Archive for January, 2008

Karma Chameleon

chameleon.jpgHe mencionado antes a Shakira, a Janet Jackson, a Kylie, a Vicky Beckham, a Justin Timberlake (muchas veces!) pero que yo sepa nunca he necesitado de ella para ilustrar un concepto o hacer énfasis en la idea pero esta vez es diferente y utilizaré algo de su vida conocida a través de tabloides y blogossips: me refiero a Paris Hilton. Ajá, este post tiene como heroína a Paris y tal vez a ella no le interese un carajo, pero voy a defenderla hasta con ejemplos científicos. No sé si he llegado a un all time low.

Sucede que estos días he estado leyendo cosas que, a parte de hacer énfasis en que no tiene un centímetro comprobable de cerebro (esto no lo voy a poner en duda) desacreditan su persona por andar primero besuqueándose hasta las amígdalas con Jared Leto para después ser la invitada más rodeada de paparazzis en las fiestas de The Falcon, un antro lésbico de Hollywood. Hay gente enojada que dice cosas como: “hacerse la lesbiana es un insulto a la inteligencia y no se si una falta de respeto a las que si lo son” y porque, bueno, todo el mundo sabe que Paris se acuesta casi con cualquiera. No es ni la primera, ni será la última, vez que se mete en un lío de faldas de cualquier índole que involucre gente más o menos conocida (Britney!) ni que deja huellas en video o foto.

Regresando a nuestro punto, no veo nada incoherente en la actitud de Paris porque simplemente está haciendo lo que, recién se ha descubierto, hacen los camaleones desde tiempos ancestrales:

Scientists say that chameleons don’t change color to blend into their environment, they do it to get laid. (Of course, they do!) (fuente)

Paris en este caso, cambia de color para impresionar a alguien en especial y lo toma muy literal: su versión lésbica tiene el pelo oscuro y corto, además de que usa sombreros y se viste siempre de colores grises o negro. Sí, ya sé, se preguntarán que debo tener muy poco qué hacer para notar estas cosas pero me parece más que obvio; además está abrazando a Kate Moennig (!!!). En fin, decía, creo que tiene poco que ver conque Paris esté intentanto colarse en la próxima temporada de L Word o en los titulares, pienso que simplemente está disfrazándose para obtener algo que los camaleones y todos los seres humanos deseamos y, por ende, perseguimos: sexo.

Y yo estoy con Paris: si es necesario vestirse de almeja, hablar Swahili, comer papillas de hígado y hacer un baile ritual para atraer a alguien que realmente te gusta, sea del sexo que sea, vale. No es eso lo que hacemos todo el tiempo? No es el comportamiento básico de cualquier especie con o sin ánimos de civilización, eh, un poco de exageración, cambios sutiles pero contundentes y mostrar lo mejor de nuestros atributos haciendo uso de todas las armas necesarias?

Tampoco entiendo de dónde viene la ofensa que encuentran en las actitudes de Paris; no creo que en ningún momento esté intentando volverse lesbiana pero sí está obteniendo algo que de otra manera sería difícil: algo de exposición y visibilidad que, pienso, no viene mal. Me parece totalmente fuera de lugar que la tachen de impostora porque si algo nos ha probado hasta la fecha es el extendídísimo rango que sus preferencias sexuales abarcan. Dudo, asimismo, que lo suyo sea una apuesta político social de ningún tipo y mucho menos que esté “burlándose” de las lesbianas al entrar sin hacer fila a los antros específicos y restrictivos para ellas.

Los colores nocturnos lésbicos de Paris son radicalmente diferentes a su clásico rosa fosfo y vestidos vaporosos de muñeca plasticosa con demasiado maquillaje y bronceado. Su imagen es mucho más sobria y, me atrevería a decir, clásica con ese toque chic que no posee de manera cotidiana (ok, también me gustan sus zapatos). Como los camaleones, Paris puede cambiar en un nanosegundo y mantener ese color mientras sea necesario y favorable para sus fines.

Ella, como los camaleones, tú o yo, utiliza sus recursos para destacar, para perderse entre la gente, para llamar la atención y, finalmente, obtener lo que quiere: sexo.

Yo entiendo a Paris, a los camaleones y a mí misma. Casi no es necesario tener pruebas científicas de que somos animales, más evolucionados unos que otros, pero animales al fin y al cabo, buscando maneras de satisfacer nuestras urgencias más primitivas y ancestrales, siempre atados a nuestro cuerpo y sus designios.

