Archive for November, 2007

Sex management

Estoy aquí tratando de lidiar con la furia desatada que se me metió después de que mi novia se quedara dormida ayer en plena sesión de cachondeo. Ajá, estábamos en eso cuando ella simplemente se quedó dormida y su respuesta a mi mucho afecto bajó a cero.

De entrada pensé que era en broma pero cuando noté que era en serio, muy en serio, la llamé por su nombre completo, que sólo se usa en casos de extrema necesidad, al que además agregué un “carajo!” en semi-grito.
Su respuesta: ninguna.

Ahí estaba mi angelito, medio encuerada, hecha ovillo sobre mi cama, eso sí, con una sonrisa que se comía al mundo, diciendo cosas como: “mmh… cariño… ” y una palabra que descontextualizada sonará extremo ridícula: “caperucita”. Huh?
El problema escaló a mayores, porque no sólo se durmió, sino que entró en modo comatoso en el que es casi imposible de despertar.
Tardé muchos nombres completos y unos 20 minutos en efectivamente regresarla al mundo.

Cuando lo hizo, ni siquiera recordaba lo del cachondeo, lo que me indica que estaba dormida MUCHO tiempo antes del coma y que es muy efectiva besando en estado de sonmolencia profunda; notas mentales. También dijo que lo del nombre completo suena muy agresivo. Sus quejas fueron recibidas.

Ahora viene lo de la racionalización, derivada también de una plática que tuve ayer con M. El chico estuvo viviendo efectivamente con C por una semana y su conclusión al respecto quedó en algo como:

“… ya me dolía el pito y a ella le valía madressss!”

Auch. Qué pedo con las mujeres que llegamos a equiparar el sexo con el deseo en general?
M me platicaba que el día que C se enojó con más intensidad y furia desatada uno en que él llegó de la escuela y escuchó a C en la ducha. Aquí acaba su recuento de la anécdota porque según dice, llegó tan cansado que se recostó y se quedó inmediatamente dormido. Los gritos de C lo despertaron un rato después.

“!!!!!!!!! Yo te estaba esperando en la regadera!! Pensé que te meterías conmigo, hasta acabé de bañarme más rápido para poder hacer cositas contigooooooooo!!”

La ecuación es sencilla:

hay una oportunidad + tú no me coges = no me quieres!!!!

Verá usted; mi inteligencia de mujer madura y segura de sí misma me lleva a pensar que eso es completamente idiota porque, bueno, C tiene 18 años, pero creo que después de lo de ayer es sencillo identificarme. También debo pensar que NO tenemos esas juventudes y que si B se queda dormida es porque, bueno, en algún momento hay que dormir en lugar de coger TODO el tiempo.

Por otro lado, ella está en el DF a partir del miércoles y yo la alcanzo el viernes; ante su pregunta meramente logística de que si vamos a quedarnos en un cuarto con R (su joto mayor) o si yo requiero, por mis actividades sexuales, más privacidad, me quedé pensando.
Para ella será el sexo tan importante como para mí? Llegará a la ecuación de que si no me la cojo, no la quiero? Ella habrá terminado con honores la secundaria emocional?… estaré oficialmente loca?

No quedamos en nada; yo no le pude prometer que podré pasar DOS días sin cogérmela. Fui honesta. Dijo que haría reservaciones.

Me enojé porque B se quedó dormida y no sé ahora mismo si es porque mi yo interior pensó algo como “no me desea!” y de ahí no ha salido, o porque realmente sí me preocupa demasiado que si logra dormirse en esos momentos, qué pasará cuando la mando de regreso a su casa agotada hasta la última rayita de la pila y se niega a poner como ruido ambiental para su viaje algo que NO sea Bebel Gilberto.

Ya no estoy enojada, ahora estoy preocupada por mi salud mental.
Qué inseguridad la mía… ingas.
Voy a llamarle.

Love is . . .

We are strong
No one can tell us we’re wrong
Searchin’ our hearts for so long,
Both of us knowing
Love is a battlefield
.- Pat Benatar

Algunas veces demasiadas explicaciones sólo acaban jodiéndose el momento; ese cuando te pierdes en otros ojos, te embriagas de otra piel y te desvelas entre otros brazos. Cuestionamientos tales como a dónde vamos, cómo llegamos aquí, cuándo lograremos ver una película, etc, vienen a la mente de una u otra forma para detenerte en seco, a veces replanteándote miedos añejos, tal vez demasiado tarde. Lo único que se puede asegurar a estas alturas es que si acaso la mesura iba a hacer aparición, no tenía la dirección correcta o se ahogó en Santa Lucía.

Pasé por un trauma algo ojete estos días (mi abuelo paterno murió el jueves pasado) y lo que me mantuvo más o menos sana fueron los mensajitos de B que me aseguraban que aquello no duraría para siempre, que de regreso ella me esperaba para abrazarme mucho, para sostener mi mano y escuchar mis quejas por horas si era necesario.
La sola idea de volver lo más rápido posible a sus manos aroma a vainilla, a su pelo torcido y sus labios tibios me hizo el trance mucho más llevadero.
La extrañé tanto.

