Archive for February, 2007

We are glitter

roseate \ROH-zee-it; -ayt\, adjective:
1. Overly optimistic; bright or cheerful.
2. Resembling a rose especially in color.

Si permaneces debajo del sol por cierto tiempo las cosas comienzan a verse diferentes. Si además le agregamos un mar cargado de glitter dorado, arena morena tibia, palmeras borrachas de sí mismas, y tus propias huellas, y sólo esas, en la orilla despeinada por las olas… bueno, uno comienza a SENTIRSE dentro de una poesía, de una alucinación hippie, de un sueño húmedo.

No es relevante que no haya habido conchitas y que a mis casitreinta una ida a la playa ya no incluya actividades de embrutecimiento alcohólico, no se me olvida cómo disfrutar/me/nos.

La aventura incluyó un Chevy 2005 sin radio, pero con clima, una suite en Nuevo Vallarta y un mapa que decía “Bahía de Banderas” que ni escala traía y abarcaba dos estados, Nayarit y Jalisco, con una hora de diferencia en el reloj que se indica por un puente elevado sobre…. eh… nada….
Mis recuerdos de la zona fueron útiles por poco tiempo, la cosa era redescubrir esa geografía con la que mis encontronazos anteriores no habían sido del todo placenteros.
Placer. Eso.
No sexual esta vez, sino contemplativo.

Nos fuimos de playas, así que nos internamos en una carretera escarpada y plagada de curvas asesinas pero enmarcada con la vegetación más exuberante y rica que se puede encontrar, claro, en zonas olvidadas de la mano del progreso pero escupidas de savia por una conciencia superior.
Así fue como me encontré con Lo de Marcos, Mismaloya y Playa Venados, entre otras.

Las actividades implicaban inmovilidad.

Cada quien con su libro (bueno, yo con una Glamour) y respectivo Ipod, tumbados de panza con muchas ideas en la cabeza que con el sol reventaban como maíces en aceite, de mí brotó un “yo no me sentiré realizada como ser humano hasta no tener una casa en esta playa”, en tono serio y en voz alta, e inmediatamente escuché un “sí, compremos una casa en esta playa”, justo lo que necesitaba escuchar. Y ya está.

Algunos quieren coches, viajes o hijos, nosotros hemos puesto el ojo en un pedazo de tierra en Lo de Marcos, Nayarit y no nos detendremos hasta que nuestra casa -que dice CL que podrá incluir un calabozo LEJOS de su estudio, je- sea una realidad salpicada de ventanales, balcones, doble alturas y espejos de agua.
Placer. Eso. Eso es lo mío.

Al día siguiente ya andábamos asomándonos a las agencias de bienes raíces de la zona y haciendo cuentas en dólares. Los planes están tan verdes como la jungla que rodea los peñascos nayaritas, pero ya tenemos hasta posibles nombres para colgar en una plaquita muy mona en la entrada. Se vale soñar, más ahí, es como una obligación.

Otros colores importantes del fin de semana fueron el rosa (tono que adquirió CL según su piel se enteró que no estaba en GVA sino en PVR), el naranja (toda la suite era de ese color), el dorado (dije glitter? es literal) y el azul (del cielo, mygod).
Mi color tostado saludable también es muy lindo. Ahora mi espalda comienza a descarapelarse, cosa dolorosa especialmente en mitad de la clase de baile, pero bueno.

Comimos como si todos los mariscos del mundo fueran a desaparecer (y llevarse consigo todos los aguacates y Chips a la diabla) así que olvidamos dietas y pudores; ya tendremos tiempo para extremar precauciones calóricas de regreso al cemento y posteriores sesiones de cardio/pilates/etc.

Me dio mucho gusto, realmente, borrar de mi mente la imagen de Puerto Vallarta llena de gringas en éxtasis, noches de insomnio inducido por sustancias y excesos sin sentido.

Soy una simple. Una puesta de sol funciona para mí. Que me saltes encima para despertarme, que trates de explicarme las diferentes variables en estadística aplicada, ponerte cremita, je….

Me enamoré de ese pedazo de mar, arena y selva a mitad de la nada.
El silencio en el ruido de las olas rompiendo contra los peñazcos tenía un par de cosas qué decirme.
Que sigo viva, que mi piel arde, que mis ojos no han terminado de ver porque recién los abrí y que lo que tengo enfrente es una partecita del paraíso de alguien.

