Navidad, rosa navidad

La Navidad siempre ha sido una época que me ha afectado mucho. Desde detestarla genuinamente los últimos veinte años de mi vida, sé que alguna vez fue muy feliz. Cuando mi abuela, con ese delantal lleno de salsas de colores, nos ponía a los nietos más o menos mayores a supervisar la cocción de los tamales y el proceso de amasado y embarrado… cuando eso pasaba entre música de mariachi con la sala setentera de la casa del tío Carlos como background, sé que era linda.
Desde entonces siempre le he rehuído; no sólo no celebro sino que me dedico a pensar en otra cosa la mayoría de las veces, intentanto ignorar el hecho de que no habrá con quién salir porque todos estarán ocupados conociendo a sus nuevos sobrinos, abriendo regalos, siendo muy muy felices.
Ok, tal vez mi propia miseria en las fechas haga parecer que todos a mi alrededor son muy MUY felices sin serlo realmente, pero ese no es el punto.
Ahora, de la nada, me veo con una familia; una nueva, una más de a deveras, no como la mía, que no parece simplemente una bola de gente junta, sino una “unidad”.
Así, mis suegros, mujer y cuñado, secuestraron mi tiempo, mi carro y mi espacio por un entero fin de semana.
Con ellos he aprendido mucho en los tres años de conocerlos. Con mi mujer, por obvias razones, pero con ellos en otros sentidos. La primera Navidad fue accidentada, de no saber muy bien qué hacer, de tener muchas más preocupaciones de las debidas, y del hecho que ignoraba que en el cuarto de visitas de la abuela había muerto la tía Arely, hace como 10 años o más.
La novedad de llamarlos Papi y Mami era mucha, porque sólo a otras dos personas las había llamado así: a los papás de Aracely, que tengo como 12 años de conocer. Los regalitos envueltos y con tarjetitas debajo de un pino adornado entre todos, la abuela en la cocina, todos con su debido papel asignado y yo ahí de nueva, viendo raro, siendo algo más que la arrimada.
Desde ahí se ha venido desarrollando un aprendizaje que no parece detenerse; el más importante corresponde en mi ahora alterada relación con mis fobias, mis manías, el dinero, su hija y en general, mi conocida intolerancia.
Ellos me han rebanado la cara por el simple hecho de nunca hacerme caso: Siempre tendrás voz, más no voto, dice sabiamente Papá. Así, se dedican a levantarme temprano cuando no quiero, a fumar y comer en el carro, cuando no se debe, a nunca pedir prestado nada (o comerse cualquier cosa) a no bañarse por decreto familiar. Esta Navidad sucedió algo que no pude evitar: grité cuando Papá, al volante de mi coche, rayó uno de los recién puestos rines de más de 6000 pesos con la orilla de la banqueta de casa de la Abuela.
NNNNNNNNNNNNNOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!, se escuchó lastímeramente.
Nah, equis, una rayita, dijo Papá, y siguió con el asunto. Cuando estaba a punto de írmele encima, me dejó las llaves en las narices, me sonrió y dijo: “Gracias, Jan”. Me quedé sintiéndome como tira cómica, con muchos rayos saliéndome de la cabeza… pequeñas explosiones y muchas maldiciones cuando la nena viene y me dice: “¿cuánto va a ser de tu rin?” y yo claro que “no, cómo crees!”… y dijo algo que es muy muy cierto: “entonces, ¿para qué haces sentir mal a mis papás por una raya?”.
Ellos me han enseñado eso, que se debe disfrutar mientras se está vivo, que se debe de querer, de apoyarse, ese tipo de asuntos que yo en mi familia jamás hubiera aprendido.
Que sí, son casi una tribu, y que sé que Papá dijo más en serio que en broma: “¿No has pensado en comprar una camioneta? Aquí no cabemos”. Son una serie de personajes caóticos, decadentes, complejos y muchas veces hastiantes, pero los quiero mucho, a ellos les debo tener una casa, pavo relleno y regalito bajo el árbol desde hace tres años, y que me enseñen que por una raya, o dos, el mundo no se acaba y el betún sí se parte.
Sobreviví a otra Navidad casi sin mancha, y más completa que la anterior.
Lila y yo ya nos hemos peleado acerca del árbol de navidad que ella insiste en poner y yo insisto en odiar: “¿dónde pondremos los regalitos entonces?!”, dice desesperada…. claro que bajo el árbol, uno que sí tenga sentido y que yo pueda compartir. El NUESTRO, nomás =)

2 Comments so far »

  1. herr Boigen said,

    Wrote on January 4, 2006 @ 5:23 pm

    Por fin alguien que te suavice!!!

  2. Confesiones de una grinch said,

    Wrote on December 7, 2007 @ 1:25 pm

    [...] causarme ningún problema: la navidad. Sí, este issue que en este espacio se ha mencionado en anteriores ocasiones me vuelve a perseguir ahora con más fuerza que [...]

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