Archive for March, 2008

De prisa y sin voltear

Yo, como todos ustedes, claro, batallo para entender a la gente. Dejé de preocuparme demasiado por eso hace años, pero cuando me da lo filosófica, no puedo evitar aún hoy sorprenderme de la naturaleza humana, su falta de lógica y la trascendencia de su infinita estupidez.

Lo que más me molesta es la incoherencia en la que pueden vivir tantas personas y peor cuando se dan el lujo de juzgarte sin una invitación. En este rubro cabrían:

  • las feministas radicales vueltas defensoras de los derechos de la familia, la belleza de la maternidad y la monogamia heterosexual.
  • las drogadictas promiscuas vueltas cristianas / new age / scientólogas que acotan que tu vida es “poco espiritual” porque los credos te valen madres
  • los que aún creen que la cantidad de hijos que engendran equivale proporcionalmente a su hombría
  • aquellos entes que consideran que un mínimo respeto y conciencia ecológica son fantochadas
  • etc.

Para mí es mitología eso del arrepentimiento sin segundas intenciones, la bondad descubierta y todas esas cosas que hacen a gente decir cosas como:

“No vuelvo a trabajar en en ningún proyecto que ofenda mi fe, mi familia o mi comunidad latina”, dice ahora orgulloso.
¿Y a qué obedece este cambio? La vida superficial basada en los placeres dejó de llenarlo.

La ironía de la vida en todo su esplendor! Pfff!

Yo soy harina de otro molino; tengo firmes valores que no tienen que ver con los morales, tengo ideales que no tienen que ver con el capitalismo y tengo un espíritu que va más allá de las habilidades administrativas de cualquier iglesia; mis experiencias de vida son, buenas y malas por igual, para mí tan valiosas y apreciadas que estaría literalmente “escupiendo para arriba” si decidiera, un buen domingo del señor, arrepentirme de todos mis pecados y encontrar una respuesta más allá de mi humana condición. No.

Soy la consecuencia de todo lo que decidí y lo que no decidí pero me sucedió, de las cosas que busqué y las que me encontraron, de aquéllos que me quieren y los que me dañaron. Hice algo con los datos que protagonicé, con mi historia, con las armas que tener un cerebro funcional me asignaron y por lo mismo, puedo asegurar algo:

No te creo.

Ajá, no me vengas conque la verdad la tienes tú, con sermones huecos y revelaciones de adultez que te llevan por el “camino de la luz”. Si en verdad fueras tan feliz, tan completa, tan mil veces intocable por los placeres mundanos en los que yo estoy sumergida -o me regodeo-, ni siquiera tendrías que decírmelo porque se notaría tan a todas luces que sin provocación me acercaría a decirte que resplandeces.

No te creo.

No creo que estés más allá del dolor de la soledad, de las lágrimas de ira, puedas voluntariamente callar los chillidos entre tus piernas o no disfrutes de los chismes de barrio; eres como yo, carne y hueso, y más allá de toda duda, un ser humano que tuvo en sus manos su destino y se dio por vencida por, claro, su propia pusilanimidad.

Más bien, me das un poco de vergüenza; eso y todo tu alarde de incompletud.

Tan frágil, tan perdida, tan arrepentida de nada y de todo, que lo único que puedo pensar es que qué bueno que no estoy en tus zapatos, que tengo una personalidad inquebrantable y mucha valentía para enfrentarme a retos que tú no puedes siquiera concebir.

La vida es una circunstancia, casi un accidente y debe administrarse de prisa y sin voltear; con la frente en alto, el corazón en guardia y los pies bien firmes en la tierra.

Cualquier otra cosa, pienso sinceramente, es perder miserablemente el poquísimo tiempo que tenemos para encontrar la felicidad.

Like a pill

kiss.jpgHay tanto en mi cabeza estos días. Como les comenté antes, mis múltiples actividades demandan mucha concentración y merman mi salud mental; también me tienen deseando fervientemente ser omnipresente y, claro, eternamente insomne.
Pero también aprendí que eso no tiene nada de chistoso.

El pasado viernes vi a mi hermano, la J menor. Esos encuentros suelen tener consecuencias casi siempre porque llegamos muy fácilmente al momento lacrimoso, al pornográfico, al tono confesional. No puede ser de otra forma; tenemos 10 años viviendo en casas diferentes y lo único que nos une es nuestros traumas y formación, o deformación, como algunos pensarían.

“B no entiende cómo no acabamos en la cárcel o de taqueros en una esquina”, le comentaba, pensamiento que salió de una conversación de fin de semana en cuanto a lo que fue nuestra educación formal. “Ya, si vemos los eventos al pie de la letra, debí haber embarazado a alguien en la secundaria…”, dijo J.

