje porque viene lo de la marcha gay… y las finales de la Eurocopa… yo leeré esa parte”.
Eso me hizo pensar que hay cosas que nunca podré compartir con H.
Lo de la bisexualidad es algo que él no puede manejar, que yo no quiero/puedo explicarle y que obviamos felizmente en nuestra interacción diaria en la cual somos un niño vestido de azul y una niña que se excede en su afición por el rosa. Somos tan arquetípicos como indefinibles, somos la diversidad en un microespacio con nuestras fragilidades a flor de piel.
Creo que algo que no le he dicho, ni por MSN, es que intentaré preocuparme tanto por no herir su susceptibilidad como él está preocupado por cuidar la mía.
Intentaré empezar por decirle, en vivo, “te quiero, gracias”.
Ya estoy advertida:
“esto para mi es bastante complicado (aceptar cumplidos, sentirme ‘aceptado’, eso pues)”
Si sale corriendo, llamaré al psiquiatra.
PD: Me voy a Barcelona por dos semanas. Sí, cumplo años. Ajá, 30. No quiero hablar de eso. Gracias



