Archive for August, 2008

Shop ’til you drop

Se sabe que las mujeres (y hombres, claro) tenemos ciertos “hobbies” socialmente inculcados y algunos incluso alentados por la economía global contemporánea. Las compras compulsivas podrían entran en esta categoría.

Leía un artículo acerca de esto y no puedo más que estar de acuerdo en que hay algo íntimamente ligado entre las compras compulsivas y el estado de ánimo del sujeto en un momento determinado. Lo que se discute es la probable necesidad de considerarlo un desorden psiquiátrico por la ansiedad y estrés emocional que ocasiona como consecuencia. También se compara con la hipersexualidad, entre otros desórdenes que caen en la tipología de “adicciones del comportamiento”, aquéllas que brindan una gratificación instantánea pero que su repetición indiscriminada resulta en un daño a corto o largo plazo.

El dato más relevante que el estudio presenta es que la inmensa mayoría de los declarados compradores compulsivos ha sido diagnosticados previamente con desórdenes de ansiedad, depresión o alteraciones de ánimo.

Sad consumers, they suggested, are likely to think less of themselves and thus might be more motivated to boost their self-image with a pricey purchase. (fuente)

Interesante, eh? También me cayó un poco el saco.

Mis compras compulsivas (que van escalando en gravedad según se incrementa mi poder adquisitivo) tienen de entrada un patrón definido - e inteligente!- que me exime de toda culpa: las disfrazo de regalos para no sentirme responsable de mi propia gratificación y posteriores ansias de “eso, honestamente, no lo necesito”.

Bajo esta dinámica, puedo satisfacer mis urgencias de gastar dinero mientras hago feliz al prójimo al mismo tiempo, qué mejor! Un celular nuevo? Boletos para Oasis en zona preferente? Vuelos redondos a Tijuana, el DF, Guadalajara? Un cd importado japonés demasiado caro? Una camiseta original del Barcelona? El perfume de diseñador que no existe en México? Flores? PSP? un Ipod? Todas las anteriores?
Sí, si estás dentro de mi círculo de amigos estas cosas pueden tocarte el día que sea. A esto me refiero.

Lo malo es que no funciona en todos los casos. Después hay otros vacíos más profundos que llenar.

Una mujer triste (de ahora en adelante mujer, para evitar las aclaraciones innecesarias, pero también incluye hombres), dolida, o deprimida que al mismo tiempo está rodeada de gente que se preocupa y hace de todo para evitarle el mal rato, es muy probable que escuche algo como “no te pongas así, cómprate algo bonito y verás que se te olvida!”. Esto también funciona como placebo contra las urgencias por comer chocolate o rentar Los Puentes de Madison bajo la premisa de que comprar es uno de los remedios infalibles contra toda infelicidad, insatisfacción y tristeza. Ya sé, suena super consumista.

Cuántas veces hemos pensado en lo lindo que se nos ve un vestido mientras intentamos convencernos de que, por ejemplo, “esto sí es buen gusto, no como el de la gata aquella por la que el pendejo este me dejó!”. Cuando los problemas son patéticos e individuales las compras compulsivas suelen ser, además de la salida socialmente aceptable, carentes de felicidad por sí solas y en sí mismas. Lo he comprobado y así es, aunque he intentado volverlas más lúdicas poniéndome metas como “a ver cuánto logro gastarme en dos horas”, “encuentra los zapatos más caros del todo el mall” o “sal con una bolsa de cada tienda del pasillo norte”. Sí, super divertido… y… maniaco?

Reconozco que más de una vez he aguantado las lágrimas cuando las encargadas me informan que no hay zapatos de mi talla o que el único color disponible de esa blusa tan bella es el naranja chingame-la-retina. Eso es atentar contra una ley super clara y obvia: nunca digas que no a una mujer llorosa armada con su tarjeta de crédito, que puedes llegar a ver la luz al final del túnel.
La frustración asociada con las compras compulsivas y la depresión es, según mi experiencia, el motivante más directo de pensamientos suicidas.

Si tengo el dinero, la urgencia y encuentro que no hay nada gratificante que comprar, me desmorono emocionalmente… y recurro al Internet; ahí SIEMPRE hay algo, por más poco probable que parezca el artículo.
Lo malo es que hay que esperar a que éste sea entregado, lo que significa que no se obtiene una gratificación instantánea y todo el ejercicio sirve para absolutamente nada. Bu.

