Archive for asustada

Listen, people

Como se sabe y viene comprobándose por generaciones, hay de todo en este mundo: common people, beautiful people, shinny happy people, village people y más. Lo que sí tenemos claro es que people are strange, people are people y we hate it when our friends become successful. Hoy quiero hablar de cocteles y de personas muy especiales… y de mí, como una de ellas.

No quisiera de nuevo recordarles lo que en mi autobiografía escrita en tono medio ligero dice, pero soy bipolar. Fui diagnosticada desde hace 9 años y he tomado medicamentos desde entonces. Tal vez recordarán por posts anteriores que me atacó una temporada de insomnio cuyas consecuencias les actualizo: cumplí casi 3 semanas de falta de sueño que fue progresivamente empeorando. Una noche dormí 5 horas, los siguientes 3 días solo 4, la siguiente semana 3 y la última… nada.
Estuve durmiendo entre media y una hora por noche durante 4 días. Para el quinto día el sueño se redujo a cero. Cero, no cerré los ojos nunca y vi amanecer; era viernes.

Viernes. Yo tenía una fiesta de cumpleaños, visita desde el DF por el fin de semana, planes de 14 de febrero, el cumpleaños de H el lunes, el de B el martes y yo… perdí el hilo del aquí-ahora. Para ese momento ya tenía cita con el psiquiatra pero ni siquiera llegué a ella porque un ataque de ansiedad me pegó en plena calle seguido por uno de pánico que hizo que saliera corriendo y me encerrara en el carro a llorar por 20 minutos. Ni siquiera pude pedir ayuda; las imbéciles teclas imaginarias del Iphone no funcionan si estás temblando, es imposible atinarles. Después de un rato de hiperventilación mi hermano llamó para preguntar cómo me había ido, le conté lo anterior, le aseguré que me sentía mejor, que iba a casa.

Tráfico de viernes a las 7 de la noche. Sentía que avanzaba un metro por minuto. Tenía las uñas enterradas en el volante, escuchaba mi corazón latir desordenado, me bajó la temperatura, no podía enfocar ni respirar normalmente mientras la gente a mi alrededor practicaba el código morse con sus cláxons, un camión me hacía sombra, un niño se me quedaba viendo y yo me imaginaba en un hoyo negro. Recuerdo que monologaba “estás bien, vas a llegar, estás bien” una y otra vez. 

Llegué a mi casa y no atiné a meter la llave en la cerradura a la primera, ni a la segunda. Una vez adentro respiré hondo y caí de rodillas en la sala con todo lo que traía conmigo; libros, bolsa, teléfono. No sé cuánto tiempo estuve ahí antes de que la movilización comenzara. Mi hermano corrió a la casa, B corrió a la casa. El primero decidió que necesitaba llevarme a urgencias psiquiátricas y se fue a buscar un médico que me atendiera inmediatamente. Me encerré en mi cuarto, a B no la dejé entrar y entre gritos le dije cualquier cantidad de cosas, ella amenazó con quedarse en la sala hasta que le abriera. Del otro lado escuchaba cosas como “no te hagas nada!”, “no te tomes nada, por favor”, “no te hagas daño”, “abre la puerta!”.

Perdí la noción del tiempo. Eran ya las 10 de la mañana del sábado y yo seguía sin comer, sin dormir, hecha bola. Llegó Ang y en su inteligencia (y conocimiento) dijo “hey, ven, vamos a fumarnos un cigarro”. Abrí la puerta, me senté en la sala; para ese momento ella ya había conseguido cita con OTRO doctor para hora y media después. Lloré y lloré, le dije que yo quería bailar, que quería tener un 14 de febrero, que arruiné los planes de todo mundo, pero que neta sentía que me moría. 

