Archive for August, 2007

Mi cabello y yo

perfil Nosotros tenemos una relación bastante errática y conflictiva; suelo odiarlo, suelo amarlo, suelo cortarlo al ras o dejarlo crecer libre y agreste; me quejo de que es pesado, que la cantidad es demasiada, que no es ni chino ni lacio, que se esponja a la Marge Simpson.
Recientemente que lo tengo largo y bello he descubierto en él también una veta inagotable de gasto de tiempo, dinero y esfuerzo, todo el por qué recae en la consabida línea de “es un lujo, pero creo que lo valgo”.

Desde mi temprana tricotilomanía le recomendaron a mi madre que no dejara que tuviera el cabello lo suficientemente largo como para que me lo alcanzara a arrancar o a comer las puntas, cosa que hacía cuando tenía algo así como 4 años. Ella, claro, pensando en el glamour, ignoró toda recomendación y en todas las fotos salgo con dos hermosas y larguísimas coletas sujetadas con ligas con remates de patines, de pelotas de playa, de redondeces traslúcidas.
Yo, claro, arrancaba y comía pelo y ella me regañaba y regañaba sin llegar a ninguna parte.

El problema se puso color de hormiga cuando me llevé de encuentro las pestañas y las cejas; estas últimas, de hecho, hubo que rasurármelas cuando tenía 8 años porque estaban incompletas, mordisqueadas, y se veían horribles. Me convertí en la primera niña que iba con cejas delineadas a la primaria. Era yo muy popular.

Durante mi pubertad decidí que quería ser japonesa (como Yoko Ono, para ser exactos) así que a mi pelo le tocó ser alaciado y puntado de negro. No se me veía muy natural que digamos.

Durante mi adolescencia comencé a cuidar de él como sabía: sacando recetas de revistas. Así, dormí con chongos apretados para estimular su crecimiento, me lo embarré de mayonesa para hidratarlo y hasta le lo lavé con jabón en polvo de lavandería porque decía que lo limpiaba como nada. Efectivamente, quedaba rechinando de limpio, sin un rastro de nada como un residuo, perfectamente pajoso.

Cuando estaba en Europa sobreviví gracias a él por una semana y media porque siendo ilegal en Londres se tiene que ser creativa para no morir de hambre-frío y por recomendación de una amiga, me presenté en la Vidal Sassoon School of Hairdressing donde me pagaron por ser “modelo de cabeza” (así le dicen) sólo por tener el pelo que tengo, en sus palabras: “hermoso, virgen, pesado y abundante”; en las mías: “de teporocha, sudaca, con la maldición de la greña”.
Recuerdo que me lo cortó una japonesa cuya traductora era muy aburrida; luego me lo trató de teñir un holandés (al que reprobaron) y luego de decolorármelo un sueco (a quien creo que también reprobaron, a él entre gritos y maldiciones).

Mi último día en la academia, recuerdo bien, salí de ahí sintiéndome una diva consumada sacada de Vogue con todo y foto de “antes y después”: tenía el pelo mordido en diferentes ángulos de corto, tinte negro y mechas moradas paradas como pavorreal. Yo me sentía soñada y cuando me subí al metro pensé que era digna inmigrante de aquellos monárquicos territorios. Todo gracias a mi pelo de indígena venida a más.

Por ahí tuve una etapa punketa donde mi cabello fue de muchos colores, desde el verde, azul, rosa, magenta y sus derivados en consecuencia de la decoloración propia de estos procesos. La parte más dolorosa era verme de tono naranjoso, una vez mi papá gritó algo como “por dios, corre y píntatelo de verde, te ves horrible!”, lo que prueba que de rubia no la hago.

En algún punto de mi carrera (licenciatura) me lo corté por completo… quedó de menos de medio centímetro de largo, y nunca dejé que creciera, hasta hace como un año y medio. Todavía no me acostumbro a mi melena, pero está ahí y yo la respeto.

Ahora, en mi adultez, resulta que mi pelo y yo no sólo tenemos esta extraña relación sino que somos más cercanos de lo que pensaba; si no es así, cómo se explica el hecho de que parezca estar reflejando mis estados de ánimo?
Últimamente, y a pesar de todos los productos que uso, parece opaco, sin vida y maltratado; los días en que me siento mejor, hasta brilla y se enchina juguetonamente pero hoy, que estoy cansada y fastidiada, está todo electrizado, rebelde y poco manejable.

