Archive for March, 2008

Como nuestro criterio

Me consterna y duele leer cosas como lo de la muerte del chico de 15 años por homofobia, lo de los emos siendo atacados por otras “tribus urbanas” en querétaro, lo de la chica asesinada a patadas por ser gótica en Inglaterra, la loca republicana que dice que la homosexualidad es “more dangerous than terrorism or Islam”, el post de Suz y enterarme que el suicidio es la segunda causa de muerte en jóvenes en México. Eso habla muy mal de nuestra civilización y la salud psicosocial de sus habitantes; habla muy mal del ejercicio de la aceptación y valoración de la diversidad en sí mismo y en otros, que va mucho más allá de la libertad de expresión; habla mal de los supuestos avances inclusivos, de la calidad de la educación y, finalmente, es evidencia de la enormísima intolerancia, situación que va siempre en relación directa con el tamaño de nuestros prejuicios.

Por eso este post es muy muy chiquito, como nuestro criterio.

I can cook

2320552679_5aa8722753.jpgAlgo que tengo muy presente en esta vida, en todo momento, es que mi deber inherente como ser humano es hacer algo con el -limitado- talento que tengo, disfrutar lo que soy, y dedicarme a ser infinitamente feliz; sonará poco filosófico pero creo que honrar a la creación es lo mío. Esta simple manera de pensar aún cuando es lógica y sin dobleces, suele tener detractores porque se me tacha de rayar en lo hedonista pero, bueno, no puedo impedirlo; mi naturaleza llama y yo la escucho en estéreo.

En este sentido, la frustración me pone mal, tengo como deporte soñar despierta, hablar sola, e imaginar que mis artistas favoritos son mis mejores amigos. Dice HB que lo nuestro es una rebeldía declarada contra la madurez; nos pasamos la vida en un mundo en el cual nos dedicamos a comparar tatuajes, viajar a lugares improbables y decidimos que pensar en nuestro próximo cumpleaños es una actividad dolorosísima. Aún así, yo no puedo quejarme, yo disfruto.

Estos últimos años me he dedicado a perseguir mis sueños uno por uno con diversos resultados, esto porque sigo sin ser asquerosamente millonaria. Lo anterior no debe decrecer el mérito de haberme graduado de hip hop dos veces y continuar bailando; las fotos de mi sala prueban más allá de toda duda lo feliz y orgullosa que estoy de hacer algo que probablemente se considere “poco intelectual”. A estas alturas de la vida, es mucho más factible que enmarque mi certificado de “aprobado satisfactoriamente” de la clase de baile que, por ejemplo, mi título de profesional. Y qué.

Mis alucinaciones diurnas muy seguido me hacen recordar a mi abuela entonando a todo pulmón, entre trompetas, contrabajos y trajes de charro, cuanta canción de José Alfredo Jiménez se sabía. Pienso en ella cuando reflexiono acerca de las cosas que me hacen feliz porque se parecen mucho a las suyas. Una vez que me da un reflector en la cara, B dice que me transformo; lo que creo es que el espíritu de María Eugenia me posee, más bien. No soy más que lo que mi abuela plantó en mí en tiempo récord, porque murió cuando yo tenía 12 años. Su ritmo interno sigue vivo aquí adentro y yo solo lo canalizo en medida de mis posibilidades.

Muy vívidos son también los recuerdos donde se balancea en la cocina entre cernidores y moldes de diferentes alturas siempre tarareando alguna canción, llevando el compás con los dedos. Mi abuela quería que yo fuera bailarina, cantante, música y que cocinara como los mejores, nunca vislumbró mi futuro como editora y erudita; tal vez ella tenía un punto. Me paró frente a su horno apenas pude detenerme por mí misma sin tocarlo y quemarme a ver cómo una rosca crecía, cómo las hojarascas se doraban, cómo se cristalizaba y casi desaparecía una cebolla en el gravy.

Luego hacía tés, infusiones y toda suerte de potajes aromáticos que dejaban la casa impregnada de laurel, a comino, por días enteros; también disfrutaba cuidando de su propia minihuerta de especias y cosechando higos, duraznos, mandarinas, manzanas, limones y aguacates, entre otras cosas, en nuestro patio trasero.

