We Have Died Already
El arrepentimiento es un sentimiento que siempre me ha ido mal; no sólo no se me da, sino que lo evito como al cólera de manera sistemática. Nunca pido perdón, y nunca digo lo siento; no por ojete, sino porque siempre actúo según mi entendimiento de las circunstancias y según la información que poseeo así que las consecuencias de mis actos me las trago y aprendo de ellas. No me doblego, no reacciono con una pizca de duda; cuando me equivoco es porque en mí estuvo un poco de la culpa (ejem..) y ya está, a otra cosa.
Sí, pero esa soy yo, verdad? Presumo que mis mejores errores siempre los cometí con cierta previsión de que acabarían siendo desastrozos y de todas maneras me metí en ellos, los disfruté hasta que se agotaron y vivo al día en mi cuenta de las consecuencias. Por lo mismo, y estas políticas de administración de karma, al parecer estoy condenada a escuchar cosas como las que me soltaron recientemente entre la que destaca un sumamente patana aplicado a mi persona.
Hice un berrinche ruidoso e infantil por ello anoche. Bromeé conmigo misma que este post sería MI VERDAD, al estilo Juan Osorio-Niurka, y estaría lleno de links incriminatorios, pero creo que hay cosas importantes qué reflexionar acerca de mi patanez. Primero, es chocante leerme patana porque suena como si me comparacen de cerca con Juan Camaney y eso ni siquiera yo lo hago (aunque alguna vez alguien me dijo que yo tenía las mismas expresiones del Pirruris, no soy fan de Luis de Alba, así que fcku!).
Preparé mi artillería pesada, o sea, los documentos probatorios de que yo no soy una patana, con fechas, fotos y recaditos para aventárselos a todos ustedes en la cara y gritar que no sólo no soy eso que me endilgan sino que soy una persona adorable, sensible y cariñosa.
Pero eso es bull**. No lo soy. O, mejor dicho, no lo era en aquel entonces.
En aquellos tiernos años yo estaba metida en una concha de odio muy dura y nada transparente. Para no atiborrarlos con detalles, les contaré, para que vean de a cómo estaba el sapo, que la primera cosa que mi psiquiatra me mandó hacer para salir del hoyo fue esta tarea que a primera vista no parece nada complicada:
Escoge dos personas y dile que las quieres.
HORROR! Sí, a mis entonces 21 años, yo no le había dicho a nadie que lo quería; esas palabras no habían salido de mi boca para nadie, en ninguna circunstancia ni situación. Yo era una autista emocional casi perdida cuando ella me mandó a “practicar” mis recién adquiridas habilidades de ser humano y estrenar mi sensibilidad individual. Ajá. Pues bueno, me tardé 3 semanas en lograrlo y cada que iba ella me preguntaba cómo iba en mis asuntos y yo contestaba con cosas como:
Este… le dije a Fer que quería hablar con él pero luego no le recordé… Marcela estuvo esta semana muy ocupada y pues….
El día que finalmente lo hice fue porque Fernando, fastidiado de mis “luego te digo”, me encerró en la sala de su casa y comenzó a gritarme que qué p**** me pasaba y que qué p**** quería decirle. Yo me sentía emocionalmente violada y gritaba como loca pero como veía que él no iba a quitar el dedo del renglón, atiné a decir algo como:
Está bien, te diré y me echaré a llorar en este sillón y nunca más hablaremos al respecto y si me citas voy a mandarte matar… esto no saldrá de este cuarto!!!
Entonces dije mi primer te quiero. Fer no sólo no se murió de la risa sino que me abrazó y me dio las gracias, me dijo que él también me quería y no me soltó en un ratote en el que yo lloré y lloré y lloré. Aquel día del verano del 2000 comencé mi carrera como ser sentimental y tridimensional y, creo, tengo todavía un tramote qué recorrer.
Regresando al punto, lo de patana tal vez me lo merezco; tal ves sí traté mal, ignoré e hice parecer que no me importaba pero era simplemente que yo gritaba te quiero pero no podía salir de mis labios un sonido que pudiera reconocerse; emitía mi cariño en rayos gamma.
Así que quise, te quise, en canciones, en sabores, en amaneceres, tardes frente a la tele sin cable, en tus escalofríos y mis insistencias de que te quedaras, que durmieras conmigo, que me abrazaras…. tal vez no te dije que quería hacerte de desayunar, que quería bañarme contigo esos diciembres, que cada minuto se sentía como el penúltimo y que todo mi mundo estaba cambiando muy paulatinamente. Que estaba aprendiendo a sentir.
Tal vez te quedaste esperando un te quiero que no salió de mi boca.
Sabes? Han salido muchos después; salieron muchos para personas que incluso creo que no se los merecían. Salieron te amos que se sintieron en las entrañas, que me cambiaron la composición química del alma, que me volvieron alguien más breve, más terrena, mucho más real y frágil.
Salieron incluso te odios que vinieron a probarme que no soy la que yo creía, que tampoco soy capaz de permanecer inmutable y que esto, yo, ahora, soy un trabajo a medio terminar, con un plan más grande que mi infelicidad misma.
Espero que esto sea suficiente para explicar un poco que no creo merecer una calificación por algo que hizo la de entonces, una J completamente ensimismada en su dolor, ansiosa de ahogarlo entre unos brazos, quien aprendía a patadas que tal vez llorar porque te extraña era una buena idea. Mi versión de las cosas son palabras de cariño, recuerdos entre vaho y un chango negro en mi cómoda.
No hay que olvidar el brillo en los ojos, los mares de lágrimas, las tardes que no pudieron ser más elásticas, el ir contra el reloj….. y tu sonrisa. Esa no se finge.
Yo puedo con mis consecuencias, con mi dolor, pero no sabría qué hacer con el tuyo.
Tal vez esta explicación fuera de tiempo sea suficiente.
Realmente lo espero, porque no puedo pedir perdón; eso sí, va en contra de mi entera ideología.




herr Boigen said,
Wrote on September 27, 2006 @ 4:57 am
Todos sabemos que hay sensibilidad detrás de la Mega-Bitch con traje de cuero, látigo y lados cosidos.
I miss that one in the picture, btw.
Rachel Weissz said,
Wrote on September 28, 2006 @ 2:02 am
En mi caso habemos personas que no somos la expresión andando, que tenemos una armadura que se ha integrado al cuerpo y eso la gente lo interpreta a su manera, desde mamonería hasta “rara” Mi primera psicóloga me hizo llorar en la primera cita, me dijo que yo no expresaba sentimientos y yo estaba ahí precisamente por exceso de sentimiento… no volví.
Me llegó eso del “Te quiero” hay una persona a la que se lo debo, y le debo un “Gracias” y un “Siempre te querré” pero fuí (soy) una cobarde y nunca me atreví, mi orgullo ganó la batalla y con ella sí me siento una “patana” bitch a todo lo que da!!
Usted siempre con textos interesantes. Tal vez decir te quiero sea más fácil de lo que parece. Aprendamos, pues. Saludos!
Hotortillas said,
Wrote on September 30, 2006 @ 1:06 am
Bien dijo Shakespeare en Ricardo III que nadie le compraria su conciencia, que era solo un fastidio