J y yo nos parecemos mucho y cada segundo que pasa es más que obvio que somos las consecuencias de innumerables errores y carencias; aún así, somos anomalías en la ecuación, porque de ser problemáticos, viciosos, pandilleros, reprobadores, violentos y corridos de todas las primarias de la zona postal, acabamos carreras profesionales y no somos unas lacras sociales sin remedio.
Eso me gusta pensar.

También tenemos opiniones acerca de la familia, el matrimonio, la reproducción y el sexo muy similares. Él, a sus 27 años, hace toda la propaganda que puede por la legalización y divulgación de la vasectomía voluntaria y las esterilizaciones en masa; tampoco cree en la familia como la unidad mínima de compañía y es declaradamente polígamo. Tanto así que una vez mi madre pronunció la muy famosa frase: “¿Qué tendrán mis hijos que los persiguen las mujeres?”; sí, también se refería a mí.

Me contó historias divertidas: que tiene una amante de 34 años, que anda con una enfermera del San José, que la novia casi lo cacha en una movida que envolvía a una amiga de ELLA, cosas así. La promiscuidad en nuestra familia parece ser hereditaria o, mínimo, literalmente aprendida.

Me dijo que no puede dormir, que pasa hasta 48 horas en vela porque simplemente NO le da sueño y que lo ha probado todo: cansancio físico y mental, música relajante, reiki, aromaterapia, tés… Valium, Rivotril y Diazepam. La noche en la que chocó su camioneta, hace 4 meses, se había tomado 4 Valium y 8 cervezas “… eran como las 3 am y me salí pero no debí hacerlo, mínimo apendejado sí estaba pero no tenía sueño”.

Yo no soy nadie para reprenderlo, mi situación en circunstancias similares era bastante más severa y a él, quien se echó la culpa de una de mis estupideces más aparatosas, le debo nunca haber pasado una noche completa en los separos del Ministerio Público. Para eso es la familia.

Ante mi pregunta de cómo consigue tanta pastilla (que requieren receta de psiquiatra para ser surtidas) se rió mucho y me contó la historia de Dulce, la doctora a la que se coge en pleno consultorio, entre pacientes.
Ajá, cambia medicamentos de prescripción por sexo. Ese es mi hermano.

“De hecho, ya se me acabaron y le llamé para que me resurtiera…”, me cuenta entre carcajadas, “y la cabrona me dijo que ELLA necesitaba también una resurtida… pero se ofendió cuando le recordé que en la caja dice que las pastillas cuestan 150 pesos y que mis servicios son bastante más caros”.
Exceso de sinceridad.

Estábamos juntos ese día porque le puse el estéreo a mi carro nuevo; la cajuela está ahora medio inutilizada por los dos bajos extras que residen ahí, pero el sonido es incomparablemente hermoso. Checamos medios, bajos y agudos con una canción de 50 Cent antes de abandonar el establecimiento donde lo instalaron ante la mirada incrédula de los técnicos, quienes erróneamente infirieron que de mi ipod rosa iba a salir exclusivamente música de Belinda, o similares pero no, hicimos temblar a toda la cuadra con las maldiciones derivadas del hip hop contemporáneo. Fui feliz.

Entonces, J me abrazó emocionado por mi nueva y frugal adquisición y dijo “a webo! ésta es mi hermana!”

Somos una bonita familia. Sí, de tales palos tales estacas afiladas.

Pero no se preocupe, somos la última generación y dejaremos la tierra tan perversa como la encontramos, je.

El Apocalipsis y yo

No sé si leí o me imaginé que el Apocalipsis iba a ser anunciado vía algún ángel emisario con trompeta; quiero decir, para fines logísticos de papeleo para el juicio final y similares. No fue así, o si fue, no me avisaron porque ayer literalmente de la nada, el mundo entero comenzó a colapsar. Yo estaba en una junta de negocios cuando el cielo se tornó chistosamente ocre, “se vino un ventarrón”, dijo una de las chicas, “pero no parece que lloverá”.

Así, salí de ahí y me fui con la dentista, aún ignorando que el mundo se terminaba. Estando en el consultorio las luces comenzaron a fallar y en la tele se venían anuncios volando, gente en pleno pánico, San Nicolás bajo una densa nube de polvo, volcaduras, vientos de 130km/h, cortes de energía en toda la ciudad, caos, caos, fuego y niebla; fin del mundo.

Llegué a casa después de las instrucciones de la dentista de que “no comas nada en dos horas” muy dispuesta a no hacer nada más que jugar Guitar Hero. Las advertencias de que nadie saliera de su casa sumadas a los comentarios de que las principales avenidas de la ciudad tenían todos los semáforos apagados me hicieron pensar que definitivamente me la pasaría sola como moco. Lo que no contaba era conque me quedaría sin energía eléctrica, como los “millones de usuarios” que reportaba la CFE que se encontraban en tinieblas a merced de la ira divina, de las inclemencias del tiempo y los pandilleros que aprovecharon para darse a la rapiña de cerveza, cigarros y papitas en las tiendas de conveniencia.