Si había alguien sobre la tierra que quisiera haber tenido al lado en el instante en el que metieron a mi abuelo en la tumba y yo intenté pensar en cosas bonitas y no hacer escándalo por respeto a su memoria, era a ella; quería decirle en ese momento que mi corazón estaba tranquilo gracias a la fortaleza que me inspira, que mi abuela estaría orgullosa de mí, que mi abuelo murió sin conocerla y se había perdido de mucho, que mi familia podrá valer cacahuate pero que fue gracias a ambos que yo soy lo que soy… ah, y que la amo.

Así.

Acabo de dejarla en su casa después de una noche hermosa que comenzó con una cita en el YummyWonderland (así le llama al supermercado de especialidades gourmet) de donde salimos cargadas de todas las herramientas propias del pecado de gula que nuestros brazos pudieron soportar. Nos dimos a la dolce vita, invitamos a H y HB a cenar, y nos sobraron deliciosadas para desayunar.

Desperté a un día templado y ella estaba abrazándome. En ese instante sentí la seguridad, la certeza, de que todo estará bien y que si este invierno viene frío me valdrá madres, porque nuestros cuerpos irradian más calor del que se puede soportar bajo las sábanas. Sonreí y suspiré.
Creo que me escuchó, se movió tantito, dijo “hello, pretty”; me besó y volvió a dormirse.
Me sentí tremendamente suertuda y agradecida de tenerla. Me sentí, creo, hasta un poco culpable de no haber hecho nada realmente meritorio para lograrlo; desde que no soy políglota, hasta que a veces soy demasiado pervertida para mi propio bien. Algo debí haber hecho para tenerla y no sé qué. Quisiera saberlo para hacerlo consciente y repetirlo cuantas veces sea necesario.

Platicábamos mientras se bañaba cómo después de su ex ella había decidido buscarse un novio, ya saben, para hacer las cosas más fáciles y menos traumáticas para todos; un novio que se les pueda presentar a sus padres como tal sin tanto pedo social, alguien que tuviera pelo en el pecho y menos pedos en la cabeza… “pero nada, ahora sé que todo lo que estuve buscando lo tienes tú, y eres mujer, y pues ya está”.

Yo ni siquiera la estaba buscando, pero ahora sé que NECESITABA encontrarla; era mandatorio colapsar en esta vida.

“… porque es lo mejor pensar que llegaré a los 30 cogiendo así, explotando todo este potencial”, dice, a lo que yo agrego que es lo mejor escuchar un “te quiero” antes de dormir exhausta y sudada, soñar con ella, y verla sonreír entre sueños en su modorra.

A veces es tan fuerte que la despierto sólo para decirle que me hace feliz despertar con ella.

Lo odia, pero no puedo detenerme, y creo que está comenzando a entenderlo.
A veces quisiera dejar de respirar en un orgasmo, nada más para desvanecerme sin regreso entre sus brazos.

Creo que debería decírselo también.

Este blog cumplió dos años hace días y yo, creo, oficialmente terminé de lamer mis heridas. Estoy lista, le decía, para volver a empezar el ciclo, y ahora que es suyo, se dedique a romper mi corazón, cosa que según sus intenciones, nunca sucederá. Claro. Pero ambas lo sabemos, estamos apostando.

Así es la vida: el amor es un campo de batalla.

Cold words

We write to live
Show me a good story soon
- J

B no me conocía todavía cuando compró un kit de Magnetic Poetry en un Barnes and Noble. Según ella no tenía fin alguno, dado que no posee directamente un refrigerador dónde grafitear pacíficamente, así que una semana después, cuando se encontró al mío, decidió regalármelo: “no sabía, pero lo compré para ti”, me dijo cuando me dio esa cajita.
Desde entonces esas palabras viven pegadas en la puerta del refri y a pesar de que mi intención original era usarlas como arma para enseñarle algo de inglés a T, ella se quejó desde el primer día de que el kit no incluyera maldiciones y abandonó la misión.

Pensé que nadie que no fuera yo se detendría a escribir sobre el refri pero estaba muy equivocada; cuando tenemos visitas y éstas se sienten desplazadas de mi cocina, se dirigen a la puerta y comienzan a acomodar palabras en ella formando frases bellas, agresivas, verdades, o cosas que necesito recordar. Fue así como B me dejó un “between language & desire I love you so beautiful woman”, alguien más ordenó un “turn it into magic and explode” y mi hermano fue el autor de “cover this empty heart”.

Este tipo de arte efímero que se gesta en mi refri me ha dado muchas satisfacciones cuando encuentro una frase nueva dejada por un anónimo mientras yo estaba en otra cosa. Según mi hermano, que es la persona más alejada de las letras que conozco, tiene que ver con la posibilidad y el reto: “porque crear algo con pocos elementos es siempre algo imposible”. Él también escribió el epígrafe de este post bajo la consigna de que cada cerveza que se sacara del refri iba a ir acompañada de una frase nueva en la puerta; me temía que acabara escribiendo una novela entera, pero no había más que un six.

