Archive for August, 2008

Left to my own devices

Hola, hola.

Este es un post un poco diferente al resto. Éste no tiene tema.
Debido a los interesantes comentarios, diversas opiniones y en general la interactividad que hemos logrado (porque me encanta recibir y contestar a sus mensajitos) quería proponerles algo.

Han estado leyendo mi vida con escritunio; incluso creo que la saben mejor que yo (las drogas destruyen, niños), así que es su turno de preguntar, proponer temas, o interactuar más directamente con su servidora.

¿Algo que quieran saber de cualquier tema? ¿Un detalle de mi vida que no los deje dormir o que crean que deliberadamente pasé por alto? ¿El descenlace de alguna de las historias aquí presentadas?

Me gustaría probar qué tantas cosas podrían surgir de esta interacción no moderada. Prometo verme lo más honesta y/o cruda que sea necesario en cada particular observación.

Pues eso.
Dele, que la piñata ya está colgada.

Don’t stop believing

Oh, the movie never ends
It goes on and on and on and on.-

Al mundo le faltan captions o, mínimo, carteles explicativos más allá de toda duda, como los usados en las películas silentes. Eso definitivamente ayudaría a definir el rumbo a seguir o por lo menos saber si la situación como la percibes es correcta.
Pero no tenemos esa suerte.

Esta semana viví en un sitcom que terminó con un final feliz pero con suficientes hilos sueltos como para tener una secuela. Para no hacerles el cuento muy largo, hablé con mi ex por primera vez en 2 años.
Mi ex. Ajá, a la que le quemé todo y humillé públicamente. Ella.

Contrario a la esperado, nuestro encuentro tuvo tintes de todo menos de resentimiento a pesar de que ella dijo haber estado enterada de mi vida todo este tiempo; incluso lo de la hoguera, pero para eso son los blogs personales, para que los exes nos stalkeen, que no?

Es realmente bizarro pensar que volvimos a contactarnos cuando había tantos agravantes a situaciones tan delicadas. Decidí terminar con añejos malos karmas, odios fundados pero pasados y verme madura al lidiar con mis sentimientos al respecto como adulta, sin que involucraran el Xbox, para variar.

No sé muy bien por qué lo hice, pero hubiera sido en reacción a un caption como “… y mientras tanto, en la ciudad de al lado, algo que cimbraría la vida de nuestra heroína estaba a punto de suceder”.

Le escribí un email explicando rudimentariamente mis motivos pero sin decir mucho; en ese instante ni siquiera estaba segura de que contestaría (dadas mis anteriores respuestas a los suyos que variaban del “muérete” al “piérdete en el infierno), mucho menos que quisiera darme una oportunidad de resarcir daños.
Lo hizo, no solo eso, sino que envió su teléfono con un: “hazlo por favor, llama…”.

Medité acerca de la prudencia de marcarle por un par de días. La verdad yo solo quería enviar un “lo siento” a su correo, pero que ella estuviera dispuesta a vivirlo era para mí muy relevante.

Juntas pasamos 3 años muy intensos donde el último fue un constante deathmatch, muerte súbita. Final, e inevtitablemente, terminamos casi sacándonos los ojos. Bueno, la verdad es que yo se los quería sacar a ella; su caso era más bien problema de omisión y demasiadas cosas en la cabeza como para darse cuenta de lo que estaba sucediendo.

Han pasado 5 años, y unos meses, desde que nos cruzamos por primera vez, y de los sucesos derivados de que se sentara a mi lado una tarde de verano del 2003. Dos años de guerra fría y un email después, me sorprendí hablando de ella en terapia. Mi manera de explicarle al doc por qué me interesaba contactarla ahora, que hay tantas cosas que decidir en poco tiempo, fue simplemente: “nadie me conoce como esa mujer”; reconocerlo fue la primera etapa de mi recuperación.

Hoy, a unos días de haber reestablecido comunicación, sucede que tengo pruebas.

L sigue teniendo la habilidad de terminar las frases que yo empiezo, de sorprenderme evadiendo temas, de confrontarme, de dar en el punto con efectivísiva facilidad. Sí, sigue siendo la persona que más me conoce sobre esta tierra. Sigue siendo el espíritu libre y caótico del que yo me enamoré, uno que amé profundamente.

