Archive for June, 2008

Mty Next Top Freaked Shrink p.2

Esta historia, querid@s, como en todas donde hay exceso de drama, personajes incidentales y hartas drogas duras, tiene un final feliz.

Antes que nada, muchísimas gracias a todos los que se preocuparon por mi frágil salud mental: en efecto, lo era, pero hoy podemos comenzar a hablar de eso en tranquilizante pretérito.
Para no hacerles el cuento largo, porque siempre lo hago, retomaré a historia donde la dejé.

Les decía, el miércoles fue mi segunda cita. Esta vez el doctor estaba advertido con anterioridad de mis antecedentes y, al parecer, hizo su tarea.

Me recibió todo lindo en su consultorio a la hora que debía a pesar de en ese instante salían un par de chicas hinchadas de llorar. Flashback a mi propia terapia, en 2001.
Ya adentro, el doc me estuvo escuchando, hizo preguntas, apuntó muchas cosas; sí, me dejó llegar a la parte más reciente de la historia y en ningún momento hizo cara de desagrado o reprobación. Todo iba muy bien.

En un punto dejó de lado su libreta, se acomodó en su sillón y comenzó con un “mira, yo creo que en tu caso…” Después de esa frase se enfrascó en un speech de aproximadamente 25 minutos acerca de los avances farmacológicos y diferenciales en tratamiento que han sucedido en la ciencia médica del 2000 a la fecha. Mencionó ingredientes activos, efectos secundarios, compuestos y las palabras “comprimido” y “dosis” unas tres mil veces.

Finalmente declaró que según su opinión yo no necesitaba terapia (o sea, presencial y continua) sino un monitoreo de medicamentos; que al respecto me recomendaba la opción X, que le gustaría que considerara probarlo, ya que es una medicina de última generación, recientemente reconocida como de las más efectivas para mi tipo de diagnóstico.

Wow, un experto en fármacos! También me dijo que pensara en realizarme un par de exámenes de sangre para descartar ciertos asuntos hormonales porque, según contó, se ha encontrado cierta relación causa-consecuencia recientemente.

H, quien me lo recomendó, llamó en ese momento; mi sesión ya casi terminaba. Cuando el doctor escuchó su nombre dijo “oye, y H sabe que eres bisexual?!” con un tono medio alarmado; “claro”, contesté, “no todas somos como la víbora rastrera de su ex”… “menos mal”, dijo.

Me cayó muy bien, se vio dispuesto e informado, preocupado por mí y por H, y, además, no cobra las perlas de la virgen. Qué mejor, uno menos.

La del viernes, a diferencia de él, apuntó pero nunca me interrumpió, y a todo lo que le contaba contestaba “muy bien”, cosa que es muy desesperante. Además, me recordaba un poco a mi madre (como de su misma edad y estatura) y no le importó a qué me refería cuando le dije que era “autodestructiva”. Gracias.

Tampoco se le vio intención de evaluarme ni proponerme algo diferente a lo que ya estoy/estuve tomando, ya que cuando le conté de mi medicamento de siempre contestó con un, adivinen, “eso está muy bien”.

Nos quedamos con el candidato dos. Fácil decisión.

Lo llamé el viernes saliendo de con la psiquiatra 3 para preguntarle cómo era que se llamaba el medicamento, que si era controlado, y dónde podría conseguirlo. Me dijo que me haría una receta que cubirera la dosis de entrada para probar cómo me caía primero, tendría que reportarme seguido con él si veía/sentía algo chistoso y que en el caso contrario podríamos pensar más a largo plazo; “pero cómo te has sentido?”, preguntó antes de colgar.

Estoy bastante mejor desde la semana pasada, el medicamento está cayéndome bien (nada raro, lo que es buena señal), y mi cabeza ha dejado de dar vueltas, metafóricamente. Este finde intenté sin éxito permanecer sobria pero las malas compañías… y B, no me dejaron, je.

En este compendio de buenas noticias y finales felices debe contarse que:

- falta menos de un mes para mi cumpleaños!!! por ende, las compras a realizarse bajo el rubro “regalo a mí misma” están a punto de desbordarse
- Seguí la WWDC de Steve Jobs donde anunció el Iphone 3g pero no mencionó nada de mejoras en Ipods. Bueno, mínimo sé cuál será mi propio teléfono.
- Fotos controversiales en el Facebook que espero que le revienten el hígado a quien deben
- Conseguí el sabor de nieve que le gusta a B, lo que me hizo merecedora de una muestra de agradecimiento prolongada y satisfactoria
- Hay pralinés de chocolate obscuro en esta ciudad, esto es relevante porque me hacen casi tan feliz como el sexo.
- Me rodeo de amor y buena vibra. Me quiero, quiero y me quieren; tanto, de hecho, que de ello se tratará el próximo post, je.

Nota final:
Mi nuevo y maravilloso medicamento tiene un detallito poco divertido: aumenta el apetito.

