New Years Days and laters

Estaba a punto de publicar uno de esos posts todos azotados y lúgubres; que bueno que me quedé sin pila antes de salvarlo porque sé que me hubiera arrepentido. Es año nuevo y, dado que sobrevivimos el 2008, eso requiere fiestas múltiples, no recuentos fatalistas.

Ha sido el año más difícil que recuerdo en la historia contemporánea; all time low para muchas personas que perdieron, rompieron, se dejaron caer en circunstancias de lo más confusas y dolorosas. Damn cosmic stuff and other shit related. Como no soy de palo, claro que me di contra el suelo innumerables ocasiones y bleh… fill in the blank si es que no les da inmensa weba.

Hay balances positivos, sorpresivamente, y son esos los que me acompañaron a través de mis uvas de año nuevo. Bright and hopeful, tal vez me pase de naïve pero tengo proyectos, deseos y anhelos, como toda chica de signo Cáncer. We’re doomed to do so. Pero no nos pongamos grises por ahora.

Regresé de mis vacaciones de post-navidad-año nuevo. Comencé el mencionado con una boda de pueblo que duró 3 días de los cuales uno ahogué entre whiskey, champagne, tinto (Rioja!) y… tequila. Recordé, a las 4 de la tarde del día siguiente, que el respeto al tequila nunca lo debo de pasar por alto pero ya era tarde.

Como sea, lo de la boda le da un tinte rosa y cursi al inicio de año, mismo que incluye muchísimas risas, música, desmadre, brindis y “lo mejor para el resto de la vida”. Todo ese show me recordó que la gente se quiere, se tolera, se conoce y desconoce, se tropieza, se pierde en alcohol, se cambia de país… y que vuelve a empezar tantas veces como sea necesario.

Decidí que yo también he de hacer cosas al respecto por lo que algunos de mis propósitos de año nuevo son (sin orden particular)

  • despegarme un poco del Internet.- porque la vida sin compu existe y he dispuesto una biblioteca en el segundo piso, al que no llegan señales wifi
  • leer.- me di cuenta lo rapidísimo que leo, quiero llevarlo al límite porque cajas de libros me esperan
  • estudiar francés.- de mí se acuerdan, lo tomaré de los cuernos con decisión e ira si es necesario
  • regresar a bailar.- ya medio me convencieron, esas niñas son muy insistentes cuando se lo proponen
  • arreglar lo desarreglado.- eso sí estará medio cabrón pero no le tengo miedo a las consecuencias

Pues bien, empecé el año con boda, ruinas mayas, marimba; partí la rosca y no me saqué el monito (yei!); evité la maldición del amigo ausente, las lágrimas de cocodrilo, los sms en completa ebriedad; tomé muchas fotos, descubrí que tengo un fetiche por los edificios abandonados mucho más fuerte de lo que pensaba, toco “Are You Gonna Go My Way?” en hard sin ningún problema; no debo nada, el concierto de Rihanna es tres semanas, love is all around us.

Tengo mucho que agradecer a quienes están conmigo y mucho que extrañar a los que no; como le decía a HB, sus abrazos me faltaron, pero el calor de su cariño no ha ido a ninguna parte. En eso se concentra mi fuerza.

El 2009 pinta para ser duro y al mismo tiempo excitante; si todo sale como se perfila, tal vez me quede sin trabajo pero eso no me causa la más mínima angustia, me abre una puerta a otras oportunidades, a más destinos, a infinitas posibilidades.
Tal vez sea el año de cosechar o comenzar a sembrar en otras parcelas; tal vez sea el año en el que finalmente todo deje de dar vueltas y podré tumbarme sobre el pastito fresco, abrazarte, y decirte que te quiero.

Eso es algo por lo que vale la pena vivir.

Feliz NO 2008!

Winter tales

El invierno me gusta; es dentro de las estaciones del año, mi favorita. La vida no se me detiene ni mucho menos, no soy de esas personas que en cada conversación mencionan el frío actual “y que hará mañana! será peoooor!” o a los exactos grados que el termómetro marcó cuando amaneció.

Es difícil que me de frío porque no solo no soy friolenta, ardo. Ajá, ardo. Lo realmente preocupante en mi caso no es que me congele, sino que me consuma en una combustión espontánea ya que la temperatura normal a la que mi cuerpo se encuentra está muy por encima que la del ser humano promedio. “Human blanket”, me apodan algunas de las personas más friolentas de la tierra. Soy a quien se debe abrazar, con quien se debe dormir, con quien se debe acurrucar para pasar estos inviernos terribles.

