Leí en alguna parte que ser una bitch es lo de hoy… pero no tengo la referencia (por lo que existe la posibilidad de que yo misma lo haya afirmado, nadie más).
Estoy algo consternada porque me encuentro sumida en una temporada de insatisfacción generalizada que está dándole tintes extraños a mi existencia. Será que algo así se espera cuando se “madura”? Bueno, si es que sí, estoy a NADA de ser esa viejita que se queja por el ruido del radio del vecino, por el ladrido del perro de la de enfrente, la que llama a la grúa si un carro está invadiendo dos centímetros su cochera, a la policía si ve “un hombre sospechoso” y la que dice cosas como “esta juventud está toda perdida, m’ija!”.
Van los ejemplos.
Air rage
A nadie quien haya, por equivocación y dejándose llevar por la publicidad engañosa, “volado” por VivaAerobus le cabe la duda de que la aerolínea es lo peor que puede existir . En serio, me quedo sin epítetos para definirla; no sólo es sucia, apestosa y naca, sino analfabeta, pinche y mala para la salud. Lo peor es que por los cuatro cacahuates que pagas por viaje, no puedes ni siquiera quejarte porque ninguno de sus representantes habla algo que no sea un dialecto oscuro de alguna selva del sur del país. Las “aeromozas” estaban el día anterior sirviendo cerveza en un estadio o lavando ajeno y son todas politeístas, además de que están efectivamente entrenadas para contestar NO a cualquier pregunta que se les haga.
La experiencia de servicio te hace desear fervientemente SER una maleta en el compartimiento de equipaje en algún avión de Mexicana: mínimo esos están sellados, y cuando recoges tus pertenencias no están empapadas de extraños líquidos, tienes más espacio para estirar las piernas y no tienes que estar en contacto con los dueños de las pacas amarradas con mecate que van a tu alrededor.
En la parte de carga de un avión de a deveras tampoco hay aire acondicionado que gotea ni ñoras cambiando los pañales de sus autóctonos retoños en el pasillo.
Gracias a la mencionada empresa encontré mis límites de resistencia en más de una actividad extrema: desde sentarme por horas en algo que parece lejanamente una silla plegable que encontrarías tirada en un panteón público, hasta echar de menos que alguien que no sea yo misma esté interesada en mi ritmo cardiaco o respiración entrecortada. Definitivamente, por viajes en avión de ahora en adelante no pago menos de 4000 pesos cualquiera que sea la distancia.
Esto incluye la política de evitar todo vuelo que haga escala en Estados Unidos por más barato que salga, por que no me da la gana andarme encuerando de a gratis frente a gringos paranoicos que encuentran armas de destrucción masiva hasta en la sopa Maruchan.
Hate them all!
Movie Rage
Gerencia Nacional de Cinépolis: A través de la presente me dirijo a ustedes para exponerles una grave falta desde administrativa hasta legal de su parte. El día miércoles 23 de abril asistí a Cinépolis Cumbres Monterrey a la función de las 7.55 de la noche de la película “Antes de que el diablo sepa que has muerto”; clasificación C, información que copié de su propio sitio web. Pues bien, entre el público no solo estábamos mi pareja y yo, sino dos familias completas compuestas por 4 adultos y 3 niños: uno de aproximadamente 10 años, uno de 3, y un bebé de brazos.
Creo que podrá entender mi disgusto inicial al escuchar altísimos balbuceos en las escenas más dramáticas de la película o lloriqueos por papá o mamá en una película Clasificación C. Si tiene duda a lo que me refiero con esto, copio un párrafo del acuerdo mediante el cual se expiden los criterios para la clasificación de películas cinematográficas publicado en el Diario Oficial de la Nación el jueves 4 de abril de 2002:
C “Para adultos de 18 años en adelante”.
Esta clasificación es de carácter restrictivo.
Indica que prohíbe la entrada a menores de 18 años.
Consideraciones:
Una persona de 18 años de edad o más tiene plena capacidad de discernimiento y es consciente de sus acciones y consecuencias.
