Archive for April, 2008

Secret Wish

And in the sea there is a fish,
A fish that has a secret wish,
A wish to be a big cactus
With a pink flower on it.-
Antsy pants Tree Hugger

Confieso que a pesar de que me encantan las situaciones de amor-odio, a quién no, hay una en especial que nunca he disfrutado: la que tengo con mi cuerpo. No es que lo odie directa y obviamente, sino que me frustra mucho que sea incapaz de ser útil para mis fines, ni vaya de acuerdo a mi ritmo de vida.

Cuando nací, y sin ningún referente, me pusieron el nombre de una reina de belleza; eso demuestra que mi madre (mi padre no participó de esto) tenía muchas expectativas puestas en su servidora. Nunca me ha dicho nada pero sé que está calladamente resignada a que yo no haya crecido para ser modelo, mínimo. Cuando cumplí 14 años me confesó que el día que le dijeron que yo sería una niña ella escogió de entre su ropa sus cosas favoritas y las puso en una caja con la idea de algún día dármelas como herencia simbólica.

Aquella ropa era hermosa; recuerdo específicamente una pantiblusa sin espalda, de cuello halter tejida color lila que, claro, me quedaba chica. Lo que mi madre nunca vislumbró fue que para entonces yo ya era una consumada jugadora de basketball y medía 1.65 mts.
Lamentablemente heredé el cuerpo de la familia de mi padre.

De los 12 a los 17 acumulé tantas lesiones deportivas que me enfrenté al desgaste, a luxaciones, a fisuras y hematomas. En uno de esos malos golpes se determinó que mi rodilla derecha estaba por siempre dañada y mal acomodada y que yo no podía seguir jugando; mis muñecas ya vivían inflamadas y para cuando se consideró cirugía me obligaron a retirarme.

Poco después comencé a sufrir dolores de espalda incapacitantes para los que me recetaban unas pastillas tan fuertes que también son usadas para casos de artritis crónica; me encontraron problemas de columna vertebral incorregibles, inoperables y muy severos. Me mandaron hacer una base e importaron un colchón de no sé dónde para asegurarse que pudiera dormir; sé que si subo de peso corro peligro de dañarme permanentemente al punto de perder la sensibilidad en las piernas. Mi ortopedista profetizó que si acaso me embarazo, tendría que pasar aproximadamente 6 meses en cama para evitar lesiones; también dijo que debería considerar una reducción de busto.

Con antecedentes familiares directos de Diabetes y Cáncer, debo estar bajo observación de todo tipo, todo el tiempo.

En el mundo ideal, debería vivir a dieta permanente, no hacer esfuerzos ni ejercicios que implicaran impacto y hacerme resonancias y mamografías cada dos semanas.

No sé qué piensen ustedes, pero eso no me parece vida.

Odio mi cuerpo porque es muy delicado, no tiene la estructura para sostenerse a sí mismo, es una bomba de tiempo y está vivo de milagro. Ha probado ser bastante inútil para mis fines como bailarina y deportista, además de que está mal programado en general.
Últimamente, para colmo, ha comenzado a mostrar signos inequívocos de edad, cansancio, agotamiento y fallas sorpresivas.

Yo no he terminado de vivir y este cuerpo parece estarse dando por vencido a pesar de mis intentos por hacerle ver que debe ponerse al tiro, que hay muchas cosas aún por experimentar.

Estoy cansada de cuidarlo como a un niño chiquito, de escucharlo rechinar y tronar, de verlo decaer lenta pero seguramente.

Quiero un cuerpo que sea capaz de correr un maratón, de bailar por 6 horas seguidas, de andar en tacones diariamente, de soportar sacudidas y ventarrones.

En este momento lo cambiaría y me olvidaría de su existencia pero lo veo mutar y lo que sucede cuando posas tus ojos sobre él, y tus brazos alrededor de esta cintura y la aprietas tantito; me dices al oído “mamita” y me besas por horas.

Insisto en que deberías tener a una novia super buena y bien construida y contestas que eso no te importa. Si me saludas por la mañana y dices “amanecí con ganas de cogerte”… me haces reconsiderar.

