Listen, people 19 February 2009
Como se sabe y viene comprobándose por generaciones, hay de todo en este mundo: common people, beautiful people, shinny happy people, village people y más. Lo que sí tenemos claro es que people are strange, people are people y we hate it when our friends become successful. Hoy quiero hablar de cocteles y de personas muy especiales… y de mí, como una de ellas.
No quisiera de nuevo recordarles lo que en mi autobiografía escrita en tono medio ligero dice, pero soy bipolar. Fui diagnosticada desde hace 9 años y he tomado medicamentos desde entonces. Tal vez recordarán por posts anteriores que me atacó una temporada de insomnio cuyas consecuencias les actualizo: cumplí casi 3 semanas de falta de sueño que fue progresivamente empeorando. Una noche dormí 5 horas, los siguientes 3 días solo 4, la siguiente semana 3 y la última… nada.
Estuve durmiendo entre media y una hora por noche durante 4 días. Para el quinto día el sueño se redujo a cero. Cero, no cerré los ojos nunca y vi amanecer; era viernes.
Viernes. Yo tenía una fiesta de cumpleaños, visita desde el DF por el fin de semana, planes de 14 de febrero, el cumpleaños de H el lunes, el de B el martes y yo… perdí el hilo del aquí-ahora. Para ese momento ya tenía cita con el psiquiatra pero ni siquiera llegué a ella porque un ataque de ansiedad me pegó en plena calle seguido por uno de pánico que hizo que saliera corriendo y me encerrara en el carro a llorar por 20 minutos. Ni siquiera pude pedir ayuda; las imbéciles teclas imaginarias del Iphone no funcionan si estás temblando, es imposible atinarles. Después de un rato de hiperventilación mi hermano llamó para preguntar cómo me había ido, le conté lo anterior, le aseguré que me sentía mejor, que iba a casa.
Tráfico de viernes a las 7 de la noche. Sentía que avanzaba un metro por minuto. Tenía las uñas enterradas en el volante, escuchaba mi corazón latir desordenado, me bajó la temperatura, no podía enfocar ni respirar normalmente mientras la gente a mi alrededor practicaba el código morse con sus cláxons, un camión me hacía sombra, un niño se me quedaba viendo y yo me imaginaba en un hoyo negro. Recuerdo que monologaba “estás bien, vas a llegar, estás bien” una y otra vez.
Llegué a mi casa y no atiné a meter la llave en la cerradura a la primera, ni a la segunda. Una vez adentro respiré hondo y caí de rodillas en la sala con todo lo que traía conmigo; libros, bolsa, teléfono. No sé cuánto tiempo estuve ahí antes de que la movilización comenzara. Mi hermano corrió a la casa, B corrió a la casa. El primero decidió que necesitaba llevarme a urgencias psiquiátricas y se fue a buscar un médico que me atendiera inmediatamente. Me encerré en mi cuarto, a B no la dejé entrar y entre gritos le dije cualquier cantidad de cosas, ella amenazó con quedarse en la sala hasta que le abriera. Del otro lado escuchaba cosas como “no te hagas nada!”, “no te tomes nada, por favor”, “no te hagas daño”, “abre la puerta!”.
Perdí la noción del tiempo. Eran ya las 10 de la mañana del sábado y yo seguía sin comer, sin dormir, hecha bola. Llegó Ang y en su inteligencia (y conocimiento) dijo “hey, ven, vamos a fumarnos un cigarro”. Abrí la puerta, me senté en la sala; para ese momento ella ya había conseguido cita con OTRO doctor para hora y media después. Lloré y lloré, le dije que yo quería bailar, que quería tener un 14 de febrero, que arruiné los planes de todo mundo, pero que neta sentía que me moría.
Me dijo que me bañara y me alistara. Lo que pasó después se los ahorro porque es terapia y tonteras pero quiero hablarles de algo poco conocido, las medicinas. La consecuencia de esa recaída que no requirió finalmente hospitalización fue la triplicación de dosis de los medicamentos que ya tomaba a los cuales se sumaron otros dos. Algunos les sonarán conocidos. Mi coctel diario recién actualizado es:
Lamictal (mmmh! sabor grosella!): antiepiléptico, antidepresivo.
Epival (pastilla de la felicidad): recetado para periodos maniacos agudos, prolongados y expansivos con o sin crisis psicóticas; estabilizador del ánimo.
Seroquel (el santo grial): antipsicótico de acción prolongada, modera manías agudas
Lexotan (tan, tan!): ansiolítico, recetado para crisis somáticas, sedante
Rivotril (el rivo, mi cuate): antiepiléptico, recetado para ataques de pánico, ansiedad e insomnio crónico
Lo anterior significa 500mg de Epival, 200mg de Lamictal, 100mg. de Seroquel, 3mg. de Lexotan y 2mg. de Rivotril al día. Claro, imaginen la cara de la chica de la farmacia cuando llegué con más de una hoja llena de puros medicamentos controlados que pueden matar a un toro de 300 kilos; buscó la llave del estante donde los guardan y llamó al doctor para comprobar la autenticidad de la receta.
Desde el domingo me encuentro mejor pero apenas estoy reaccionando al tratamiento y me tienen bajo microscopio. Estoy cansada, poco enfocada, distraida, cero concentrada, pero menos errática y fuera del hoyo negro. Honestamente, me dio mucho miedo porque tenía años de no sentirme así; reflexioné que últimamente he estado en overdrive tanto por asuntos personales como laborales y que era cosa de tiempo un breakdown de esta magnitud.
Todo esto me sucedió exactamente a días de firmar un contrato según el cual oficializaba que tengo dos trabajos, dos jefas, dos responsabilidades que consumen tiempo y paz mental. Acariciaba a mi gato sentada en la cocina y decidí que es mejor estar cuerda y medio pobre que rica y completamente loca.
Les llamé en ese instante. Renuncié. Les dije que no, que por razones médicas. Creo que entendieron.
Me quedé con un coctel de 6 pastillas, ma classe du francais qui est incroyable!, tres gatos gordos y peludos, tardes libres para leer, ganas de bailar en lugar de llorar, música, besitos, simpleza y atardeceres tibios. Espero que mi vida esté libre de manías, ansiedad, pánico y cosas similares por un laaaargo rato.
Por todo lo anterior, personas allá afuera, si escribo cosas como si estuviera en una montaña rusa sin fin es porque… lo estoy; lamento la falta de sentido pero… es que no lo tengo.
Hay personas para todo y de todo tipo y yo soy una que tiene que dedicar cierta parte del tiempo en vigilar y asegurar la continuidad de su estatus como persona en toda situación, por más cotidiana que ésta parezca. Ser persona se me dificulta a ratos, me convierto en no-persona por minutos u horas; soy una persona en riesgo de dejar de serlo pero, créanme, esto de ser persona es un reto interesante, adictivo y al menos en mi caso, una meta de todos los días.
Por cierto, ustedes son mis personas favoritas.
Rock on.