Recordar el por qué me enamoré de ella y no todos los motivos que tuve para odiarla reconfortó mi alma y liberó karma positivo al universo. Sonreí todas las veces que se trabó al teléfono porque estaba nerviosa, algo en mí se acomodó cuando le dije “nena”, y el hielo se rompió por completo.

No puedo asegurar que nos mantendremos en contacto y/o nos convertiremos en las mejores amigas. Tendremos que volver a intentarlo, fijo, porque esta vez no pasamos de “en serio lo siento, yo también, no yo lo siento más”; queda mucho de qué ponerse al tanto, detalles valiosos de nuestras respectivas vidas y hasta nimiedades, por qué no.

Algunas cosas nunca cambian; me invitó una limonada y dijo que tendría que ser antes del domingo “porque me voy a Oaxaca, manejando hasta allá” (dos días de camino sin detenerse?). Acoté que no nos apresuráramos, que habrá tiempo para hacerlo y acabar de cerrar el ciclo.

Si mi asunto con ella está finiquitado, es oficial que me puedo morir sin haber dejado energía emocional residual suelta por ahí. Me siento bien de tener de mi lado otra vez a la persona que más me conoce sobre la tierra, saber que 3 años no fueron ni gratis ni en vano, que de lo que se siembra (por más que después haya habido una explosión nuclear) algo se cosecha, tarde o temprano. Prueba que el infierno puede congelarse en bellos copos y estalactitas. Don’t stop believeing.
También es el final feliz del sitcom que se detuvo en un nudo importante con un “continuará”.

El reset de nuestros asuntos, me enteré ayer, es tajantemente literal. El total de fotos que abarcan el periodo de mi vida con ella (unas 1000) se perdieron en un error de encriptación, de un “archivo corrupto, vuelva a intentarlo”. Sí, mil fotos hechas bits sucios que son irrecuperables. Mil fotos. Mil.
Me lamenté en ayes profundos además de serie de maldiciones.

Estaba en esas cuando S me hizo el favor de cosechar para mí un pensamiento muy reconfortante:

” uh! será para bien? podés empezar a sacar fotos nuevas”

Fotos nuevas. Eso. Imágenes que celebren nuestro triunfo como individuas en lugar de aquéllas que recuerdan nuestro fracaso como pareja. Eso, fotos nuevas.
Nuevas.

Por eso espero ansiosamente que regrese de su viaje y verla pronto; mi cámara está lista.

Cold water

El pasado viernes, en plena disco y con una canción cualquiera, recordé tenía una incógnita pendiente, derivada de un post anterior. Sí, en esta disco estaba C, el que dijo que me quiere coger desde los noventa, ahora sí con su esposa, quien me saludó de lo más cordialmente.

Yo ya estaba entrada en tragos porque ese día fue relevante socialmente hablando: mi asistente renunció y se va de la ciudad a superarse académicamente, así que brindamos desde las… 8.30, más o menos; de ahí nos pasamos al antro.

En la disco me puse cariñosa -en sentido no tierno- con H, situación que consta en mínimo un par de fotos donde él me está abrazando mientras le lamo una oreja… se imaginarán. Tampoco es raro, nuestra amistad suele no tener fronteras físicas muy bien definidas.

Digamos que eran las 4 am cuando vi a H muy detenidamente y lo abordé. No me acuerdo las exactas palabras, pero la idea era clara: le dije que nos fuéramos a mi casa, a cojer, que ahora o nunca, que no había mañana, ya saben.

Todo lo anterior porque me picaba la duda del por qué él nunca me había hecho insinuación alguna y porque, como bien apuntó medio mundo en los comentarios, el chico no es de palo, además de que lo quiero enormidades y es muy lindo. Qué podríamos perder? Nada.

Entonces, su respuesta a mi propuesta directa muy directa en cuando a las actividades de la noche, o cómo quería que terminaran fue una risa nerviosa, cara de incredulidad y un determinante No.
Dijo que No. Así sonó, con mayúscula.