Ante la imposibilidad de hacer otra cosa, tomé gatos y me encerré en mi cuarto a dormir una beauty nap que duró un muy largo rato. Nada pasaba y gente se aburría mientras del cielo casi casi caían llamas.

Obscurecía y yo tenía cerca de cinco horas de inanición; además de calor, hartazgo y miedo. Pensé cocinar algo pero hacerlo a contraluz es, a parte de difícil, estúpidamente arriesgado. Pensé en pedir tacos, pero el teléfono tampoco funcionaba, así que acabé tostando pan en un sartén y me lo pasé con leche tibia. Gatos tenían miedo, la casa crujía, el celular decía que no tenía red, y luego que “solo emergencias” pero milagrosamente la llamada de B sí la recibí; reportó que allá afuera había carros aplastados, panorámicos colgando, ventanas estrelladas y demás destrucción tipo Hollywood. Ella, basada en su infinita superioridad intelectual, me dijo que no me moviera y tratara de alumbrarme con algo, porque “ahí te dejé pilas”.

Tenía tanta razón.

Así que las busqué a tientas en mi mesa de noche; cuando las encontré, las puse en mi vibrador.

El resto es historia.

Froot Loops

La Semana Santa en esta ciudad siempre ha sido un periodo para la contemplación y profunda reflexión, o sea, aburridísimo de a madre. Como sea, también es bueno tener tiempo para familia y amigos, quienes a su vez tienden a aburrirse en sus respectivas casas. B ha decidido que no quiere vivir sus vacaciones siendo molestada a las 8 am, incluso dijo haber dejado su celular en vibrador para que mis sms no la despierten, y me dejó sola entre gatos y pensamientos porque mi roomie se fue a Zacatecas.

Así, tengo tres días en mi burbuja. Me estoy actualizando en material de DVD - musical en su mayoría-, haciéndola de chacha -porque la cocina nunca está tan limpia como en mi imaginación-, y jugando Guitar Hero -inútilmente porque parezco haber llegado al punto donde mis habilidades físicas se interponen en mi camino a la fama.

Como información residual, creo que también he encontrado mi poder X; eso que solo yo puedo hacer bien, que salvará a la humanidad y me catapultará a la fama inmediata… claro, eso, o tengo Froot Loops en la cabeza. Me da un poco de pena estar casi convencida de lo segundo: mi vida es un musical. Ajá, con algunos arreglos mínimos estaría lista para Broadway en unos dos días, y para Hollywood en una semana. No estoy exagerando.

Estos días envuelta en el silencio de mi casa ocasionalmente roto por alguien que toca el timbre (las consecuencias de haberlo arreglado no me están gustando), noté que en mi cabeza está sonando música todo el tiempo; o sea, sin problemas puedo ponerme a cantar cualquier canción si la tomo del inmediato caché de mi cerebro.

Mi cabeza respeta la acción dramática de mi vida a la hora de elegir el soundtrack. Cuando limpio me pone música electrónica, cuando ando de compras algo más pop (o vilmente el jingle de Julio Cepeda), y cuando es necesario, algo romántico y tranquilo. Ayer fue el colmo.

B y yo estábamos tumbadas en la cama sin hacer nada, de hecho, estábamos adormiladas y casi babeando nuestras respectivas almohadas, ya saben, un domingo cualquiera. Acabábamos de comer mucho, la noche estaba más caliente que tibia, y yo no quería luchar contra mis ojos cerrándose intermitentemente. B dijo algo que me hizo despertar casi del todo y abrazarla; me incorporé y comencé a contemplarla: la curvatura de sus cejas, el ángulo de su nariz, las luces y sombras sobre su piel, las comisuras de sus labios… y me sentí feliz. En ese instante, en mi cabeza comenzó a sonar Kylie Minogue - Wow, específicamente estas líneas:

(Yeah yeah) Such angelic motion
(Yeah yeah) you know you’re made in heaven

The way you walk, the rythmn when you’re dancing
Every inch of you smells of desire
You’re such a rush, the rush is never ending
Now, You got it, you’re wow wow wow wow

“… you’re made in heeeaveeenn!” dije en voz alta ante la sorpresa de B quien abrió mucho los ojos algo asustada de eso y mi carcajada posterior. “Qué?!”, dijo … sumí la cara en la cama, “nada, tengo Froot Loops en la cabeza, amor”…

“Claro que no, tienes Lucky Charms“, aseguró.

Ese es el debate de hoy.