Si éste es el cuerpo que extrañas en tu cama, que cubres de besos y te hace feliz no sé por qué tendría que odiarlo si es que no sirve para el Grand Slam o un torneo internacional de Karate.

Tal vez los fines últimos de este cuerpo no tienen que ver con las Olimpiadas o el WNBA All Star Game y todo es más sencillo: ser una mujer sin medallas y en perpetua talla de dos dígitos… quien parece que a tus ojos es merecedora de las coronas de muchas reinas de belleza.

¿Sabes? Por estas nuevas perspectivas y más, mi cuerpo te lo agradece.

Let’s all meet up in the year 2000

Ahora mismo tiemblo un poco. Esta circunstancia es el precio que me tocó pagar por haber tenido un encuentro con mi pasado, un viaje en el tiempo literal y el no haberlo hecho sola. Estuve cara a cara con mis recuerdos por una noche, solo una noche más, dijeron, en un lugar donde muchos de los mejores momentos que atesoro sucedieron. Qué digo mejores momentos, ahí me cambió la vida radicalmente más de una vez: el Kokoloco.

El Kokoloco es una disco, un club, un bar; es difícil de explicar a aquéllos que nunca lo conocieron por qué es tan especial pero baste decir que si estabas vivo en 1997 en esta ciudad del noreste de México, te sonará conocido y lo recordarás con mucho cariño. Para muchísimas personas, incluyéndome, fue su segunda casa.
Todos los viernes, por espacio de 7 años, estuve ahí siendo feliz, metiéndome en problemas, creciendo.

P me llevó por primera vez; de hecho, nuestro primer beso fue en su carro, una de esas noches que íbamos camino al Koko. A P le gustaba Depeche Mode, cosa que heredé, y Bauhaus. Yo bailaba ska sobre las mesas, descalza. Era 1997.

En el 2000 celebré mi fiesta de cumpleaños ahí. Fue la infame noche donde casi me sacan por estar besando primero a M y luego a CL; a una sobre la mesa, y al otro sobre la barra. Ni todas mis credenciales VIP sirvieron para ahorrarme la regañada por andar de escandalosa.

Ang y yo comenzamos a ir juntas a finales de ese año. Perfeccionamos el baile sincronizado para Dancing Queen - friday nights and the lights are low- y Come on Eileen -you mean everything. Nuestra canción era Disco 2000 y es fecha que no puedo escucharla sin pensar en ella. Una noche, después del Koko, la llevé a su casa y antes de bajarse del carro dijo “… tengo un crush enorme contigo” y me besó. La historia se estaba escribiendo.

En el 2003, mientras bailábamos Can’t Get You Out of My Head en el piso de arriba, L me besó por primera vez. El mundo se detuvo; solo volvimos a la realidad cuando escuchamos los aplausos de la gente en las mesas frente a la pista a quienes el espectáculo les estaba gustando mucho.

El Koko cerró en 2004 y entre sus paredes se quedaron muchas historias que tienen como protagonistas a las mujeres más importantes de mi vida.

Pues bien, el viernes lo reabrieron por una noche.

El evento se coordinó de manera personalizada, así que por mis antecedentes de VIP me enteré desde hace como 3 meses. Yo no solo estaba invitada, estaba en la lista de “no cover, no fila”; ah, y aparecía como pareja de Ang.

Cuando B se enteró dijo que le daba mucho gusto, que era una oportunidad de ensueño para volver a mi segunda casa, pero que ella no iba a ir conmigo “porque es mucho más importante para Ang y para ti, ve con ella”. Horas antes todavía me rehusaba a ir porque sabía que no me iba a levantar para mi clase pero B insistió, le tiene una simpatía a Ang completamente infundada.

Así fue como regresamos a un Kokoloco que se quedó detenido en el tiempo en cada detalle; fue tan impresionante que nos quedamos congeladas al cruzar la puerta, con la piel erizada. Creo que todos los asistentes tuvieron la misma reacción.