Criterios:
La narración de los hechos o situaciones es detallada. El tratamiento del tema o contenido requiere de un nivel de juicio y discernimiento que por lo general no tienen los menores de edad. Puede contener horror detallado, alto grado de violencia o violencia cruel, conductas sexuales explícitas, adicciones y consumo de drogas. El lenguaje es el necesario para cumplir los propósitos narrativos.
El bebé no paró de llorar durante toda la película mientras el otro niño corría debajo de la pantalla sin dejar de balbucear en volúmenes comparables con los de su sistema sorruound de “última teconología”; toda la sala se unió en una súplica a la madre para que se saliera pero ella nunca lo hizo.
¿Cómo es que se le vendieran boletos a esas personas de una película clasificación C si la pañalera ocupaba todo un asiento y la carriola la mitad del pasillo? ¿Cómo se les permitió ingresar a la sala y por qué ningún representante de su empresa hizo algo antes de que el único niño en silencio (el de 10) viera cómo le volaban los sesos a más de uno y serie tras serie de sexo explícito, entre otras cosas? ¿Por qué confiar en el criterio de gente que obviamente NO lo posee a la hora de seleccionar la película que verán y permitirles hacer lo que se les de la gana en detrimento de la experiencia de los demás?
Cuando salimos, y mi pareja evitó que hiciera justicia con mi propia mano, era demasiado tarde y se nos informó que el gerente se había retirado.
Lo que pudo haber sido una tarde sin contratiempos se volvió un grandísimo dolor de cabeza que derivará en que mi pareja y yo, más todos nuestros amigos y conocidos lejanos, no nos paremos de nuevo en una de sus salas en el futuro. Es inconcebible que mantener la calidad del servicio le interese tan poco a su empresa y a su equipo como para permitir que cosas como ésta sucedan. Las clasificaciones están ahí porque cumplen una función y a Cinépolis parece no interesarle.
Está bien, para eso existen las películas piratas, para evitarse malos ratos entre entes sin pizca de talento social funcional básico, gracias por recordármelo!
Cinépolis está vetado.
Food rage
Esto de saber cómo se hace la comida, y manejar vocabulatio gastronómico, tiene sus downsides: también se aprende a juzgarla con argumentos aplastantes. Entre semana B me llevó al Vips (decisión no basada en opción, sino en conveniencia) y le arruiné la comida quejándome de la mía por unos 40 minutos. Tenía muchos puntos, en serio: pedí unas simples milanesas de pollo rellenas de espinacas con una salsa concasse sin chiste pero hasta ESO pudieron arruinar los ineptos y chafos encargados de cocina. Todo comenzó a ir mal desde la crema de champiñoñes: estaba tibia, descolorida, aguada, desabrida y grasosa; además estaba decorada con rebanadas que habían obviamente salido de una lata de no muy aristocrático origen; como soy tan linda no hice aspaviento, sonreí y la hice a un lado mientras B se comía la suya, seguí platicando y cuando notó que no había tocado el plato preguntó por qué; de ahí ya no pude detenerme.
Cuando el pollo llegó, el plato estaba caliente y bien presentado pero también estaba seco (infiero que por haber estado congelado desde 1985) a un punto que la recalentada removió todo jugo esencial que las pechugas pudieron haber tenido. El relleno de espinacas sabía a cualquier cosa menos a eso (igual y era perejil, equis), la salsa era puré adulterado con agua y la guarnición de papas daba miedo: estaban medias crudas, montadas sobre “crema” que al contacto con la salsa se separaba y convertía en nata, sepultadas debajo de un queso gratinado con textura de látex y brillo de grasa no comestible.
En pocas palabras, era demasiado para mí.