Me dijo que me bañara y me alistara. Lo que pasó después se los ahorro porque es terapia y tonteras pero quiero hablarles de algo poco conocido, las medicinas. La consecuencia de esa recaída que no requirió finalmente hospitalización fue la triplicación de dosis de los medicamentos que ya tomaba a los cuales se sumaron otros dos. Algunos les sonarán conocidos. Mi coctel diario recién actualizado es:

Lamictal (mmmh! sabor grosella!): antiepiléptico, antidepresivo.
Epival (pastilla de la felicidad): recetado para periodos maniacos agudos, prolongados y expansivos con o sin crisis psicóticas; estabilizador del ánimo.
Seroquel (el santo grial): antipsicótico de acción prolongada, modera manías agudas
Lexotan (tan, tan!): ansiolítico, recetado para crisis somáticas, sedante
Rivotril (el rivo, mi cuate): antiepiléptico, recetado para ataques de pánico, ansiedad e insomnio crónico

Lo anterior significa 500mg de Epival, 200mg de Lamictal, 100mg. de Seroquel, 3mg. de Lexotan y 2mg. de Rivotril al día. Claro, imaginen la cara de la chica de la farmacia cuando llegué con más de una hoja llena de puros medicamentos controlados que pueden matar a un toro de 300 kilos; buscó la llave del estante donde los guardan y llamó al doctor para comprobar la autenticidad de la receta.

Desde el domingo me encuentro mejor pero apenas estoy reaccionando al tratamiento y me tienen bajo microscopio. Estoy cansada, poco enfocada, distraida, cero concentrada, pero menos errática y fuera del hoyo negro. Honestamente, me dio mucho miedo porque tenía años de no sentirme así; reflexioné que últimamente he estado en overdrive tanto por asuntos personales como laborales y que era cosa de tiempo un breakdown de esta magnitud.

Todo esto me sucedió exactamente a días de firmar un contrato según el cual oficializaba que tengo dos trabajos, dos jefas, dos responsabilidades que consumen tiempo y paz mental.  Acariciaba a mi gato sentada en la cocina y decidí que es mejor estar cuerda y medio pobre que rica y completamente loca.

Les llamé en ese instante. Renuncié. Les dije que no, que por razones médicas. Creo que entendieron.

Me quedé con un coctel de 6 pastillas, ma classe du francais qui est incroyable!, tres gatos gordos y peludos, tardes libres para leer, ganas de bailar en lugar de llorar, música, besitos, simpleza y atardeceres tibios. Espero que mi vida esté libre de manías, ansiedad, pánico y cosas similares por un laaaargo rato.

Por todo lo anterior, personas allá afuera, si escribo cosas como si estuviera en una montaña rusa sin fin es porque… lo estoy; lamento la falta de sentido pero… es que no lo tengo.

Hay personas para todo y de todo tipo y yo soy una que tiene que dedicar cierta parte del tiempo en vigilar y asegurar la continuidad de su estatus como persona en toda situación, por más cotidiana que ésta parezca. Ser persona se me dificulta a ratos, me convierto en no-persona por minutos u horas; soy una persona en riesgo de dejar de serlo pero, créanme, esto de ser persona es un reto interesante, adictivo y al menos en mi caso, una meta de todos los días.

Por cierto, ustedes son mis personas favoritas. :) Rock on.

Wise up

Prepare a list for what you need,
before you sign away the deed
’cause it’s not going to stop.

Soy una persona muy fácilmente obsesiva y bastante compulsiva en más de un sentido. Nunca, claro, como mi padre, a quien por la única cosa que respeto es por ser la persona más obsesiva que ha pisado esta tierra, por mucho. Gran parte de mi terapia se enfocó en despegar mis propias cumpulsiones de las heredadas; después de unos 5 años se logró y mi doctora tomó sus primeras vacaciones en un lustro. Ahora, ya aislados, mis intereses fanáticos (eufemismo) están en mis manos para ser explotados.

Uno de ellos es la belleza, entendiéndose ésta por asuntos de la piel, el pelo, las uñas, etc. Eso suena benéfico y saludable, pero creo que ha comenzado a volverse un problema; ejemplificaré a continuación. Aquéllos no interesados en estos temas pueden dejar de leer ahora.

El domingo pasado me aburría mucho (cuántas veces he escrito eso?!?!) cuando recordé que debía ponerme una mascarilla refrescante porque el día anterior, sábado, fui a un evento al aire libre de 3 de la tarde a 1 de la mañana.
Para éste, como debe de ser, me embarré todo el bloqueador solar factor 45 que necesitaría un esquimal debajo del hoyo en la capa de ozono.. pero olvidé mi chamarra. A las 5 de la tarde comenzó a nublarse y refrescar, lo que me hizo aceptar mi error: mi bloqueador no debió ser tal, sino crema humectante; el frío deshacía mi cara.