Adentro todo era euforia y buena vibra, eran abrazos y celebraciones, reconocimientos y reencuentros, besos, besos, música y baile. Entre los presentes había felicitaciones por hijos recién traídos al mundo, puestos en importantes empresas, metas logradas y anhelos alcanzados… bueno, hasta brindamos por un divorcio bien merecido.

A algunos no los había visto desde hacía unos 11 años, no sabía que seguían en la ciudad o habían regresado a ella, a otros les perdí la pista durante la carrera, de otros no recordé sus nombres pero a gritos nos identificamos entre la multitud y tuvimos momentos de comunión en público.

Al verme con Ang pensaron que seguía con ella y escuchamos un par de comentarios como “wey, ustedes ya llevan un chorro!” seguidos de las risas y negativas de ambas.

Bailamos toda la noche, exponiéndonos a una deshidratación mayúscula; demostramos que lo que bien se aprende nunca se olvida y nos salieron perfectas muchas coreografías, siempre nos destacamos por ser las que se sabían todos los pasos y los podían ejecutar en perfecta sincronía.

Cuando pusieron Disco 2000, me abrazó muy fuerte y dijo:

Sé que las cosas pudieron haber sido diferentes; sé que nos hicimos daño y que eso tuvo consecuencias pero te quiero mucho. Gracias por acompañarme; sin ti regresar a este lugar no hubiera tenido sentido.

Bailamos esa canción y cuando terminó la besé en la mejilla:

Yo también te quiero; por eso estamos aquí después de 8 años.

No sé si el Koko vaya a ser abierto de nuevo; pero una noche bastó para cerrar ciclos, cauterizar heridas, revivir amistades y recordarme un poco por qué soy la persona quien soy.

Sirvió para que nosotras, que el tiempo y las circunstancias nos han hecho alejarnos al punto de casi desconocidas, reforzáramos qué es eso que siempre nos mantendrá unidas, casi congeladas en el tiempo entre notas de Pulp, como aquella primera vez, en una noche del año 2000.

También probó que B, como siempre, tiene la razón y puede ver a través de mí como si mi piel fuera transparente.

Patologías y metodologías

need uLa gran hazaña del autoconocimiento no es para todos y debe ser considerada un deporte de alto riesgo; la plebe suele preferir las etiquetas como emo, indígena, lesbiana o cualquier otra igual de englobadora que ofrezca una red de protección basada la pertenencia a un grupo o, con otras palabras, a ser una borrega más en el rebaño -usualmente horrible, poco educado y desorganizado- del señor. En algunas esferas eso parece ser la meta de los derechos humanos contemporáneos y toda la idea de “el valor de las diferencias y diversidades”. Yo opino que blah.

Pero, entre esas borregas brillan ciertas mentes que destacan por su rebeldía contra esas y otras convenciones sociales, morales y políticamente correctas; con una visión de los eventos de acuerdo a la memoria histórica, que manejan profundidades emocionales importantes, que distan mucho de ser caricaturas porque su tercera dimensión es demasiado inquebrantable, que se alimentan de la diversidad que sí vale la pena, no la celebran por default y pueden catalogar las expresiones individuales muy atinadamente.

B es así. Sé que yo no; después de ciertos ejercicios de introspección al respecto, los resultados no apuntan para allá.

Esta semana he estado pensando al respecto de la integridad psicofísica individual, las relaciones humanas y sus contraejemplos; tengo algunas conclusiones.

Es difícil y exige trabajo diario el intentar compartir la vida con alguien que posee una tan acotada y teóricamente reforzada con citas textuales que varían del psicoanálisis hasta la alquimia. A mí me parece más complicado porque mi historia de situaciones similares siempre fue radicalmente diferente.

Mi patrón, aprendido y puesto en práctica, es el de proveedora, protectora, pilar de seguridad y estabilidad, desde financiera hasta emocional. Encuentro siempre la oportunidad de flaqueza del otro para llegar cargada de mi comprensión, el hombro en el cual se puede llorar y una casa que está siempre abierta para el desamparado y necesitado.
Eso, de alguna manera bizarra, me hace feliz.