(!!!)

PD: Perdón por tanto silencio y falta de updates, hubo “problemas de base de datos”… ¿?
PD2: Gracias de nuevo!

Mty Next Top Freaked Shrink p.1

Encontrar el psiquiatra indicado para cada caso exige dedicación y paciencia. Es como… encontrar un estilista perfecto; ya sé, eso se oyó muy banal, pero es bastante similar.

Se trata de encontrar a alguien que te corte el pelo como quieres/necesitas, a quien le tengas confianza en más de un sentido (para que te meta las manos a pesar de tu caspa, que te escuche mientras le cuentas tu vida -se sabe que eso siempre pasa-), que tenga buena mano con los problemas específicos de tu cabeza y que sea capaz de, a través de su trabajo, sacar lo mejor de tu persona al mejorar tu apariencia y, por ende, autoestima, así como abrirte las puertas a nuevas experiencias y posibilidades.

Eso no es fácil y casi siempre exige tiempo y estar dispuesto a superar cualquier cantidad de pruebas y errores.
Si te lo recomendó fulana, quien anda por ahí con ínfulas de Posh Spice, dices “claro!” pero luego resulta que aquélla tiene el pelo super lacio y el corte que te hacen, obvio, no se te ve igual. Error 1.
Fulana te dice “nombre, ve con el mío! es super bueno y nada caro” pero cuando llegas te vende la idea que necesitas no solo corte, sino tinte, alaciado y dos mil productos para evitar el adelgazamiento de  las hebras, lo que infla el costo unas 400 veces más de lo planeado. Error 2.
Otra buena amiga te recomienda el suyo, porque ha estado en la familia desde 1999, hizo el maquillaje y peinado de las 500 bodas de la colonia y es el mejor amigo de su tía, “casi mi primo!”, te dicen. Vas y resulta que sí, te corta el pelo con maestría, pero es el mismo corte que el de tu amiga, su prima, las 500 de la colonia y cada una de las clientas que esperaban antes que tú!!! Error 3.

En fin, entienden la idea. A todas nos ha pasado eso.

En psiquiatras es lo mismo: necesitas atención personalizada, un lazo de confianza muy sólido, que sean éticos y no te cuelguen milagritos - o traumas- innecesarios, que no piensen que a través de pastillas dominarán el mundo, que sean de amplio(ísimo) criterio, que estén convencidos que su trabajo y tu esfuerzo puede hacer un cambio positivo en tu vida y que no te cobren las perlas de la virgen. Obviamente, es vital que alguien te los recomiende; no puedes sacarlos de la sección amarilla, van a tratar algo más relevante que la tubería del fregadero o la instalación de un clima.

Esta semana (y la próxima) la dedicaré a la búsqueda de uno; mi rally comenzó con la recomendación de 3 especialistas, terapeutas de amigos. Hice citas espaciadas cada tercer día (mis terapias suelen ser físicamente extenuantes), y me mentalicé para decir la misma historia tres veces:

“Me diagnosticaron en 1999, en 2000 comencé a tomar estas pastillas … … … … y hace dos semanas se decidió que regresara a terapia”

En esos puntos suspensivos están las historias de 8 años, así que tienen altibajos, drama, sexo y muchas cosas bizarras que, uno pensaría, no son tan restrictivas ni especiales de mi caso, verdad? Bueno, me equivoqué.

Mi primera cita fue antier.
La doctora comenzó a tomar notas y hacer preguntas según avanzaba en la historia; me detuvo en el 2000 para preguntar si alguna vez había estado institucionalizada (o sea, en el manicomio), y me interrumpió en 2002 para averiguar cuándo fue la última vez que intenté suicidarme. Iba abriendo mucho los ojos según yo seguía hablando.
No llegué a 2003 porque dijo:

“No puedo ayudarte”

Ando por la vida pensando que lo mío es menos complicado de lo que se piensa, que tengo una vida errática, sí, pero libre de peligros… pero cuando un psiquiatra, acostumbrado a escuchar las cosas más freakeantes y densas se declara incompetente, te hace pensar las cosas dos veces.
Dan ganas de ir personalmente al manicomio a decir “tengo una reservación”, vender toda posesión para dedicarme a la vida asceta de crecimiento personal, a hacer yoga y encontrar la iluminación o ya, de perdido, escribir mi autobiografía, producir la película y no ir por mi Oscar porque odio a todos y tengo fobia social.

Después de esa experiencia, a lo único que aspiro es a encontrar un psiquiatra que me deje llegar al 2008 antes de decidir que soy peligrosa para la sociedad y me ponga una camisa de fuerza.

Strike one.

Hoy sigue la cita número dos. Este psiquiatra está advertido que mis pedos no son del tipo “imaginario”, que tengo un diagnóstico previo y que probablemente se freakée.
Aún así, me hizo cita.

Deséenme suerte.