El pasado viernes, en plena disco y con una canción cualquiera, recordé tenía una incógnita pendiente, derivada de un post anterior. Sí, en esta disco estaba C, el que dijo que me quiere coger desde los noventa, ahora sí con su esposa, quien me saludó de lo más cordialmente.
Yo ya estaba entrada en tragos porque ese día fue relevante socialmente hablando: mi asistente renunció y se va de la ciudad a superarse académicamente, así que brindamos desde las… 8.30, más o menos; de ahí nos pasamos al antro.
En la disco me puse cariñosa -en sentido no tierno- con H, situación que consta en mínimo un par de fotos donde él me está abrazando mientras le lamo una oreja… se imaginarán. Tampoco es raro, nuestra amistad suele no tener fronteras físicas muy bien definidas.
Digamos que eran las 4 am cuando vi a H muy detenidamente y lo abordé. No me acuerdo las exactas palabras, pero la idea era clara: le dije que nos fuéramos a mi casa, a cojer, que ahora o nunca, que no había mañana, ya saben.
Todo lo anterior porque me picaba la duda del por qué él nunca me había hecho insinuación alguna y porque, como bien apuntó medio mundo en los comentarios, el chico no es de palo, además de que lo quiero enormidades y es muy lindo. Qué podríamos perder? Nada.
Entonces, su respuesta a mi propuesta directa muy directa en cuando a las actividades de la noche, o cómo quería que terminaran fue una risa nerviosa, cara de incredulidad y un determinante No.
Dijo que No. Así sonó, con mayúscula.
Abrí mucho la boca. Me congelé por un instante. En medio de mi confusión, ni siquiera se me ocurrió preguntar por qué no. De hecho, lo primero que pensé fue decirle algo como “… y quién carajos te crees para decirme que no, imbécil!??!!”. Bueno, hasta se me bajó el pedo, con eso les digo todo.
Él me veía como si nada acabara de suceder, totalmente en otro asunto. Usé su nombre completo (cosa que solo hacemos en casos serios y delicados porque nos tratamos de cariño y hon, respectivamente) y agregué: “tienes media hora para pensarlo”.
Me fui por una cerveza -otra!- y aproveché para meditar un poco lo que acababa de suceder. Me dijo que No. El tipo me había dicho que No. Damn.
Entonces noté lo poco acostumbrada que estoy a eso, a escuchar un no a propuestas de ese tipo. Usualmente ni siquiera tengo que preguntar, por dios. De hecho, ahora que lo escribo me siento un poquito (eufemismo) patética; qué necesidad siquiera de PREGUNTAR!?… por qué no simplemente me lo llevo a mi casa sin avisarle, o lo drogo para violarlo?! Como sea, las cosas no estaban saliendo como yo me esperaba: estaba recargada en la barra y H me había dicho que No. Crappy night.
Hice tiempo, fui al baño, bailé con Hmlst (coincidimos sin querer), me fumé un cigarro, pedí una canción y regresé. H me vio y fue hacia mí.
“Oye, neta, no puedo, no te pongas rarita”
Ahora sí que me estaba ofuscando; ahora sí que le iba a soltar una cachetada en público, ahora sí que el alcohol en la sangre estaba haciendo estragos porque no respondí físicamente como mi cerebro exigía hubiera preferido en ese momento.
Atiné a preguntar:
“por qué carajos no puedes??!”, me faltó agregar “y por qué tus amigos casados sí pueden?” pero se me hizo too much information.
“Tengo una junta mañana a las 11″
Dijo eso. Lo juro.
Más confusión, más boca abierta, más ganas de darle una cachetada. Me cambiaba por una junta a las 11. Todo mi hotness y disposición para hacerle cochinadas castigadas penalmente, por una junta. Me dio algo, algo, y luego me vi, como dice B, verbalmente violenta.
“Chinga tu madre con tu junta, tu jodido sentido de responsabilidad y tu ñoñez”
No era feliz, neta no lo era; no me esperaba para nada esa situación, ya que la tenía, quería salir de ella lo más pronto posible.
Lo bueno fue que solo nos quedamos otra media hora y Ang declaró retirada.
Nos despedimos, H me abrazó y dijo “descansa”. Como la furia no se me había bajado del todo, recién salí del antro le mandé un sms con su nombre completo (segunda vez en una noche! escandaloso!) junto a un “WTF?”. No me contestó.
Ahora mismo no sé si su razón idiota era una barra, o si no se atrevió a decirme “no quiero contigo desde los noventas” o aquella pendejada de “es que somos amigos y no quisiera perderte blah blah blah”.
La duda entonces la sigo teniendo pero no sé si quiero preguntar de nuevo porque un No ya es muy frustrante como para oír un segundo. Su frase argumentativa fue muy ambigua y poco puntual.
Finalmente, decidí no pensar más en esto; estoy dedicando momentos de mi vida a descifrar a un hombre (que llora como nena, again too much information), cosa que nunca lleva a ninguna conclusión valiosa y además frustra en todos los casos.
Por lo pronto, tomé cartas en el asunto: quité la foto en la que estamos juntos de mi profile de Facebook y si pudiera, le vandaleaba el suyo, además de humillarlo en Guitar Hero porque soy muy madura, claro, y soluciono mis conflictos como adulta.
Pero qué carajos se cree? Dijo que No.
Chale, este es un tema de terapia… y mi psiquiatra se fue dos semanas de vacaciones.