Alguien. Ese alguien…. huh…

¿Dónde estará?

Boys push my buttons

He aprendido últimamente a estar tranquila y agusto entre testosterona. Una más agresiva que otra, la testosterona es parte de mi vida, la más importante, realmente, de un tiempo para acá.
Para mí es una novedad y, según dice M, un chistoso guiño de mi subconsciente.

Tengo la suerte increíble de que mi círculo de amigos sea eso, en masculino, y que sus integrantes me cuiden, critiquen, apoyen, paseen y mantengan alerta.
Son todo y algo más en envases muy bonitos, y bien cuidados… y a la moda.
They rock.

Era hora de que sucediera algo en mi vida que cambiara la idea de que todos los hombres son por definición patanes asquerosos que me quieren coger para “mostrarme el camino”… a algunos no les interesa en lo más mínimo nada que involucre caminos y pueden estar conmigo simplemente porque soy yo, no por mis ideales, filosofía o estilo de vida.

Hay algunos que me dicen “no”, otros le endulzan con un “chaparra” cuando digo cosas moralmente incorrectas y problemáticas porque hay veces en que debemos hacer lo correcto, no lo más divertido.

Me dejan hablar de Hegel y de Niurka si es necesario para probar un punto.
En ellos está mi salud mental.

En que efectivamente me sacarán bien las cuentas y evitarán que caiga en bancarrota, cuidarán a mis gatas en mi ausencia, no me dejarán tocar nada con filo, me recordarán cuánto me gusta bailar (y por cuántas horas!), me dirán “aún hipersensible y ultralucinante, yo te quiero”, un “ignoro cuándo y te ignoro cuando te pones loca”, me enseñarán palabras domingueras con ortografía complicada, me abrazarán muy fuerte, me harán reír por diversos motivos y que están ahí en cualquier momento, cualquiera circunstancia…
Excepto, claro, si estamos hablando de fin de semana, que “… si te volcaste, avísame hasta después de medio día, que no me levantaré antes”.
Honestidad, claro.

Que loco que nadie me haya apreciado nunca como veo que lo hacen los hombres de mi vida.
No entiendo muy bien mi papel en las suyas, pero estas mezclas raras nos van, nos funcionan y nos provocan a experimentar, a evolucionar, a encontrar y perder puntos, a modificar el escenario. A hacer listas interminables.
Suele irritarles la irracionalidad en sus científicas mentes, pero en sus esquemas existo para ser la excepción de la regla.
Suelen ser tremendamente misóginos, también, y no les ofenden mis tetas.
Tenemos amistades esquizofrénicas.

Ellos no tienen/me tienen miedo.
Incluso, quieren ser padres de mis hijos de manera voluntaria y estoy segura que compararían resultados de espermogramas.

Ellos me han enseñado-develado mil y una razones por las cuales soy especial. Enfáticos, puntuales, burlones.

Algo te pasa muy muy adentro cuando los ves romperse y abrirse entre lágrimas… cuando los interrumpo en un momento de metamorfosis; esas veces que se quedan callados, notan mi presencia y me alargan un brazo para que los tome de la mano.
Poesía pura, sin razón.

Y hoy, me siento como una borreguita asustada de que estén tan cerca y tan lejos … y quererlos tanto.
Tengo miedo de tenerlos y no poder dejarlos ir nunca. Estoy demasiado invadida, contagiada de su esencia.

Se siente raro tener el corazón lleno y en tantos fragmentos, repartido entre tantas manos, abrigado y al descubierto al mismo tiempo.
Im a lucky bitch.

“…esto es nomás para acentuar el hecho de que con algunos de los hombres de tu vida nomás te hace falta un par de palabras para cambiarte la zozobra en sonrisa… “

Cuánta razón…

Alma quebradiza…

(Pica aquí, fuente)

Esto me acredita como fan de Timbiriche. Yo ya lo sabía.
Si naciste entre 1976 y 1985, debes serlo también.
¿Dónde estabas esa noche en la que se presentaron en Siempre en Domingo con Miguel Bosé y le hicieron coros a “Don Diablo”? Yo estaba sentada frente a la tele, empapándome de cultura pop y esperando a que saliera Olga Briskin; ella era mi hit con aquellas plumas, su megapelo chino, los minivestuarios de lentejuelas y su violín.