Todo esto nos lleva a que sí, hay una relación causa efecto muy obvia pero dudo que se pueda catalogar como desorden psiquiátrico por más que nos lleve a la ruina financiera; es una salida a la miseria cotidiana y asfixiante tan válida como podría ser el hacer ejercicio compulsivamente, practicar deportes de riesgo, el alcoholismo, las películas mentalmente estresantes o… tener un blog.

Saben a lo que me refiero.

Family affairs

Domingo. En la tarde. Cualquier fecha que escojan. H y yo estamos juntos pendejando; jugando Xbox, tomando chelas mientras escuchamos el ipod, merendando en una plaza, yendo al super, cualquier cosa.

Es domingo y siempre nos quedamos solos. Otra de las muchísimas cosas que tenemos en común es que no contamos con una familia de poster o comercial de bienes raíces; nunca la hemos tenido y, por ende, los domingos son días de lo más aburridos porque no hay carne asada familiar a la cuál asistir, ni piñata de nadie, ni cumpleaños de primito, nada. Nada.

Todos nuestros respectivos amigos están llevando a sus hijos a matinés, comiendo con la suegra, llevando a su abuelita de compras, viendo a sus padres para cenar o en fiestas en la alberca con los tíos, hermanos y sus totales 16 hijos. O están planeando las vacaciones que harán juntos, como muéganos. Él y yo estamos sentados en la sala de mi casa, viendo bajar el sol, las sombras moverse y la noche llegar por el ventanal de enfrente.

La semana pasada llamó para decir, otra vez, “te caigo en tu casa”. Le dije que no, esta vez veríamos el mundo en domingo, porque creo que ninguno lo conoce.
Fuimos a un restaurante, él lo escogió. En el estacionamiento dijo “ven para acá” y me llevó a la banqueta.

En el suelo estaban sus iniciales, otro par y un 93; “yo lo puse, para mi primera novia… ni siquiera creo que lo haya visto; nunca le dije”.
En ese momento me enteré que su primer trabajo fue en ese restaurante; que entró de mesero y salió de gerente en un periodo de 3 años y medio. “Tenía carrera en esto de la comida rápida, todavía años después me llamaban para que diera asesorías”.

Nunca me había hablado de eso.

Entramos; adivinan, estaba lleno de familias felices con carriola, sillita para bebé, ñora acomodando babero y muchas malteadas.

Ordenamos, pedimos cervezas, claro. En el primer cigarro le hice una pregunta que me hago de manera recurrente:

¿Te sientes siquiera un poquito melancólico de no tener una de esas familias de poster?

Suspiró y contestó exactamente como lo esperaba:

Realmente no; no lo entiendo. Ni la dinámica ni esas situaciones. Imagino que debe ser chido tener una familia con la cual pasar los domingos, que se preocupe por ti, que te frecuente, te ayude… pero como nunca la tuve, no puedo extrañarla o desearla. Creo que a ellos los hace felices, les funciona; que bueno, ¿no?

Lo nuestro no es mala onda ni desprecio a la felicidad ajena, en serio, es simplemente que se sale de nuestra línea de experiencias; no lo comprendemos, ni lo registramos, ni lo compartimos. En mi particular caso, sé que soy intolerante y hago caras de “que hueva!” cuando alguien me dice que dejará de ir a equis concierto porque “mi tía cumple años”, o se va temprano de reuniones porque “mañana tengo el baby shower de mi prima”. Me confundo, en serio, me disturbo.

La mejor consecuencia de esta actitud es que NADIE nos invita o involucra en sus actividades familiares; nos enteramos de ellas por el Facebook y la cascada de fotos de niños desconocidos mordiendo sus sonajas, o similares que inundan los perfiles de nuestros contactos. Estamos mejor entre adultos y solamente adultos.

“No tendré hijos”, dijo, “porque no sé cómo hacer una familia si nunca supe qué era tener una ; no hay necesidad de traumar a más gente”. Estas son nuestras expectativas y argumentos.

Otra consecuencia implícita, también, será el nunca tener un hijo puberto a quién contarle que en 1993 tú también tuviste una primera novia a quien inmortalizaste en la banqueta de un estacionamiento.

Todas esas trivialidades, o grandes experiencias, se irán para siempre con nosotros.
Greater good, I guess.