Yo sé lo que se siente cambiar una y otra vez de color.
Tú también, verdad?

De los pelos

michelle-rodriguez-lick-armpit-01.jpgSoy una chica, además de mamona, perversa y maldicienta, algo peluda. Mi piel es extremadamente seca por lo que siempre tiene textura de papel, incluso con cantidades mayúsculas de humectante; en invierno es peor. Sufrí por muchos años como consecuencia de la maldición de mi familia: las mujeres tenemos más vello facial que los hombres en todos los casos conocidos, damn. Cuando descubrí la depilación con cera, miel y otras cosas pegajosas y calientes la situación solo empeoró: lo delicado de mi piel hacía que no sólo me arrancaran los pelitos sino también pedazos de mi pobre epidermis que no soportaba esos horribles traumas de manera cotidiana.

Quemaduras de primer y segundo grado después, mi dermatólogo me dijo serio muy serio que lo mío era la depilación láser, definitiva y no dañina (en el mismo sentido) para mi piel. Lo hice entonces, hace años, y me depilé media cara a pesar de que en pleno boom de tratamientos, el diálogo fue éste:

“puedes escoger en paquete otras áreas, mira, hay ….”
“no, media cara, por favor”
“… te saldrá más barato si también te haces las axilas y… ”
“no, no me interesan otras áreas”
“pero…”
“mis pelitos me gustan donde están, gracias”

No entiendo la obsesión contemporánea contra los vellos que la naturaleza nos dejó después de la evolución. Tengo compañeras (y una novia) que se han depilado hasta la nuca en un intento desesperado, me parece, por negar nuestro pasado de changos bípedos. Mi punto es que también se joden la textura, alteran su olor personal y terminan siendo como esculturas de plástico caro sin rastro de esas particularidades que nos distinguen entre sí.

A mí me gustan los pelitos y me gusta descubrirlos en otro cuerpo. Me gustan las diversas sensaciones, las diferentes concentraciones, los largos y los cortos, los invisibles y los obvios, sus diversos gruesos y demás peculiaridades. También me gustan los olores personales distintivos, las diversas temperaturas, las secreciones y, en general, todo lo que un humano posee para definir su existencia. Además, el conservar los vellos tiene algo de resistencia social implícita que es interesante, no?

Lo mío con los vellos no es simple desprecio a la depilación, en serio, es casi algo ritual. A veces que me encuentro algunos que me emocionan, los arranco con los dientes sin avisar, me gusta verlos de cerca, cómo se tuercen o no, el color, las raíces… todo.

Recuerdo a alguien quien me dijo que los vellos de las axilas le parecían de lo más sexy… era, de hecho, una mujer y encontraba en este detalle su gatillo erótico más sensible. Yo pienso que si una mujer que llega a sentirse tan cómoda con su cuerpo, sus curvas, su aroma, su vello, y que sin ningún enfado puede pararse desnuda frente a sí misma y otros es, en mi opinión, algo sublime. Esto, ojo, no tiene que ver con ningún estereotipo de feminista radical o similares, lo del vello es algo personal, no una consigna política.

Pues todo esto es lo que reflexioné recientemente, pero no me hagan caso, también soy tricotilómana y las compañías de depilación están haciendo mi vida miserable y de mis oportunidades para explayarme, un recuerdo nostálgico sin manera de regresar. A ellos un fuck u por ayudar a esparcir el rumor infundado de que lo lampiño es lo deseable sin consultarme.

No digo que este apego por el vello sea recomendable para todas las mujeres pero sé que para mí, que un día se me ocurrió depilarme por completo el área del bikini y el resultado me horrorizó al punto de las lágrimas, no hay otra posibilidad. Así es como conozco mi cuerpo, así lo disfruto y aprendí a amarlo y así es que lo comparto con el mundo.

Yo no tengo complejo de estatua griega, me gustan mis propias texturas. Mis paranoias tienen raíces más profundas que mi vello. Él está bien feliz donde está. Ja.

… y gracias a intervenciones ajenas, está a punto de irse. Snif.