En fin, regresando al domingo, comencé el día poniéndome una mascarilla y… en el resto del ritual de embellecimiento se me fueron aproximadamente…. 6 horas y media. Leyó usted bien.

Me di cuenta, entonces, que una cosa es cuidarse y otra es estar completamente mal de la cabeza. Cuando acabé de hacer todo lo que se imaginen en seis horas y media, me encontré perfectamente hidratada, perfectamente peinada, perfectamente manicureada… y perfectamente maquillada.
Me detuve y noté que podría irme a una boda con vestido de coctel en ese mismo instante pero era domingo y mi full on makeup no lo iba a ver nadie… ¿o sí?

Agarré las llaves y me fui al super. Imaginen, bellísima e inmaculada… en domingo… en el super. Claro que más de uno se me quedó viendo como si tuviera dos cabezas. Base mineral, mejillas melocotón, ojos con 4+ sombras, labios delineados… para visitar el departamento de frutas y verduras.

No sé si pensaban que era una prostituta que recién acababa de salir de turno o qué hasta que una señora se me acercó: “.. lindas pestañas postizas”. Dije, gracias y sonreí. Pensé que si me hubiera preguntado qué carajos hacía con ese maquillaje en el super no habría podido decirle la verdad: “soy obsesiva, me aburría y el numerito se me salió un poco de las manos”.

Regresé a mi casa todavía en estado de negación, no quería desmaquillarme. Cuando me resigné a que era hora -de dormir, incluso- sentí ahogarme en un alud de productos entre nacionales e importados, cremas de todo tipo, tamaño y procedencia, geles varios, pinceles, brochas, sombras, rubores, glitter, lápices de labios, sueros, etc, etc, etc, sobre mi cama en completo caos.

Sentí feo.
Puede sonar cotidiano y simple pero no sé si alguien allá afuera pueda confirmarme que es completamente normal tener una crema exfoliante de labios, una crema nocturna para manos, esmaltes de uñas especiales para pies, 16 limas de uñas de uso regular, 7 shampoos diferentes, 4 toallas para el baño diario, cajones llenos de accesorios, 5 pinzas para las cejas, una caja con 40 lápices labiales, otra con 7 pelucas y hasta…. un par de botes de pintura para payaso. Para mí todos los días deberían ser Halloween… fijo.

No había notado lo obsesionada que estoy con los sueros antiedad, los lip balms, los bloqueadores solares, los body mists… hasta que mandé traer uno desde Iowa porque Victoria’s Secret lo retiró del mercado hace 4 meses y ya no lo tienen en las tiendas.
Pensé completamente justificable la crisis de nervios que me dio cuando Vichy “sustituyó” mi crema diaria por una que, juro por mi madre, es la versión chafa de aquélla. Asimismo,, veía con buenos ojos mi habilidad para identificar inmediatamente si una crema es hidratante o humectante (gran diferencia!); eso no tiene nada de raro.

Lo peor de todo es que no tengo ninguna razón para comportarme así; a mi madre le salió su primera cana a los 40 años y tiene una de las pieles más firmes y sanas que conozco, los genes me favorecen.

Sé que no está cercano el momento de comenzar arrugarme porque mis actividades preventivas comenzaron a los 18 años, tomo mucha agua, no me desvelo ni expongo al sol, soy fan del té verde y todos los antioxidantes milagrosamente concentrados en el brócoli y las blueberries…

… y además soy la víctima perfecta de todas las casas cosmetológicas existentes gracias a mi mayúscula inseguridad.

Todo, precisamente, porque sé muy muy dentro que mis primeras arrugas, a diferencia de Talina, no serán en las mejillas como consecuencia de años plenos de sonrisas espontáneas… serán en el ceño y la frente, por la acumulación cíclica de millones de problemas sin resolver.

Triste, huh?

Hell = other people

It’s all lived inward,
but I’m the one who’s turned,
I guess you broke the spell.
Hell is other people.
To Hell with other people.-

Es difícil hacerse responsable de las propias acciones cuando se involucra a tanta gente en situaciones tan variadas. Es difícil, además, hacerlo sabiendo que ellos, y ustedes, leen este blog esperando encontar la cruda verdad acerca de… de todo, realmente. Los ecos de estas palabras se vuelven imposibles de contener una vez que llegan a los ojos de aquell@s involucrados mi vida, bastante complicada recientemente.