Pero hay un truco: mi temperatura solo irradia si estoy acompañada, es decir, necesito un segundo cuerpo que me ayude a concentrarla. Yo tengo frío, como cualquiera, si duermo sola.

Recuerdo las madrugadas en casa de Mr.E y cómo apenas cruzaba su puerta comenzaban a empañarse las ventanas; afuera todo se congelaba mientras nosotros dormíamos desnudos medio tapados, sin calefacción alguna necesaria. Este hechizo, claro, se extinguía en el momento de que alguno se levantaba de la cama.

Pasé varios inviernos tremendos con L. Hay fotos nuestras besuqueándonos bajo la nieve en las que ambas estamos vistiendo suéter y chamarra… sin congelarnos o inmutarnos. Nuestra cama nunca tuvo colchas innecesarias si dormíamos ambas porque “si las pongo me voy a morir de calor”, decía, y creo que es la persona que más hábilmente ha aprendido a manejar mis talentos térmicos en pro del bienestar universal.

B ha ideado y patentado la forma de envolverse a mi alrededor para evitar el frío; mete las manos a las bolsas de mis pantalones, hunde su nariz en mi cuello y me roza las mejillas para robarme algunos de los grados celsius que mi cuerpo despide. Tiembla por instantes hasta que el suyo se entibia, me ve a los ojos y pregunta “por qué estás tan calientita?” con tono tanto de sorpresa como de agradecimiento.

No lo sé, he llegado a pensar que se trata de una maldición que se sufre por dos.

En temporada de calor, despido tantísimo que por más desnudez o clima artificial, es imposible mitigarlo; quienes duermen conmigo tienen que superar el sudor y los fluidos de manera estoica, con una sonrisa en la boca. Durante el invierno soy una chica muy popular pero la calefacción me produce angustia y ansias completamente racionales porque mientras el mundo sufre de frío, yo supero por mucho la temperatura ideal confortable y comienzo a ahogarme, a sentir que la cara me explota y los órganos vitales se me marinan aunque me quite todo lo que tengo puesto.

Maldita estoy porque dependo de otro cuerpo para regular mi disparatada temperatura, porque nadie aguanta el calor que dormir abrazad@ de mí significa y termino sola sobre la almohada.

Pero el calor no me sirve de nada si no hay alguien más en mi cama…

… que frío.

Buenas noches.

P Van Winkle

No se puede todo en esta vida y por eso siempre hay una pastilla que ayuda. O un gel.

Estos días de extrañas circunstancias interestelares, sociales, personales, económicas y… de temporada, las cosas están muy confusas. 
Tengo casi una semana sin mis pastillas de la felicidad porque no las he encontrado, lo que me recuerda que alguna vez leí que Navidad es la época en la que hay más depresión y suicidios del todo el año. Bueno, el mundo se preparó bien ya que no he sido capaz de conseguir UNA SOLA happy pill de las que necesito.

En la farmacia había unas pero del doble miligramaje necesario. Mis opciones eran salir sin ellas o comprarlas con el firme compromiso de partirlas a la mitad antes de deglutirlas pero, seamos realistas, no lo iba a hacer y a pesar de que no causen sobredosis, no veo la necesidad de doble felicidad; con la que me toca es suficiente.

Pues ni esa he tenido.

Y sí que la necesito.

El viernes bailaba… y me quedé dormida unos segundos, ahí mismo, a mitad de la pista, como conejo sin Energizer. Ni siquiera había tomado alcohol y tenía media hora de haber llegado al antro cuando sentí que me chupaban toda energía vital como si de exposición a Kryptonita se tratara.

Intenté reponerme sin éxito y no quise llegar a tener que lavarme la cara para poder mantenerme despierta. Me despedí y salí de ahí tan rápido como pude con dirección a mi cama. Apuré el paso debajo de aquella luna de enormísimas proporciones y… me quedé dormida mientras caminaba, por algunos segundos, un par de veces.

Recuerdo haber entrado a la casa sin abrir los ojos, caminando a tientas, medio desnudándome en pasillo… y que no los volví a abrir hasta el día siguiente.

El sábado me despertaron temprano y ya no pude volver a conciliar el sueño. Ese marasmo asesino se apoderó de mí el resto del día en el que estuve haciendo quehacer y… dormitando como viejita cada que me recargaba en algún mueble, o me sentaba en la cama.