Desgarramientos comprobables

We are never so defenseless against suffering as when we love, never so forlornly unhappy as when we have lost our love object or its love.
Sigmund Freud

broken-heart.jpg

Llega un momento en la vida en el que querer es inevitable: a algo, a alguien, a todos. Ese gatillo que parecía no apuntarte a la cabeza se dispara y te ves envuelto en situaciones desgarradoras, excitantes, dolorosas e imposibles de eludir. Has encontrado a “esa persona” y todo parece girar alrededor de la importancia que tiene el conservarla a tu lado.

Las circunstancias extraordinarias de tu propio enamoramiento abren llagas en tu muy tranquila existencia y comienzas a dejarte llevar por las ansias: “… si no te veo me muero, que si no duermo contigo no puedo pegar los ojos, que si no te beso en ahora mismo me voy a cortar las venas con una galleta de animalitos”. Entonces, todo molesta: el aire entre nuestros cuerpos, el tráfico que se come 40 minutos de tu día en transportarte, la velocidad a la que pasan los segundos para verte, el no haberte conocido hace 6 años… molesta. Urge, es apremiante y enfático.

Después del incesante trabajo, luego viene la calma dentro de esos brazos tibios y tu sonrisa sublime como de ángel. Llega esa calma que dura desde el primer abrazo hasta la despedida que, claro, tratará de evitarse a toda costa. Siempre hay un último penúltimo beso qué dar, un susurro más, una oportunidad para sentir el calor de tu piel.

Pero la vida sigue y evoluciona por extraños derroteros: gente se muda, cambia de trabajo, se interesa en la aeronáutica, pierde todo lo que tiene en una inundación, encuentra tesoros perdidos, conoce a alguien más. Después hay drama, reclamos, amenazas de incendio y/o suicidio; uno no entiende, otro no escucha y le recuerda las tardes en que se juraron eterna permanencia, perenne deseo y lealtad inquebrantable tirados en el zacate tibio. Todo cae por su propio peso.

Pero llega un momento en la vida en el que a pesar de toda experiencia previa, contraejemplos y miles de experimentos, querer es inevitable, y una vez que lo haces con toda la intensidad que tu corazón es capaz de soportar, una puerta a tu centro vivo se abre sin posibilidad de cerrarse.

Estas son solo las consecuencias de vivir entre mucho amor: al desbordarse, llena los huecos de nuestra existencia al punto de volvernos seres invencibles, tercos y obstinados, siempre dispuestos a volver a comenzar.

Amar nos exime de miedo por un tiempo, pero luego convierte en terror la sensación de sentir cómo termina y se desgarra.
Amar es un eterno querer con fecha de caducidad.

Amar es un estado de incapacidad emocional que debería definirse legalmente. Amar es el más delicado, popular y certero de los métodos de suicidio; la mejor de las razones para abrir los ojos a un nuevo día y la mejor, también, para no quererte volver a ver. Para escribirte recaditos y meterte en mi cama cuando no debería.

Es que, sabes, querer es inevitable. Y eso me intranquiliza mucho.
Pero de todas formas lo hago. Todos lo hacemos. Y no me voy a disculpar.

Shot of Love

So, are you gay? Are you blue?
Thought we both could use a friend to run to.-
Tori Amos, Hey Jupiter

A la posteridad pasará, y en mi biografía se escribirá, el momento en que mi madre preguntó: “bueno, te gustan los hombres o las mujeres?” Ese día fue la primera vez que me enfrenté seriamente a la posibilidad de decirle “los dos” pero algo me hizo detenerme. Tal vez el hecho de que tenía 16 años, o que ella estaba desesperadamente pidiendo que contestara “los hombres única y exclusivamente”. No dije nada, y el silencio otorga, a lo que ella contestó con un “carajo, pensé que había tenido a la parejita, pero parí a dos machos”.
No la juzguen, es una buena mujer y a estas alturas entiendo por qué dijo lo que dijo: miedo. Se disculpó por ese y otros momentos importantes que fueron mal resueltos y tuvieron sus consecuencias cuando vio efectivamente que lo mío no era gripa ni una fase que se me iba a quitar una vez que madurara (como mi obsesión por ir a conciertos alrededor del mundo).