Después de escucharme decir todo eso en una sola emisión de aire, B solo sonrió, me acarició la mejilla y dijo “te quiero”, lo que indica que su nivel de masoquismo es altísimo. También me ofreció de su filete de pescado con salsa de tinta de calamar que estaba mucho mejor que el mencionado pollo del infierno. Cuando me vio con toda la intención de levantar mi plato para írselo a embarrar al sous chef en el mandil dijo “dame acá, yo me lo como” y lo jaló hacia ella.
Eso fue lo único que evitó que me volviera una energúmena.
Wine Rage
HB me llevó de escort a una presentación de libro. Ante un auditorio lleno de jodidos, intelectualoides y gente muy mal vestida y peinada, alguien le dijo al autor que era el “heredero de Monsiváis”, no sé cómo aguantamos las lágrimas de risa. Por otro lado, además de ser una prueba para mi vocación y entero conocimiento de la evolución de nuestra especie, el evento fue divertido porque vi a unos amigos que no me había encontrado en un par de años.
Frente a la administradora del recinto uno de ellos me preguntó si quería una copa del “vino de honor” a lo que yo contesté: “no, gracias, querido; tengo otras maneras más creativas de poner en riesgo mi salud y la pureza de mis sentidos”. Ante su carcajada agregé “la neta no me quiero quedar ciega antes de los 30 porque cualquier cosa que no sea mínimo cosecha 98 me saca ronchas”.
No creo que me vuelvan a invitar.
Por cierto, Talina, el sábado abrimos un tinto Pata Negra Gran Reserva 2001 y estaba tan MALO que B dijo “no tomes más, se te sube mucho como para desperdiciar tu resistencia con esta cosa asquerosa”. Te digo, Valdepeñas no es una denominación de origen que valga la pena.
Acabamos la velada con un Beaujolais de mucha mejor textura y final; lamentamos que si sigue así el euro no vamos a volver a ver en este continente ese tipo de vinos.
Triste.
Kitchen rage
Esta historia comienza hace una semana y media, cuando el director corrió al Chef que era mi maestro. El incidente que acabó con su despido tiene que ver conque a mitad de una degustación se dirigió hacia uno de sus alumnos y dijo algo en el tono de “estás tonto o qué?!” con cierta desesperación.
Claro, hubo reprimenda y regaño pero todo se salió de control cuando los PAPÁS del que estoy segura que merecía ese “tonto o qué?” se quejaron por escrito de que el Chef le hablaba muy feo a su tonto y petardo hijo, insinuando que la institución debía “hacerse cargo”.
El director habló con el Chef y él no solo no se desdijo o se disculpó, creo que volvió a decirle “tonto” o algo peor al mencionado estudiante. Lo corrieron un miércoles así que hasta ayer tuve la oportunidad de conocer a mi nuevo maestro, y fue un desastre.
Primero, entré a cocina con el celular en la mano, el pelo suelto, en tenis y sin tapabocas. Eso JAMÁS me lo hubiera permitido mi anterior maestro, quien era obsesivo de la limpieza y la “contaminación”. El nuevo Chef es un tipo de unos 26 años que se presentó como Javier y no dio más explicaciones ni presumió sus credenciales. También se la pasó entrando y saliendo de cocina, muy ocupado en coquetearle a la secretaria del director, en lugar de estar pendiente de los procesos de las recetas que nos tocaban.
Cuando montamos el primer plato lo probó y en lugar de decir algo puntual como “no tienes idea del sazón”, “está pasado de azafrán” o “es una mierda que ni mi perro se comería”, tragó el bocado, preguntó si ya lo habíamos probado y luego dijo “y qué opinan?”.
Perdón? Qué opino yo de un plato que nunca había probado y MENOS cocinado? Qué opino de qué? De haber destripado a la codorniz para sentarla en una salsa que ni siquiera sé si tiene la textura correcta?
Pues eso, no dijo nada remotamente crítico, sino que nos escuchó decir pendejadas sin interrumpirnos en más de una ocasión.
El colmo fue que cuando nos repartió las recetas para la próxima clase tuve la oportunidad de constatar su “experiencia”:
Chef:… donde dice que se requiere filete de lenguado no le hagan caso; o sea, si lo encuentran que bien pero si no traigan otro…
Miss P: otro como cuál?