Siguiendo los consejos que suelen publicar las revistas de periodismo serio como “Tú” o “De 17 a 20″, tal vez triture uno de mis antidepresivos y lo ponga a disolverse en el shampoo… sé que hay gente que eso hace con los anticonceptivos, vinagre e, incluso, el semen.

Tal vez mis reacciones anímicas se reflejen en mi pelo como efecto secundario de alguna droga tardía; de mi dieta baja en casi todo o mis insomnios producto de los malos pensamientos, el rencor contra la humanidad y mi general misantropía / alergia social.

Tal vez, simplemente, esté así de tanto que me lo jalo tratando de entender la de cosas que se salen de la lógica recientemente; está así por muchas palabras despeinándome los pensamientos, arrastrándome desde la raíz por las noches.

Mi pelo hoy es un fiel reflejo de mí; está quebradizo, revuelto, graso, extrañamente erizado y enredado de raíz a puntas a pesar de:

  • shampoo para cabello normal, 2 en 1
  • acondicionador / reparador
  • anti frizz
  • suero de protección contra el calor
  • secado con secadora a temperatura controlada
  • gotas de seda
  • curl enhancer brunette
  • mousse strong hold
  • cera modeladora y abrillantadora
  • y un brochecito de mariposa

Mi pelo y yo extrañamos ser felices; cosa que es, a mi gusto, el mejor tratamiento para la belleza del cabello y que es imposible fingir en una botella.

Cosas como tú, o tú o tú.
Las fibras capilares los reclaman; esos dedos que descubrían mechones y actividades que derivaban en cosas altamente pornográficas, eso..

Diagnóstico diferencial de una insuficiencia cardiaca

Una vez que te destrozan el corazón desde la raíz por primera vez (hi, Paty!), algo muere por siempre dentro de ti y tu mundo en general sufre un poco las consecuencias. A veces se experimenta una incesante -y ciclónica- pérdida de la inocencia que deriva en el escepticismo; algunas personas se convierten en seres adoloridos y dramáticos, otras un poco en entes con emociones de teflón.
Yo presumo de una habilidad casi sobrenatural de despegue en cuanto a las relaciones interpersonales pero, bueno, no se debe generalizar porque en el momento más extraño nos podemos reconocer a nosotros mismos caminando de nuevo los espinosos senderos de esas cosas que siempre terminan mal. No vamos a mencionar la palabra para no invocarla.
Pasa algo raro. Rihanna lo dice mejor:

I’m not the type to get upset and cry
Cause I never leave my heart open
Never hurts me to say goodbye
Relationships don’t get deep to me
Never got the whole in love thing
And someone can say they love me truly
But at the time it didn’t mean a thing

Así, mi falta de experiencia en estas cosas acaba siendo tan favorable como desfavorable porque eventualmente llega alguien que dice querer estar contigo, que te abre las expectativas a hacerte a ti misma preguntas como “y si yo…?”, llega a traspasar la coraza envolvente de todo tu ser, despierta contigo y te enseña cosas nuevas de manera natural, para un día, decidir irse o solo hacerlo, sin decidirlo. Y, zas, duele. Pero, por qué, no que me valía madres? WTF? Who let the dogs out?! Rihanna lo dice mejor:

And i’ve, got all the symptoms
Of a girl with a broken heart

No hay más nada que verse al espejo una mañana cualquiera para reconocer en ti misma cierta mirada de frialdad, una textura que se extraña en la piel, aromas y temperaturas que ya no están ahí … y algo extrañamente conocido -y por mucho tiempo olvidado- te recorre por el cuerpo y se detiene en un: huh… auch.
Lo peor de todo esto de no tener experiencia enamorándose es que cuando sucede, la maquinaria está oxidada al punto de que tal vez es demasiado tarde para hacerlo consciente y a mí recién me pasó que después de escuchar un “te amo” y pasar de él como fakir caminando sobre brasas, algo en mí se comenzó a descomponer para que, un mes y medio después, casi, me diera cuenta que debí haber dicho en ese instante algo que sonara más o menos empático.
Pero soy yo, a pesar de eso fui y lo dije, pero, claro, al paso del tiempo y circunstancias sonó de lo más estúpido. Mea culpa; I fucked everything up.