Me atraen las personas aparentemente frágiles, perdidas, emocionalmente conflictuadas, con pedos mayúsculos y antecedentes como drogas, violaciones, abusos varios. Son como una veta incesante de ejercicios para aplicar mis tácticas de alivio, mejora, superación y sí, hasta eso del “amor lo puede todo”, máxima que me tuvo al lado de alguien 3 años. Eso, más que naïve, es patológico.

Todo porque soy difícil de quebrar, porque siempre “puedes contar conmigo”, porque si te está sucediendo yo ya lo viví y puedo guiarte hacia la salida, porque todo lo mío es tuyo, etc.

En esa frase, creo, caben mis últimas 4 relaciones de pareja: cada persona tenía algo que arreglar, un lío del cual salir, un problema que lo consumía y yo era clave para el éxito, el ingrediente X, una red salvadora si decidían saltar al vacío.

Me conozco, me reconforta sentirme necesitada, funciono mejor si identifico cierta dependencia y el nicho en el cual debo estar o “todo se va al carajo”; claro, eso es muy muy enfermizo.

-… por eso te la pasas recogiendo gente, porque los crees perritos callejeros perdidos, dice B y yo no puedo argumentar lo contrario, hay muchas pruebas de esa afirmación.
-… pero yo no soy un perrito, concluye.

De más está decir que con B esas cosas no funcionan. Ella no solo no me necesita, sino que está enseñándome a moderar frases como “déjamelo a mí” o “yo lo pago”, mismas que la ofenden grandemente.
B no es ningún proyecto de salvamento en el que me meto por ocio; la trascendencia de compartir la vida con ella es emprender una reeducación que, reconozco, me está costando algo de trabajo: hay que ser más inteligente y no decir “te quiero” con tarjetas de crédito adicionales y regalos caros.

Ese horrendo vicio es la interpretación literal de toda mi crianza y la sumatoria de la relación que tuve con mi padre mientras ésta existió. Triste.

B me deja sin palabras; cimbra mi mente y cuerpo muy violentamente y, al mismo tiempo, me da una paz tan reconfortante que me hace pensar que esta vez no hay nada ni nadie a quien salvar y que las cosas pueden fluir en otras direcciones.

Estoy acostumbrándome a respetarla, admirarla, apreciarla y quererla por ser el complejo ser humano que es. A disfrutar -y agradecer!, dice- el hecho de que no tenga que sacarla de problemas en los que se mete -porque tampoco es perfecta- de los que ella sabe cómo salir, de enriquecerme con sus puntos de vista, de tenerla al lado, tomando mi mano, y no debajo de mis alas, siguiendo mis instrucciones.

La introspección me ha llevado a que sí, esa parece ser mi patología pero me encuentro un poco confundida: ¿cómo compartir la vida con alguien que parece tenerla toda tan bien estructurada?

Mezclar las cosas en el mismo clóset no parece ser la opción pero quisiera, a través de todo este rollo con tono de soliloquio, intentar definir lo que me hace sentir tan ansiosa e inquieta en este sentido.

Es posible que esta vez yo sea la que está siendo rescatada; empiezo a convencerme que yo la necesito muchísimo más que ella a mí.

Ya lo decía Homero Simpson:

Marge! Ya sé qué puedo ofrecerte que ningún otro hombre puede: ¡total y completa dependencia!

Para algunos esa es la manera en la que saben querer/ser queridos.

No quisiera que fuera la mía.

… a tus zapatos.

En este mundo confuso y tétrico que parece ponerse peor cada minuto, lo más inteligente es establecer alianzas y relaciones de negocio-beneficio duraderas, leales, fuertes como rocas. A pesar de lo misántropa que me pueda ver -a veces demasiado seguido-, no puedo negar que yo no sería lo que soy sin mis múltiples manos derechas, cómplices en actividades delictivas y proyectos de todo tipo.