Ella era de tierra y la tierra le respondía cada que se le acercaba; yo planté un manzano una vez y nunca brotó. María Eugenia excavó exactamente en el mismo lugar, dejó caer las semillas y en menos de 6 meses un retador tronco con ramitas breves se levantaba con firmes raíces que siguen ahí después de 18 años. Era obvio que su intervención era necesaria para la creación de vida vegetal en el jardín y que mi papel era más bien contemplativo.

La idea de cambiar al mundo nunca se ha borrado de mi cabeza, y como dice Ana Pascal en Stranger than Fiction, recientemente he entendido que, solo tal vez, si voy a hacerlo no será en el Monterrey corporativo, la burocracia regia o por mis ideas transgresoras (que acaban dispersas en este blog), no:

“I decided If I was goint to make the world a better place, I would do it with cookies”

Eso.

Estos días he estado leyendo sobre personas que simplemente siguieron sus sueños sin importar nada más y sus inspiradoras historias me llegan; desde el chico filipino que acabó cantando en el Festival Viña del Mar con Journey después de que el guitarrista de la banda lo vio en YouTube, las audiciones de los bailarines de Ciara para su nuevo tour (que hacen que se me enchine la piel), y Diablo Cody, famosa por ser la única exstripper que ha ganado un Oscar a mejor guión original. Todos ellos tienen en común que siguen sus destinos y decidieron que cambiarían al mundo sin preocuparse por el cómo, explotando sus talentos, dejándose llevar y divirtiéndose mucho en el proceso.
My kind of people.

Pues bien; les comento que ha llegado ese momento en la vida en que puse manos a la obra: el sábado pasado tuve mi primera clase -intensiva- para obtener el título de técnico en gastronomía, o según dice el Chef, “master de cocina”. La carrera, de un año y medio de duración, contempla cocinas francesa, española, asiática, italiana, árabe, repostería y coctelería. Yo no puedo estar más feliz; mi abuela me estaría aplaudiendo por finalmente aceptar que vine a la tierra con un fin más trascendental que ser una blogger.

Qué tal “Chef P”?

Por lo pronto llevaré bitácora de mis avances -muy muy lentos gracias a mi incapacidad de pronunciar correctamente los cortes y platillos en francés- en mi nuevo blog llamado muy apropiadamente Can Can Cook, que es la celebración del colapso de todos mis anhelos en uno. B me hizo el banner y según el orden que le estoy dando, será como un curso de educación a distancia para todo aquel remotamente interesado en el tema. Es lindo e informativo y libre de sexo, ja.

El reto ahora es que mi nuevo giro de carrera coexista con el trabajo de tiempo completo, clase de baile, chambas de freelance, novia y una vida social de mediana intensidad por lo que puedo asegurarles que tendré muchísimo trabajo pero aún así encontraré (entre cacerolas y clases teóricas) tiempo para seguirles contando la historia.
Cualquier historia.

Como ésta, en la que yo decido cambiar el mundo de bocado en bocado, armada de galletas.
Besos acaramelados.

(fuente de foto)

Claws

800px-claw.jpgAyer tuve uno de esos orgasmos totalizantes y completamente irreales. Ya saben, cuando el mundo gira al revés, respirar no oxigena la sangre y se ve la luz al final del túnel; obvio.

Lo diferente esta vez fue que, a falta de otro objeto a mi alcance, usé mi sábana como elemento relajador del momento y… por la fuerza descomunal de mi arrebato placentero, la presión entre mis dedos fue tal que… las rompí.
No escuché cómo se rasgaron, pero sentí mis dedos traspasar la tela, cambiar de textura y hasta de temperatura; era obvio que la paz del tejido había sido quebrantada.

Este evento merece ser mencionado porque es un récord; aquellos que saben lo tienen claro: el conteo de hilos para mí es muy importante y mi ropa de cama es de la más refinada calidad de importación. Estoy segura que rompí una sábana que costó no menos de 60 dólares a pesar de que no tengo uñas. Ajá, mis uñas están al ras y nunca pasan de ahí; eso hace el caso más interesante.