Un mes y medio, nomás, de estar pensando cualquier otra pendejada pero con la guardia baja -y homeland security de vacaciones de verano- en peligrosos encotronazos que tuvieron consecuencias. Carajo, cómo pasó eso??! Rihanna lo dice mejor:

I didn’t give to you on purpose
Gotta figure out how you stole my heart

Así que me disculpo, no por el mes y medio tarde, mis citas de Rihanna, mi verborrea sin sentido y bad timing, o por tener por enésima segunda vez el corazón roto y hacer berrinches en el blog, sino por verme de nuevo tan extrañamente cotidiana y hasta repetir palabras; tienen razón, algo en el calendiario y alineaciones interestelares dicen que me romperán el corazón una vez por año en julio-agosto; ha sucedido por 4 años seguidos y al parecer esa bonita tradición no tiene intención de cambiar.
Lo que sí me viene a reventar la palomita es cómo sigue y sigue pasando a pesar de que a estas alturas del partido decir algo como “qué carajos sucedió?” parezca imbécil, no puedo decir otra cosa porque es la verdad. Pero bueno, lo que tiene que venir, que venga porque, finalmente, Rihanna lo dice mejor:

I’m just like you
do the mistakes that make me a fool
or a human with flaws
admit that I’m lost
Round of applause

Im lost. Ronda de aplausos para mis accidentes al random.
Estoy enojada conmigo misma. Eso.

El proceso, por otro lado, parece haber sido innovado porque ahora que existen los blogs, flogs, el Facebook, twitter y demás herramientas para dejar huella de nuestros sentimientos, si nos enamoramos entre blogueros, como apunta Reba, es más que imposible que las causas no se den cuenta de sus efectos. Las relaciones de hoy son altamente públicas, las que alteran el MySpace, y provocan una avalancha de comentarios, las que ameritan un “quita a X de tus amigos y des-regálale esa zanahoria”. Been there.
Venga, no tengo problema; aprendo de todas las escuelas. De todas maneras, una limpia de datos cibernéticos siempre es recomendable de vez en cuando; a la lista de contactos del MSN, a los bookmarks, a las cajas debajo del librero. Además, es refrescante y adorable escuchar una y otra vez cosas como “vamos a romperle su madre!” o, la más agresiva pero no menos efectiva “a engüevarle la casa!”.

Volvemos a empezar; ¿quién será el año que entra?
Open booking from now.

Peco de exhibicionista y honesta, así que amerita un: I love u all.

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Now playing: Cyndi Lauper - Who Let In The Rain

Tapando el sol con un dedo

Somos máquinas perfectas para el autoengaño, eso me queda claro; vamos por ahí escuchando lo que queremos escuchar, eligiendo lo que nos da más placer, batallando pero logrando permanecer medianamente bien. Claro, todo hasta que un día te revienta en la cara la realidad cruda, encuerada, asquerosa e insoportable que acaba por ganarle a tu habilidad de hacerte pendejo.

Recién me vi enfrentada a tan inesperado y doloroso evento.
Guardemos un minuto de silencio en honor a lo que yo creía mi existencia.

Sí, eventualmente siempre sucede y no es de nadie más la culpa que de nosotros mismos; el error está en esperar cosas a cambio de palabras (o en consecuencia de éstas) de personas en quienes confías, a quienes quieres, quienes representan algo importante para ti… y no prepararse con antelación para decepcionarte de ti mismo o de ellos.

Yo, definitivamente, no tengo práctica en estos menesteres; en sentirme frágil, tonta y pusilánime; en quedarme callada cuando lo que quiero es gritar, en respetar a quien no me respeta. Cambiar mi destino debería estar a un click de distancia.

No creo merecer estas cosas, pero tampoco soy nadie para decir que no las veía venir y, en mi confusión, no hice nada al respecto.
Finalmente, intenté tapar el sol con un dedo y acabé quemándome más de la cuenta; terminé con mis reservas y evaporé mis energías.

Debo estar sola, debo quedarme callada, no debo publicar cosas como ésta; creo que no debo publicar nada que tenga que ver con el hecho de que un día me di cuenta que no soy tan fabulosa como para que lo que siento no me delate.

He actualizado poco este espacio recientemente y he aquí el por qué; habiendo dicho algo de lo que no puedo arrepentirme, eso me cambió toda la perspectiva; dejé salir a la fiera y ésta acabó por devorarse todo lo que encontró alrededor… incluso, a mí misma. Infinita tristeza.

Gracias por no preguntar. Me retiro a lamerme las heridas.