Abrí mucho la boca. Me congelé por un instante. En medio de mi confusión, ni siquiera se me ocurrió preguntar por qué no. De hecho, lo primero que pensé fue decirle algo como “… y quién carajos te crees para decirme que no, imbécil!??!!”. Bueno, hasta se me bajó el pedo, con eso les digo todo.

Él me veía como si nada acabara de suceder, totalmente en otro asunto. Usé su nombre completo (cosa que solo hacemos en casos serios y delicados porque nos tratamos de cariño y hon, respectivamente) y agregué: “tienes media hora para pensarlo”.

Me fui por una cerveza -otra!- y aproveché para meditar un poco lo que acababa de suceder. Me dijo que No. El tipo me había dicho que No. Damn.

Entonces noté lo poco acostumbrada que estoy a eso, a escuchar un no a propuestas de ese tipo. Usualmente ni siquiera tengo que preguntar, por dios. De hecho, ahora que lo escribo me siento un poquito (eufemismo) patética; qué necesidad siquiera de PREGUNTAR!?… por qué no simplemente me lo llevo a mi casa sin avisarle, o lo drogo para violarlo?! Como sea, las cosas no estaban saliendo como yo me esperaba: estaba recargada en la barra y H me había dicho que No. Crappy night.

Hice tiempo, fui al baño, bailé con Hmlst (coincidimos sin querer), me fumé un cigarro, pedí una canción y regresé. H me vio y fue hacia mí.

“Oye, neta, no puedo, no te pongas rarita”

Ahora sí que me estaba ofuscando; ahora sí que le iba a soltar una cachetada en público, ahora sí que el alcohol en la sangre estaba haciendo estragos porque no respondí físicamente como mi cerebro exigía hubiera preferido en ese momento.

Atiné a preguntar:
“por qué carajos no puedes??!”, me faltó agregar “y por qué tus amigos casados sí pueden?” pero se me hizo too much information.

“Tengo una junta mañana a las 11″

Dijo eso. Lo juro.

Más confusión, más boca abierta, más ganas de darle una cachetada. Me cambiaba por una junta a las 11. Todo mi hotness y disposición para hacerle cochinadas castigadas penalmente, por una junta. Me dio algo, algo, y luego me vi, como dice B, verbalmente violenta.

“Chinga tu madre con tu junta, tu jodido sentido de responsabilidad y tu ñoñez”

No era feliz, neta no lo era; no me esperaba para nada esa situación, ya que la tenía, quería salir de ella lo más pronto posible.
Lo bueno fue que solo nos quedamos otra media hora y Ang declaró retirada.

Nos despedimos, H me abrazó y dijo “descansa”. Como la furia no se me había bajado del todo, recién salí del antro le mandé un sms con su nombre completo (segunda vez en una noche! escandaloso!) junto a un “WTF?”. No me contestó.

Ahora mismo no sé si su razón idiota era una barra, o si no se atrevió a decirme “no quiero contigo desde los noventas” o aquella pendejada de “es que somos amigos y no quisiera perderte blah blah blah”.

La duda entonces la sigo teniendo pero no sé si quiero preguntar de nuevo porque un No ya es muy frustrante como para oír un segundo. Su frase argumentativa fue muy ambigua y poco puntual.

Finalmente, decidí no pensar más en esto; estoy dedicando momentos de mi vida a descifrar a un hombre (que llora como nena, again too much information), cosa que nunca lleva a ninguna conclusión valiosa y además frustra en todos los casos.

Por lo pronto, tomé cartas en el asunto: quité la foto en la que estamos juntos de mi profile de Facebook y si pudiera, le vandaleaba el suyo, además de humillarlo en Guitar Hero porque soy muy madura, claro, y soluciono mis conflictos como adulta.

Pero qué carajos se cree? Dijo que No.

Chale, este es un tema de terapia… y mi psiquiatra se fue dos semanas de vacaciones.

There’s something about Miss P

De entre todas las cosas que hago sin esfuerzo alguno, hablar hasta con las piedras destaca como rasgo preponderante. Mi psiquiatra dice que mi extroversión es mayúscula, yo lo corrijo diciendo que lo mío es más bien exhibicionismo.
Lo anterior me permite conocer gente en las situaciones más extrañas; fue así como me encontré con Diana, Manolo y Adelaida.