C: ahí pregunta en la pescadería que cuáles tienen
MP: .. y cuando me digan cuáles tienen como voy a escoger uno?
C: les dices que te den uno parecido al lenguado
MP: huh? lo dejaremos a la infinita sabiduría del tablajero del mar? Neta te da lo mismo un huachinango que un salmón, que un robalo que un pez espada o un tiburón cabeza de martillo?!!!!
C: … es que hay uno que se parece mucho pero ahorita se me va el nombre…
MP: ñ_ñ . . . W.T.F?! . . .
Cuando se me metió el diablo por el lagrimal fue mientras se discutían los pormenores de nuestra próxima degustación; estábamos definiendo menús, determinando los tiempos y cuánta loza necesitaríamos. Creo que dije algo como “yo traigo las copas para el tinto” cuando me interrumpió para decirle a todo el grupo que por políticas de la escuela no se podía montar con alcohol.
MP: WTF?!?!?!!? Con qué vamos a servir entonces?
C: Pues con algo sin alcohol, no sé, una piña colada o ya para que no te rompas la cabeza, con Coca Cola…
MP: !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! O SEA ME ESTÁS DICIENDO QUE VAMOS A SERVIR COMIDA ESPAÑOLA SIN VINO TINTO, CON COCA COLA Y QUE DA LO MISMO Y NO ME ESTRESE ?!?!?!?!?!?!?
C:… es que las políticas de la escuela…
MP: NO, HONEY!!!!!!!!!!! NO ME ESTÁS ENTENDIENDO!!!!!!!! NO VOY A COMPRAR PICHONES DE 200 PESOS LA PIEZA Y DESTRIPAR CALAMARES EN FRÍO PARA SERVIRLOS CON COCA COLA, DARLINGGGG!!!!
C:… es que la escuela…
Este es el momento en que Miss P se levanta de su silla de un salto, se dirige a la oficina del director encabronadísima. La secretaría la detiene, dice que tiene que anunciarla. Miss P entra y le explica la situación al inflexible y obviamente desinteresado administrador quien en 3 minutos, simplemente para evitar una mordida, dice que está ok servir con vino tinto en moderación. Miss P regresa al salón donde el Chef ya estaba preguntando las dudas finales. Un minuto después entra la secretaria para decir que “por órdenes de dirección, se puede servir con vino tinto en moderación”. Habladurías entre compañeros. Alguien dijo que no era mi responsabilidad el abogar por el grupo sino la del Chef quien es quien “encabeza” la clase…
MP: Ya, pero está muy ocupado poniéndole el culo a la secretaria, cosa que no censuro ni pongo en evidencia dada su ABSOLUTA Y OBVIA falta de huevos!!!
Creo que no volveré a mi clase. Cosa que me pone muy mal.
Esta situación viene a recordarme que soy incapaz de continuar con algo cuando determino que la actividad ya no ofrece ningún reto intelectual; así fue como dejé la maestría, la clase de baile y ahora, al parecer la de cocina.
Estaré convirtiéndome en esas ñoras que se la pasan enviando cartas a la Redacción de los periódicos locales para señalar obviedades? De las que llaman a los noticieros de la tele para decir cosas como “Fulanito de tal nunca se graduó de la Facultad de Derecho”? Triste.
Este es el resumen de mis últimas y más relevantes quejas. Me estoy ahorrando elaborarles la hechas contra MixUp, Benavides, Bancomer, Iberia, el ISSTeleon, Mas TV, la leche San Marcos y Gamesa, entre otras.
Tal vez lo traigo en la sangre y ser la serpiente hija de la Cobra asesina que es mi madre tiene algo que ver, ya lo decía Prince:
Maybe youre just like my mother
Shes never satisfied
Tal vez solo soy hipersensible a que intenten darme gato por liebre; sorry, soy una chica atenta y sé de maullidos, los reconozco a la distancia!