Por la noche se organizó una cena en la casa en la cual estaba de lo más feliz y tranquila hasta que, claro me entró ese sueño paralizante. Conociendo las circunstancias, me levanté, me dirigí a mi cama y no regresé de nuevo a la sala, ni para despedirme. Abrí los ojos a las 11 de la mañana del domingo.

Ese día también me entró el sueño frente a la tele a mitad de un capítulo de Weeds. Creo que lo terminé y me fui a acostar pero no recuerdo de qué se trató… ni el anterior a ése.

Tampoco recuedo qué sueño o los últimos minutos de mis noches, simplemente me muero.

Como verán, me la he pasado dormida por muchos días ya, walking dead, lo que indica algo más grave que las consecuencias de la falta de happy pills. 
Tampoco me gusta ver cómo reaccionan mi cuerpo y mi mente a la falta del medicamento así que quiero echarle la culpa a otra cosa… pero no puedo.

Finalmente me pone triste que todas las endorfinas que libero producto de baile, sexo y actividades moralmente cuestionables sean insuficientes para combatir la tendencia irremediable que tiene mi cerebro de apagarse a sí mismo.

Sé que lo está haciendo. Puedo sentir cómo se me han apagado (fundido?) por completo las zonas responsables de sentimientos de culpa, decencia y temor a las consecuencias. No sé cómo mi cerebro ha logrado masterizar el arte de deprimirse a sí mismo mientras yo no pierdo ningún rasgo de hipomanía… incluidas esas cosas de risky sexual activity.

Todo es confuso porque también leí que los antidepresivos se asocian al incremento estados maniacos y que algunas veces funcionan mejor los placebos. Placebos. Que fuerte. Eso no tiene sentido.
También resultó que los estudios muestran que no se gana mucho agregándole un estabilizador de ánimo al coctel para evitar depresión.

Lo más confuso dentro de todo es saber qué pasa pero no poder evitarlo. He sido bipolar por muchos años pero no ha servido de mucho, mi cuerpo me sorprende con alguna nueva tontera cada que algo le afecta a mi cerebro (de quien tampoco sabemos mucho). Confuso lo es todo todo el tiempo. No puedo confiar en mis decisiones porque no sé si mis juicios son correctos o todo está, literalmente, en mi imaginación. No, tampoco me pongo paranoica ni dejo de funcionar en sociedad pero… me confundo mucho. Nunca parezco ser suficientemente fuerte para luchar contra las circunstancias.

Tal vez el único que entiende lo peligroso del asunto es mi cerebro y trata de detener o minimizar los daños colaterales cortando toda comunicación con el mundo.

Él quiere que duerma, deje de preguntarme cosas y me concentre en sobrevivir otra Navidad, salga de ella sin -más- recuerdos traumáticos y despierte en primavera, como en los cuentos: en el momento en el que una mariposa se pose sobre mi nariz.

Hasta entonces.

Be or not being

Cuando estoy distraída, esperando en el teléfono, por ejemplo, y tengo pluma/papel en la mano siempre hago lo mismo: escribo mi nombre. Lo hice consciente hasta hace muy poco pero creo que llevo años y años haciéndolo. No soy de es@s que hacen monitos, dibujan arbolitos, escriben frases de canciones, rayan aleatoriamente o ponen maldiciones del tipo “puto el que lea”. Yo escribo mi nombre, cientos y cientos de veces; en letras bonitas, en letras gordas secundariles, en letra de molde, manuscrita, mi firma… mi nombre. Eso es algo chistoso para alguien que dice detestar su nombre (yo? incoherente?, nah!) y más que me encargue de no dejar rastros de ello.
¿Será sintomático a parte de automático? 

Yo. Yo. Yo

Estos días de trabajo en la FIL me dejaron enseñanzas varias. Primero, reflexioné acerca de mi vocación largamente pasada por alto y mis habilidades otras que no tienen que ver con la pornografía y/o el karaoke. 
Luego me compré tantos libros como cajas pudiera cargar un trailer de ocho toneladas. Me puse a escribir tantas hojas como la pila de mi laptop me permitiera. Leí mucho porque eso se puede hacer sin remordimientos en la FIL. Se me ocurrieron un par de ideas poco probables pero divertidas. Estuve feliz, además de cansada y fastidiada. De eso se trata la vida.

Antes de irme a tierras tapatías escribí acerca del nuevo disco de Kanye West para un periódico de circulación nacional. También hice la reseña crítica de una exposición plástica que, me dijeron, acabó siendo publicada en un periódico de Torreón, además de incluida en el programa de mano.
Letras, letras, letras que nunca firmo con mi nombre, ese que me encanta rayar pero inmediatamente tiro a la basura. Rarita.