< Hiato indefinido >

Acciones etílicas

alcohol.pngDentro de las cosas que en esta vida son básicas, la honestidad está en el top. El ser capaz de enfrentarte con tus propios miedos y culpas, abordar el toro por los cuernos y armarse de valor en todos los casos, son actividades difíciles pero reconfortantes y que nuestros interlocutores agradecen. Yo lo hago, ciertamente.

Entré este fin en una etapa de rampante honestidad que inauguré con un email, seguido de una llamada, seguido de otro email, y que terminó con otra llamada; mi cabeza me lo exigía y mi corazón la secundaba; hora de arreglar ciertas cosas.

Algunas veces lo único que nos separa de un momento de plena honestidad y arrebatadora verdad es una importante cantidad de alcohol pero yo creo en eso por simple química básica: para cualquier reacción se necesita un catalizador y algo tenemos los seres humanos, no todos, que es exactamente cuando la sangre hierve con diversos tipos de bebidas embriagantes que nos da por ser todo lo neta que la ocasión nos permite.

Así, las festividades de mi primer año de soltería terminaron ayer en una megapeda mal planeada; no porque nos faltara nada o se terminara pronto, sino porque era domingo y no nos detuvimos a pensar qué sucedería al día siguiente. El saldo fue de 3 personas que no llegaron a sus respectivos trabajos; yo fui una de ellas.
En ésta, como en toda megapeda, hubo momentos dramáticos, chuscos, incoherentes, alarmantes y, claro, de lo más honestos.
Lo que al parecer varió de nuestra experiencia es que yo siempre recuerdo lo que pasa (digo, hago) sin importar qué tan perdida de alcohol me encuentre… y otras personas no.

Yo recuerdo que me eché un speech frente a todos los presentes donde les agradecía ser mi familia por adscripción, les dije que los quería, que eran lo máximo y similares verdades. También sé que como entrada la madrugada recibí un email “de esos” y que me puse a llorar como Magdalena abrazada de algunos importantes asistentes quienes me mantuvieron pegada a la reja sin dejar que me cayera (de borracha o de débil) a pesar de que llovía intensamente. No creo que exista un momento más auténtico que cuatro borrachos abrazados bajo la lluvia que se dicen entre sí cosas como “gracias”, o “eres lo máximo, te amamos”.
Sigh.

Tuve también una epifanía resultado de una anterior reflexión profunda e hice algo que en todos los libros de decencia y glamour dicen que no se debe de hacer: le llamé a alguien, sí, borracha y en plena madrugada para decirle algo que me estaba molestando desde hace un par de días. Batallé, porque mi cel dice que fue una llamada de aproximada hora de duración, pero me lo saqué, la persona lo escuchó y yo pude dormir a pesar de estar ebria, mojada, enlodada, ensopada y manoseada.
Sigh.

No sólo no se me olvidó lo que hice (dije), lo recuerdo y tan lo recuerdo, que apenas tenga oportunidad, lo repetiré completamente sobria para dejar claras mis honestas intenciones respecto del tema. Beware.

Claro, esa soy yo, pero qué pasa cuando la gente dice cosas muy muy honestas estando muy muy ebrio y al día siguiente no recuerda nada?
!!!
Esa debe ser una muy frustrante situación porque siempre habrá alguien que sí lo recuerde o gente mala vibra que se aproveche de tu amnesia y plante recuerdos donde no los hay.
En ese caso, la palabra de ebrio tiene alguna validez? Qué dirán los libros jurídicos al respecto?

Sospecho mucho de los ebrios de “laguna mental”… cómo pueden no hacerse responsables de ninguna consecuencia derivada de sus actos y/o palabras estando hasta las manitas?
No será que una vez que dicen cosas ebrios el cerebro se prepara para dejarlo salir más fácilmente en estado de sobriedad? La información relevante suele emerger sin querer y en momentos embarazosos, regularmente.
No sé.

O tal vez es pura envidia de que ni siquiera ahogada con (inserte muchas sustancias aquí) me puedo evadir. Mi molesta conciencia es más fuerte que yo a pesar de todos los psicotrópicos inventados por la ciencia a la fecha.

En fin, espero que la gente que dijo, los que escuchamos y pensamos que hay consecuencias, se puedan arreglar pronto; las lagunas no son lo de hoy.

La lluvia incipiente tampoco… porque a parte de cruda, creo que me dará una pulmonía.

Regresando al tema de la honestidad: Te quiero. :)
Y regresando a la cruda… auch.