Recuerdo perfectamente que mi primer crush infantil (tenía como 6 años) fue con Benny; me encantaba y no hay una razón; no era solista nunca y chistosamente es el único de los hombres ex Timbiriche que tiene una carrera ahora. Según fui creciendo, claro, me enamoré de Sasha, como toda proto-les ochentera.
Ya la superé, algunas personas no, ja.

También me iba en las tardes a la casa de mi prima a cantar; yo hacía las partes de Paulina y Mariana, ella la de Alix y Sasha. “Corro, vuelo, me acelero” era especialmente difícil porque involucraba baile coreografiado.

Sí, siempre quise ser una popstar.
Y también me estoy haciendo vieja…

Lost and found

Mi lista de amigos perdidos es interminable, borrosa y dolorosa.
Hice mis 5 años de primaria en 4 primarias diferentes así que aprendí a golpes que probablemente mudaría de amigos al terminar el ciclo escolar cuando me corrieran por mal comportamiento y a mi hermano por haber reprobado. En aquella época, yo era una “niña problema” y en mi boleta de calificaciones siempre había notitas y recaditos, porque también era la del primer lugar.
No cursé segundo de primaria, me salté de primero a tercero, así que siempre fui la más chica del salón; también la más molesta. Nunca estuve en colegios sino en todas las escuelas públicas de las 4 colonias que rodeaban mi casa. Tengo un nombre particular, así que según he seguido viviendo en esta ciudad, me he encontrado con gente que dice haber estado conmigo en la primaria, en alguna, y que me recuerdan. Yo no.

Después de las pastillas, muchos de mis recuerdos se fueron.
Algunos quedaron por siempre en mi memoria, en ellas, y a ellas, las extraño. Quisiera que lo supieran si es que un día, por accidente, googlean su nombre y les sale este post.

Nubia Landell- Cuarto de primaria; Nubia era muy linda y tenía una hermana menor que no recuerdo cómo se llamaba. Un día teníamos un trabajo en equipo en mi casa y no llegó; tampoco a la escuela el día siguiente. Ambas desaparecieron por tres días y al cuarto vi su casa en la noticias; su papá era narco (Cártel del Chapo) y ellas habían sido secuestradas con violencia, con todo y su mamá. No volvimos a verlas. Fue horrible esa angustia infantil de pensar en mi amiga encañonada a los 8 años. A estas alturas, probablemente ya se cambió el nombre y entró a un programa de protección de testigos, si es que sigue viva. Nunca me pude despedir.

Omaira Santos- Ella era compañera de mi prima en tercero de primaria pero vivía a media cuadra de mi casa. Teníamos la misma edad y un hermano menor así que nos juntábamos a jugar en las tardes y venían ambos. Omaira me gustaba mucho, tenía unos ojos verdes preciosos, un pelo trigueño muy cortito y jugaba futbol, era ruda de nacimiento. Se cambió de casa como cuando estábamos en quinto y no volví a saber de ella hasta que vi su esquela. Se mató en un accidente de tránsito en Gómez Morín junto con otras 3 adolescentes, en 1996. La perdí para siempre.

Yolanda Lobo- Muy mentada porque tiene sus méritos. Estaba en tercero de primaria cuando yo estaba en primero así que ahora debe ser una sabrosa treintañera. Gracias a ella comencé a jugar basketball, sólo por ver cómo entrenaba y su pelo se pegaba a su espalda sudada. Con ella tuve mis primeros pensamientos homoeróticos y esas escenas, ciertamente, dieron por terminada mi infancia en un flash. Teníamos una serie de actividades extraescolares en común que incluían la escolta y las prácticas de basket pero realmente nunca fue mi amiga. Me gustaba demasiado como para hablarle, creo.
Angela dice que la conoció en la prepa y Yolanda era todo menos sexy. Mis recuerdos le dan risa.