Estamos aquí, juntos pero no revueltos, para traducir en maravillas las más delicadas situaciones, por eso es hora de reconocer los talentos individuales de aquéllos que me rodean y me han apoyado en tantas formas y ocasiones. Siguiendo el adagio de “zapatero, a tus zapatos”, es vital saber a quién dirigirse para obtener los mejores resultados en el menor tiempo y por eso:

  • me pongo a dieta y en manos de HB al mismo tiempo; él me cuenta calorías, analiza raciones, hace calendarios y señala resultados. Confío en su infinita sabiduría en cuanto al tema y en su apoyo incondicional para llegar a la meta. También con él tengo las pláticas más vulgares que puedo mantener en público y privado.
  • mis referencias musicales siempre tienen tintes de CL; él se encarga de bajar 800 canciones para señalarme las que finalmente debo escuchar y casi nunca se equivoca.
  • si es software lo que requiero, Rh peina mar y tierra para encontrarlo, nada lo detiene y es más efectivo que todos los de PirateBay juntos.
  • para asuntos emocionales y personales, Mar está siempre dispuesta a gritarme por Gtalk, a hacerme llorar en dos minutos, a felicitarme de corazón y decirme que me quiere cuando aplica.
  • mis necesidades de hardware en audio y video son siempre bien evaluadas por mi hermano, quien debería dedicarse al tráfico de pantallas de plasma si lo de la medicina no pega.
  • la zona del chisme, la mala vibra y las venganzas a proyectar está cubierta por Re quien tiene las habilidades maquiavélicas necesarias para señalar los puntos flacos y estrategia para atacar
  • yo no compro ropa alguna si no va Ang conmigo para decirme las netas como “se te ve la panza”, “tus tetas están aplastadas” o “esa falda te la compras o te dejo de hablar” porque a pesar de que yo pueda dudar, ha probado tener el mejor gusto a la hora de prendas caras
  • el señor Hmlstrs es el perfecto compañero de supermercado; se ha memorizado cosas como “porcentaje de ingredientes activos” de todas las etiquetas existentes y puede elegir a la primera el pan más light, el queso menos grasoso, el papel higiénico más blandito y barato
  • para complicidad completa y compleja cuento con B quien no necesita más explicaciones que un gruñido, un suspiro o un guiño para decir “vale, no vamos” sin requerir más argumentos
  • para juicios adultos e imparciales acerca de cualquier tema tengo a RMH quien con la más calmada expresión puede desenredar toda circunstancia que me tenga alterada y emitir una resolución con una sonrisa en los labios
  • DEMO es un cómplice en muchos sentidos, tenemos años ejerciendo la honestidad y el apoyo mutuo; compartimos viajes, conciertos, tardes, chelas y secretos que no le hemos dicho a nadie más
  • para mariconadas, manualidades y bellezas en tercera dimensión, Nina es la mejor; se encargó de personalizar mi saco, de diseñar y construir mi colgante de celular, entre otros

Para ellos y todo el que pregunte, me gusta ser la referencia pornográfica, ortográfica y pop; es lindo ser apreciada y que reconozcan mis innumerables talentos y amplísima experiencia en esos derroteros.
Por todo lo anterior, me da inmenso gusto cuando preguntan “quién es tu psiquiatra, acepta pacientes?”, porque sé que soy un trabajo bien hecho!

A esta lista breve, que también deja a muchos fuera por situación de espacio, quiero agregar a Talina, quien en su infinito talento y actual desocupación se dedicó del proyecto pimp my blog, que incluía actualización y template. A ella, sumada a Tony D, quien está convencido de que todo lo que hago/digo/pienso es maravilloso, por ser mi host y haberme regalado el dominio de CanCanCook, todas las gracias del universo.

Así, cada quien a sus zapatos; yo seguiré publicando mis juicios infundados en este sitio porque es casi casi mi destino manifiesto y dejaré lo que no entiendo para aquéllos que lo dominan.

… como las matemáticas.

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PD2: Los que no han visto CanCanCook, háganlo; es un universo paralelo libre de porno y lleno de color.