Me reí mucho y B se asustó un poco. Le dije “creo que rompí algo” y ella enseguida encontró la zona afectada, señalando que cada día me pongo más agresiva y que en adelante buscaríamos poner barras de acero sobre la cama para evitar ese tipo de accidentes.

Esas, cree, no podré romperlas.
Ja.

Ustedes? Han victimado sus muebles o preciadas posesiones en situaciones similares? No me gusta pensar que estoy sola… en esto de tener garras imaginarias.

Retro style

Her hair is Harlow gold
Her lips sweet surprise
Her hands are never cold
She’s got Bette Davis eyes.-
Kim Carnes

wallpaper.jpg

Me gustan las cosas vintage; no tengo preferencia por una década específica pero me rodeo de objetos que tienen cierto valor sentimental y cuya vida útil se puede comenzar a contar desde la década de los 60’s. En general, las cosas nuevas no son mis favoritas y en mi corazón tengo claro que lo mío siempre ha sido haber vivido en otra época. Desde mi casa vieja en el centro, su linóleo amarillo, la fórmica de la cocina y los muros de adobe, mi desfasamiento temporal es notable. Declaro que mi máximo en la vida sería tener una sala empapelada, en tonos rojos o ciruela y llena de candelabros; sueño despierta.

Al respecto de mis fijaciones, el sábado pasado fui al concierto de M.I.A y cuando B me escuchó decir que necesitaba algo muy viejo y muy ridículo para vestir ese día (combinado, claro, con alguna otra pieza con la que no hiciera juego) me dijo que ella tenía algo perfecto y así fue cómo me hice de mi blusa de rayas transversales y una flor bordada con chaquira, completamente 80’s. Yo fui muy feliz, me la puse y me dediqué a brincar y bailar como estúpida hasta las 3 am.

Ayer en la noche llegó con un regalito más: dos batas vaporosas como de estrella porno de los 70’s. Ustedes las recuerdan, esas que son muy transparentes, tienen corte en A que llega hasta medio muslo, un muy prolongado escote, ribetes por todas partes y una capa que se anuda debajo del busto? Pues ahora tengo dos, una rosa y otra azul cielo, igual de increíblemente vintage, en perfectas condiciones.

A mí me brillaron los ojos de la emoción y más me dio cuando dijo “son tuyas, pruébatelas”. Mientras me desvestía platicó que eran de su tía, que se las dio hace años, que entonces se las midió y las guardó porque nunca les vio algún uso práctico … hasta ahora. “Son de esas cosas que yo tenía pero no sabía que eran para ti porque no te conocía”.

Me puse la rosa primero; acomodé el escote y vi que, efectivamente, aquello está diseñado para usarse sin absolutamente nada abajo y para ser portado por alguien que no echa de menos la ropa interior. Yo estaba distraída viendo el largo de la bata, los remates de la tela, los dobleces de las mangas cuando escuché un “quítate los calzones”.
Sonó como a una orden y, pues, yo obedecí.

Ustedes saben qué pasó a continuación, no los aburriré con los detalles, je.

Yo no tenía idea pero parece que todas estas cosas muy femeninas, delicadas y en tonos pastel a ella le gustan mucho mucho por no decir que la ponen en ánimo depredador, ja. Este detalle parece exacerbarse con las telas vintage y sus detalles de antaño.

Para mí no es nada complicado, me encanta vestirme con ese tipo de ropa (o desvestirme, claro), más si a parte se le ha encontrado un toque fetichista tan pero tan refrescante.

Vivan las películas porno que dotaron a estas prendas de esa carga sexual tan imposible de evitar. Algo tienen, en serio, porque apenas acababa de cerrarme la capa de la segunda bata, la azul, y fue como un impulso más fuerte que yo el que me hizo sentarme encima de B y decirle algo muy muy cochino seguido de un ronroneo bajito e insinuante. Nada mal me faltaba el crepé alto, el listón en el chongo y unas pantuflas de suela transparente con pompón en el empeine.

Estoy siendo muy muy repetitiva tratando de no llegar a ser muy muy gráfica.
Mejor me callo.
Ja.