Mantener el tono despreocupado que una vez caracterizó a este blog se ha vuelto casi imposible; soy consciente de las repercusiones de mi propia exposición pero no sé muy bien qué hacer con la de ell@s, las personas que quiero y a pesar de todo este vórtex me acompañan día a día, algun@s más lejos que otros, pero siempre presentes. Nunca aprendí, porque no lo creí necesario, a escribir de mi vida sin involucrar la integridad o sentimientos de otro que no la debe ni la teme.

He hecho daño, lo sé, porque me lo han dicho. Cosas como “por qué escribiste eso?!, no es cierto! es tu versión de las cosas!” o “ese post me puso muy triste” las he escuchado más de una vez. Sí, todas estas palabras son mi versión de las cosas y, creo, así debe ser porque esta es mi perspectiva y conclusiones acerca de lo que me sucede, lo que me duele, lo que decido contarles y, un poco sin pensarlo, sé que los hago partícipes en esto. Es mi blog, finalmente.

Esa es una apuesta que muchas veces pierdo porque en toda esta exposición - catártica, claro- soy infinitamente vulnerable; estoy semi desnuda frente a ustedes, que según mis gráficas, están regados por todo el mundo. Saben muchas cosas que a veces yo no recuerdo y por eso escribo, mi diario en línea, éste, dejó de ser privado hace mucho tiempo.

Aquí hay de todo, cosas chuscas, patéticas, crudas, medias porno. Cubren periodos muy importantes en mi vida y explican, muchas veces a mí misma, cómo ha evolucionado mi personalidad y padecimientos. Los que leen con cuidado pueden graficar mis estados de ánimo: un día festivo, al otro completamente miserable. Estos textos comenzaron hace años como un ejercicio dirigido a mi entonces psiquiatra quien con la intención de entender más fehacientemente mi rampante bipolaridad, recopilaba información sacándola de mis mismas palabras.

Pero esto dejó de ser acerca de mí en específico y comenzó a afectar puntos de mi vida muy preciados, frágiles también, que he venido padeciendo recientemente.
Gente con la que me involucro inmediatamente dice “pero no vayas a bloggear esto, ok?!”, y me hace prometer sobre mi libro de Kylie que todo será offrecord.

Soy una bocafloja y eso me cuesta; me cuesta haber perdido para siempre una gran parte de mi vida privada al haberla hecho pública, me cuesta haber tenido que pedir perdón más de una vez - sin obtenerlo, en ocasiones-, me cuesta saber que de ahora en adelante nada de lo que ustedes lean será inocuo. Quería comentárselos. No quiero comenzar a lanzar cosas con la leyenda de “this post is private”; a quién engaño, nada lo es.

Es por eso que mis palabras últimamente han salido a cuentagotas; aquí está mi corazón y allá afuera los ojos de quienes lo hacen latir fuerte, despacio, o desordenadamente.

Tengo que ser honesta conmigo misma: no me puedo quejar de algo que deliberadamente decidí y se me ha salido de las manos lenta y dolorosamente. Nadie me obligó a publicar cosas que resultaron ser grandísimas fuentes de problemas, nadie me puso una pistola en la cabeza.

La privacidad que tengo es la que me queda y la que merezco; claro, no la que necesito o deseo, pero es un poco tarde para intentar recuperarla.

También hice que varias personas perdieran la suya sin respetar lo valiosa que ésta es.

Lo sé. Lo siento.

Heartbeats

Ten days of perfect tunes
The colours red and blue
We had a promise made
We were in love.-

7, ese es mi número de anillo. Este dato completamente informativo lo aprendí a los 20, cuando el primero llegó a mi dedo; éste en el que parecen entrar y salir anillos de cualquier procedencia. Diez años han pasado y algo me dice que este dedo no está hecho para conservar ningún anillo a pesar de que sea número 7, esté grabado o sea de platino.

Bodas, esos eventos tan extraños que yo siempre he visto con particular sospecha y, más que nada, escepticismo y cinismo. Esos eventos donde cientos de personas son testigos de la apuesta, el volado, de una pareja que intentará, en el más honesto de los casos, no hacerse la vida miserable mutuamente. Luego llegan las deudas, los hijos, los reproches, pero bueno, estamos hablando de la boda, no nos adelantemos. Ese momento debería ser nombrado el más naïve de la vida.