Everyday I love you less and less

Everyday I love you less and less
I can’t believe once you and me did sex
It makes me sick to think of you undressed
Since everyday I love you less and less.-

Me encontraba en la fila de atención a clientes de Telcel -por cuarta vez este mes, claro!- esperando mi turno. Antes de mí estaba un señor madurito y nada feo que… me veía las tetas de vez en cuando. Oigan, qué va a hacer una? En esta ciudad es demasiado idiota andar tapada si no quieres volverte una sopa o entrarle a la combustión espontánea.

Bueno, el señor me veía las tetas sin molestarme para nada cuando se acercó alguien a quien sí le molestaba: su esposa. En ese momento, el señor saca su celular, marca a donde sea y comienza a hablar por espacio de 15 minutos; todo el tiempo ella estuvo parada junto a la fila, esperando a que él colgara.

La señora era… sin mentirles… horrible. En sus cuarenta y muchos, bajita, con un cuerpo deforme por haber parido a 3 huercos, con paño, arrugada, vestida con una camisa, ajá, no blusa, pelo quemado de tanto tinte, una pinza deteniéndolo en la nuca, unos pantalones que al quedarle largos (por su estatura) había doblado más arriba de los tobillos, rematando en unas chanclas tipo ballerina más gastadas que nada. Tenía los ojos delineados, no me pregunten por qué.

Creo que notó mi escrutinio, además que el señor me veía las tetas, así que estaba visiblemente molesta. Uno de sus huercos, de como 14 años, se acercó a decirle no sé qué al papá y él, inteligentemente, lo dejó cuidando el lugar en la fila. Ahora yo tenía delante al puberto; al lado, la señora.

Su padre, nada pendejo, fue a “recibir asesoría e información” de la chica que promocionaba los equipos de Sony Ericsson. La edecán estaba, bueno… como para comérsela con canela y leche tibia. Traía una blusita roja y unos pantalones blancos pegados que son penados con la muerte en todo territorio musulmán. Bueno, se imaginan el resto.

La señora se puso peor y dijo a su retoño:

“Qué está haciendo tu papá allá?!!! Viene a hacer un cambio de región y de línea, no a comprar un celular! A mí no me lo ha cambiado en AAAAÑÑOSSSS; mira la porquería que traigo!”

Yo suspiré. La situación era patética en más de un sentido.
La ñora haciendo berrinche; el ñor viendo tetas y culos en sus narices mientras, claro, le daba un mal ejemplo a su hijo.

Pasado un rato ambos se sentaron en la sala de espera. Nunca se dirigieron la palabra y él aprovechaba cada excusa que tenía, llamadas, para levantarse y alejarse.

Mi cabeza no podía dejar de hacer conjeturas acerca de cuántas amantes tenía el marido en cuestión, cuántas tipas se pagaba o levantaba en tables o cuántas vivían de su dinero MUCHO mejor que su esposa. En este caso no aplicaba para nada lo de catedral-vs-capillitas. Él estaba, obviamente, avergonzado de que ella estuviera siquiera cerca. Sad sad shit.

Siempre fue así de fea o se puso así con los años?, me pregunto; mi mayor interrongante es, todavía, qué sienten esos hombres al respecto de haber contribuido para convertir a una mujer en una bruja resentida y cómo ellas lo permitieron?
Son las abnegadas madres de sus hijos, claro, pero son mujeres también que han perdido todo brillo -y respeto a sí mismas, al parecer- en pos de… de qué?
Alguna vez debió ver en ella algo lo suficientemente valioso para desposarla, no? O una serie de talentos, una personalidad magnética y seductora… algo??
Sé que esta brujificación no sucede en todos los casos pero cuando sí, qué aplica?

Me sentí mal por él.
Me sentí mal en tono pena ajena porque yo no podría dormir pensando en que ayudé a destrozar y reducir a una mujer a ese grado y no hice nada al respecto para evitarlo… claro, menos podría dormir junto a ella sin necesitar drogas duras, o una imaginación de lo más plástica.

No entiendo esa dinámica, en serio; pienso en el karma negativo que genera, además de las consecuencias para los hijos y sus futuras generaciones. Ellos VEN que su padre no quiere a su madre, no la respeta, no la desea, no la soporta siquiera en las inmediaciones de su espacio y la humilla públicamente.

Por qué habrá personas que se sorprenden de la degradada imagen del matrimonio?
Like doh!

Alguien explíqueme.