A Diana la conocí en el aeropuerto cuando esperaba salir de Monterrey al DF. Eran como las 7am y mi glamour no me acompañaba. Con eso de que la paranoia de explosivos líquidos o frascos de más allá de 100mls. solo había empacado un esmalte de uñas microscópico y mi espejo. Olvidé la crema para manos y después de lavármelas con ese jabón industrial que ponen en los baños públicos, pedían a gritos ser atendidas. Volteé a todas partes y solo había dos personas en ese lado de la sala de espera: un jotito y una niña con cara de ñoña. Yo voté por ir a pedirle crema al jotito cuando la niña sacó su lip balm y un polvo compacto. Corrí hacia ella.
Me dio crema -bueno, cómo me vería que hasta me la regaló- y se presentó apenas pude darle la mano, ahora humectada, en agradecimiento fraternal.
Ella se dirigía a Málaga, así que compartiríamos vuelo nacional e intercontinental hasta Madrid. Hicimos tan buenas migas que, a pesar de no estar asignados así, movimos a un señor para poder compartir asientos.

Platicamos y platicamos por 10 horas de todo y nada. Nos dormimos una sobre la otra y ella fingió dos veces querer un whiskey para darme su botellita, así que me tomé un par de dobles que me mantuvieron cordial.
Hoy, a dos semanas de aquello, platicamos por msn bastante seguido y ya tenemos cita para ir a bailar por ahí.
La moraleja es: lo que la crema para manos une, no lo separará el hombre.

A Manolo me lo encontré literalmente en su casa, ajá, en una fiesta a la que me llevaron a pesar de que no me habían invitado. Cuando supo que era mexicana, era obvio mi acento foráneo, me jaló a la cocina y dijo “estuve esperando este momento por meses”. Entonces sacó una botella de vodka… con chile. Sí, vodka con chile -éste flotaba felizmente en el líquido-, hecho en Rusia e importado por él mismo. “Tenemos que abrirlo”. Eso hicimos. Él se atragantó con el primer sorbo. Yo me tomé 4 y enarbolé la botella el resto de la noche. Los asistentes y presentes declinaron las invitaciones a catar tan fina combinación Rusa-mexicana. Me divertí haciéndolos sentir poco aventureros.

Adelaida me observaba con interés desde el balcón de casa de Manolo. Con la botella para todas partes me veía extraña, reflexiono ahora. Se acercó a comer canapé o brocheta y me saludó. “Eres mexicana, verdad? Yo soy de Venezuela”, great! Latin power en Cataluña!
Platicamos de Hugo Chávez un rato para pasar a algo mucho menos político: la comida mexicana. Resulta que Ade conoce unos chicos de Mérida que le han cocinado cochinita pibil y mole. “El mole es extraño, sabe mucho a chocolate”. Dijo que tiene pensado venir a México en diciembre y la preparé para la cantidad de platillos “extraños” que podrá encontrarse por tierras mayas.

La hermandad se acabó de establecer cuando mencionó lo mucho que le gusta Gloria Trevi, comentario seguido de “ándale, ella es de Monterrey, mi cuidad”; después de eso tuve su completa atención por horas y horas. Resultó que no ha escuchado la discografía completa de tan destacada artista, así que le canté un pedazo de la Papa sin Catsup, cosa que le causó un ataque de risa.
Ella fue la que me tachó de alcohólica por tomarme un whiskey en un trago.
Horas después de conocernos nos invitamos bebidas mutuamente e intercambiados datos.
Yo le envié las fotos que nos tomamos esa noche, ella respondió con un “ya tengo la Papa sin Catsup!”

Está super puesta para incluir a Monterrey en su tour por México; espero que lo haga, quiero que vea qué significa comer carne de manera profesional y tomar como un oriundo.

Ellos son mis nuevos amigos sacados de situaciones poco probables y encuentros fortuitos. Hay muchas fotos que lo prueban y que atesoro junto a las de paisajes, eventos y personajes.

Recuerdo cuando estas cosas eran imposibles y solo existía el correo terrestre (o aéreo). No hubiera sabido jamás que Adelaida bajó una canción de Gloria Trevi y eso es super importante.

No?