Siempre quise ser crítica, así, a diestra y siniestra, pero en algún punto de la vida me di cuenta que para lograrlo efectivamente se necesita leer tantísimo que mis otros talentos (ya mencionados) quedarían para siempre relegados a segundos o vigésimocuartos lugares. Soy demasiado inquieta para eso y nunca desarrollé un hábito real de escritura así que un buen día dejé de intentarlo seriamente.

Pero no salió de mí la espinita. De vez en vez embarro mis ideas nada democráticas, sensibles o políticamente correctas en publicaciones aquí y allá; a veces ni me preguntan, nada más lo hago.
Cuando eso pasa, hasta me felicitan. 

Tengo problemas con el reconocimiento ajeno por… ciertas cosas. O sea, no me molesta en lo más mínimo que digan “ah! esa es la ____ de su ____ que se cogió a ____” pero sí me pone nerviosa cuando me dicen cuánto les gusta lo que escribo, sin importar el tema. No entiendo si es sarcasmo, broma pesada o una manera de disfrazar un juicio del tipo “se nota que tienes un chingo de tiempo libre como para andar haciendo esas pendejadas”. No tomo bien el halago. Me confundo.

Creo que estoy tan acostumbrada a la desaprobación, al juicio malintenicionado y a la crítica destructiva que no manejo bien los laureles.
Finalmente, pienso que si escribo, discurro, transcurro o lo que sea que hago, sucede porque lo necesito. No tengo otro canal de desfogue tan directo y honesto. Me programaron con este chip.

Estos son los por qués nunca he buscado deliberadamente tener una “carrera”; me gustan los momentos en que mis palabras fluyen y se resbalan, como lubricante sabor kiwi. Me gustan los pequeños orgasmos gramaticales entre frases correctamente pausadas. Me prende la elocuencia como deporte, no como oficio.

Pero.

Antier, mi mejor amiga de la primaria reapareció gracias al Facebook, ese lugar extraño e inhóspito. Nada más 18 años de no saber nada la una de la otra. Those were the days.
En su primer mensaje dijo estar muy emocionada de haberme encontrado e hizo una pregunta: “Tú no estudiaste algo relacionado con letras… o cosas así?”

!!
No he contestado porque me sigo preguntando por qué pensaría eso ya que si bien mi información académica es fácil de consultar, no habría manera que ella lo hubiera hecho antes de enviar el mensaje; no la había dado de alta, ni tenemos amigos en común, nada.

Esa preguna prueba mínimo unos 20 años de vocación. Abrumador, eh?

He aquí un ejemplo:
Compré una novela llamada “De chica quería ser puta“; como imaginarán, el título me pareció prometedor. Esa tarde, a las 6, la autora estaría firmando libros en el stand de Colofón pero para las 2 yo ya había decidido que no valía la pena ni la fila para la firma ni tanto alboroto. A pesar de que se considere una… :

NOVELA SUMAMENTE DELICIOSA COMPUESTA POR FEMENINOS PERSONAJES QUE HABITAN EN UN AMPLIO Y VANGUARDISTA EDIFICIO ATAVIADO DE HISTORIAS MUY BIEN CONTADAS POR UN OJO CURIOSO…

… yo pienso que es una ñoñada llena de obviedades que no se desarrollan ni van a ningún lado, que tiene un punto focal erróneo para temas que de otra manera pudieron ser ricos, que la narradora está todo el tiempo en tono autocompadeciente, que está plagada de melodrama ridículo y que podría resumirse en una canción -larga- de Arjona. Este libro es como es@s que besan bien rico pero cogen bien mal. Gato.por.liebre.

Esa fue mi crítica. Pueden citarme.
En fin.

Creo que, haga lo que haga, no puedo aspirar más que a seguir escribiendo - cuando sea, de lo que sea- porque no PUEDO evitarlo, con el inmerecido premio de que alguien me lea porque no QUIERE evitarlo. Eso no está nada mal.

Gracias a aquéllos convencidos de que con mis talentos innatos yo podría ser, el día que quisiera:

  • editoria de la ONU
  • crítica de arte
  • maestra de cátedra
  • traductora simultánea
  • periodista de temas escabrosos
  • narradora / ensayista

… pero soy yo y como le digo a Lu, las influencias de la luna son muy fuertes… and I just don’t feel like it.