Vivo para escribir, lo sé desde hace muchos años; lo que no sé es, de entrada, cómo explicar por qué no soy escritora ni nunca me preocupé mucho por “desarrollar mis talentos”. Lo achacho a que me gusta/solo-puedo escribir específicamente de mí misma, ja. También me gusta usar mis habilidades para hacer sentir mal a las personas por medios electrónicos y, creo, para dejar una huella menos indeleble de la que pueda cargar mi alma en pena si muero sin confesión.

Insisto en que no creo en el papel, que es obsoleto y tremendamente poco ecológico, que las editoriales son las peores mafias ever, que si Radiohead no quiere un contrato con una disquera yo no quiero uno para publicación, que los más pendejos son los que tienen las becas, que los más mediocres son los que hacen el mayor esfuerzo para ser publicados y dejar de sentirse tan mal consigo mismos, que yo tengo bien sentado mi autoestima donde debe estar: en mis tetas.
Hay muchas posibles explicaciones a la pregunta hecha una y otra vez de “por qué no lo haces como oficio?”. Sí, público, hay gente que considera que yo debería ser una autora establecida, leída obligatoriamente en cursos de “relato breve mexicano contemporáneo” y traducida al taiwanés.

Pero…
cuando B dijo que se casaría conmigo si yo fuera una escritora… así, con todas las letras… puse cara de what y luego de :(
Carajo… nunca en la vida quise tan pero tan auténticamente ser la Sade región 4.
Pensé que con dedicarme a la poesía de refrigerador le era suficiente y me quería por mis ojos, gusto musical y atributos físicos.

Esta reflexión se despega del hecho de que mi madre me llamó hoy en pleno grito histérico porque se enteró que mi némesis (ajá, literal) ha publicado su primera novela. Ojo en lo de “primera”, ella amenaza con escribir más de una dentro del género “detectivesco”! Claro, a mi madre le quiso dar algo y comenzó a gritar que yo debí DEBÍ publicar mi “primera” novela hace MUCHO, que para eso me metí a esta carrera, que mis talentos no sé qué [inserte llanto ahogado]. Ella que tiene la tendencia de compararme con aquélla desde la tierna infancia; cómo será posible que una Lic. en Mercadotecnia que ni siquiera ejerció su carrera, se haya casado con un cuasi gay y se dedique a hornear pastelillos y hacer baby showers lo hizo antes que yo??!!! Imaginarán su indignación.

Ella no entiende que su hija es una imperfecta NO escritora, snif.
Pero pues tampoco entiende mi afición por hablar tanto de sexo y vive con ambas cosas, no?
Pues eso.

Las palabras sobre un refri no tienen que ser frías per sé, ni desestimadas porque no se encuentran sobre papel; lo de hoy son los “nuevos medios”… y las cervezas heladas con botana de poesía.

No somos agua

tears

Hay momentos en que por más que se intente, revienta en nuestra cara el hecho innegable de que no somos del todo agua; sí, sí, un sesentaynosécuánto por ciento sí, pero el resto es lo que nos separa de las nubes: la colección de huesos, de fibras, de células y tejidos más o menos firmes.
No somos líquidos y no fluimos, no tenemos transparencia ni poderes refractores de luz, no tenemos propiedades disolventes, ni elécticas y, sobre todo, somos incapaces de ebullir.
Que envidia; el agua tiene un ciclo interesante y predeterminado desde hace miles de años, cero sorpresas, cero cosas fuera de programa, straight to the point.

Es mentira (y deseo ferviente) cuando decimos que “todo fluye”; eso sólo lo logra el agua en estado puro, la que se escurre en los manantiales, la que nace de veneros escondidos en cavernas, la que nunca se llega a cruzar con nosotros.

Aquí nada fluye; nuestra existencia está plagada de bloqueos, de desviaciones forzadas, de canales torcidos hacia donde nuestra energía va y rebota de manera muy dolorosa y accidentada. Lo único que creo que pasa es que vamos haciéndonos cada vez más resistentes a los inevitables embates de nuestra existencia totalmente falta de propiedades líquidas, asumiendo nuestra densidad específica, sufriendo las maravillosas funciones físicas de la piel.

Compensamos nuestra falta de transparencia con palabras que tampoco la emulan; que siempre le quedan cortas a lo que realmente queremos expresar, y que suelen enturbiar tremendamente las situaciones. Frotamos nuestros cuerpos en un intento desesperado por mezclarnos con el otro, con el mundo, con demás objetos y elementos, sin nunca lograrlo. Somos una constante frustración para nuestras propias ambiciones de omnipresencia y omnipotencia.

Vivimos porque no somos agua; creemos que somos un fin, no un vehículo.

Después de estas reflexiones tan desgarradoras, lo único que nos resta es expresar nuestros más arraigados miedos, las pesadillas más recurrentes, el daño y sus consecuencias haciendo uso de ella, la que nos compone, esa que podemos controlar, dejarla fluir…

Y llorar. Hasta secarnos, si es posible.