Como dice mi madre, “tú no tienes para cuándo” y ese cuándo es global, asincrónico, retórico-literal y totalizante. Según ella no tengo para cuándo sentar cabeza, para cuándo dejar de ir a conciertos, para cuándo decidirme a comprar una casa, para cuándo tomarme en serio esto de la vida y comenzar a pensar para cuándo/cómo compartirla. Ella está resignada, dice que muy probablemente morirá antes de verme “con alguien”; sí, ya no le interesa siquiera el género de esa hipotética persona, sino que simplemente esté conmigo, lo que sea que eso signifique, las circunstancias son irrelevantes.

Yo, por supuesto, me la paso decepcionándola y dándole falsas esperanzas. El destino se ha ensañado con sus expectativas, queda claro.

Tomemos el caso de un amigo que se enamoró profundamente este pasado fin de semana, según él. Para borrar dudas, recibió un email que literalmente le confirma que el otro involucrado también está en estado de embelesamiento; va así:

You are sleeping as I type this e-mail to you, and I could not be any happier right now.  I had a fantastic weekend with you, and ask God that he allow me many more with you.  You are an amazing man, so talented, and I am thankful that I met you. I enjoyed holding you tight this weekend as I looked into your eyes and then kissed you for what seemed like an eternity.

Awww. Lindo, eh?
La preocupación del receptor es más terrenal: “no se que hacer…. soy MALISIMNO PARA REGRESAR LA MIEL!”

Es la mala administración de miel la que ahora me trae a ustedes. La mía tiene características especiales que creo que la hacen más similar a la cera por sus propiedades de solidificación. Mi miel una vez que te embarra, tenderá a detener tu vida, a congelarte en un momento, hasta que yo misma diga “esto no nos lleva a ninguna parte” (doh!) y decida liberarte.
Mi miel es una trampa mortal. Mi miel no es dulce, ni del todo cristalina; pero es rara y preciada.

Así, bien, ésta no me ha llevado -permitido- conservar ninguna propuesta de matrimonio desde aquella primera que yo firmemente decliné diciendo que “me falta mucho por vivir”. No me arrepiento, efectivamente me dediqué a hacerlo, me nutrí y las experiencias que con el tiempo he coleccionado, son invaluables.

Mi dedo sigue sin un anillo del número 7 pero algo ha cambiado radicalmente en los últimos tiempos. No, no tengo ninguna certeza inamovible ni desesperación por pararme en un altar a recitar como merolico textos que no significan nada para mí. Ni siquiera hablemos de boda como tal sino de un verdadero compromiso espontáneo.

Hoy estoy convencida de que llegado el para cuándo seré capaz de redactar unos votos tan arrebatadoramente intensos que le cerrarán la garganta a quien los escuche; harán que el cielo llore; harán que se derrita la cera. Ahora sí estoy lista para agradecer, para valorar, para respetar, para apoyar pase lo que pase; estoy lista porque sé lo que significa y lo trascendente que esto es. Haré mención especial a tod@s aquell@s que me enseñaron cosas sin saberlo, diré que l@s amé si es que no se los dije nunca, entonces había algo en mí que no acababa de fraguar. Daré las gracias a quienes me soportaron en el camino hasta ese punto y me sonrojaré como niña frente a quien haya podido, una vez por todas, lograr que detuviera mi carrera frenética hacia alguna parte, para verl@ a los ojos mientras digo esas palabras con todas sus letras.

La bipolaridad es fatídica para las emociones -propias y ajenas- porque son las que más sufren de esos altibajos que, en mi caso, parecen más bien apagones. Incluso algo fundida, como estoy, no pierdo la esperanza de llegar a un cuándo donde el miedo no solidifique la miel, todo fluya y me pierda en esos ojos como la primera, la segunda, la vez número doce millones… y el concepto de para siempre suene lejanamente posible, no un anhelo simple sin fundamentos. Sé que soy capaz.

Entonces podré decir que la vida se me fue en el momento en que “I looked into your eyes and then kissed you for what seemed like an eternity”.

Ahora solo me queda recordar que yo estuve ahí en cuerpo y alma; efectivamente, we were in love.