Lista de cosas que vale la pena hacer en la vida

He estado pensando mucho en esto del crecimiento personal, de los retos individuales y el trabajo en pos de metas. No, yo no dije eso, fue mi psiquiatra, obvio, pero de algo sirvió que me indujera a la reflexión porque di con el tema de este post acerca de lo que yo creo ha ayudado a delimitar y construir mi personalidad como es hoy en día.
A mí me parece bastante parcial eso de “plantar un árbol, escribir un libro … “, tengo mis propias versiones.

No, tampoco estoy asegurando que TODOS deberíamos pasar por estas situaciones pero sé que a mí me cambiaron un poco la vida y quiero compartirlas con ustedes; tal vez nunca lo han considerado así y mucho menos escuchado hablar del tema de primera mano. He aquí, sin orden determinado, la primera parte de lista que compilé en retrospectiva.

a) Involucrarse en algún deporte de equipo:
Este asunto te enseña a confiar, a depender, a respetar y a valorar al otro. También te enfrenta al hecho de que nunca está asegurada la victoria, así que también se aprende a lidiar con la frustración, la decepción y el fracaso. Sé que esto me hizo madurar emocional (y físicamente, claro) desde muy chica; el saberte parte importante del desempeño y buen funcionamiento de un equipo es relevante. Esto es lo que intentan hacer los seminarios de superación y liderazgo sin mucho éxito. Se trata de aprender a ser un engrane y responsabilizarte de tu propia rotación, para poder pulir la de un sistema completo.

b) Tener mascotas
La escuela perfecta para aprender a responsabilizarse de otro es precisamente, siendo el dueño una mascota. Luego, si eso funciona, se podrá pensar en hijos. Desde la apropiación, el establecimiento de lazos de confianza, una dinámica de aprendizaje mutuo, no sé… no tengo las palabras para describir qué tan relevante es tener una mascota para el dueño, la mascota y el futuro de ambos. Es una de las cosas más gratificantes de la tierra, el dar cariño de manera tan auténtica como gratuirta y que éste sea recíproco.

c) Enamorarse
Vale la pena enamorarse tanto como que tu corazón se rompa. Me refiero a ENAMORARSE, así, con mayúsculas en sentido irracional, injustificado y emocionalmente catastrófico. El músculo es elástico, no hay que hacernos los dramáticos; ninguna herida dura por siempre, finalmente aprendemos qué fue lo que se arruinó para en futuras ocasiones evitar ciertas actitudes o situaciones. Esto nos enseña que la reciprocidad es más bien aleatoria y no tiene que ver con nuestros esfuerzos exclusivamente. Menos cuando involucra a un tercero

d) Perderlo todo
Cuando digo todo, es TODO. Este apartado se trata de supervivencia, retos mayúsculos derivados de situaciones consideradas por demás cotidianas que se dan por sentado, pero que el día que desaparecen de nuestro alcance, eventualmente nos convierten en seres casi invencibles.

- dormir en la calle: sí, en la calle, en una banqueta, luchando contra el frío, el calor o la simple falta de seguridad. Dormir bajo bancas, sobre alcantarillas y muy pegado a la pared para que nadie te pise. Tener que amarrarte tus cosas al abdomen para evitar ser robado, dormir en periodos de 5 minutos por turno, ver el amanecer y con él, una nueva oportunidad y esperanza de encontrar algo mejor al día siguiente. Eso, eso cambia la vida.

- no tener qué comer: aprender a maximizar calorías y que los azúcares te mantienen alerta por más tiempo que las proteínas y vitaminas. Comer una vez al día, una porción tamaño niño, o considerar comer sobras de platos ajenos por hambre. Eso, sentir hambre realmente; marearte un poco porque caminar sin nada en el estómago es malo para la circulación de sangre al cerebro. Eso sí que fortalece el espíritu.

- regalar tu ropa: el frío es bien cabrón, casi tanto como el calor. Si no tienes dinero para nada y te ves asaltado por uno de estas situaciones más una oportunidad de solucionarlo, dale. Regalé toda mi ropa a una chica una tarde en Berlín; la intercambiamos, realmente, y solo nos quedamos con la interior. Ella tenía calor y yo frío; asunto arreglado.