Voy a reenviarle el link de un estudio de la Universidad de Utah donde se siguió muy de cerca a mujeres identificadas como lesbianas, bisexuales y hetero. Este análisis es valioso en más de un sentido porque probó que la bisexualidad (al menos femenina, ojo) no es una etapa de confusión sino una preferencia sexual muy bien delimitada y relativamente fácil de establecer y demostrar. También se encontró que las bisexuales luchan en el aspecto de identificación pero que se niegan a llamarse a sí mismas lesbianas o heterosexuales porque, doh, no lo son.

Otro punto muy interesante fue que se probó que las mujeres bisexuales se pueden involucrar en satisfactorias relaciones monógamas, lo que desacredita el mito que dice que es imposible porque siempre se está pensando en el otro género. También indica que las mujeres heterosexuales que experimentan con relaciones homosexuales nunca dejaron de lado su identidad y, por ende, no se consideran de ninguna manera bisexuales.

El estudio me parece relevante porque indaga en la vida de estas mujeres a través del tiempo y prueba cosas que en la práctica son cotidianas para mí, B, y el resto de las bisexuales con las que me he cruzado: nos enamoramos de personas, no de entes de cierto u otro sexo, ya que éste es realmente poco relevante.

A este respecto, declaro que he aprendido mucho viendo A Shot Of Love, mi más reciente guilty pleasure. Este show, producido por MTV, trata de la búsqueda de Tila Tequila -bisexual- del amor de su vida. No discutamos ahora qué tan auténtico es un reality de este tipo, sino de la dinámica ahí encontrada. En el primer capítulo los participantes, 16 hombres heterosexuales y 16 lesbianas, se enteran de que competirán por el amor de Tila. En ese instante, hombres y lesbianas se ven feo y algunas de ellas deciden irse porque “no están de acuerdo en competir contra los hombres”, “no quieren compartir a su mujer” y porque los odian, creo. Un par de hombres declaran que no entienden cómo o por qué una mujer preferiría quedarse con otra cuando hay 16 hombres para elegir. En fin.
Mucho drama después, Tila se debate entre Dani -una adorable bombero- y Bobbi, quien acaba siendo el ganador. Luego tenemos que él declara que nunca pensó en ganar porque Tila, siempre se mostró más interesada en las mujeres, porque, considera, siendo bi se logra una conexión más intensa entre chicas.
(Todo el concepto del programa es mi sueño hecho realidad pero no toquemos ese punto ahora.)

En la vida cotidiana de una bisexual, las oportunidades de conocer a igual número de mujeres interesadas en mujeres y de hombres heterosexuales disponibles son remotísimas. Para explorar el lado homosexual es necesario romper muchas barreras y tener algo de osadía, lo que no muchas se atreven a hacer cuando no se pueden identificar como lesbianas porque éstas suelen ser más que puntuales en que no quieren tener nada que ver con nosotras (hola, G!). Los hombres, por su parte, o no entienden o tienden a imaginarse en tríos interminables, cosa que tampoco aplica. Así, es de esperarse que las bisexuales acabemos con otras bisexuales; la historia de mi vida.

En mi caso específico parece que tengo mucha más afinidad emocional con las mujeres pero sin descartar lo sexual con hombres. Mis relaciones tienden a estar cargadas de ambas cosas y tener tintes dramáticos pero nunca porque “te dejé por otr@”; cuando ha sucedido, no ha tenido que ver con el género de la persona en cuestión.

En fin, me da gusto que finalmente se esté estableciendo que nuestra bisexualidad no es un obvio tránsito hacia la homosexualidad; además, es una preferencia que se está volviendo cada día más visible y, mínimo, hay muchas más mujeres tomando la decisión de intentarlo incluso si han hecho de todo y fallado muchas veces. Creo que la presión de grupo -cualquier grupo- está cediendo ante la realidad innegable de que tod@s somos diferentes entre sí, que las etiquetas no siempre nos quedan y que, finalmente, siempre hay un roto para un descosido.

Hay, incluso, libertad absoluta para poner lo anterior en duda y decir que los bisexuales estamos en clósets inversos listos para voltearse, ejemplos:

a) “No creo en la bisexualidad porque nunca he visto a un hombre que deje a su novio en casa para irse con una chica”
b) “I’ve never hidden my bisexuality. But since I’ve been with Brad, there’s no longer a place for that or S&M in my life.”

Uy, que no le digan a mi madre, se va a emocionar.
Mientras, que viva la diversidad y que la guerra la ganen el amor y la honestidad. Feliz inicio de semana.