Primavera Romero de Satiago- Era mi mejor amiga en la secundaria y era muy ñoña. En esa época fue cuando comencé a fumar y andar de pandillera y ella siempre se oponía a mis fechorías. Yo la quería mucho porque me hacía reír y le gustaba mucho bailar, la fotografía y el arte: hacía pulseritas y tejía, entre otras monerías. No pudo ir a mi fiesta de quince años porque estaba embarazada. Se casó con su novio en el verano que pasamos a la prepa; aquí está la resolución de su demanda de divorcio, fechada en el 2003, pero yo no he sabido nada de ella desde 1998 cuando la última llamada sonó con tono de “este teléfono ha cambiado”.
La recuerdo toda simple en su su baby shower y que cuando yo le iba a decir que me gustaban las mujeres, me interrumpió con un “mira, siente las pataditas”, tomó mi mano y se la puso sobre la panza.
Prima era dulce y tierna; me abrazaba mucho y me invitaba slurpees de melón del super 7. Hace años se me ocurrió agarrar el directorio y buscarla pero no la encontré; creo que venía su hermana, o alguien con sus exactos apellidos, pero no llamé. La extraño mucho.

(foto cortesía de mi madre quien recordó haber encontrado mi libreta de teléfonos de la primaria cuando le conté de este post)

Rosa Emilia “Mily” Moreno.- Mi mejor amiga en sexto de primaria. Pasábamos las tardes en su casa, que era un jardín de niños, porque tenía 3 hermanas menores, a ver novelas, platicar y escribir. Ambas llevábamos un diario (ella rosa, yo en azul) y le poníamos calcomanías y dibujos. Mily era una cachonda, a tal punto que las maestras lo comentaban en las juntas (a las que yo iba porque era la representante del salón) y decían que “iba a terminar mal”. Era una devorahombres, super agresiva y debió tener algo como 5 novios aquel 6to. de primaria. Le iba bien en San Valentín. Efectivamente, se embarazó de su vecino de enfrente a los 17 años así que, literalmente, podemos dar por hecho que no salía ni a la esquina y que el mundo se le cerró. Me la encontré hace 10 años en Galerías con una pañalera enorme y la cara super cambiada; ella me reconoció a mí. No era feliz cuando me dijo que su teléfono era el mismo aún y que el cuarto de su bebé era donde nosotras solíamos ver la tele. Jamás le marqué pero suelo recordarla en tiempos mejores y menos abrumadores.

Las que las vueltas de la vida me regresaron:

Sylvia Zapiain.- Ella me encontró por Google hace un par de meses. Tengo más de 12 años de no verla pero estoy en la lista de invitados para su boda en mayo. Se casa en París con un franchute que la hace feliz. Realmente me dio gusto haber dejado rastros suficientes como para que lograra contactarme y me dijera “me dejaste de hablar hace tanto tiempo que no recuerdo por qué”. Nos estamos reconociendo.

Lizbeth Yáñez- Compañera mía de la secundaria, integrante de mi banda de pandilleras. Ella era la que “calentaba” las cosas antes de que nosotras, las armadas, llegáramos para partirle la madre a las de en turno. Las riñas eran usualmente contra las de la prepa 15 madero por, obvio, cosas como bajones de novios y chismes varios. La perdí de vista en la graduación, ella estaba dos filas adelante, y nunca la volví a ver, hasta hace un año. Lizbeth ahora es Lizzy, y trabaja para Mary Kay, que está en la planta baja del edificio donde está mi oficina; canta semiprofesionalmente y todavía es bastante desmadrosa. Era la jefa de una de mis roomies y nos encontramos en una cena. Estábamos ebrias y ella me reconoció desde el otro lado de la mesa y gritó mi nombre. Dijo algo como “te acuerdas cuando le partimos en su madre a Ludivina?!” entre carcajadas y perdió el respeto de sus subordinados para siempre, ja. Me la encuentro en las escaleras y en los alrededores del edificio. Me trajo un quequito en navidad.

Los que nunca se fueron:

Raúl Treviño.- Nos conocimos el día en que él cumplió 12 años. Este sábado vamos a una fiesta; 16 años ininterrumpidos de amistad. Es bueno guardando secretos.

Aracely Lozano- La conozco desde los 13 años. La semana pasada fuimos a cenar y, ahora que lo recuerdo, tengo que llamarle, tenemos un manicure pendiente…

(Pica aquí, Boigen tiene más amigos perdidos)