- bañarse en regaderas públicas: aprendí a valorar cualquier chorro de agua, así me estuvieran contando el tiempo. Las regaderas de la estación de tren de Cophenague surten agua caliente por 7 minutos por turno. Obviamente pasaba muchos días sin bañarme así que hacerlo en general superaba al dónde, y tener agua caliente era casi utópico. A esas regaderas llevaban a los teporochos que la policía recogía por la ciudad. Les puedo asegurar que fue una experiencia que atesoro: estar en ese cubículo que se llenaba de vapor, el agua desentumiendo mi cuerpo, las burbujas de jabón barato, los 7 minutos de agua caliente, wow.

En este apartado también entra el bañarse en regaderas al aire libre (ajá, bañarse completa y desnuda) en mitad de un parque, en una alberca abandonada, en un ferry viejo. Bañarse en un lugar sin ninguna puerta y por ende, ninguna privacidad (esa vez fue en un ex-campamento de entrenamiento nazi donde las regaderas- unas 40- solo sobresalían de las paredes de un cuarto enorme). Intentar bañarse en un lavabo o con una manguera en un jardín ajeno. Queda claro que el pudor es un lujo muy caro.

Después de la parte más hardcore de toda mi etapa de survivor, terminé trabajando en una pensión (porque me dejaban dormir ahí) y de asistente de cocina en un restaurante pakistaní (porque me dejaban comer ahí); mis remuneraciones eran ínfimas.

Como podrán imaginar, perderlo todo te hace valorar el tener un techo, comida, cama, ropa y lo innecesario y gratuito del pudor. Esto violenta y forma la personalidad; si lo sobrevives (y no caes en la cárcel) SABES de primera mano que NADA en esta vida será asunto de vida o muerte porque conoces la antesala muy bien. Te eximes de prejuicios, reconsideras tus verdaderas necesidades, finalmente delimitas tu entero carácter desde la raíz. Reconozco que tal vez es una situación demasiado radical, que nadie viviría de manera voluntaria o deliberada pero es una de las cosas que vale la pena hacer en la vida, para mí, sin la cual mi perspectiva de ésta sería muy diferente.
Yo la viví de manera más o menos accidental pero nunca me he arrepentido de no salir corriendo de regreso al regazo de mi madre. La pasé unas veces mal, sí, pero pasarla como fuera era lo importante.

Se los dice alguien que cuando tuvo de regreso su cama pasó una temporada de extrema ansiedad; me despertaba en medio de la noche aterrada porque la comodidad era mucha, sin saber dónde estaba, encontrando mi cuarto de lo más irreal.

Mi agradecimiento a las comodidades que mi familia era capaz de proporcionarme hizo que tendiera la cama todos los días, que barriera mi cuarto con la misma frecuencia, que me bañara en 7 minutos antes de bajar a desayunar, que nunca volviera a necesitar un aire acondicionado ni me diera miedo un bicho en la calle.

Éstas son, desde mi punto de vista, algunas de las cosas que vale la pena hacer en la vida para dotarla de valor agregado, una suerte de significado. Respirar, me parece, no tiene nada de meritorio.

UPDATE:
Me faltó mencionar una de las más importantes cosas que aprendí mientras lo perdí todo:

- la identidad: Pasé por todas estas experiencias a raíz, y gracias, a que mi vida se encontraba en un momento de crisis total derivada de mis abusos en todos los apartados que se les ocurran. De un día para otro, después de haber tocado fondo, me encontré perdida en territorios extraños, entre gente completamente desconocida a quien mi identidad le importaba un carajo, menos mi nombre, menos mi historia, mis miedos o motivos. Cuando se pasan más de dos semanas en esa circunstancia, te sorprendes hablándote a ti mismo y sosteniéndote de tu voz interior para no volverte loco. Entonces el único español -reconfortante cuando a tu alrededor hay francés, o alemán, o danés- que escuchaba estaba en mi cabeza; así fue como me di cuenta que yo tenía un valor que nunca había reflexionado y menos puesto en palabras. Hablé conmigo misma por TANTO tiempo que solo había de dos sopas: o me odiaba y me tiraba de un puente, o comenzaba a quererme un poquito. A pesar de que las circunstancias y mis antecedentes de autodestrucción, sucedió lo segundo. Creo que esa parte fue una de las más determinantes e importantes de todo el ejercicio: me quedé conmigo misma en completo aislamiento por primera vez en mi vida, despersonalizada, sin poder huír. Las cosas que me dije, siempre en tercera persona, transformaron mi esencia  a tal grado que cuando volví hubo alguien que dijo: “al fin eres un ser humano”. Lo preocupante fue darme cuenta de todo el tiempo que no lo fui, y no recordar ya el por qué.